La Necromancia

La Necromancia es el oscuro arte de consultar a los muertos con el fin de predecir el futuro y siempre se ha considerado como la práctica mágica más peligrosa y las mas negra de las prácticas negras. Pocos son los magos que se atreven a conjurar a los muertos debido a las consecuencias funestas que pueden enfrentar. De hecho, el término necromancia se ha convertido en sinónimo de la práctica de la magia negra aun cuando ésta no requiera conjurar a los muertos.
 
El relato más completo y antiguo acerca de la necromancia fue registrado por el escritor romano Luciano, quien vivió durante el siglo segundo de la era cristiana. Luciano describió la visita de Sexto Pompeyo Magno Pío (en latín Sextus Pompeius Magnus Pius) (circa 65 – 35 a. C.), hijo del principal adversario de Julio César, Pompeyo el Grande, a una bruja de Tesalia de nombre Erichtho. Sexto deseaba saber como resultaría La batalla de Farsalia (9 de agosto de 48 a. C) y la hechicera le dijo que a pesar de sus poderes ella no podía romper las cadenas del destino, pero que podría ver el futuro por medio de la necromancia. Sexto quedó satisfecho con la explicación. Luciano escribe: "¡Aunque está bien para los oráculos y los profetas que sirven en Olimpia, dar respuestas en acertijos, un hombre que osa consultar a los muertos merece que le digan la verdad!"

Para que la magia de Erichtho funcionara tenía que invocar el aura de los muertos. Ella vivía en una sepultura abierta rodeada de huesos y restos de cadáveres. Para efectuar la fantasmal ceremonia pidió un cuerpo recién muerto "cuyos órganos flexibles todavía puedan hablar, no con lineamientos ya endurecidos por el sol". Los cadáveres viejos, se quejó, hablan incoherentemente.

Cuando eligió el cadáver adecuado, "ella pasó un gancho por la mandíbula, lo amarró a una cuerda y lo arrastró por las piedras hasta llegar a una cueva sobre la saliente de un risco. Había una fisura tan profunda en el terreno que casi llegaba a los dioses del Infierno, donde el árbol de tejo extendía sus gruesas ramas horizontales de todos los tiempos obstruyendo el paso de la luz del sol".

Erichtho se puso una bata de colores, cepilló su cabello sobre su cara y se ciñó una corona de serpientes. Después hizo un hoyo en el pecho del muerto y vertió un cocimiento de los ingredientes más repulsivos, como espuma de las fauces de un perro rabioso, médula de un ciervo alimentado con víboras y la joroba de una hiena a la que se le dio de comer en vida cadáveres humanos. Prosiguió a cantar un encantamiento que "parecía confundir el ladrido de los perros y el aullido de los lobos, el chillido del búho, el rugido de las bestias salvajes y el silbido de las serpientes, el romper de las olas sobre las rocas, el murmullo de los árboles del bosque y el ruido del trueno". Se apeló a todos los dioses de la oscuridad. Finalmente, apareció un fantasma, pero al principio se rehusó a entrar en el cadáver. Erichtho lo amenazó con una larga serie de poderes infernales y también le prometió que cuando terminara la ceremonia el cuerpo sería quemado para que nunca más volviera a ser usado para el mismo fin. El fantasma estuvo de acuerdo y entró en el cuerpo.

"El cuerpo se levanta por si mismo, no poco a poco, sino de un solo impulso y se queda erecto. Los párpados abiertos, el semblante refleja la muerte. La palidez de la piel, la rigidez de las líneas, persisten. Y mira alrededor con una mirada fija". Cuando el cadáver responde las preguntas formuladas, "la hechicera construye una pira funeraria, el muerto se coloca ahí; Erichtho aplica la antorcha y el encantamiento llega a su fin".

Las respuestas que el cuerpo dio a las preguntas de Sexto no se registraron, pero su vida no fue de éxito. Fue derrotado en la Batalla de Farsalia contra Julio César. Se opuso al poder de Augusto y quedó reducido a una vida de prófugo.

Luciano era un poeta que escribía mucho después de ocurridos los sucesos descritos. La escena puede ser por completo ficticia, y si no, de seguro está exagerada. Sin embargo, por lo que sabemos de la necromancia, ceremonias similares se deben haber haber intentado de cuando en cuando. La creencia de que los muertos pueden prever el futuro es antigua y persistente. Para poder levantar a los muertos por medio de la magia, la bruja tuvo que usar símbolos de la muerte, la fosa abierta, los lugares tenebrosos y otras cosas que recuerdan la muerte.

Basado en un trabajo de Daniel Cohen