La Verdad sobre Alessa La Virgen Sagrada

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Como todos sabemos Alessa iba a ser destinada a ser la madre de una extraña deidad adorada por los miembros de la Orden y en las dos ocasiones que se intentó no se pudo lograr tal evento por culpa de simples humanos que tuvieron las agallas de detener el curso natural deífico con lo que se retrasó severamente la llegada del Paraíso en la Tierra.

Alessa fue preparada por años para tal suceso y debía permanecer virgen para continuar con una tradición milenaria que nos viene desde tiempos en que los humanos apenas comenzaban a generar la historia de la humanidad. Hay que tener en cuenta que todo ese asunto de vírgenes que dan luz a  excelsas divinidades no es nada nuevo y en la mitología hay abundancia de estos eventos durante la carrera humana en este pequeño planeta azul.

Aquí vamos a mostrar dónde surgió la adoración de las vírgenes madres, su relación con la mitología y la astrología y entenderemos porqué era de crucial importancia que Alessa fuera virgen. Pero para comprender esto, debemos conocer algo que se llama Zodiaco y La Precesión de los Equinoccios.

Como todos saben, los humanos antiguos vieron en el cielo nocturno conjuntos de estrellas a las que les vieron ciertas formas. Se imaginaron casi de manera involuntaria que eran figuras y les llamaron constelaciones. En el cielo del Norte, por ejemplo, hay una figura o constelación que parece un oso pequeño. Algunas culturas la llaman la Osa Mayor. Otras ven imágenes bastante distintas. Esas figuras no son, por supuesto, una realidad del cielo nocturno; las ponemos allí nosotros mismos. Cuando eramos un pueblo cazador, veíamos cazadores y perros, osos y mujeres jóvenes, las cosas que podía interesarnos. Cuando en el siglo XVII, los navegantes europeos vieron por primera vez los mares del Sur, pusieron en el cielo objetos de interés para el propio siglo XVII: tucanes, pavorreales, telescopios y microscopios, compases y la popa de los barcos. Si las constelaciones hubieran recibido sus nombres en el siglo XX, supongo que en el cielo veríamos bicicletas y refrigeradores, “estrellas” del rock-and-roll, o incluso nubes atómicas; un nuevo repertorio, con las esperanzas y los temores del hombre, colocado entre las estrellas.

Sin embargo, el aspecto de las constelaciones se modifica, no solo en el espacio sino también en el tiempo; no solo al cambiar nuestra posición, sino también al dejar que transcurra un tiempo lo suficientemente largo. A veces las estrellas se desplazan conjuntamente en grupo o en cúmulo; a veces, una estrella sola puede moverse muy rápido con relación a otras estrellas compañeras. Puede suceder que una de estas estrellas abandone una constelación y entre en otra. Las figuras en el cielo se funden lentamente y van cambiando.


Las constelaciones han cambiado incluso en el transcurso de la vida de la especie humana: unos cuantos millones de años. Consideremos la actual configuración de la Osa Mayor. Si pasamos hacia atrás la película de esta constelación, nos encontramos que hace un millón de años, su aspecto era muy distinto. La Osa Mayor se parecía más bien a una lanza y estaríamos a mediados del pleistoceno. Ahora pensemos en Leo; y si adelantamos la película de esta constelación, dentro de un millón de años dejará de parecerse a un león. Es posible que nuestros remotos descendientes le llamarán la constelación del radiotelescopio, aunque sospecho que dentro de un millón de años el radiotelescopio habrá quedado más superado que la lanza con punta de piedra en la actualidad.

En base a esto que platicamos, y si no se están aburriendo, pasaremos a comentar las constelaciones más conocidas, al menos de nombre, por el hombre común: las del Zodíaco.

El Zodíaco, que significa “rueda de animales”, podemos representarlo con un círculo dividido en doce partes. En cada parte hay una constelación en particular y el Sol tiene un recorrido aparente a través de las doce constelaciones en el curso de un año. Recordemos que no todas las constelaciones del zodiaco son animales, Libra y Sagitario son constelaciones que representan, uno un objeto; y el otro, un ser híbrido mitológico. Los demás son criaturas más o menos representativas del mundo animal (aún y que están basadas en seres de la mitología). Les llaman “signos” en occidente.

El zodiaco también representa los doce meses del año, las 4 estaciones, los solsticios y los equinoccios. Pero hay algo que debemos saber. Una constelación en un punto dado, no se encontrará en ese mismo punto varios siglos después debido al fenómeno de la precesión de los equinoccios.

Antiguas culturas, y hablo de más antiguas que los egipcios, reconocieron que aproximadamente entre 2100 y 2150 años, el amanecer en la mañana del equinoccio de primavera ocurre en un signo diferente del Zodiaco. Esto se debe a un lento bamboleo mantenido por la Tierra al rotar sobre su eje, análogo al movimiento de un trompo que se gira en el suelo. Ésta es le Precesión de los Equinoccios. Se le conoce como precesión debido a que las constelaciones se van retrasando en vez de atravesar el ciclo normal anual. La cantidad de tiempo que requiere la precesión para pasar por los doce signos del zodiaco es de cerca de 25600 años, también conocido como el Gran Año. Si dividimos esta cantidad de años entre doce nos da 2133, ventana de tiempo que las culturas avanzadas del pasado conocían como ERA (o ÉPOCA). Es debido a la precesión de los equinoccios que las circunstancias han cambiado mucho desde los tiempos en que los “astrónomos” antiguos designaron las constelaciones que observaban en un punto dado.

Imagen extraída de eljuicioa.com (//www.eljuicioa.com/)

Así tenemos que los signos del Zodíaco han acompañado fenómenos importantes del cambio de las estaciones del año y gozaron de una adoración divina especial en muchos pueblos de la antigüedad. Las constelaciones más importantes del Zodíaco eran aquellas que correspondían al comienzo de la primavera y el verano. En el cuarto milenio antes de Jesucristo, en tiempos del primer florecimiento de algunas civilizaciones del Próximo Oriente y del Norte de África, estas constelaciones fueron Tauro y Leo.

Las observaciones astronómicas y las ideas religiosas con ellas relacionadas iniciaron quizá antes de la era en que Tauro (4300-2100 A.C.) era ya la constelación del primer mes de la primavera. La “era” de Tauro fue precedida por la “era” de Géminis en el período comprendido entre el 6500 y el 4300 A.C. Posterior a la era de Tauro, del 2100 AC al año 1 de nuestra era, se encontró con la Era de Aries. Ya en tiempos de Cristo la Era es la de Piscis, debido a lo cual, los primeros cristianos utilizaron el pez como un símbolo distintivo de que profesaban la religión cristiana. Cerca del año 2150 entraremos en la Era de Acuario.

Ahora bien, el solsticio de verano en esta época tenía lugar en la constelación de Virgo (la virgen), a la que los babilonios tributaban la máxima adoración, especialmente por estar al mismo tiempo situada en el cenit de la Vía Láctea. Virgo era considerada la divina madre de todo y la reina del cielo. Era idéntica a la babilónica Sarrat Same, la gran madre y reina de las espigas Ishtar (Isthar), pero en esencia se la identificaba con las egipcias Isis y Hathor, la india Lacksmi, la Cibeles de Asia menor, la cartaginesa Tanit, la inca Mamahanan.

Los babilonios mostraban preferencia por representar a su reina de las espigas con una espiga de trigo en la mano, y así mismo, se representaba a la virgen del Zodíaco con una espiga en la mano, e incluso la estrella más brillante de esta constelación se sigue llamando hoy día Spica (espiga).

El sabio católico F. A. Dölger mencionó en su obra Antike und Christentum (Volúmen I; 1930) que el culto tributado a María, la madre de Cristo, tiene por todas partes ejemplos antiguos del culto tributado por los paganos a la reina del cielo y madre de los dioses.

La idea que tenemos de una reina celestial (que es así mismo una advocación de María en el catolicismo) que da a luz a un niño dios y salvador tiene su origen en fenómenos de la bóveda celeste que se remontan a los primeros tiempos del cultivo humano del espiritu. Es muy difícil que se deba al azar el hecho que fuera visto un par de gemelos (Géminis) en la constelación por donde el Sol pasaría nueve meses más tarde.

Es tan importante Virgo representado como la Virgen María que en el círculo del Zodíaco mostrado en la Iglesia de Notre Dame de Paris, se admira la Virgen María (con el niño) en el lugar donde debía encontrarse el signo de Virgo. En la famosa Puerta de San Bernardo de la Catedral de Hildesheim, María está representada con una figura estilizada que da la impresión de que tiene en la mano un hoja de palma y que parece más una representación de la virgen Isthar con el manojo de espigas. Es la spica de la constelación de Virgo.

Además de Isis, la virgen egipcia, la más conocida de la vírgenes de Asia Menor era Cibeles, muy venerada también en el Imperio Romano. Tanto a Cibeles, como a Isthar se les ha representado con un león, que no es otro que la constelación de Leo. Los madrileños tienen una fuente representando a la frigia Cibeles.

 

 

Algunas divinidades nacidas de vírgenes:

Horus, nacido de Isis
Adonis, nacido de la virgen Ío
Bali, nacido de una virgen
Dionisio, nacido de una virgen
Mitra, nacido de una virgen
Jesús Cristo, nacido de la Virgen María
Krishna, nacido de la virgen Devaki

En base a lo explicado, no es de sorprender que La Orden haya deseado vehementemente que su deidad naciera de una virgen. Una niña que aún no conociera (en el sentido bíblico) hombre. Por esa razón no podía dejar que Stanley Coleman siguiera desviando a Alessa de su “misión divina”. Lo que deseaban era continuar una tradición que se remonta a los tiempos antiguos cuando las divinidades nacían de mujeres vírgenes. ¿Qué más milagro que éste?

No se castiguen y pásenle a comentar.

Basado en datos de los autores Richard Hennig y Carl Sagan.