De Regreso

Saludos a todos. Ahora que regresé de vacaciones me siento como nuevo. Con las pilas recargadas al máximo. Fui a pasear a Las Vegas, Nevada y me pasé tres días excepcionales con la familia.

Para quienes vayan a viajar a cualquier lugar del mundo y no desean hacerlo a través de una agencia de viajes, esto les puede interesar. También cuenta si van de negocios simplemente.

Antes de viajar, como no sabía como estaba eso de los hoteles en Nevada, ni como reservar, buscando en Internet me encontré un sitio llamado Hotels.com, que al darle click me redirigió a la versión en español hoteles.com. Y he aquí que me dije: “Mira como hemos avanzado en el internet, ya hasta puedo hacer las reservaciones en línea”. (Sí, ya sé. Nunca me lo hubiera imaginado más allá de usar el internet para pedir pizzas). Pero como aún tenía dudas acerca del hotel, decidí hablar al número de teléfono que aparece en la página. Pensé que iba a tener que hablar en inglés y para mi sorpresa, me contestaron en español. Lo cual fue un alivio ya que muchos términos hoteleros los desconozco.

Yo pregunté si hablaba directamente al hotel, y me comentaron que ellos son un centro de reservaciones para todos los hoteles del mundo ya que tienen convenio con ellos. Ellos son quienes manejan la página. Lo mejor de todo es que te ayudan a encontrar el mejor hotel al precio que tienes presupuestado pagar. Que si lo quieres con estacionamiento gratuito (en algunos hoteles tienes que pagar hasta 9 dólares por día), o con internet, o si deseas el desayuno incluido, etc.

Al final, reservé en el Circus Circus y cuando llegué al hotel, resultó que el precio, en caso de haber habitaciones disponibles, era algo mayor que al reservarlo en la página de hoteles.com. No era mucha la diferencia, pero supongo que para personas que se quedan más de una semana, el ahorro es sustancial.

Tienen en hoteles.com una promoción en que si te hospedas 10 noches, sin importar si son juntas o separadas, la undécima es gratis. La verdad es que quedé impresionado con esa página y el trato con los agentes, que se ve que saben su oficio, que no me muerdo la lengua al recomendarlos.

La verdad es que pude revisar otras páginas, pero me gustó más esta. No soy una persona que viaje muy seguido, pero esta experiencia en el hotel Circus Circus me dejó con buen sabor de boca.

Otra cosa, para reservar por teléfono debes tener una tarjeta de crédito o débito y al llegar al hotel tienes que llevar una identificación con fotografía. No les vaya a pasar lo que a mi. No me querían dar la habitación en el hotel porque dejé el pasaporte en casa de mi tía y no me aceptaron la credencial de elector porque la foto se veía muy oscura. Mi tía tuvo que faxear la del pasaporte para poder arreglar el asunto. Lo bueno es que no pasó a mayores.

 
Otra cosa importante, los agentes al teléfono no cotizan hoteles, para eso, me dicen,  se creó la página web. Allí solo reservan las habitaciones. Tampoco puedes separar una habitación. Supongo que lo hacen así porque sería injusto para una persona que sí quiere reservar, no poder hacerlo porque otra ha "separado" lugar sin pagarlo. Las reservaciones son prepagadas y te garantizan que la habitación estará disponible para las fechas  que hayas elegido y que te respetan el tipo de cambio de las divisas en el moemnto de hacer  la reservación.
OK. Esto parece un anuncio publicitario patrocinado, pero me pareció bueno comentárselos. Máxime que al hacer cálculos, me salió más barato (43.50 dólares) que hacerlo con una agencia de viajes.
 

La Cigarra y la Hormiga Un enfoque moderno

 
 
La Hormiga se pasaba la vida informándose de la bolsa de valores, vendiendo caro y comprando barato. Tenía una facilidad innata para encontrar en internet datos sobre posibles tecnologías que revolucionaran el mundo y que valieran la pena como para invertir en ellas.  La especulación, el cierre de contratos en Londres y volando por la tarde a Frankfurt para ganar dinero era en lo que se pasaba el día entero. Sus ganancias eran rápidamente invertidas en bonos de gobierno. Sin embargo, mientras se encontraba sopesando sus opciones de inversión, se dio cuenta que envidiaba a la Cigarra que había estado con ella en la escuela. La Cigarra siempre iba a los centros nocturnos y a los espectáculos adonde la Hormiga sólo iba a acompañar a sus clientes. La Hormiga pensó: Si la Cigarra viene en invierno a pedirme dinero, ¡ya verá!

Un buen día, la Hormiga iba saliendo de un restaurante elegantísimo, en donde había comido con unos japoneses que negociaban en algas marinas, cuando se encontró a la Cigarra, zumbando feliz, como siempre. La Hormiga se dijo: “Ahí viene la infeliz para pedirme dinero”. Pero no; la Cigarra sólo quería saber cómo le estaba yendo. Desilusionada, la Hormiga le dijo:

—Todo el verano te he visto en programas de televisión —dijo la Hormiga con una voz seria y ácida a la vez.
—Así es —replicó la Cigarra—, a menudo canto ahí.
—En invierno tendrás problemas. No has ahorrado dinero.
—No hay problema. Mis CDs y DVDs se han convertido en grandes éxitos. Mira que vengo de firmar un contrato con el Teatro Orfeón por 2 millones de dólares.
—¡Pero qué dem…! —exclamó la Hormiga con los ojos cuadrados—. ¿De verdad te van a pagar tanto?
—Durante la primavera y el verano practiqué mucho. Y ahora estoy considerada una de las mejores cantantes. Además, varios productores de cine me han pedido que les componga canciones para sus películas. Es buen negocio. Tal vez recuerdes que el año pasado me cotice alto cuando una de mis canciones ganó el Oscar de la Academia. También recibo regalías cuando mis melodías son usadas en publicidad o en obras artísticas.

La Hormiga recordó todo su trabajo, su úlcera duodenal, la siempre presente amenaza de infarto al miocardio, matándose para ayudar a la economía nacional… y esa despreciable criatura estaba recibiendo carretadas de dinero por sentarse a escribir canciones insulsas.

—Deséame suerte amiga porque salgo para Alemania ahora que termine el Mundial de África, a tratar de ganarme al público con mis melodías. Y espero que gane España porque le aposté un millón de Euros. Y si anota el gol del triunfo un sujeto que se apellida Iniesta, pues me darán el triple —dijo la Cigarra—.
—¿Oye, y cuando vas para París?
—El mes próximo.
—¿Me harías un gran favor?
—Por supuesto amiga.
—Cuando llegues a París, por favor visita a un tal Monsieur de la Fontaine, y dile de mi parte que puede irse al diablo, ¿quieres?  
 

Cómo nació SONY

 

 

Muchos nos hemos preguntado cómo fue el origen de las grandes corporaciones. Que proceso tuvieron que pasar para ser lo que ahora son. Hoy quiero hablar de la compañía que nos dio la PlayStation. Una compañía en la que 100 dólares invertidos en ella en 1946 valdrían hoy 7 millones de dólares.

Estamos en octubre de 1945. dos meses después de la rendición de Japón, y Tokio se encuentra en ruinas, destruido en un 65%. En el distrito de Ginza se mantiene en pie la estructura de acero de una tienda de ocho pisos destruida por los bombardeos. En el tercer piso hay una habitación improvisada con tablones, donde ocho hombres, instalados en bancos construidos con desechos de madera, trabajan aprovechando materiales militares excedentes, y otros recolectados de los escombros. Una olla de arroz comprado en el mercado negro hierve sobre el gas.

Afuera se halla el vehículo de la compañía: una vieja camioneta Datsun que se pone en marcha con ayuda de una manivela. Sólo dos miembros de la pequeña compañía poseen licencia para conducir: el presidente y el vicepresidente. Cuando hay que hacer una entrega, ellos mismos son los mandaderos.

Lo que acabo de describir es el poco promisorio principio de la dilatada compañía japonesa SONY (cuyo nombre se deriva del latín sonus, o sonido), que más tarde daría al mundo las radios de transistores, telerreceptores minúsculos, los “diodos de túnel”, considerados el mayor adelanto electrónico desde el transistor. Crearon el concepto moderno del aparato de música portable con la entrada al mercado de su SONY Walkman, la consola PlayStation; incluso también crearía su propio canal de televisión, la SONY Entertainment Television; y compraría a la Columbia Pictures y la TRI Star y otras compañías de medios.

La historia de SONY ejemplifica quizá mejor que cualquier otra compañía, la historia de la revolución industrial del Japón de la posguerra, que vino a alterar el concepto que todo el mundo tenía de los japoneses como fabricantes de malas imitaciones, al dedicarse a la producción de artículos ópticos y fotográficos y de equipos electrónicos de primerísima calidad.

Dirigida por científicos, SONY figura entre las compañías más dedicadas a la investigación que hay en el mundo. Un proyecto que iniciaron ellos nos muestra su emprendedor criterio. Los aparatos que registraban en película magnetofónica los programas de televisión costaban unos 50,000 dólares y ocupaban una habitación entera. Los investigadores de SONY redujeron este equipo al tamaño de una maleta con un precio de 11,500 dólares. Ya en aquel tiempo soñaban con aparatos que pudieran conectarse a la televisión para ver películas y programas televisivos sin tener que salir de casa, y con un costo menor para el consumidor corriente. De ese tamaño era la visión de los hombres de SONY.

La SONY es creación de dos hombres extraordinarios: Masaru Ibuka y Akio Morita. Durante la guerra, Ibuka fue ingeniero en jefe de la compañía Instrumentos de Precisión del Japón, en Susaka, a 145 kilómetros de Tokio. Morita, hijo de un próspero destilador de sake, educado para hacerse cargo de los negocios familiares, estuvo en la armada japonesa, dedicado a la investigación científica. Cuando terminó la guerra, ambos hombres se encontraron en la calle sin empleo.

Ibuka llamó a siete de sus más brillantes ingenieros y les dijo que todos se fueran a Tokio, tal vez a pasar hambre pero con mayores posibilidades de emerger. Morita, entonces de 24 años, se unió al grupo.

Todos sabían que querían fabricar cosas, ya sea para mejorar algo existente, o crear algo que no existiera. Después de cuatro años de guerra, el pueblo japones estaba hambriento de artículos de consumo, de cualquier clase que fuesen. Se presentaron varias propuestas: una cocinilla eléctrica para el arroz, reglas de cálculo entre otras cosas.

Ibuka dijo que sería mejor apegarse a la electrónica, área que dominaban a la perfección. Y instituyó otras normas: la compañía habría de competir en base de calidad, no de mano de obra barata. “Lo que fabriquemos, sea lo que fuere, deberá ser lo mejor que seamos capaces de hacer”, concluyó. La empresa se abstendría de imitar los productos hechos por los demás y optaría por explorar nuevos campos de su propia inventiva.

Estas eran palabras osadas para un hombre de 37 años, sin experiencia en los negocios, director de una compañía sin fábrica, sin maquinaria, con solo 1,600 dólares (los ahorros de toda su vida) por capital.

Consiguieron un lugar en el bazar bombardeado y compraron por 100 dólares un coche destartalado que apenas marchaba. A la vista estaba una tarea que acometer. Durante la guerra, el Japón había estado privado de las noticias del mundo exterior; las radios de onda corta estaban prohibidas. Terminado el conflicto, la población tenía sed de noticias, de un poco de música. Así pues, la compañía comenzó por transformar los radiorreceptores comunes en aparatos que pudieran captar las radiodifusiones de onda corta, y por reparar fonógrafos estropeados.

En mayo de 1946 decidieron constituirse en sociedad, a pesar de que no tenían mucho que aportar; el capital se había reducido a 527 dólares. Por entonces, el baar, que empezaba a resurgir, les comunicó que tenían que irse, y la compañía se mudó a una pequeña estación de bomberos. Durante el día tenían que sacar la bomba automóvil para que hubiera espacio donde trabajar. Pero el futuro se mostraba más halagüeño. La Japan Broadcasting Co. tenia necesidad de un nuevo equipo para sus estudios, y esto representó para la joven empresa un jugoso contrato.

En 1948, Ibuka y Morita tuvieron noticia de la existencia de los magnetófonos, hasta entonces desconocidos en el Japón. Cierto misionero norteamericano, amigo de Morita, encargó uno de éstos a los Estados Unidos, a petición de aquéllos. Guiándose por este magnetófono, los japoneses hicieron un tipo nuevo y construyeron 50 unidades. Convencieron al propietario de un restaurante a que compraran uno como medio inusitado de propaganda: los clientes podrían cantar y escuchar inmediatamente la reproducción de sus voces. La policía adquirió otro para guardar constancia de sus interrogatorios. Pero la venta de dos magnetófonos difícilmente haría prosperar el negocio, de manera que Ibuka y Morita compraron un camión para utilizarlo en demostraciones y comenaron a recorrer las escuelas del Japón, donde hacían ver cómo con tales aparatos podían granbarse los programas educativos de la radio para volver a escucharlos a voluntad. Las ventas suieron como la espuma. Al final, dos tercios de las 40 mil escuelas japonesas habían comprado aquellos magnetófonos.

Aunque los científicos de los laboratorios de Bell Telephone habían creado ya el transistor, la noticia de este triunfo tardó en llegar al Japón. Cuando Ibuka tuvo conocimiento de él, en 1952, inmediatamente advirtió las posibilidades que ofrecía para la fabricación de pequeñas radios que funcionarían con pilas baratas y hallarían un mercado formidable en el sudeste de Asia y otras regiones donde faltaba la energía eléctrica. La única dificultad consistía en que los transistores valían en aquella época 50 dólares cada uno. En los Estados Unidos se utilizaban principalmente en los equipos electrónicos para fines de defensa, y muchos peritos se mofaban de la idea de Ibuka de adaptarlos a radios de bolsillo.

Los científicos de Ibuka se pusieron a proyectar aparatos nuevos, y el ingeniero japonés reclutó jóvenes de hábiles dedos para la delicada tarea de hacer los minúsculos componentes. En 1955 la compañía se hallaba lista para vender, a precio razonable, una radio que funcionaba  totalmente a base de transistores, y en 1957 empezaba a producir el primer radiorreceptor de bolsillo del mundo: un aparato poco mayor que una cajetilla de cigarrillos. En poco tiempo el costo de fabricación de algunos transistores se redujo a 15 centavos de dólar y las minúsculas radios llevaban noticias, música y programas educativos a las regiones más apartadas de la tierra.

Ahora bien, si se había podido reducir el tamaño de un aparato de radio, ¿por qué no podría hacerse lo mismo con un televisor? El resto del mundo se había acostumbrado a los televisores mamut, con pantallas de hasta 68.5 centímetros. Ibuka decidió que esto era un error. Toda una familia se congrega ante su aparato, viendo el mismo programa de Chacho, el perro maravilla, aunque en lo individual, quizá algún miembro de la familia tuviera un gusto diferente. ¿Por qué no construir pequeños televisores de transistores para uso individual, que funcionasen con cualquier corriente, esto es, con sus propias baterías, con la electricidad casera o el acumulador del automóvil? En 1960, SONY disponía ya de un televisor portátil de 20 centímetros, en 1962 lo redujo aún más, y aunque hoy día la tendencia es tener pantallas planas de 48 pulgadas, en aquel tiempo, tener televisores de 12 centímetros era un avance tecnológico gigantesco.

Los investigadores de la compañía observaron el futuro con perspicacia. Aplicaron un pequeño porcentaje de las ganancias a la investigación. Abrieron un laboratorio en Yokohama dedicado exclusivamente a la investigación. Su más brilalnte creación en esas fechas fue el “diodo de túnel”, un aparatito, más pequeño que un botón, que efectuaba muchas de las operaciones de los transistores, solo que mejor y con mayor rapidez. Tuvo aplicacion en computadoras, en la electrónica del espacio, en el radio y la televisión.

Físico de carrera, Morita era un hombre de suaves modos al hablar y era la fuerza que animaba el espíritu emprendedor de la SONY. Él comentó una vez que aunque carecían de experiencia, estaban llenos de ideas nuevas. Conforme la SONY iba progresando, Morita mantenía a sus científicos investigando en el campo de la electrónica, de modo que la compañía pudiera sacar algo nuevo y diferente cuando los competidores comenzaran a darle alcance en la fabricación de productos ya existentes. Los directores de la SONY constituyeron en grado notable una síntesis de talento para los negocios y de conocimiento científicos.

En aquellos días, la política laboral de SONY era tan extraordinaria como el resto de sus ideas. Más de un tercio de sus 6500 empleados eran muchachas reclutadas de regiones rurales empobrecidas. Para ayudarlas a mejorar su vida, SONY traslado su fábrica de transistores a un suburbio donde cerca de mil chicas, de 16 a 21 años, vivían en relucientes dormitorios blancos, y pagaban 3600 yuans al mes por habitación y alimentos. La empresa sostenía una escuela especial, que ofrecía estudios de enseñanza secundaria, además de cursos adicionales, como arreglo de flores y conversación en inglés. Tras cumplir las jornada regular de 8 horas de trabajo, más del 90% de las jóvenes asistían a la escuela por tres horas más. También contaban con lugares vacacionales a precio módico, en la playa o la montaña.

Aunque la SONY ha triunfado en muchas áreas en el mundo entero y con ventas exorbitantes, sigue siendo una compañía que conserva mucho de la sencillez de sus primeros días. Ibuka gustaba de llevar pantuflas en la oficina y la misma chamarra que usan los obreros en la fábrica. Uno de sus lemas era: “Siéntate y deja hablar a la gente. Así brotan las buenas ideas”.

Esta importancia concedida a las ideas es muy significativa, pues la SONY en sus comienzos representó una idea, que surgida de la nada, ha transformado al mundo del entretenimiento y diseminado sus beneficios por todo el mundo.

El mito de los traficantes de órganos

La siguiente historia apareció en un diario del estado de Texas. Un joven decidió un sábado por la noche asistir a una fiesta. Se estaba divirtiendo bastante, se tomó unas cervezas y una muchacha que conoció allí y a la que parecía gustarle, le invitó a ir a otra fiesta. Rápidamente aceptó y marchó con ella. Fueron a un apartamento, donde continuaron tomando cerveza y aparentemente le dieron droga (no sabe cual).

Lo siguiente que recuerda es que despertó totalmente desnudo en una bañera llena de cubitos de hielo. Todavía sentía los efectos de la droga y de la cerveza. Miró a su alrededor y estaba solo. Luego se miró el pecho y descubrió que tenía escrito con pintura roja este mensaje: «llame al 911 o morirá». Vio un teléfono cercano a la bañera, así que llamó inmediatamente. Le explicó a la operadora la situación en la que se encontraba. La operadora le aconsejó que saliera de la bañera y que se mirara en el espejo. Se observó aparentemente normal, así que la operadora le dijo que revisara la espalda. Al hacerlo, vio con horror que tenía dos ranuras de nueve pulgadas en la parte baja del abdomen. La operadora le dijo que se metiera nuevamente en la bañera y que mandaría un equipo de emergencia.

Después de que lo examinaron en el hospital, reparó en lo que le había pasado: le habían robado los riñones. Cada riñón tiene un valor en el mercado de 10000 dólares -él no sabía esto-. Actualmente, esta persona se halla en el hospital conectada a un sistema que lo mantiene vivo. La Universidad de Texas y el Centro Médico de la Universidad de Baylor realizan gestiones para encontrar donantes.

Lo que acaban de leer es una de tantas variaciones sobre el mismo tema: el robo de órganos para ser vendidos a personas ricas que pagan buen dinero por ellos. Muchas de estas piezas anatómicas provienen de niños del tercer mundo. Esto no es más que una patraña que tiene poco más de 20 años circulando por el mundo. Según esto, existen personas que secuestran y compran niños en los países más pobres para después matarlos y extraerles los órganos. Estas partes vitales ?corazones, ojos, riñones, hígados y otras? supuestamente se “cosechan” para trasplantárselas  a hombres y mujeres de Estados Unidos y Europa Occidental.

Veamos algunos informes difundidos al respecto:

 En Bogotá se narra que una niña de cuatro años fue raptada cuando jugaba en la calle. La hallaron más tarde… sin ojos. “Gracias por el regalo”, decía una nota que le habían pegado al vestido con un billete de 500 pesos.
Se rumora que en el suburbio de S?o Paulo, Brasil, dos hombres vestidos de payasos engatusaban niños para llevarlos al interior de una camioneta, donde los asesinaban para posteriormente vender sus órganos a los ricos.
 Otra historia cuenta que un pequeño que se extravió en un parque de diversiones Euro Disney, situado en las cercanías de París fue encontrado más tarde con una incisión quirúrgica en la espalda. Le habían extirpado un riñón.
En el periódico guatemalteco El Gráfico, se publicó que la policía descubrió una casa donde dos sujetos preparaban niños para enviarlos a Israel y Estados Unidos, donde los mataban para extraerles los órganos. (El mismo diario aclaró más tarde que esta noticia carecía de fundamento.)

La mayoría de estos reportes han pasado de boca en boca, sin embargo, con la llegada del Internet de manera masiva, este mito ha vuelto a renacer con mayor virulencia y se ha mantenido hasta nuestros días.

Estas historias y otras parecidas son falsas; no hay nada que las sustente. Con todo, la mentira persiste, alimentada por rumores difundidos por periodistas perezosos o negligentes que no se molestan en verificar los hechos. La consecuencia es un clima de odio y temor que pone en riesgo los programas de adopción de menores y de donación altruista de órganos en todo el mundo.

La primera ocasión en que la gente se atemorizó acerca del robo de órganos fue después del estreno de la película Coma (película norteamericana de suspenso, escrita y dirigida por Michael Crichton en 1978.  basada en la novela homónima de Robin Cook), que relata el asesinato de pacientes de hospitales para que sus órganos pudieran ser vendidos. El cirujano Jacob Cerilli, culpó en parte a este filme de la reducción súbita en la donación de órganos para trasplantes. Ciudades en todo el país informaron de una disminución hasta del 60% en el número de órganos donados en 1978, en comparación con el total de 1977 A.C. (antes de Coma).

Casi todos estos infundios son imposibles desde el punto de vista médico. Según especialistas en cirugía a los que pudimos entrevistar, extirpar y transportar órganos humanos más especializados que un dedo amputado por una sierra eléctrica,  requiere rigurosas condiciones de asepsia, así como equipo hospitalario avanzado. Los órganos no pueden congelarse ni conservarse con sustancias químicas en un laboratorio; es necesario implantarlos en un lapso extremadamente breve: entre 48 y 72 horas en el caso de un riñón; 24 horas si se trata de un hígado, y cuatro o cinco horas si es un corazón o un pulmón. Además, debe haber compatibilidad sanguínea entre donador y receptor.

Más aún, los hospitales y el personal médico que realizan trasplantes están sometidos a una vigilancia estricta, es ilegal comprar o vender órganos humanos. La Ley Nacional sobre Trasplantes de Órganos de Estados Unidos, promulgada en 1984, regula todos los aspectos del procedimiento, y, además, la Red Unida para la Donación de Órganos de esa misma nación lleva un registro tanto de los donadores y receptores  como de los órganos trasplantados.

El origen del mito
Los informes falsos comenzaron a aparecer en los diarios en 1987 cuando un irresponsable sujeto llamado Leonardo Villeda Bermúdez, secretario general de un grupo conocido como Comité Hondureño de Bienestar Social, declaró a los medios de comunicación de su país que había quienes vendían niños pobres a personas de Norteamérica. Las protestas de la embajada de Estados Unidos no se dejaron esperar, y Villeda se retractó de inmediato reconociendo que lo que había dicho era sólo un rumor. La agencia de noticias Reuters recogió la declaración original de Villeda y la difundió por todo el mundo. Pese a que la agencia desmintió unos días más tarde la noticia que había propalado, el daño ya estaba hecho.

Para abril de 1987, los diarios de Nicaragua y Cuba, países apoyados por la ex Unión Soviética, habían publicado ya el rumor. La noticia apareció después en el Pravda, así como en Izvestia, que se refirió al asunto en estos términos:

“Entre el desprecio racista de Estados Unidos hacia los latinoamericanos y la libertad para exterminarlos sólo media un paso”.

Encendiendo la pólvora
En enero de 1988, Maité Pinero, corresponsal en Latinoamérica del diario parisiense L’Humanité órgano oficial del Partido Comunista Francés, escribió un reportaje cuyo encabezado decía: “Bebés secuestrados, asesinados y descuartizados”. En otro artículo de agosto de 1988, Pinero afirmó que Estados Unidos era “el puntal del puente para el tráfico de sangre, órganos y carne humana”. En un artículo titulado “Niños usados como piezas de recambio”, la revista semanal católica de tendencia izquierdista Témoignae Chrétien afirmó que se estaban vendiendo niños de Latinoamérica a estadounidenses ricos por entre 20 mil y 50 mil dólares. Y Le Monde Diplomatique, revista mensual del prestigioso periódico francés Le Monde, deploró las “abominaciones” cometidas por “redes criminales apoyadas por cómplices de muchos gobiernos”, desde Argentina a Estados Unidos.

Alarmada por los horrores divulgados por la prensa, la Federación Internacional de Defensa de los Derechos Humanos, con sede en París, envió investigadores a Haití y Guatemala en el verano de 1988. Al cabo de un mes de indagaciones, empero, no habían hallado pruebas del supuesto tráfico de órganos.

Rony Brauman, ex presidente de la organización internacional Médicos sin Fronteras, también realizó pesquisas a través de sus contactos en la comunidad médica. Investigó en Honduras, El Salvador y Guatemala y nunca obtuvo pruebas que pudieran considerarse fidedignas. Nunca se encontró un niño o joven al que se le descubriera incisiones que atestiguaran un procedimiento ilegal.

El siguiente paso en la propagación de la mentira fue recibir confirmación oficial. En el otoño de 1988, la fracción comunista del Parlamento Europeo, con sede en Estrasburgo, Francia, atizó el fuego con una resolución condenatoria del tráfico de menores, “vendidos por 75 mil dólares a familias estadounidenses e israelíes con niños que requieren trasplantes de órganos”.

En 1991, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el documento “Principios Normativos del Trasplante de Órganos”, en el cual afirmaba que “hay pruebas convincentes de la existencia del tráfico [de órganos]… Es urgente proteger a los menores de edad”. La OMS no ofreció pruebas de dicho delito, y hoy en día reconoce que no se sabe de un solo caso verdaderamente documentado.

En el año de 1994 el rumor llegó a la Oficina de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la cual solicitó más tarde al tailandés Vitit Muntarbhorn, profesor de derecho, elaborar un informe sobre la venta y prostitución de menores y la pornografía infantil. Muntarbhorn mencionó en su informe que “cada vez hay más pruebas de que existe un mercado para la venta de órganos de niños”. Sin embargo, en dicho informe consignaba, sin citar nombres ni fechas, un solo caso ocurrido en Nepal: el de un niño y un adolescente que fueron enviados a la India con “fines ilícitos”. Myriam Tebourbi, quien colaboró con el profesor en la preparación del informe, declaró más tarde a la revista Newseek: “Nunca tuvimos pruebas indiscutibles”.

Al poco tiempo, la noticia del tráfico de órganos se difundió por televisión. Dos documentales de 1993 ?una producción anglocanadiense titulada “The Body Parts Business” (“El negocio de los órganos humanos”) y otra francesa titulada “Organ Snatchers” (“Ladrones de Órganos”)? mostrababan crudas imágenes de niños latinoamericanos pobres. Ambos filmes incluían un tétrico acercamiento de las cuencas vacías de Pedro Reggi, joven argentino retrasado mental. Éste afirma en esas películas que unos médicos le extirparon los ojos cuando se encontraba internado en un hospital siquiátrico.

En realidad Reggi aún tenía ojos, pero se le habían atrofiado debido a una infección. Esta revelación, sin embargo, no impidió a Marie-monique Robin, directora de “Organ Snatchers”, realizar una versión corta del documental con el título de “Eye Thieves” (“Ladrones de ojos”). “Robin fue la propagandista perfecta”, señala la especialista francesa Véronique Campion-Vincent quien escribió el libro La légende des vols d’organes («La leyenda del robo de órganos»).

En 1995 Eye Thieves obtuvo el premio Albert Londres, máxima distinción periodística que se otorga en Francia. Cuando salieron a la luz los errores e inconsistencias de Robin, el premio le fue retirado, pero, por increíble que parezca, se lo volvieron a otorgar en marzo de 1996. La directora se negó a conceder entrevistas.

Maité Pinero y Michel Raffoul, dos periodistas que escribieron virulentos reportajes sobre este embuste, declararon que en realidad no tenían pruebas. Lo mismo ocurrió con Janice Raymond, profesora de ética médica y de estudios sobre la mujer de la Universidad de Massachusetts, la cual insinuó en Organ Snatchers que en ciertas clínicas privadas de estados Unidos se estaban efectuando trasplantes ilícitos. Cuando se le preguntó acerca de sus fuentes, Raymond dijo: “Es solamente una conjetura”.

Rafael Matesanz, presidente de la Comisión de Trasplantes del Consejo de Europa, se pronunciaba en 1996: “Jamás un gobierno, organismo internacional, organización no gubernamental o medio de comunicación ha logrado presentar una sola prueba creíble que confirme alguna de las denuncias y testimonios referentes a la existencia de tráfico de órganos”.

Las secuelas
Estos rumores han tenido graves consecuencias en la donación de órganos. Varias personas han comentado que prefieren no donar sus órganos porque han oído decir que irán a parar a manos de los traficantes.

En Colombia, la Asociación Panamericana de Bancos de Ojos reportaron una reducción en el número de donaciones de córneas que se produjo tras la proyección de la película Eye Thieves en la televisión colombiana (más o menos como sucedió cuando se estrenó Coma). De 120 pares de córneas que en promedio se donaban cada mes, la cantidad se redujo a solo dos pares al mes. El rumor también perjudicó los programas de internacionales de adopción de menores. Para agosto de 1996, Brasil, Turquía, Guatemala y Honduras suspendieron sus programas de adopción para extranjeros.  

Aún sigue habiendo personas que creen en la patraña que nació en un pueblo de Honduras y que se ha mantenido cual sanguijuela en la conciencia de los humanos de todos los países. Desgraciadamente, la gente siempre creerá en rumores antes que en investigaciones serias. Prefiere creer en textos que vienen en las llamadas “cadenitas”, que en la información veraz y científica.

Espero que este artículo abra los ojos de las personas y les permita saber que existen especialistas capacitados que pueden extraer uno o varios órganos que les salvarán la vida a otros seres humanos cuando a nosotros ya no nos sirvan. Yo quiero verlo como alargar mi esencia, aún y cuando mi alma ya se encuentre en otro plano existencial.

Artículo basado en un trabajo de Rudolph Chelminski,  Antonio Ortí y Josep Sampere.

Los Diamantes y su mundo

El comercio internacional de diamantes es una actividad tan singular, que incluso quienes viven de ella la califican de extravagante y sui generis. Hay quien señala que dicho comercio tiene un carácter “muy medieval”, lo que salta a la vista en la práctica.

En el mercado mundial actual, la industria del diamante en bruto que vale unos 10000 millones de dólares, sigue estando en gran medida bajo el control de una compañía, la De Beers Consolidated Mines, que determina el precio y la oferta de las piedras sin tallar, o en bruto. Muchos tratos se cierran con dinero en efectivo, aunque impliquen cantidades de siete dígitos. Los comerciantes de estas gemas jamás dan recibos, y es frecuente que los acuerdos millonarios se firmen con un apretón de manos. No sorprende que el comercio se realice dentro de un círculo familiar tan estrecho que sólo es posible entrar en el si se ha nacido en el mundo de los diamantes. Todo se basa en creer en la palabra.

Desde la antigüedad, los diamantes han sido tema de leyendas. Se dice que el sumo sacerdote de los judíos usaba un pectoral adornado con un diamante y otras 11 piedras preciosas, que simbolizaban las 12 tribus de Israel. También se cuenta que ciertos pueblos comían polvo de diamantes para prevenir las enfermedades.

La realidad de los diamantes es igualmente fabulosa. Se componen de carbono puro y se forman a unos 200 kilómetros bajo la superficie terrestre, donde la temperatura de 1200? C, se combina con una presión intensa para cristalizar el carbono y convertirlo en el mineral más duro que existe. Las erupciones volcánicas, el viento y la erosión van acercando los diamantes a la superficie, donde esperan a ser descubiertos. Con frecuencia es necesario remover cientos de toneladas de tierra, rocas y arena para obtener apenas un quilate.

El año pasado se extrajeron cerca de 125 millones de quilates en todo el mundo. Australia es el principal productor, pero la mayor parte de sus diamantes son de baja calidad y se destinan al uso industrial. Los mejores diamantes son los de Botsuana, seguidos por los de Sudáfrica, Angola y Namibia.

De Beers es la compañía minera de diamantes más grande del mundo: casi la mitad de las piedras en bruto del planeta proviene de sus propias minas en Sudáfrica y, a través de sociedades, en Botsuana, Namibia y Tanzania. Otros países productores de diamantes, como Australia y ex Unión Soviética, los venden de manera independiente. Pero el brazo comercial de De Beers, la Organización Central de Ventas, conocida como el Sindicato, es el principal actor de la industria, pues por sus manos pasa aproximadamente un 70% de todos los diamantes extraídos.

El Sindicato celebra contratos de 5 años para comprar a precio fijo, los diamantes que producen las minas de un país determinado. Las piedras en bruto se envían a la oficina del Sindicato en Londres, donde se clasifican, se evalúan para asignarles una de 14000 categorías y se preparan para su venta en exposiciones conocidas como “vistas”.

El Sindicato organiza 10 vistas al año e invita a 125 de los comerciantes y manufactureros más importantes del mundo, quienes compran lotes llamados “cajas”. El Sindicato determina el número y el tamaño de los diamantes que contiene cada caja y fija su precio. No hay regateos, a menos que las piedras pesen más de 10 quilates. El invitado paga al contado, a veces hasta varios millones de dólares. Uno debe ser pez gordo para que el Sindicato lo tome en cuenta.

Aquellos que no compran corren el riesgo de no volver a ser invitados. Esto podría parecer injusto desde el punto de vista del cliente, pero el Sindicato tiene apoyos. Un control firme del Sindicato mantiene estables los precios.

Después de las vistas, las piedras se mandan a centros manufactureros o de tallado, donde se corta y pulen. Los centros de Nueva York, Amberes y Tel Aviv procesan las más grandes y valiosas, mientras que en la India se pulen las más pequeñas.

En Amberes, el centro de comercio de diamantes por excelencia, se maneja el 60% de la producción mundial de piedras pulidas y el 90% de la de piedras en bruto. Es allí donde los comerciantes compran sus diamantes. Una gema puede pasar por las manos de varios comerciantes antes de que la adquiera un mayorista, quien por lo general la engasta para luego venderla a un minorista. El cliente que compra la pieza terminada termina pagando de 3 a 5 veces el costo de la piedra en bruto.

La astucia es esencial en el regateo. Una regla es: “Si a uno le gusta un diamante, debes hacer un comentario negativo acerca de él”. Por ejemplo, si una diamante ha sido perforado más de una vez para quitarle una impureza, el comprador puede decir que “parece una coladera o que tiene un cráter lunar en la superficie”.

Algunos comerciantes negocian desde su oficina, otros lo hacen en mercados de diamantes. Hay 21 mercados en todo el mundo. Algunos se especializan en diamantes en bruto o de color, pero sus largos y angostos corredores son idénticos. En un extremo está el sitio donde se pesan las piedras, 15 mesas o más se colocan perpendicularmente a los ventanales de piso a techo que dan al norte. Muchos dicen que no hay nada mejor que la luz del norte para examinar un diamante.

En contraste con una bolsa de valores, en el mercado de diamantes reina una atmósfera casi bucólica. En un lado de la mesa, detrás de una lámpara fluorescente, el vendedor aguarda con paciencia; el comprador se sienta enfrente, armado con una lupa de joyero. Una vez acordado el precio, se dan la mano y pronuncian la frase hebrea Mazal U’bracha, que significa “con suerte y una bendición”. No es nada raro que todos los tratos se cierren con una expresión hebrea, pues durante siglos los judíos han dominado el comercio de diamantes.

En la edad media, a los judíos europeos se les prohibía tener tierras e ingresar en los gremios que controlaban la mayor parte de la economía. El comercio, ya fuera de dinero o de diamantes, era una de las pocas opciones que tenían. Los judíos sufrieron muchas persecuciones y exilios, pero se dieron cuenta de que esta última actividad podían ejercerla dondequiera.  

En el pasado los judíos dominaron gran parte del comercio de diamantes, pero hoy participan en él otros sectores. A pesar de ello, los corredores siguen prefiriendo tratar con gente conocida. No hay que olvidar que las transacciones de diamantes se basan en contratos verbales. Una vez que los comerciantes llegan a un acuerdo y participan en la bendición ritual hebrea, el comprador se lleva los diamantes y tiene de 45 a 90 días para pagarlos. Si alguien se quiere “pasar de lanza” y no paga, es poco lo que se puede hacer. Y estos casos sí ocurren. Hay quienes pierden millones de dólares, pero no se recurre a las demandas jurídicas. ¿Por qué no acuden a la ley? Pues para evitar que se divulguen los secretos del gremio. Los comerciantes dirimen sus disputas por medio del arbitraje interno; nunca ante un tribunal.

Las faltas graves, como cambiar diamantes o no pagar a tiempo, se castigan con severidad: la expulsión del mercado. Y cuando alguien queda fuera, no hay retorno. La honestidad es fundamental para sobrevivir en el comercio de diamantes. Pero para hacer fortuna, también se necesita carácter y persuasión.

Cómo se determina el valor de un diamantes
Los diamantes más valiosos y bellos son los que mejor combinan cuatro factores: corte, claridad, color y peso en quilates.

Quilate: Es la unidad de peso para los diamantes. Un quilate equivale a 100 puntos. Un diamante de 0.75 quilates es igual a uno de 75 puntos o de ¾ de quilate. Los diamantes de igual peso pueden variar mucho en cuanto a valor y brillo, según sea su claridad, color y corte.

Claridad. La lupa de un joyero permite descubrir inclusiones, o impurezas naturales. Algunas parecen cristales diminutos, nubes o plumas. Los diamantes considerados internamente perfectos  carecen de inclusiones y son los más valiosos. Los que tienen inclusiones muy pequeñas se clasifican como VVS1 o VVS2. Cuanto mayor es la inclusión, menor es la calidad y más corriente es el diamante. Los que tienen inclusiones apreciables a simple vista se clasifican como I1 o I3.

Color: La clasificación de los diamantes según su color empieza con la letra D y continúa con el resto de las letras del alfabeto. Muchos parecen incoloros, pero en realidad tienen leves tonos amarillos o pardos. Éstos son menos raros y por tanto, menos valiosos que las piedras verdaderamente incoloras, cuya clasificación es D. Los diamantes de colores bien definidos (rojo, rosa, azul, verde y amarillo) son muy raros y muy cotizados. Recordemos el diamante rosa de la película Blood Diamond.

Corte: Un diamante bien cortado o tallado en facetas brilla con la luz. Aunque la naturaleza determina su claridad, quilates y color, son las manos de un experto artesano las que revelan su brillo y belleza. Si los cortes están bien proporcionados, la luz se reflejará de una faceta a otra como en un espejo y se dispersará por la parte superior, lanzando un destello. Cuando el corte es demasiado profundo o superficial, el diamante pierde luz, pues ésta se “derrama” por un costado o por abajo. Así, un diamante mal cortado es menos brillante, bello y valioso que uno bien cortado.

El Misterio de la Cripta Chase

 
La bahía de Oistín, en la costa sur de la isla de Barbados, en las Indias Occidentales, se asemeja a la publicidad de los carteles turísticos que anuncian viajes al Caribe. Pero su fama turística no se debe a palmeras ondulantes ni a las arenas coralinas. Aquí, en el cementerio de la Iglesia de Cristo, se encuentra uno de los mayores enigmas del siglo antepasado y que hasta el momento no ha recibido una solución satisfactoria.

El cementerio no es sino una gran cripta masiva, construida en parte sobre la superficie y en parte bajo tierra. El día de hoy está vacía por completo y este vacío representa su secreto. Esto es porque la cripta no pudo emplearse para su propósito  original, como una cámara dignificada  y tranquila de reposo para los muertos.

En los registros de la iglesia se hace referencia a la tumba como la cripta Chase, aunque otras personas, que no pertenecían a la familia, recibieron sepultura en su interior. Una bóveda mortuoria semejante costaba una pequeña fortuna hace 203 años. Esta construida de inmensos bloques de roca de coral, pegados firmemente con cemento; la cripta está hundida 70 centímetros dentro del duro terreno calizo. El techo, abovedado en el interior, aparece plano sobre la superficie. El interior mide 4 metros de largo por 3 de ancho. La entrada, ubicada a un lado, estaba cerrada con una enorme y pesada losa de mármol azul de Devonshire, misma que proporcionaba a la estructura el aire de una fortaleza, y un aura de impenetrabilidad egipcia.

Nada se sabe acerca de la primera persona sepultada aquí, excepto su nombre. Se trataba de una mujer que en vida llevaba el nombre de Thomasina Goddard; su féretro se colocó dentro de la cripta el 31de julio de 1807.  

El 22 de febrero de 1808 siguió el ataúd de la pequeña Mary Anna Chase, que murió de causas desconocidas a la edad de dos años. Después, el 6 de julio de 1812, llegó Dorcas, una hermana mayor de Mary Anna, cuyo deceso levantó murmuraciones en el poblado. Se hablaba de que la chica había sido atormentada por su tiránico padre y que ella se había suicidado rehusándose a comer. Sea cual haya sido la verdad, el funeral se efectuó sin ningún contratiempo.

Los eventos
Cuatro semanas más tarde, la tumba tuvo que abrirse nuevamente para recibir los restos mortales del honorable Thomas Chase, el jefe de la familia. Chase era considerado por la opinión general como una persona difícil y muchos en la isla le odiaban. Conforme la lámpara iba iluminando la cámara, se hizo claro que algo extraño había sucedido. Los féretros no se encontraban en sus posiciones originales. El de la infante Chase había sido arrojado, con la cabeza hacia abajo, a la esquina opuesta, en tanto que el de la señora Goddard se encontraba sobre un costado, contra la pared.

Los miembros del cortejo fúnebre se sintieron indignados ante tal profanación, culpando de ella a los obreros negros del cementerio. Los negros parecían estar más molestos, aunque por una razón diferente. Los ataúdes fueron colocados de nuevo, con todo respeto, en orden; se añadió el de Thomas Chase a la hilera y se cerró una vez mas la cripta.

Y pasaron 4 años. El 25 de septiembre de 1816, la lúgubre losa de mármol en la entrada del sepulcro se alzó hacia un lado para dar entrada a un niño. El amo Samuel Brewster Ames había muerto a la edad de 11 meses. Al entrar el grupo acompañante de dolientes a la cámara, clavaron la vista y quedaron horrorizados. ¡Los profanadores habían hecho de las suyas una vez más! Los cuatro féretros yacían volcados en salvaje desorden.

La reacción inmediata fue de absoluta ira. Nadie dudaba en ese momento que se trataba de la obra de “asquerosos” negros. El mes de abril anterior, Barbados había sido escenario de uno de los muchos malogrados levantamientos de los esclavos, rebeliones que bañaban periódicamente en sangre las Indias Occidentales. La rebelión fue  aplastada con éxito, como eran la mayor parte de ellas. Esta profanación a los muertos era, claramente, un acto de venganza.

Pero una vez que se apaciguó el primer alboroto de enojo, los hechos comenzaron a verse menos obvios. La cripta contaba únicamente con una entrada y la losa de mármol que la protegía se había encontrado firmemente en su sitio. El cemento que recubría las orillas de la entrada estaba duro como la piedra.

Además, estaba el asunto de los féretros mismos. El de la señora Goddard era una endeble caja de madera, fácil de mover. Pero el ataúd del honorable señor Chase era tremendamente pesado. Estaba construido por un armazón interior de madera; la caja exterior estaba hecha de plomo. Con Chase dentro del féretro (un hombre que pesaba 118 kilos) habían sido necesarias 8 personas para poner el ataúd en su sitio. Ahora se encontraba sobre su costado. ¿Cómo habían podido los vándalos, cuando menos ocho de ellos, penetrar en la tumba y realizar un trabajo sin que se les hubiera visto?

Los esclavos negros, que ejecutaban todas las faenas pesadas en los sepelios, estaban mucho más turbados que sus amos. Sólo las órdenes bruscas los mantuvieron cerca de la cripta y los hicieron levantar los féretros y colocarlos de nuevo en honroso orden. En esta ocasión, la plancha de mármol fue colocada con especial cuidado.

El siguiente sepelio tuvo lugar el mes de noviembre, solo 52 días más tarde. El fallecido era Samuel Brewster, padre del niño que yacía ya en la cripta. Había sido muerto a palos por sus esclavos durante la revuelta de abril y se le había inhumado temporalmente en otro sitio. Ahora, conforme el cortejo se acercaba a la cripta Chase, una multitud de curiosos fue siguiendo a la procesión. Se había divulgado el rumor de los hallazgos.

En esta ocasión la losa de mármol parecía estar definitivamente sin tocar; fue necesario un esfuerzo considerable para moverla. Pero al caer el primer rayo de luz dentro de la cámara, aquellos que se encontraban más cerca pudieron constatar que el evento había sucedido nuevamente.

Los féretros estaban esparcidos. El armazón de madera de la señora Goddard se había desarmado, si bien fue imposible determinar si esto se debió a causas naturales o al manejo brusco. Los otros cuatro, todos hechos de plomo, habían sido barajados como un monte de naipes.

Esta vez, el reverendo Thomas Orderson, rector de la Iglesia de Cristo, junto con un magistrado y otros dos hombres, realizaron un registro minucioso de la cripta. Examinaron los muros y el techo abovedado en busca de humedad y encontraron el interior completamente seco. Escudriñaron el piso en busca de grietas y vieron que era sólido. No había nada que ellos pudieran hacer, excepto supervisar la labor de colocar los féretros, una vez más en el orden prescrito.

Las personas que ahí se encontraban comenzaron a pensar que, si hubo algún tipo de profanación, esta no pudo haber sido hecha por ladrones ordinarios de tumbas. En la cripta no había nada de valor que robar. Después de cada sepelio la pesada placa de mármol era vuelta a pegar con cemento en su sitio, y para abrir de nuevo la cripta, había que hacer uso de martillo y cincel para remover el cemento.

Antes de abrir la cripta, la placa de mármol estaba en su lugar y el cemento que la aseguraba estaba duro como la roca. Desde luego, la cripta podía haber sido abierta y sellada de nuevo, pero ¿por qué se tomaría alguien tantas molestias?

Los esclavos estaban en un estado de abyecto terror. Aunque los negros de Barbados estaban menos impregnados en el vudú de sus contrapartes de Haití, estaban convencidos de que la cripta tenía una maldición. Los poderes maléficos que se hallaban dentro de esa cámara, pensaban, podía atacar a cualquiera que osara entrar en ella. Únicamente el temor más inmediato a sus amos, los podía mantener en el trabajo. Una vez más, la losa se deslizó sobre la entrada y la tumba quedó en la oscuridad y el silencio.

En cuestión de semanas, todos los habitantes de Barbados y de las Indias Occidentales británicas se habían enterado de los sucesos acaecidos en la Iglesia de Cristo. Multitudes de curiosos se dirigían al cementerio, para después agolparse alrededor de la cripta, e irritaban al reverendo Orderson con preguntas que él no estaba en condiciones de responder.

Los habitantes blancos de Barbados esperaron sumamente ansiosos el siguiente funeral. Varios capitanes dirigían sus buques al interior de la bahía de Oistin, esperando la remota posibilidad de que la cripta pudiera ser abierta en tanto ellos se encontraran ahí. Por el contrario, la población de color se mantenía tan lejos del sitio como podía. Aún los templados encargados del cementerio se apartaban de la tumba, y siempre trabajaban en parejas, nunca a solas.

Los curiosos tuvieron que esperar casi tres años antes de que se volviera a abrir la cripta. El 17 de julio de 1819, el ataúd de madera de la señora Thomazina Clarke fue preparado para su sitio de descanso dentro de esa cámara de inquietud. No había ninguna duda acerca de la importancia de la ocasión. Aunque la señora Clarke había sido una persona que vivió con bajo perfil, sus restos se vieron acompañados de la presencia del gobernador de Barbados, lord Combermere, los edecanes de éste, el comandante de la guarnición y por la mayor parte del clero de la isla, y por cientos de espectadores. Muchas personas esperaban con ansias la próxima vez que se abriera la cripta

Los negros tuvieron que trabajar arduamente y por largo tiempo para quitar la losa de mármol de la entrada de la tumba. El cemento que sostenía la puerta estaba en su sitio y sin tocar; algo del interior parecía estar resistiendo, algo pesado e inerte. Cuando la losa fue finalmente movida, se hizo claro de qué se trataba: ¡El féretro del difunto Chase estaba atrancado firmemente contra la puerta de entrada, casi a dos metros del lugar donde se había colocado!

Los otros ataúdes se hallaban dispersos. Los de los niños, que se habían colocado sobre los más grandes, yacían ahora sobre el piso de piedra. Únicamente la caja de madera de la señora Goddard se encontraba en el sitio donde fue colocada.

Este era el detalle más desconcertante. La caja que contenía los restos de la señora Goddard se había encontrado sumamente deteriorada la vez anterior que se había abierto la cripta. Los tablones de madera del féretro se estaban partiendo y tuvieron que atarse con alambre. El féretro, por consiguiente, se tuvo que apoyar contra la pared del fondo de la cripta, lejos de todos los demás. Sin embargo, éste, el más endeble y el más precariamente colocado de todos, fue el único ataúd que no se había movido.

Durante largo tiempo, el cortejo fúnebre se quedó de pie, en silencio; el asombro se había apoderado de todos; nadie podía creer lo que veían sus ojos. Después, los murmullos de aquellos que se encontraban en el exterior de la cripta, empujando y dando codazos para poder mirar más de cerca, penetraron dentro de la cámara. Su excelencia, el gobernador, recordó su posición y la dignidad que debía de preservarse. Se puso en acción.

Lord Combermere era un viejo soldado de caballería, un intrépido militar que había encabezado cuatro ataques de sables contra los franceses durante las campañas españolas de Wellington, y tenía las cicatrices que lo demostraban. Sabía sobrellevar bien el miedo. Ahora asignó a cada uno de los hombres que integraban el cortejo una tarea específica. Examinaron el piso, las paredes, el techo, pie por pie, buscando la más pequeña grieta que pudiera indicar una entrada oculta o un túnel. Escudriñaron minuciosamente los féretros sellados para ver si alguien había intentado abrirlos mediante palancas.

Todas las líneas de investigación se toparon con un callejón sin salida. No existía ningún otro acceso para entrar a la cámara, salvo por el frente. Las tapas de las cajas estaban firmemente cerradas, sin ninguna marca o astilla que indicara que se había efectuado el intento por abrirlas. La cripta estaba seca. Aparentemente estaba hermética.

Por cuarta y última vez, los féretros se alzaron de nuevo, para colocarlos en formación, situando los tres más grandes de plomo en el piso y los de los dos niños y el de madera de Thomazina Clarke sobre los de mayor tamaño.

Después, el gobernador supervisó personalmente que se esparciera una gruesa capa de suave arena blanca de la playa sobre el piso, arena que mostraría las huellas delatoras de cualquier persona que entrara en la cripta. La losa de mármol se alzó para ponerla en su sitio y se cerró con cemento. Como última salvaguarda, lord Combermere, su asistente y su secretario hicieron varias impresiones en el cemento fresco con sus sellos personales. Quienquiera que intentara repetir la profanación de ahora en adelante, tendría primero que violar los sellos.

Durante los meses siguientes, la Iglesia de Cristo se convirtió en objeto de un sinnúmero de peregrinaciones. Muy a disgusto del reverendo Orderson, personas de todos los rincones de las Indias Occidentales tocaban constantemente a su puerta para obtener información, y pasaban largas horas mirando boquiabiertos, con morbosa fascinación, la silenciosa mole de piedra. Llegaban por grupos y en reuniones familiares desde sitios tan lejanos como Jamaica.

Los esclavos negros eran la excepción. Sentían pavor por el lugar y no se atrevían siquiera a mencionarlo. Los visitantes descubrieron muy pronto que era inútil pedir informes a un esclavo para llegar a la cripta. Ellos pretendían jamás haber oído hablar de ella; inclusive la promesa de dinero para sonsacar la respuesta fracasaba. Tanto era el temor de los negros.

El asunto de la cripta Chase agobiaba la mente del gobernador. El tema siempre surgía en cada conversación, sobre todo con los hombres que la habían ayudado a sellar la tumba.

Por la tarde del 18 de abril de 1820, prácticamente todo el grupo se encontraba reunido en la residencia de lord Combermere. La plática, una vez más, se centró alrededor del sepulcro. Habían pasado más de ocho meses desde el último entierro y su excelencia estaba francamente ansioso por saber si había sucedido algo “allá abajo”. Una de las ventajas de ser gobernador de una colonia durante aquellos días era que podía satisfacer sus más mínimos deseos sin consultar con nadie. Combermere sugirió que visitaran la tumba de inmediato.

El grupo se puso en marcha. Además del gobernador, estaban el mayor Finch, su secretario y tres miembros de su personal: Bowcher Clarke, Nathan Lucas y Rowland Cotton. Durante el trayecto, recogieron a dos albañiles para que se hicieran cargo de la labor manual, y también el rector Orderson, para prestar a la investigación un toque de solemnidad espiritual.

Bastó un vistazo para demostrar que ninguno de los seis sellos impresos en el cemento habían sido violados. Los albañiles comenzaron a quebrar el cemento en silencio. Ni uno solo de los funcionarios hablaba.

Se hizo a un lado el voluminoso mármol y la tumba quedó al descubierto. Lentamente, los hombres fueron introduciéndose; sus ojos se acostumbraban gradualmente a la oscuridad y sus pulmones respiraban el aire fresco y rancio.

¡La cripta se encontraba en un caótico desorden! Algunos féretros se hallaban volteados boca abajo, incluyendo el tremendamente pesado ataúd de Thomas Chase. El féretro de uno de los niños yacía ahora en los escalones que llevaban al interior de la cámara. Y llamó la atención que, una vez más, el único féretro que estaba sin mover era el manojo de tablones atados con alambre que alojaba los restos de la señora Goddard. Se encontraba apoyado contra la pared, en el sitio donde se le había dejado originalmente.

La capa de arena cubría todavía el piso. No había huella alguna. Ni una sola marca de ninguna especie a la vista. Lord Combermere realizó una vez más las maniobras para hacer examinar el sepulcro.

De acuerdo con el relato de Nathan Lucas:

“Yo examiné las paredes, la bóveda y todas las partes de la cripta y encontré todos los sitios viejos y similares, y un albañil, en mi presencia, golpeó cada uno de los rincones del fondo con su martillo, y todo estaba sólido…”

Otros hombres escudriñaron minuciosamente los alrededores de la cripta, por la superficie, esperando encontrar algo que indicara la existencia de algún túnel. No encontraron nada. La tumba estaba completamente hermética: la entrada sellada. Y aún así, alguien o algo había penetrado y pudo volcar un féretro de plomo que había necesitado de ocho hombres para cargarlo y moverlo.

El reverendo Orderson escribió que, en ese punto, el gobernador ya se encontraba muy exasperado y preocupado, y que en esa tarde del 18 de abril la señora Chase pidió que se exhumaran los cuerpos fueran enterrados en otro sitio. La tumba ha permanecido vacía desde entonces.

Hipótesis para resolver el misterio
La causa de las perturbaciones en la cripta Chase ha sido motivo de acaloradas discusiones desde el primer día que fueron advertidas. Desafortunadamente, la información que existe sobre los sucesos no es tan completa y exacta como pudiera esperarse. Tampoco existen datos acerca de las personas inhumadas en ese sepulcro. Aunque el reverendo Orderson llevó un registro detallado de los eventos, estos fueron destruidos, ya sea por un huracán en 1831 o por un incendio en 1935. Lo que quedan son copias y relatos, que como cualquier investigador sabe, no son la mejor evidencia. Nunca se supo, por ejemplo, por qué tantos extraños habían sido sepultados en la cripta, ni tampoco quienes eran ellos. En muchos casos, ni siquiera se sabía la causa del fallecimiento.

Sabemos por otras fuentes que el honorable Thomas Chase tenía la mala reputación de ser un déspota con sus esclavos y de amedrentar constantemente a su familia. No hay manera de decir si el resto de las personas enterradas en la cripta eran tan odiadas como Chase y si fue el odio lo que provocó el vandalismo cometido contra los féretros. El robo se puede descartar. Todas las personas enterradas eran anglicanas y fueron sepultadas sin objetos de valor. Además, las tapas estaban bien cerradas. Muchos personas pensaron que era muy improbable que los desórdenes hayan sido causados por alguna fuerza humana.

 

 
Se han sugerido tres posibles causas naturales para explicar los eventos: terremotos, fugas de gas e inundaciones.

Ciertamente, las Indias Occidentales forman una región volcánica y llegan a registrarse con bastante frecuencia sismos y microsismos. Pero una cosa es segura, y es que jamás ha habido un terremoto que afectara únicamente un pedazo particular de terreno, de cuatro por dos metros, y permaneciera ignorado en todos los demás sitios. Ahora bien, sería aún más absurdo suponer que semejante sismo tan extravagante se fuera a producir en el mismo tramo cinco veces seguidas, afectando solamente el contenido de la cripta, al tiempo que dejaba el suelo, las paredes y el techo sin ninguna señal perceptible. Cualquier sismólogo que se respete proclamará que esto no es posible.

En cuanto a las inundaciones, podría haberse filtrado agua de algún sitio, dentro de la cripta, para después mover el contenido de la misma y bajar el nivel antes de la inspección. Los féretros de plomo pueden flotar, siempre y cuando estén cerrados herméticamente. Sin embargo, esta teoría se desecho a la luz de varias cuestiones. Para empezar, un volumen semejante de agua se habría podido notar en el área adyacente. El grupo del gobernador tomó en cuenta la posibilidad de que hubiera ocurrido una inundación y ellos inspeccionaron diligentemente la cripta para encontrar vestigios de agua, tanto por dentro de la tumba como alrededor de la misma. Nathan Lucas expresó a este respecto: “No se descubrió vestigio alguno de agua en la cripta, ni señal de los sitios donde hubiera estado…” La refutación más eficaz a la suposición de la inundación es el hecho de que el ataúd de la señora Goddard, que como recordaremos consistía de tablas de madera, habría flotado con mayor facilidad que los de plomo. Sin embargo, ese féretro fue el único que se mantuvo firmemente en su sitio. Lo cual agota todas las causas que podrían clasificarse como “naturales”.

Teorías sobrenaturales
Ahora bien, al no haber más soluciones lógicas, se el campo quedó abierto a las causas sobrenaturales. Por consiguiente, intervinieron los espiritistas.

Tres o cuatro investigadores con fuertes tendencias psíquicas, de los cuales el más famosos es sir Arthur Conan Doyle, quedaron intrigados por el enigma e intentaron dar sus propias interpretaciones particulares. Todos señalaban un hecho que no parece haber pasado por la mente de los involucrados: la tumba se volvió “intranquila” únicamente después del entierro de un suicida. No se había reportado desorden de ninguna especie con anterioridad a la inhumación de Dorcas Chase. Sin embargo, una cosa era hacer resaltar esta verdad innegable, y otra muy distinta, sacar conclusiones a partir de ella. Todavía quedaba sin explicación la manera en que esto podía ser la causa del movimiento de los féretros.

Conan Doyle trató de arrojar un poco de luz sobre el asunto, pero lo hizo de una forma que habría sacado de sus casillas al mismísimo Sherlock Holmes. En el que fuera quizá el artículo más insulso que jamás haya escrito, sir Arthur declaró que el desorden se debía a una sustancia llamada “efluvio”. Los esclavos que habían portado los féretros introdujeron los efluvios en la cripta. El término efluvio, según el diccionario, significa sencillamente ‘exhalación’. Pero Doyle, en una forma deliciosamente vaga, hace que los efluvios se combinen con ciertas “fuerzas” no citadas, dentro de la cripta sellada. La combinación entonces se convierte en una fuerza combustible que procede a lanzar de un lado a otro el contenido del sepulcro. El génesis de esta energía lo facilitó, según Doyle, la presencia de la “vitalidad sin uso” que, como él sostenía, persiste en todos los sitios donde la vida se ha interrumpido bruscamente mediante el suicidio o el asesinato. Sir Arthur fue lo suficientemente modesto para llamar a ésta una “teoría provisional”. El gran detective de la pipa que él creó, la habría llamado, sin duda, de otra manera.

La dificultad principal que se presenta para obtener una solución factible radica en la naturaleza de la evidencia. Investigadores posteriores solo podían tratar con relatos oídos de terceras personas. Los relatos escritos por los miembros del personal del gobernador se conservaron; pero estos testigos solo presenciaron dos aperturas de la cripta y solo escucharon hablar de los eventos de las otras tres.

La cripta sigue ahí y es visitada por personas con tendencia psíquica o que gustan hacer turismo en lugares considerados por la población como embrujados. Se erigió una nueva Iglesia cuando la anterior se destruyó debido al incendio del 2 de marzo de 1935.

Después de la muerte del último testigo ocular de los hechos, la Historia de los féretros de Barbados, como fue llamada, llegó a considerarse una leyenda, ya que no existía evidencia tangible de que estuviera cimentada sobre hechos. No fue sino hasta que Forster Alleyne, quien estaba convencido de que los eventos fueron reales, se puso investigar que el fenómeno recibió la atención que merecía.

Alleyne fue a la Iglesia de Cristo y procedió a inspeccionar los registros de entierros ocurridos durante el período de interés. Encontró los nombres de los ocupantes de la cripta y las fechas de los sepelios, todo debidamente certificado por el rector, reverendo Thomas Orderson. Lo curioso es que no existía ninguna insinuación de que alguna cosa extraordinaria hubiera tenido lugar. Los relatos del tesorero no arrojaron ninguna pista, así como tampoco los archivos de los diarios de la época. Resulta notable que Isaac W. Orderson, hermano del rector, no hubiera hecho mención alguna acerca del misterio en su volumen “Social and domestic scenes and incidents in Barbados in days of yore” (Escenas e incidentes sociales y domésticos en Barbados en la época de antaño), publicado en 1842.

Antes de caer en la desesperación, Alleyne encontró los diarios manuscritos del honorable Nathan Lucas, a la sazón, miembro del consejo legislativo de Barbados y que fue miembro de la comitiva que estuvo presente cuando se abrió la cripta ante presencia del gobernador en 1820. Algunos volúmenes habían pasado a ser posesión de Edward T. Racker, propietario y editor del diario Barbados Agricultural Reporter. Al leer los manuscritos, Alleyne encontró que no solamente cubrían los años en los cuales se creía que habían tenido lugar los misteriosos eventos en la Iglesia de Cristo, sino que además contenían un relato contemporáneo directo de lo que ocurrió. Dicho relato estaba escrito de puño y letra de Nathan Lucas y confirmado por el reverendo Thomas Orderson, doctor en teología. La paciencia de Alleyne recibió su recompensa. Ya no cabía duda de que los desórdenes ocurridos en la cripta Chase no eran imaginarios, sino sumamente reales.

¿Qué fue lo que realmente sucedió en la cripta Chase? ¿Verdaderamente fueron fuerzas extrañas, o demoníacas las que ejercieron su influencia en el interior de la tumba? Es probable que este misterio nunca tenga solución, pero como advirtió en una ocasión el reverendo Samuel Wesley: “La imaginación, supongo, encontrará alguna interpretación; pero la cordura, ninguna”.