La Cigarra y la Hormiga Un enfoque moderno

 
 
La Hormiga se pasaba la vida informándose de la bolsa de valores, vendiendo caro y comprando barato. Tenía una facilidad innata para encontrar en internet datos sobre posibles tecnologías que revolucionaran el mundo y que valieran la pena como para invertir en ellas.  La especulación, el cierre de contratos en Londres y volando por la tarde a Frankfurt para ganar dinero era en lo que se pasaba el día entero. Sus ganancias eran rápidamente invertidas en bonos de gobierno. Sin embargo, mientras se encontraba sopesando sus opciones de inversión, se dio cuenta que envidiaba a la Cigarra que había estado con ella en la escuela. La Cigarra siempre iba a los centros nocturnos y a los espectáculos adonde la Hormiga sólo iba a acompañar a sus clientes. La Hormiga pensó: Si la Cigarra viene en invierno a pedirme dinero, ¡ya verá!

Un buen día, la Hormiga iba saliendo de un restaurante elegantísimo, en donde había comido con unos japoneses que negociaban en algas marinas, cuando se encontró a la Cigarra, zumbando feliz, como siempre. La Hormiga se dijo: “Ahí viene la infeliz para pedirme dinero”. Pero no; la Cigarra sólo quería saber cómo le estaba yendo. Desilusionada, la Hormiga le dijo:

—Todo el verano te he visto en programas de televisión —dijo la Hormiga con una voz seria y ácida a la vez.
—Así es —replicó la Cigarra—, a menudo canto ahí.
—En invierno tendrás problemas. No has ahorrado dinero.
—No hay problema. Mis CDs y DVDs se han convertido en grandes éxitos. Mira que vengo de firmar un contrato con el Teatro Orfeón por 2 millones de dólares.
—¡Pero qué dem…! —exclamó la Hormiga con los ojos cuadrados—. ¿De verdad te van a pagar tanto?
—Durante la primavera y el verano practiqué mucho. Y ahora estoy considerada una de las mejores cantantes. Además, varios productores de cine me han pedido que les componga canciones para sus películas. Es buen negocio. Tal vez recuerdes que el año pasado me cotice alto cuando una de mis canciones ganó el Oscar de la Academia. También recibo regalías cuando mis melodías son usadas en publicidad o en obras artísticas.

La Hormiga recordó todo su trabajo, su úlcera duodenal, la siempre presente amenaza de infarto al miocardio, matándose para ayudar a la economía nacional… y esa despreciable criatura estaba recibiendo carretadas de dinero por sentarse a escribir canciones insulsas.

—Deséame suerte amiga porque salgo para Alemania ahora que termine el Mundial de África, a tratar de ganarme al público con mis melodías. Y espero que gane España porque le aposté un millón de Euros. Y si anota el gol del triunfo un sujeto que se apellida Iniesta, pues me darán el triple —dijo la Cigarra—.
—¿Oye, y cuando vas para París?
—El mes próximo.
—¿Me harías un gran favor?
—Por supuesto amiga.
—Cuando llegues a París, por favor visita a un tal Monsieur de la Fontaine, y dile de mi parte que puede irse al diablo, ¿quieres?