¿Necesitamos Mitos Más Nuevos?

Las antiguas leyendas y las tradiciones populares son aún la clave del alma. Los victorianos cientificistas que se mofaban de los mitos tachándolos de simples supersticiones cayeron a su vez en una especie de superstición científica: la creencia de que la razón puede explicar todos los móviles del hombre. Pero la erudición moderna, ayudada por el sicoanálisis, la antropología y la arqueología, trata hoy a la mitología con respeto. Sus partidarios afirman que revela tanto sobre la humanidad y sus más profundos temores, angustias, alegrías y esperanzas, como los sueños en el ámbito interior del individuo.

 

 

“Los mitos son sueños colectivos”, afirma Joseph Campbell (1904 – 1987), considerado por muchos la máxima autoridad en mitología. “Son vehículos de comunicación entre lo consciente y lo subconsciente, lo mismo que los sueños”.

El problema estriba, según Campbell, en que esta comunicación se ha interrumpido en el mundo occidental moderno: los viejos mitos ya no operan y aún no han surgido otros nuevos y eficaces. El resultado es que Occidente padece una dolorosa crisis de reorientación.

La tesis de Campbell tiene peso. Fue profesor de literatura del Colegio Sarah Lawrence, en Bronxville (Nueva york), ha escrito y publicado una veintena de libros sobre mitología. Entre ellos figura una obra en cuatro volúmenes: The Masks of God (las máscaras de Dios), The Mythic image (la imagen mítica). Pero la que ha sido su obra más popular y conocida es Hero With a Thousand Faces (el héroe de las mil caras), un brillante examen de la lucha eterna del hombre para encontrar su identidad, interpretada por el camino de los antiguos mitos heroicos.

Pero ¿qué es un mito? En la jerga académica de Campbell constituye un símbolo que evoca y encausa la energía psíquica, y que participa en la naturaleza de los sueños. Cuento o leyenda de carácter vívido, es solo parte de una gran trama de mitos que, reunidos, forman la mitología, expresión de la actitud de una cultura frente a la vida, la muerte y el universo.

Por lo tanto, el mito griego de Prometeo, el titán que hurtó el fuego del Olimpo para dárselo a los humanos, simboliza las aspiraciones de la raza humana, incluso frente a los poderes de la naturaleza. El mito hebreo, casi contemporáneo, de Job y las pruebas a que se vio sometido, simboliza la sumisión espiritual del hombre a un poder sobrenatural, aún y cuando este poder parezca cruel e injusto. Ambos mitos son, en efecto, gráficos relatos que revelan las filosofías de dos culturas del todo divergentes.

En consecuencia, el mito no es una fantasía, ni la enunciación de un error, como se le considera en el lenguaje corriente, sino más bien una velada explicación de la verdad. En opinión de Campbell, cualquier mitología digna de tal nombre desempeña cuatro funciones importantes:

1.- Mediante sus ritos e imágenes, despierta en el individuo un sentimiento de admiración reverente, gratitud y hasta arrobamiento ante el misterio del universo y de la existencia humana, por cierto, muy diferente del miedo.

2.- La mitología también ofrece al hombre una visión congruente y amplia del mundo que le rodea, más o menos en concordancia con los mejores conocimientos científicos de la época. Le explica en forma simbólica las apariencias del universo y el lugar que ocupa en él.

3.- la tercera función de una mitología viva consiste en apoyar el orden social establecido mediante ritos y ceremonias rituales.

4.- Según Campbell, la función más importante de los mitos es guiar al individuo, etapa tras etapa, a través de las inevitables crisis psíquicas del la existencia útil: desde la dependencia de la niñez a los traumas de la adolescencia, y de las pruebas de la edad adulta al trance final de la muerte.

Las iglesias y sinagogas todavía proporcionan a muchos de sus fieles una guía espiritual mitológica, pero Campbell arguye que para otros muchos la religión falla como guía. Según Carl Jung, “todas las edades anteriores creyeron en dioses, en una u otra forma. Las teorías del inconsciente colectivo de Jung, han ejercido una influencia en el pensamiento de Campbell. “El cielo ha llegado a ser para nosotros un espacio vacío, un simple recuerdo de acontecimientos remotos. Pero nuestro corazón se agita sin cesar y una inquietud secreta roe las raíces de nuestro ser

Muchos occidentales, sobre todo los jóvenes, buscan algo en que apoyarse, y vuelven al fundamentalismo cristiano por la llamada Revolución de Jesús o bien se convierten a las religiones orientales, especialmente al budismo y al hinduismo.

Campbell cree que la carencia general de autoridad espiritual que prevalece en las naciones occidentales ha sido un desastre para la gran mayoría. Se han hecho tentativas desesperadas de crear por lo menos algunos fragmentos de mitología moderna. Al describir al pequeño Reino Unido acosado por hordas de malvados durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill recreó brillantemente el mito de San Jorge y el Dragón. Y Charles de Gaulle, tanto en su papel de líder de la Resistencia como en el de Presidente de la Quinta República, revivió deliberadamente el fantasma de Juana de Arco.

Durante mucho tiempo los norteamericanos vivieron envalentonados por el mito  de la frontera que se ensancha sin fin, la noción de que siempre podrían empezar una vida en el Oeste. Tal ilusión duró más que la frontera misma, mas ya nadie cree en ella. Campbell esperaba que los viajes espaciales vigorizaran la tradición mítica (su libro del Héroe se publicó en 1949). El entusiasmo que suscitaron las misiones Apolo fue contagioso; revivió el acto de Prometeo cuando robó el fuego de los dioses.

Campbell pensaba que era inútil esperar una gran mitología capaz de guiar hoy a la gente. No fue sino hasta que George Lucas creo su saga de Star Wars para que la mitología alrededor de un héroe reviviera. No hubo programa especial que hablara de Lucas y Star Wars donde no se mencionara que George se había inspirado en la obra de Campbell para   crear su obra. Sin embargo, Campbell dijo que los nuevos mitos han de ser necesariamente individuales y cada cual debe descubrirlos por sí mismo.

Según Campbell, hombre actual en busca de un ideal podría comenzar explorando los mitos de la antigüedad, las religiones y la literatura moderna. “Mi ángel guía se puede llamar espiritualmente Jesús, Vishnú o Buda, pero el mensaje es el mismo". En la muchedumbre de mitos y leyendas que han llegado hasta nosotros quizá podamos todavía encontrar alguno que vuelva a señalarnos el rumbo.

Los mitógrafos no nos proveen de mitos, pero nos indican que algo nos falta sin ellos; que el ser humano aún no ha superado su dependencia de lo mitológico, ni la superará mientras tenga más esperanzas y temores que los otros animales.