El mito de los traficantes de órganos

La siguiente historia apareció en un diario del estado de Texas. Un joven decidió un sábado por la noche asistir a una fiesta. Se estaba divirtiendo bastante, se tomó unas cervezas y una muchacha que conoció allí y a la que parecía gustarle, le invitó a ir a otra fiesta. Rápidamente aceptó y marchó con ella. Fueron a un apartamento, donde continuaron tomando cerveza y aparentemente le dieron droga (no sabe cual).

Lo siguiente que recuerda es que despertó totalmente desnudo en una bañera llena de cubitos de hielo. Todavía sentía los efectos de la droga y de la cerveza. Miró a su alrededor y estaba solo. Luego se miró el pecho y descubrió que tenía escrito con pintura roja este mensaje: «llame al 911 o morirá». Vio un teléfono cercano a la bañera, así que llamó inmediatamente. Le explicó a la operadora la situación en la que se encontraba. La operadora le aconsejó que saliera de la bañera y que se mirara en el espejo. Se observó aparentemente normal, así que la operadora le dijo que revisara la espalda. Al hacerlo, vio con horror que tenía dos ranuras de nueve pulgadas en la parte baja del abdomen. La operadora le dijo que se metiera nuevamente en la bañera y que mandaría un equipo de emergencia.

Después de que lo examinaron en el hospital, reparó en lo que le había pasado: le habían robado los riñones. Cada riñón tiene un valor en el mercado de 10000 dólares -él no sabía esto-. Actualmente, esta persona se halla en el hospital conectada a un sistema que lo mantiene vivo. La Universidad de Texas y el Centro Médico de la Universidad de Baylor realizan gestiones para encontrar donantes.

Lo que acaban de leer es una de tantas variaciones sobre el mismo tema: el robo de órganos para ser vendidos a personas ricas que pagan buen dinero por ellos. Muchas de estas piezas anatómicas provienen de niños del tercer mundo. Esto no es más que una patraña que tiene poco más de 20 años circulando por el mundo. Según esto, existen personas que secuestran y compran niños en los países más pobres para después matarlos y extraerles los órganos. Estas partes vitales ?corazones, ojos, riñones, hígados y otras? supuestamente se “cosechan” para trasplantárselas  a hombres y mujeres de Estados Unidos y Europa Occidental.

Veamos algunos informes difundidos al respecto:

 En Bogotá se narra que una niña de cuatro años fue raptada cuando jugaba en la calle. La hallaron más tarde… sin ojos. “Gracias por el regalo”, decía una nota que le habían pegado al vestido con un billete de 500 pesos.
Se rumora que en el suburbio de S?o Paulo, Brasil, dos hombres vestidos de payasos engatusaban niños para llevarlos al interior de una camioneta, donde los asesinaban para posteriormente vender sus órganos a los ricos.
 Otra historia cuenta que un pequeño que se extravió en un parque de diversiones Euro Disney, situado en las cercanías de París fue encontrado más tarde con una incisión quirúrgica en la espalda. Le habían extirpado un riñón.
En el periódico guatemalteco El Gráfico, se publicó que la policía descubrió una casa donde dos sujetos preparaban niños para enviarlos a Israel y Estados Unidos, donde los mataban para extraerles los órganos. (El mismo diario aclaró más tarde que esta noticia carecía de fundamento.)

La mayoría de estos reportes han pasado de boca en boca, sin embargo, con la llegada del Internet de manera masiva, este mito ha vuelto a renacer con mayor virulencia y se ha mantenido hasta nuestros días.

Estas historias y otras parecidas son falsas; no hay nada que las sustente. Con todo, la mentira persiste, alimentada por rumores difundidos por periodistas perezosos o negligentes que no se molestan en verificar los hechos. La consecuencia es un clima de odio y temor que pone en riesgo los programas de adopción de menores y de donación altruista de órganos en todo el mundo.

La primera ocasión en que la gente se atemorizó acerca del robo de órganos fue después del estreno de la película Coma (película norteamericana de suspenso, escrita y dirigida por Michael Crichton en 1978.  basada en la novela homónima de Robin Cook), que relata el asesinato de pacientes de hospitales para que sus órganos pudieran ser vendidos. El cirujano Jacob Cerilli, culpó en parte a este filme de la reducción súbita en la donación de órganos para trasplantes. Ciudades en todo el país informaron de una disminución hasta del 60% en el número de órganos donados en 1978, en comparación con el total de 1977 A.C. (antes de Coma).

Casi todos estos infundios son imposibles desde el punto de vista médico. Según especialistas en cirugía a los que pudimos entrevistar, extirpar y transportar órganos humanos más especializados que un dedo amputado por una sierra eléctrica,  requiere rigurosas condiciones de asepsia, así como equipo hospitalario avanzado. Los órganos no pueden congelarse ni conservarse con sustancias químicas en un laboratorio; es necesario implantarlos en un lapso extremadamente breve: entre 48 y 72 horas en el caso de un riñón; 24 horas si se trata de un hígado, y cuatro o cinco horas si es un corazón o un pulmón. Además, debe haber compatibilidad sanguínea entre donador y receptor.

Más aún, los hospitales y el personal médico que realizan trasplantes están sometidos a una vigilancia estricta, es ilegal comprar o vender órganos humanos. La Ley Nacional sobre Trasplantes de Órganos de Estados Unidos, promulgada en 1984, regula todos los aspectos del procedimiento, y, además, la Red Unida para la Donación de Órganos de esa misma nación lleva un registro tanto de los donadores y receptores  como de los órganos trasplantados.

El origen del mito
Los informes falsos comenzaron a aparecer en los diarios en 1987 cuando un irresponsable sujeto llamado Leonardo Villeda Bermúdez, secretario general de un grupo conocido como Comité Hondureño de Bienestar Social, declaró a los medios de comunicación de su país que había quienes vendían niños pobres a personas de Norteamérica. Las protestas de la embajada de Estados Unidos no se dejaron esperar, y Villeda se retractó de inmediato reconociendo que lo que había dicho era sólo un rumor. La agencia de noticias Reuters recogió la declaración original de Villeda y la difundió por todo el mundo. Pese a que la agencia desmintió unos días más tarde la noticia que había propalado, el daño ya estaba hecho.

Para abril de 1987, los diarios de Nicaragua y Cuba, países apoyados por la ex Unión Soviética, habían publicado ya el rumor. La noticia apareció después en el Pravda, así como en Izvestia, que se refirió al asunto en estos términos:

“Entre el desprecio racista de Estados Unidos hacia los latinoamericanos y la libertad para exterminarlos sólo media un paso”.

Encendiendo la pólvora
En enero de 1988, Maité Pinero, corresponsal en Latinoamérica del diario parisiense L’Humanité órgano oficial del Partido Comunista Francés, escribió un reportaje cuyo encabezado decía: “Bebés secuestrados, asesinados y descuartizados”. En otro artículo de agosto de 1988, Pinero afirmó que Estados Unidos era “el puntal del puente para el tráfico de sangre, órganos y carne humana”. En un artículo titulado “Niños usados como piezas de recambio”, la revista semanal católica de tendencia izquierdista Témoignae Chrétien afirmó que se estaban vendiendo niños de Latinoamérica a estadounidenses ricos por entre 20 mil y 50 mil dólares. Y Le Monde Diplomatique, revista mensual del prestigioso periódico francés Le Monde, deploró las “abominaciones” cometidas por “redes criminales apoyadas por cómplices de muchos gobiernos”, desde Argentina a Estados Unidos.

Alarmada por los horrores divulgados por la prensa, la Federación Internacional de Defensa de los Derechos Humanos, con sede en París, envió investigadores a Haití y Guatemala en el verano de 1988. Al cabo de un mes de indagaciones, empero, no habían hallado pruebas del supuesto tráfico de órganos.

Rony Brauman, ex presidente de la organización internacional Médicos sin Fronteras, también realizó pesquisas a través de sus contactos en la comunidad médica. Investigó en Honduras, El Salvador y Guatemala y nunca obtuvo pruebas que pudieran considerarse fidedignas. Nunca se encontró un niño o joven al que se le descubriera incisiones que atestiguaran un procedimiento ilegal.

El siguiente paso en la propagación de la mentira fue recibir confirmación oficial. En el otoño de 1988, la fracción comunista del Parlamento Europeo, con sede en Estrasburgo, Francia, atizó el fuego con una resolución condenatoria del tráfico de menores, “vendidos por 75 mil dólares a familias estadounidenses e israelíes con niños que requieren trasplantes de órganos”.

En 1991, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el documento “Principios Normativos del Trasplante de Órganos”, en el cual afirmaba que “hay pruebas convincentes de la existencia del tráfico [de órganos]… Es urgente proteger a los menores de edad”. La OMS no ofreció pruebas de dicho delito, y hoy en día reconoce que no se sabe de un solo caso verdaderamente documentado.

En el año de 1994 el rumor llegó a la Oficina de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la cual solicitó más tarde al tailandés Vitit Muntarbhorn, profesor de derecho, elaborar un informe sobre la venta y prostitución de menores y la pornografía infantil. Muntarbhorn mencionó en su informe que “cada vez hay más pruebas de que existe un mercado para la venta de órganos de niños”. Sin embargo, en dicho informe consignaba, sin citar nombres ni fechas, un solo caso ocurrido en Nepal: el de un niño y un adolescente que fueron enviados a la India con “fines ilícitos”. Myriam Tebourbi, quien colaboró con el profesor en la preparación del informe, declaró más tarde a la revista Newseek: “Nunca tuvimos pruebas indiscutibles”.

Al poco tiempo, la noticia del tráfico de órganos se difundió por televisión. Dos documentales de 1993 ?una producción anglocanadiense titulada “The Body Parts Business” (“El negocio de los órganos humanos”) y otra francesa titulada “Organ Snatchers” (“Ladrones de Órganos”)? mostrababan crudas imágenes de niños latinoamericanos pobres. Ambos filmes incluían un tétrico acercamiento de las cuencas vacías de Pedro Reggi, joven argentino retrasado mental. Éste afirma en esas películas que unos médicos le extirparon los ojos cuando se encontraba internado en un hospital siquiátrico.

En realidad Reggi aún tenía ojos, pero se le habían atrofiado debido a una infección. Esta revelación, sin embargo, no impidió a Marie-monique Robin, directora de “Organ Snatchers”, realizar una versión corta del documental con el título de “Eye Thieves” (“Ladrones de ojos”). “Robin fue la propagandista perfecta”, señala la especialista francesa Véronique Campion-Vincent quien escribió el libro La légende des vols d’organes («La leyenda del robo de órganos»).

En 1995 Eye Thieves obtuvo el premio Albert Londres, máxima distinción periodística que se otorga en Francia. Cuando salieron a la luz los errores e inconsistencias de Robin, el premio le fue retirado, pero, por increíble que parezca, se lo volvieron a otorgar en marzo de 1996. La directora se negó a conceder entrevistas.

Maité Pinero y Michel Raffoul, dos periodistas que escribieron virulentos reportajes sobre este embuste, declararon que en realidad no tenían pruebas. Lo mismo ocurrió con Janice Raymond, profesora de ética médica y de estudios sobre la mujer de la Universidad de Massachusetts, la cual insinuó en Organ Snatchers que en ciertas clínicas privadas de estados Unidos se estaban efectuando trasplantes ilícitos. Cuando se le preguntó acerca de sus fuentes, Raymond dijo: “Es solamente una conjetura”.

Rafael Matesanz, presidente de la Comisión de Trasplantes del Consejo de Europa, se pronunciaba en 1996: “Jamás un gobierno, organismo internacional, organización no gubernamental o medio de comunicación ha logrado presentar una sola prueba creíble que confirme alguna de las denuncias y testimonios referentes a la existencia de tráfico de órganos”.

Las secuelas
Estos rumores han tenido graves consecuencias en la donación de órganos. Varias personas han comentado que prefieren no donar sus órganos porque han oído decir que irán a parar a manos de los traficantes.

En Colombia, la Asociación Panamericana de Bancos de Ojos reportaron una reducción en el número de donaciones de córneas que se produjo tras la proyección de la película Eye Thieves en la televisión colombiana (más o menos como sucedió cuando se estrenó Coma). De 120 pares de córneas que en promedio se donaban cada mes, la cantidad se redujo a solo dos pares al mes. El rumor también perjudicó los programas de internacionales de adopción de menores. Para agosto de 1996, Brasil, Turquía, Guatemala y Honduras suspendieron sus programas de adopción para extranjeros.  

Aún sigue habiendo personas que creen en la patraña que nació en un pueblo de Honduras y que se ha mantenido cual sanguijuela en la conciencia de los humanos de todos los países. Desgraciadamente, la gente siempre creerá en rumores antes que en investigaciones serias. Prefiere creer en textos que vienen en las llamadas “cadenitas”, que en la información veraz y científica.

Espero que este artículo abra los ojos de las personas y les permita saber que existen especialistas capacitados que pueden extraer uno o varios órganos que les salvarán la vida a otros seres humanos cuando a nosotros ya no nos sirvan. Yo quiero verlo como alargar mi esencia, aún y cuando mi alma ya se encuentre en otro plano existencial.

Artículo basado en un trabajo de Rudolph Chelminski,  Antonio Ortí y Josep Sampere.