300 Mil

Antes, unas palabras sobre lo que los lectores piensan del este blog:

“Hay cosas demasiadas exageradas escritas en el blog ese,

como si quisiera encontrar la quinta pata al gato, casi”
– Tassi

“Es el mejor blog que he leído en toda mi vida…

es el único blog que he leído en mi vida”.
– Clara Beatríz, mi esposa.

“Man (refiriéndose a Corva09_im),

anímate hacer tus propios análisis y deja el blog ese tranquilo”.
-Me_Desvanezco

“Es que soy bastante malo;

pero sí, ya me da vergüenza robarle”.
-Corva09_im (contestándole a Me_Desvanezco)

“Está padrísimo tu blog papá, es del juego que pones

como cien veces a la semana, del que ya ni pones
el original, sino sólo la copia y que luego jugaste en la
compu y que no me dejas jugar a mi nada por estar con
ese juego.”
– Mi hija, justo antes de prohibirle que siguiera comiendo azúcar.

“Cómo te encanta perder el tiempo en esas babosadas”
– Juan Garza

No quiero hacer un extenso artículo vanagloriándome por haber creado este blog y el mediano éxito que ha tenido. Ahora que, el que esta especie de intento de blog haya llegado a las 300 mil visitas no es poca la cosa, sin embargo, me siento orgulloso del trabajo acometido y muy agradecido por el apoyo que se me ha dado. Esto no carece de importancia porque permite que el blog siga con vida. Durante este camino me he dado cuenta que este blog no sólo lo conforman las personas que comentan en él, sino también quienes se toman la molestia de leerlo y de paso se entretienen.

Estoy consciente de que muchas personas carecen de cuenta con Gamefilia, pero leen mis artículos. También sé que algunas personas se han dado de alta en Gamefilia sólo para publicar un comentario, o enviarme un MP (ellos me lo han expresado). También he notado que otros foros y blogs (inclusive en portugués) tienen ligas a este extraño blog lo que ha permitido que muchas más personas conozcan los hilos de la trama y uno que otro misterio de Silent Hill allende Gamefilia.

Como todos saben y no necesito repetirlo aquí, mis teorías no son ?ni nunca han pretendido? ser infalibles. No es un secreto que en ocasiones he tenido que cambiar mi punto de vista a la luz de nuevos descubrimientos hechos por otros foreros y blogueros y que se basan en las historias de los juegos de Silent Hill que no he jugado;  o en cosas que vi, pero que no les tomé la debida importancia.

Hay artículos ampulosos y que dan comezón como aquél del “Misterio de la mujer y la pistola”, que incluso llegó a provocar enconados debates en Taringa e Intermaniacos. Ni qué decir del artículo “James, el Necrofílico”

Hace poco inscribí el blog para los premios bitácoras, pero cuando me di cuenta que para votar había que registrarse, decidí mejor quitar la liga y que esos sujetos se busquen una mejor forma de atraer suscriptores. Además, había mejores blogs que el mío y menos perturbadores. De cualquier modo, el mejor premio me lo llevo a casa cuando alguien e manda un MP felicitándome por algún artículo o animándome a escribir más.

Aún recuerdo la vez que iba a cerrar definitivamente el blog por falta de visitantes, sin embargo, fue la insistencia de varias personas las que me animaron a continuar, ya sea por MP o por Email, y eso no se paga con nada.

Cuanto más juego, más descubro. Veo cosas que, por increíble que parezca, no había detectado antes. Siendo fiel a la verdad, el juego no me aburre. He visto elementos que sólo toman sentido cuando alguien en algún lado platica una teoría que se relaciona con él. Así es Silent Hill. Todo está en su interior, solo que muchas veces está velado para que solo los iniciados lo descubran y lo publiquen para beneficio de la comunidad consolera.

Para no hacer largo el cuento, agradezco a todos y cada uno de los que han entrado a este blog.. y… han hecho de él su fuen…te… de .. entreteni… miento… y no estoy llorando.. es que me entró una basurita en ambos ojos.

Y ahora, los agradecimientos (algunas personas pertenecen a la gran familia de la Comunidad Silent Hill de Taringa):

Adrianoga
Aitidina
alukita
Aps_torosalvaje
Bankeshinobi
Baralho
Belphebor
Bomber69
Claude-cipriani
Corva09_im
Corvito
Cosme-fulanito-shabadu
Crazy monkeeey
DagoVgamer
Desmodius
El Camino
El_Rei_Vax
Ellolo17
ErikAdams
Evychu
Fabian Bascur
Fabrimuch
Fox 17
Gamer5
Good-morning-dave69
Heather31
Ignusblack
Ivanete84
JeyVa
Khandor
Kiovich
Klaim2003
Ledwin
Lester-knight
M4rk09
Magmadigan
Mario620
MaxSlug
Momone
Mylar1980
Niall
Omnidroid
Rabahna
RikkuInTheMiddle
Rkqytrsqlt
Ryu_hayabusa
Sarmata
Selene
Shuiomixmex
Solid_Caim
Sparda
Strelok 350
Svenk
Tefajung
thouy
Tidus 7
TinyTiger
UnidadFoxHound
Woozie
XxXRakueXxX

El Diario Perdido de Alessa 4

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Agosto 6. Mi madre había dejado de ponerme la mano encima. El año pasado empezó a darme de manazos y pellizcos cuando hacía travesuras. Me dejaba marcas visibles que no pasaron inadvertidas a mi maestra Kimberly Gordon. Pero hoy lo hizo de nuevo. A pesar que la mesa directiva de la escuela le había advertido que si yo volvía a la escuela con marcas o cicatrices se verían obligados a reportarla a la policía. Pero yo no tuve la culpa de nada. Juro que el jarrón favorito de ella se desplomó solo, sin que nadie lo tocara. Únicamente Claudia me creyó.

Todo comenzó cuando uno de los niños de la escuela me acuso con la maestra Gordon simplemente porque le di un manotazo. No me gustó que me tocara el cabello, así que me defendí. La maestra me puso en la esquina cercana a la puerta, viendo a la pared, durante el recreo. Cuando llegué a casa vi que uno de los perros de la calle había tomado una de mis muñecas favoritas a través de la ventana abierta y la estaba destrozando. Solté un gritó de rabia y en ese momento el jarrón verde comenzó a vibrar violentamente, hasta que cayó al suelo haciéndose añicos. Para mi mala fortuna, mi madre iba pasando por el lugar y creyó que lo hice a propósito. Tomó mi mano y la golpeó fuertemente gritándome que no lo volviera a hacer. “¡Yo no hice nada!”, le espeté.

Agosto 7. En la escuela, por la mañana, el niño se me acercó y me dijo que no había sido su intención molestarme, y mucho menos que la maestra me castigara. Que se sentía arrepentido y quería que lo perdonara. Así lo hice. Cuando entramos al salón juntos, todos los niños empezaron a corear: “¡Alessa y Stanley son novios! ¡Alessa y Stanley son novios!” Ambos no sentamos avergonzados por ese episodio y no volvimos a mencionar lo que pasó ayer.

Agosto 8. Llegué al salón y fui a sentarme en mi pupitre. Lo que vi encima del asiento me asombró. No se como Stanley se enteró, aunque creo que fue Claudia quien lo puso al tanto. A veces Claudia suele ser tan entremetida que me da náuseas. Así y todo, es mi mejor amiga. La considero casi como mi hermana. Solo a ella le cuento mis secretos, aunque en esta ocasión, creo que se pasó un poco de la raya. Al otro extremo del salón pude ver a Stanley, con una amplia sonrisa en los labios.

Antes de sentarme, levanté la muñeca de vestido rojo y la guardé en mi mochila. Había una nota adherida al vestido escrita con muy mala letra y peor ortografía: “Cada ves que ze te rompa una muñeca, yo te comprare otra”.  Pude notar la mirada escrutadora y la sonrisa satisfecha de Stanley.

Agosto 10. Hoy ocurrió algo de lo más extraño que estoy segura que nunca se lo voy a mencionar a Claudia.

Me desperté de mi siesta para comenzar a hacer mis deberes escolares. Al levantar mi mochila, pude escuchar a una persona hablando con mi madre. Al parecer discutían por algo. Me encaramé al borde de la escalera y comencé a subir despacio y silenciosamente para que no me descubrieran. Rogaba al cielo que las tablas de madera de los escalones no crujieran bajo mis pies. Agucé el oído y solo pude escuchar una serie de palabras sin conexión unas con otras. O al menos eso me parecía: “Su inteligencia está por arriba del promedio”, decía mi madre. Quizá se refería al hecho de que ayer me llevó a ver a un doctor que me ponía pruebas escritas y con objetos y me hacía muchas preguntas. Mis respuestas no dejaba de anotarlas en un pequeño bloc verde. “Se acerca el día”, decía la voz de hombre, “tienes que prepararla”. “Todo a su tiempo, no hay que apresurar las cosas”, era la respuesta de mi madre.

Escuché como se levantaban de sus sillas y, antes de que salieran por la puerta, bajé tan rápida y silenciosamente como pude. Estoy casi segura que la voz masculina provenía del hombre que me devolvió mi cometa caída.

Agosto 12. Mi madre fue a recoger un paquete al Indian Runner. Platicó un rato con el joven del mostrador y después salimos. Como traía hambre, mi madre resolvió la situación llevándome al café 5to2. Nos sentamos a la barra y pedí una malteada con un emparedado de jamón y mayonesa. El ruido de la máquina de pinball no cesaba y mi madre no dejaba de remolinearse en el asiento. Mientras ella tomaba su café yo me quedé de pronto ensimismada viendo una fotografía de lo que parecía ser una virgen. Lo que me asombraba de la imagen era que parecía llorar lágrimas de sangre. Dejé a un lado los restos del emparedado y apuré mi malteada. Salimos del lugar. Le pregunté a mi madre el significado de la fotografía y ella solo dijo que no me preocupara por ello.

Agosto 14. Después de la escuela fue a visitarme Claudia. Cuando la vi me di cuenta que había llorado mucho. Tenía los ojos tan hinchados que parecía un mapache. Le pregunté qué había pasado y solo contesto: “Nada. Y no te metas en lo que no te importa”. Me quedé callada y me senté en el borde de la cama. Al poco tiempo, se le llenaron los ojos de lágrimas y cojeando se acercó a donde estaba yo y me abrazó. Yo la rodeé con mis brazos y ella se soló a llorar. Claudia se levantó un poco la falda y dejo ver un gran moretón en el muslo izquierdo. Yo sabía que su padre era el culpable. Una vez le vi darle una bofetada a mi amiga. A veces siento odio por ese hombre por abusar de quien no puede defenderse.

“Otro día de faltar a la escuela”, dijo entrecortadamente. Yo ya sabía que cuando su padre la golpeaba, ella tenía que llevar mangas y faldas largas para ocultar los moretes. Algún día alguien le dará una lección a ese horrible hombre.

Agosto 15. Mi madre y yo volvimos al Indian Runner. Pero esta vez era el dueño del lugar quien la atendió. Mi madre se volteó hacia mí y me dijo que saliera a jugar. Se sentía el olor a tierra mojada. El césped estaba muy fresco y me recosté un momento.

Después de un rato, me acerqué a la ventana del local y pude ver que tanto mi madre como el hombre hablaban fuerte. Aunque yo no podía escucharlos, vi que manoteaban al aire violentamente. Finalmente, el hombre recogió algo que le dejó mi madre cerca de la caja registradora ?una especie de sobre?, y lo metió en alguna parte debajo del mostrador. Le mostró la llave a mi madre y ella se dio media vuelta para salir del lugar. “Va a empezar a llover. Vámonos ya”, dijo con el semblante rojo y sombrío. Me tomó de la mano y jaloneándola me subió al coche.

Desde la ventana de mi cuarto observé cómo después de la lluvia se levantó una niebla espesa. Eran casi las 7. A lo lejos pude ver la luz del faro rasgando el muro neblinoso. Algunas barcas atracaban cerca del muelle, mientras que otras eran amarradas porque sus ocupantes desistían de salir al mar si no podían ver más allá de sus narices.

Agosto 26. Hoy le noté a Claudia un cabello gris. No era una cana como las que le salen a mi madre. Era distinto. Se lo mencioné diciéndole que se estaba volviendo vieja. Ella rió y me dio una palmada en la espalda. Me dijo que me traía un regalo y que deseaba que lo recibiera. Era un libro: El Mundo Perdido de sir Arthur Conan Doyle. ¡Y venía con ilustraciones! Le agradecí el detalle a mi amiga y bajamos las escaleras para prepararnos chocolate con leche fría en la cocina. Claudia me platicó que había adquirido el libro en la librería de Andy por un dólar con cincuenta centavos. Estoy segura que tardó en ahorrar el dinero para comprarlo. Esa misma noche comencé a leer mi nueva adquisición.

Agosto 28. “Si se portan bien tú y Claudia, las llevaré la próxima semana al Parque de Diversiones para que se entretengan en los juegos”, dijo mi madre. Por alguna razón que desconozco, se encontraba de muy buen humor. Ahora que lo pienso, nunca la había visto así de feliz. Ojalá siempre fuera de ese modo.

Agosto 30. “Eres una idiota”, me dijo Johnny o’Sullivan sin razón alguna. Un corpulento niño muy mal encarado. No sé cual sea su gran disfunción, pero siempre trata de sacarme de mis casillas.  A veces me esconde mis libros o los útiles escolares. Una vez se puso a morder todos mis lápices. Solo espero ser lo suficientemente paciente como para no darle un puntapié en la espinilla.

 

Continuará

El Diario Perdido de Alessa 3

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Julio 1. Creo que la tragedia de nuestro mundo actual es que, en un mundo tan lleno de maravillas, parece que hayamos perdido el sentidos de lo maravilloso. Estamos sumergidos en un mar de inventos e informaciones y exclamamos “¡Vaya!”, en vez de “¡Qué maravilla!”

Julio 3. Hoy vi nacer una mariposa. Salió de su capullo para visitar la luz del sol. Una oruga fea convertida en una flor voladora. Yo creo que maravillarnos es una acto de adoración. Venerar algo equivale a reconocer su valor. Maravillarse por algo, contemplarlo boquiabiertos, con ojos incrédulos, poseídos de temerosa  sorpresa, equivale a lo mismo. Equivale a ir más allá de la apariencia de las cosas, a elevarnos por encima de lo prosaico de nuestra anodina existencia. Cuando nos maravillamos, le dije a Claudia, penetramos en la esencia divina.

Julio 7. Millares de lucecitas revoloteaban por fuera de mi ventana. Como si las estrellas hubieran bajado a Silent Hill. Eran las luciérnagas. Alumbraban todo a su paso. Una alcanzó a introducirse en mi alcoba. El calor me obligaba a dormir con la ventana abierta. Traté por todos los medios de atraparla con la mano y un vaso pero nunca se dejó. Al poco rato encontró su camino de salida y se fue. Su titilante luz se perdió entre las muchas otras luces intermitentes que se dirigían al muelle. Quizá les llama la atención la luz del faro, ¿quién puede decirlo?

Agosto 2. Mientras buscaba unas hojas de papel para dibujar, encontré un viejo periódico en uno de los cajones del escritorio del papá de Claudia. Tenía un artículo que plasmaba la historia de Silent Hill. Estaba muy bien acomodado ya que daba la impresión, no de que fuera a desecharlo después, sino de que lo guardó para usarlo tiempo más adelante. El nombre del autor estaba remarcado con tinta roja. Abrí el periódico y lo leí. En este diario reproduzco partes del escrito:

Hay que buscar las raíces. El origen de etapas, de toda una época en la historia esta ciudad que ha dado tanto de qué hablar y escribir; y de la que algunos han pretendido que nada se hable ni se escriba: el sectarismo ha sido un fenómeno que se ha denigrado, ensalzado, ocultado, esgrimido o exagerado según las convicciones políticas y religiosas, según los intereses personales de todo tipo.

Durante los últimos años del siglo XIX, el viejo mito del colono labrador, componente de una bien ensamblada familia, se estaba viniendo abajo. Y como suele suceder en estos casos, lo que ocurría era que la realidad en que se fundaba la creencia se había desvanecido hacía tiempo. Las primeras personas vivían en una cruda separación en su seno, entre los mantenedores de las viejas costumbres y tradiciones y los valores de las nuevas comunidades. Los primeros habitantes, los indígenas, prefirieron marcharse de este lugar a verse absorbidos por lo que ellos consideraban un ultraje a sus antiguos conocimientos. Aunque, es de admitirse, que hubo algunos pocos que se convirtieron a la nueva sociedad con la esperanza de encontrar un nuevo sistema de valores y costumbres. Así mismo, los nuevos colonos adoptaron y transformaron el sistema de creencias y tradiciones de los antiguos indígenas. Tomaron algo de aquí y de allá y, al final, lo mezclaron todo y crearon una nueva secta-culto-religión.

Aún así, las pequeñas comunidades rurales asentadas en lo que hoy es Silent Hill (el verdadero nombre del pueblo nadie lo sabe, debido a que nunca hubo registros históricos, muchos datos se transmitían de manera oral y los eventos se perdían o formaban parte de leyendas) se iban cohesionando y fortaleciendo en sus principios, y la aversión contra la maldad se manifestaba en el excesivo puritanismo y la religiosidad.

Cabe pensar que los núcleos industriales del pasado siglo eran centros de corrupción y degeneración humana. Sin embargo, un estudio mínimamente serio de la cuestión revela que había mucho de fanatismo religioso en aquellas creencias, ya que los “vicios” eran desfigurados y abultados en boca de los enfervorizados detractores de la urbe.

Sé que existe un Culto, creado por personas importantes e influyentes de la ciudad. Sus prácticas vienen de enseñanzas barbáricas de tiempos muy pasados y hoy en día buscan algo más que el simple poder. No podré descansar hasta encontrar el meollo del asunto. Es una secta muy cerrada y nadie desea dar entrevistas. Pareciera que temen algo. Seguiré investigando.

 
Joseph Schreiber

 

Continuará

El Diario Perdido de Alessa 2

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Abril 2. La cometa roja fue regalo de Claudia. Se la compró su padre y la dejó sobre un escritorio. Supuse al principio que era para alguno de los niños del orfanato, hasta que leí la tarjeta. “Para Alessa G. Que nunca dejes de ser niña”.

“Vamos a volarla”, dijo un niño todo alborozado. Miré el montón de grandes libros bien acomodados que me dijo mi madre que tenía que estudiar. Pero el día estaba tan perfecto para jugar con cometas, lleno de sol y viento, que todos nos fuimos al parque deportivo.

Mis compañeros trataban de obligar a la cometa a que se dejara atrapar por los evasivos dedos del viento. “Vamos, Alessa, vuélala. Es tu cometa.” Me animó uno de los niños. Cogí la cuerda y empecé a trotar tímidamente mientras los demás chiquillos me aclamaban. De pronto, una ráfaga aprisionó al artefacto, que se elevó aún más. Todos reíamos.

Los momentos que pasé con la cometa en alto despertaron en mí un renovado espíritu infantil. Ya no deseaba crecer, ni ser adulta. Quería seguir siendo niña toda la vida. Con tantas tareas, estudio y trabajos que me encomienda mi mamá, sentí que se habían sepultado mis ánimos de niña. Recuerdo haber leído en algún libro que la carencia de espíritu infantil suprime nuestra capacidad de ser sencillos, espontáneos, conscientes, confiados y abiertos a la vida.

Cuando regresaba a la iglesia Balkan se me escapó la cometa de las manos y cayó en medio de la calle. Un hombre bien vestido que pasaba por ahí se detuvo a mirarla y alargó la mano para recogerla. De pronto se aflojó la corbata y dejó su portafolios en el suelo. Cuando llegué a donde él estaba me dijo: “Eres una niña muy lista. Se nota que eres muy especial”. Cruzamos palabras durante un muy breve tiempo y me dio la cometa antes levantar su portafolios y darse media vuelta para marcharse.

Ese hombre se veía muy recto y amable. Era delgado y con voz carraspienta. Muy elegante en su traje oscuro. Lo vi subirse a su coche y arrancar en dirección al Puente Orridge. Es posible que trabaje en alguno de los edificios de Silent Hill central, aunque no se en cual. Probablemente me lo llegue a topar de nuevo alguna vez. ¿Como dijo que se llamaba? Ka… Kau… ¿Kaufmann?

Abril 8. Miro mi colección de mariposas y pienso que haberles quitado la vida para exhibirlas, simplemente por su belleza, es un pecado. Me llama la atención que siguen siendo bellas aún después de muertas. Me hace pensar acerca de la muerte y su significado.

Abril 9. Naturalmente, reconozco que cualquier profesión de fe que haga yo, estará dictada, en parte por el hecho de que soy muy joven. En años anteriores, quizá hubiera expresado las cosas de diferente manera, y  estoy segura que en el futuro, pasará lo mismo. Ahora, la perspectiva de la muerte lo eclipsa todo. Soy como una persona que en un viaje marítimo se acerca a su destino. Cuando me embarqué me preocupaba saber si me darían un buen trato en el barco. Las consideraciones no tienen importancia, ahora que pronto desembarcaré.

Abril 12. No creo que la vida terrenal pueda traer consigo ninguna satisfacción perdurable, la idea de la muerte no me aterroriza. Pero el mundo que deberé abandonar me parece más hermoso que nunca: el césped y los árboles, los riachuelos y los cerros ondulantes, donde la imagen de la eternidad está impresa más claramente que en las calles y las casas.

Abril 16. Creo que la vida es un don precioso; que el espíritu que la anima es de amor, no de odio; de luz, no de tinieblas. Como creo firmemente que la vida ha sido concebida no maligna, sino benévolamente, sé que cuando estos ojos ya no vean, cuando esta mente ya no piense más y esta mano con que ahora escribo se halle inerte, sé que lo que está allá afuera, será igualmente benévolo.

Mayo 1. Claudia me preguntó por qué me gusta garabatear cosas en mis libretas para dibujos. Comentó que, para ella, era una pérdida de tiempo. Una vez dibujé un lobo en el salón de clases como homenaje a mi amiga Claudia, porque su apellido es Wolf. A mi maestro le gustó tanto que colgó el dibujo en el pizarrón junto a los de mis otros compañeros. A veces Claudia suele comportarse de manera hosca. Puedo decir que casi se parece a su padre en su trato a los demás. A pesar de todo, es mi mejor amiga.

En ninguna ocasión he visto a Claudia que haga un dibujo bonito. Una vez dibujó a un monstruo que parecía un hombre con alas y cuernos. Me dio mucho miedo. Aún conservo ese dibujo.

Mayo 3. Ahora que estoy sola me pongo a pensar: Dibujo para expresar mis sentimientos. Cuando tengo un disgusto me encierro en mi alcoba y me pongo a dibujar hasta que me siento más tranquila. Es una actividad que me levanta el estado de ánimo. Las figuras de mis cuentos hablan poco pues las palabras están todas en mi mente. Yo les digo lo que tienen que hacer y entonces me siento como la soberana que gobierna su reino.

Junio 3. Me gustaría vivir siempre con la edad que tengo ahora. Me inquieta mucho pensar que llegará el tiempo en que iré a la universidad y tendré grandes problemas. Quisiera ser todo el tiempo una niña porque sé que siempre hay alguien que me protege. Siento miedo de envejecer y no poder correr como ahora, ni volar cometas.

Junio 4. Me gusta levantarme por la mañana y salir a la fresca mañana del nuevo día. Ver en el parquecillo a los jardineros que recogen las hojas de los árboles caídas la noche anterior. ¿Qué da su encanto a una mañana? ¿La pureza del aire, la frescura de la brisa, el fulgor azul del cielo? No lo sé, pero la mayor parte de ese hechizo está en los ojos del espectador. Por la mañana mis sentidos están más aguzados.

Junio17. A muchos niños de la escuela les gusta coleccionar estampillas, llaveros o monedas raras. A mí me gusta coleccionar libros de cuentos. En mi pequeña biblioteca, cerca de los libros raros de mamá (su colección es de libros con símbolos y dibujos raros) tengo reunidos los libros de Alicia en el País de las Maravillas, Cenicienta, Blancanieves, el Mago de Oz, entre otros. Algunos fueron obsequios, otros los compré yo en la Librería de Andy con el dinero que me regalaban. Aunque eran usados, podía leerlos sin ningún problema. Siempre encontré fascinación en imaginarme dentro de ese mismo mundo que se describe en la narración.

Antes de dormir, enciendo la lámpara del buró que está cerca de mi cama, arreglo mi almohadón y me recuesto con comodidad en la cama. No importa cuántas veces haya leído una historia. Me gusta regresar a ese mundo de imaginación y compartir las experiencias de los personajes.

El Diario Perdido de Alessa Parte 1

 

 

 

Introducción

 

Lo que van a leer hoy y en los siguientes días es una obra de ficción que se comenzó a gestar en el 2004. Unas compañeras del trabajo quisieron crear una obra que especulara si Alessa hubiera escrito un diario (que se supone existe, pero nada tiene que ver con este) ¿qué es lo que hubiera escrito? Durante varios meses escribieron cada una de las chicas porciones del diario y me lo enviaron a mi correo. Solo algunas entradas tenían fechas y quedó inconcluso debido a que ambas consiguieron mejores empleos y tuvieron que dejar el trabajo.

Se suponía que abarcaría todo un año en la vida de Alessa, sin embargo, las fechas no concordaban y había una que otra laguna por cubrir.  El primer texto iba a tratar sobre el primer escrito en el diario, algo así como: “hoy es mi primer día con mi diario” o “Querido diario”; pero nunca se escribió.

Las discordancias más marcadas tuvieron que ser subsanadas por mí dado que en el tiempo en que las chicas dejaron de escribir, aún no había salido al mercado Silent Hill Origins. Esto dio lugar a tener que arreglar varios pasajes, con permiso de ellas claro está. Tardé aproximadamente 3 semanas en contactarlas para pedirles su autorización de subirlas a mi blog.

Aunque este documento trata de seguir el canon del juego, sé que podrían haber quedado algunos cabos sueltos que estoy seguro ustedes sabrán perdonar.

Idea original y derechos cedidos para publicación por
Dina “Dark Queen” Cepeda
Gabby “Sunderland” Flores
Cinthia “Mason” Valdes
Gerry García

Agradecimiento especial a Javier Garza por su extensa monografía sobre la Claudia alba.

Todos esperamos que lo disfruten.

Prólogo

Mi nombre es Zack y fui paramédico con base en Silent Hill. La noche del 30 de noviembre atendimos la llamada anónima de una mujer que alertaba sobre una casa incendiándose en el distrito comercial de Silent Hill. Cuando mi compañera y yo acudimos al lugar del siniestro ya no había nada que hacer.  Aunque había caído lluvia, no fue la suficiente agua para impedir que chispas viajeras prendieran fuego a casas cercanas. Los bomberos no tuvieron dificultad para extinguir las llamas de esas viviendas, no así la casa de los Gillespie, que quedó completamente en ruinas.

La única persona que encontramos en el lugar fue a la chiquilla, Alessa, con quemaduras de tercer grado, a unos pasos de la entrada principal de la casa. Cómo llegó allí por su propio pie, es algo que todavía nos preguntamos en la estación de emergencias. No había nadie más. Rápidamente la subimos a una camilla con mucho cuidado y la llevamos de urgencia al hospital Alchemilla. Lo más difícil fue administrarle suero para reponerle los líquidos perdidos. La pobre infeliz iba inconsciente y al borde de la muerte. Mi compañera Sarah y yo estamos convencidos que algún buen samaritano la auxilió y se marchó antes de que arribáramos. Al principio pensamos que era un maleante al que todo le terminó en tragedia, porque no encontrábamos una razón para que hubiera huido. El jefe de brigada trató de localizar a la madre, Dahlia, de lo sucedido. Aparentemente no estaba en casa cuando ocurrieron los eventos.

El caso permanece abierto dadas las raras circunstancias en que ocurrió el incendio. En sus investigaciones, el perito especial anunció que todo se debió al mal funcionamiento de una caldera en el sótano de la vivienda. Pero otro investigador duda que esa haya sido el verdadero origen del fuego. Además hay dos cosas a las que no se les dio la importancia que merecían; en primer lugar está el hecho de que a menos de una milla del lugar del incendio se encontraba el trailer de una compañía foránea. La radio de banda civil seguía encendida y la portezuela abierta. Los investigadores revisaron el camión, pero no encontraron nada raro, salvo el hecho de que el conductor no se encontró por ninguna parte. En segundo lugar estaba el olor penetrante y peculiar que se levantaba junto con el humo. No podría describirlo, pero me imaginé que bien pudiera haber sido unos de esos cubitos de incienso de olor fuerte de los que se queman para purificar lugares sagrados. La niña Alessa olía a eso, y ese aroma, mezclado con el olor a piel quemada es algo que no olvidaré.

Todo en el interior de la casa fue reducido a cenizas y quienes estuvieron indagando por el lugar se marcharon sin más pistas de lo que pudo haber pasado.

Sin embargo, algo quedó. Cerca del cuerpo de la niña había lo que parecía ser una pequeña libreta gruesa. La tomé y me la guardé en la chaqueta. No fue sino hasta mucho después que dejamos a la chiquilla en cuidados intensivos del Hospital Alchemilla  y que ya estábamos en la estación, que recordé que aún la llevaba encima. La portada y varias hojas estaban un poco chamuscadas, sin embargo podía leerse lo que tenía escrito a mano.

Sarah me dijo que un diario íntimo era como la correspondencia, no debía leerse sin permiso de su propietario legal. Por esa razón se llama “diario íntimo”, me recriminó. En eso tenía razón. También tenía razón cuando mencionó que debía entregarlo a la policía, así que decidí ir temprano por la mañana a la estación de policía para entregárselo a quienquiera que estuviera encargado del caso.

Llevé el diario a casa y, lo admito, no pude contener las ganas de leerlo. Quién sabe, quizá hubiera algún indicio o alguna pista que ayudara a saber cómo se originó el accidente. Me recosté en la cama y abrí la primera página del diario. Al principio pensé que solo se trataría de las aventuras de una niña de siete años, pero conforme iba leyendo, no podía apartar los ojos de las líneas infantiles ahí plasmadas. Al finalizar, me di cuenta que ya era muy tarde, mas sin embargo, tomé el teléfono y llamé a Sarah. Ella, molesta por la hora, no quería hablar conmigo, que lo que necesitara decirle lo hiciera por la mañana. Pero cuando le comenté lo que leí en el diario, ella replicó: “Zack, no se lo podemos comentar a nadie. No sabemos el alcance de esta situación ni quienes estén involucrados. Así que mejor, olvídate de todo y deshazte de ese diario”.

Han pasado casi tres semanas desde el hallazgo. No he destruido el diario pese al consejo de Sarah, pero en mis adentros pienso que esto debe de saberse. Quise enviarlo al diario La Voz de Silent Hill para que lo publicara indicando a sus lectores que fue una donación anónima, pero pensé que tal vez no me creyeran. Definitivamente, la policía está descartada. Con la muerte del oficial Gucci, aparentemente envenenado por una sustancia de acción lenta, no queda nadie más en quien yo podía confiar. Ha habido muchas muertes extrañas en el pueblo, todas relacionadas probablemente con el tráfico de estupefacientes. Cientos de personas se han ido de este lugar a otros estados por miedo.

He tomado la decisión de publicar el diario. Dentro de sus páginas había recortes de periódico que por alguna razón la niña Gillespie guardó allí. Los recortes tienen relación con los eventos que se narran en el diario. Algunas porciones tuve que completarlas debido a que no se podían leer bien por lo quemado. El diario estaba lleno de hollín. Sin embargo, lo que pude reconstruir puede dar al lector una idea clara de las cosas por las que pasó esta niña. Se iba armando un rompecabezas que, aún sin terminarlo, debió darle las suficientes pistas como para acudir con alguien por ayuda. Pero no lo hizo, o nadie le hizo caso, y todo terminó en tragedia. Dejo a los lectores el juicio final.

¿Qué es lo que está sucediendo en Silent Hill? ¿Qué tipo de manto tenebroso se cierne sobre el pueblo? Tal vez yo no tenga la respuesta, mas sin embargo, en las páginas de este diario, testigo mudo, se oculta una verdad siniestra que espera ser descubierta por alguien lo suficientemente valiente para sacarla a la luz. Pero de una cosa estoy seguro. Esa persona no soy yo.

El Diario Perdido de Alessa 1

Febrero 21. La muerte de un ratón entre las fauces de un gato casero es un espectáculo que he presenciado varias veces, y que solía repugnarme. Siempre le gritaba improperios al gato para que supiera la clase de animal en que se había convertido. Me parecía que la naturaleza era abominable.

Febrero 23. Últimamente he meditado acerca de aquél ratón, y le pregunté a Claudia  si su muerte en realidad difiere mucho de los olmos que crecen en la Colina Silenciosa, víctimas de la plaga de este verano. Ella me dijo que la diferencia, de haberla, sería en cuanto al dolor. “No creo”, dijo, “que un olmo tenga nervios para el dolor”.

Febrero 26. En la biblioteca del tío Leonard encontré un libro donde se presentan varias razones para pensar que lo que me dijo Claudia no es así, y puedo imaginar una versión muy distinta acerca del ratón y de su crítico fallecimiento. En el instante de la captura, cuando los dientes del felino penetran en el roedor, las células cerebrales de la víctima segregan unas hormonas especiales que se adhieren a las células especializadas en percibir el dolor, es decir, contrarrestan el dolor. Mmmm. No sé si esto sea verdad, ni sé cómo probarlo.

Febrero 27. Le platiqué a Claudia mi descubrimiento y me dijo: “Tal vez si pudiésemos intervenir con rapidez y administrar alguna sustancia que anulara los efectos de esas hormonas, podríamos observar la renovación del dolor”. No sé. Es algo que yo nunca haría. Lo dejaré como una buena conjetura acerca de la muerte de un ratón al que atrapa un gato; tal vez como una hipótesis acerca de la muerte, en general. Mi madre me ha dicho que del dolor nacen cosas nuevas. Que el dolor es bueno. Que hay una renovación de todo lo que nos rodea y que todo cambia para bien. Vemos las cosas de diferente manera después de haber recibido dolor.

Marzo 3. Estuve cavilando acerca de la situación y he concluido que el dolor es útil para evitar algo: para apartarse cuando aún hay tiempo para ello; pero cuando llega el fin sin retorno, acaso el dolor desaparezca, y los mecanismos que se encargan de esto son maravillosamente precisos y rápidos.

Marzo 7. Tras abandonar la biblioteca de la iglesia, empecé a pensar acerca de ese mecanismo para evitar el dolor y que si me encargaran diseñar un ecosistema en que las criaturas tuviesen que vivir unas de otras, y en que la muerte fuera parte indispensable de la vida, no se me podría ocurrir nada mejor.

 

James, el Necrófilo

¿Se han preguntado alguna vez por qué James ve a los maniquíes? Al fondo alguien menciona que es, al igual que con la imagen de las enfermeras, una visión perversa de su sexualidad reprimida. Otro más allá dice que es muy probable que sean manifestaciones del sentimiento de culpa por tener sexo con objetos inanimados con forma de mujer.

Bien, muy bien…. ahora. ¿Por qué el buen James ve a esos maniquíes como si tuvieran piel de muerto? Si se observan bien, parecen cuerpos en descomposición. Y esa voz cuando los matas, se oye como un suspiro amplificado, o mejor dicho, un “exhalar su último aliento” con eco. Son las únicas criaturas con esa particularidad.

(Ya sé que esos seres en realidad son diseños de un artista) pero en el universo de Silent Hill, hay una razón más macabra para su existencia; y no sólo es el de perseguir a James. Esos seres tienen un origen como lo tienen las demás criaturas. Algo más profundo y tenebroso nada en las turbias aguas de la mente de James y hoy trataré de demostrar, más allá de la duda razonable, que James no solo tiene el cargo de asesinato, si no también el de… violador.

Un compañero de trabajo, al que llamaremos Alan Wake Hernández, el “Zombiemeister”, me comentó acerca del video sin censura que dio la vuelta al Internet desde hace tiempo donde se mostraba el sonido original de la muerte de Mary. Yo tenía ese video, mas sin embargo, nunca presté bien atención a los sonidos ya que la copia que descargué tenía errores. Me lo habían recomendado ya que tiene el sonido de la voz de Mary mientras la vida se le escapa.

El buen Alan, quien pronto tendrá sus teorías acerca del gran juego Dead Space en este cuchitril de blog, me comentó que si ponía atención, había algo más en ese video que debía ser analizado mejor. Y es acerca de ese sonido extra del que nos ocuparemos en los siguientes párrafos.

Fui rápido al Internet y bajé una nueva versión del video desde el Canal de Fungo en Youtube. Me decidí por esta versión porque Fungo pudo ripear el sonido directo del DVD (que no aparece en ninguna de las versiones del juego) y lo empalmo magistralmente en una copia de la cinemática que vemos cuando James reproduce la cinta de VHS. Este video es de mayor calidad y el sonido es más nítido, lo cual es muy grotesco para mi gusto.

Mientras se reproduce la cinta, podemos escuchar los gemidos de Mary mientras James la estrangula. Los sonidos guturales de Mary son estremecedores. Sin embargo, en el segundo 54 a 56 podemos escuchar un extraño sonido que no se supone debería estar ahí. Es el sonido de una hebilla como cuando uno se trata de aflojar el cinturón. Al minuto se escucha como si se bajara los pantalones y al minuto con 15 segundos casi podemos escuchar el desfogue de James. ¿Qué diablos sucedió aquí? ¿Qué conclusiones podemos sacar de este video?

1.- Tal vez cansado de hacer el amor a juguetes para adultos, James aprovecha que Mary ha regresado a su casa y decide hacerle el amor a la fuerza (violándola y matándola en el proceso)
2.- Es bien sabido que algunas personas obtienen un orgasmo extático cuando son sofocadas. Incluso hay un episodio de CSI donde se menciona esto y en la película Rising Sun de Wesley Snipes y Sean Connery ambos trabajan alrededor de una escena así. ¿James lo quiso poner en práctica para Mary y el asunto se salió de control?
3.- Por lo corto de la acción, podemos deducir que James era de eyaculación precoz o gustaba de terminar muy rápido.
4.- ¿Existe quizá la posibilidad que lo que verdaderamente James extraña de Mary es el sexo animal y no tenía para ella un verdadero amor sublime?
5.- ¿Que James era un adicto al sexo y se descontroló al ver a Mary indefensa?

Lógico es suponer que esa afección se le borró de la mente en el juego, ya que en sólo una ocasión se le calienta el rabo y es cuando María se le insinúa en la celda  del cuarto del laberinto provocando que sea justo en ese lugar donde ella sea “muerta” por fuerzas desconocidas. Los siquiatras dicen que los adictos al sexo tienen eso en la psique, por lo que se puede, aunque se batalla un poco, desprogramar.

Ahora James tiene una razón más para dirigirse al final Agua. Dos cargos de conciencia. Dos culpas. Dos Cabeza de Pirámide.

El Misterio de la Casa Winchester

Uno de los más extraños monumentos al número 13 y a la creencia de los fantasmas es una mansión de 160 habitaciones en el Valle de Santa Clara, en California. Los primeros que tuvieron contacto con la casa se refieren a ella como la Misteriosa Casa de Winchester. La persona detrás de esta curiosidad arquitectónica fue Sara L. Winchester, la excéntrica viuda de William Wirt Winchester, heredera de la fortuna de los Winchester.

Durante gran parte de su vida, Sara L. Pardee, quien tomó el apellido de su esposo William  Winchester, pareció una persona de lo más normal; fue después que murieron su esposo de tuberculosis y su única hija, Annie, en el mismo año, que esta doble tragedia pudo haber alterado su mente. Cayó en una profunda depresión de la que nadie la pudo sacar.

Al igual que muchas personas en el siglo XIX, Sara tenía interés en el espiritismo, el cual creció después de la muerte de su esposo e hija. En una de sus pocas salidas, asistió a una sesión de espiritismo con el médium Adam Coons, de Boston. El médium le dijo que el espíritu de su esposo estaba de pie junto a ella y quería pedirle que llevara a cabo una tarea especial. Debía construir un edificio para los espíritus de todos aquellos que habían muerto bajo el fuego de las armas Winchester. Como el Winchester era el rifle más popular del mundo, la casa tendría que ser enorme.

Sara no tomó a broma las instrucciones del mundo de los espíritus. Vendió su casa en New Hacen, Connecticut, y se dirigió al Oeste con la convicción de que el espíritu de su esposo le señalaría su destino final. Al pasar por el Valle de Santa Clara, en California, vio una enorme casa en construcción, y supuestamente los espíritus le informaron que éste era el lugar. De inmediato hizo arreglos para comprar la casa que era de un doctor de California.

Por supuesto, ordenó algunos cambios en la arquitectura, pero al discutirlos con el constructor, él se dio cuenta que no estaba tratando con una persona normal y renunció al trabajo sin tardanza. Sara no tenía por qué preocuparse ya que tenía el suficiente dinero para pagarle a alguien que trabajara para ella, aún siguiendo los más descabellados planes.

Durante los últimos 38 años de la vida de Sara, y gastados 5.5 millones de dólares, ella dedicó la mayor parte de su tiempo a construir, derribar remodelar y alterar su “casa para fantasmas”. A pesar de que siempre cambiaba de opinión, también siempre tenía prisa; la obra avanzaba siete días a la semana. Sara creía que recibía instrucciones directamente del mundo de los espíritus y ellos no podían esperar, siendo esto de lo más curioso, porque si algo tiene un espíritu es tiempo infinito.

El resultado final es la construcción considerada en su tiempo como la casa particular más grande del mundo. También se la puede considerar como una mezcolanza de locura. Veamos si no: hay escaleras que no van a ninguna pate, elevadores que suben un sólo piso. Puertas que se abren para encontrar una pared, o lo que es peor, un precipicio.

Hay una sola ducha, cuarenta dormitorios, dos sótanos, dos mil escaleras, 17 chimeneas y 47 hogares, seis cocinas, 950 puertas y diez mil ventanas.

El exterior de la casa es tan extravagante como el interior. Hay puntas y chapiteles en toda la parte superior. Las habitaciones y alas enteras parecen estar adheridas de manera impensada. Un escritor con mucho tino comparó esta construcción con una casa de locos de los parques de diversiones. Durante la vida de Sara Winchester, la loca grandiosidad de su proyecto estuvo escondida al público por altos árboles y arbustos. Un equipo de jardineros se encargaba de atender las plantas; en la actualidad sólo se pueden ver los picos y chapiteles al otro lado del muro verde.

Aunque la viuda Winchester era muy supersticiosa podemos suponer que nunca le tuvo temor al número 13. Se repite en toda la casa. Muchas de las habitaciones tienen trece ventanas. Los candelabros poseen trece luces, hay trece baños en la casa. Muchas de las escaleras tienen trece escalones, etc. Sólo hay algo diferente, una escalera con 44 escalones que sube sólo un piso, unos tres metros. 13 carpinteros trabajaron las 24 horas para expandir el lugar.

La intrincada construcción de la casa tenía una lógica distorsionada, dictada por el temor a los espíritus malignos o vengativos. Sara debe haber estado tratando de confundirlos haciendo que se perdieran en el laberinto de corredores y pasillos sin salida. Se corría el rumor de que Sara dormía en una habitación diferente cada noche, y cuando ya había dormido en todas, comenzaba de nuevo. Frecuentemente caminaba por los corredores de la casa con aspecto fantasmal.

La extraña reputación de la casa Winchester se incrementó por el secreto. Sara no estaba recluida por completo. Sus necesidades eran satisfechas por un bien pagado y discreto equipo de personal de servicio. Sin embargo, las visitas no eran bienvenidas. Una parte de la leyenda dice que se negó a recibir al presidente Theodore Roosevelt, pero invitó al mago y escapista Harry Houdini, quien en ese tiempo tenía interés en el espiritismo (aunque no creía en él). Tal vez la reunión nunca se llevó a cabo, porque en la biografía de Harry no se menciona este episodio.

La habitación más extraña en la mansión era una pequeña cámara sin ventanas bautizada como la Habitación Azul. Ahí era donde Sara por lo regular efectuaba sus sesiones espiritistas. Nadie entraba a esta habitación excepto Sara… y tal vez los fantasmas. A media noche sonaba una campana, y Sara vestida con una bata larga decorada con símbolos ocultistas , entraba a la habitación mencionada para efectuar sus reuniones con los seres del otro mundo.

Otra parte de la leyenda cuenta que Sara ofrecía banquetes. En la mesa siempre había trece lugares, pero Sara era la única persona visible. Los sirvientes sin duda daban cuenta de los alimentos que no se comían.

Durante los 36 años que vivió en la casa, Sara sólo salió una vez, y fue en 1906 cuando ocurrió el sismo de San Francisco. Cuando tembló, la anciana se aterrorizó, porque pensó que los espíritus malignos ya la habían atrapado. Fue rescatada ilesa, pero desarrolló una profunda aversión a la habitación donde estaba durmiendo en ese momento y la mandó clausurar.

La mujer tenía otras extrañas ideas. Creía que el mundo iba a llegar a su fin destruido por una gran inundación. Tenía una casa flotante, una especie de arca, construida en su propiedad. Después del temblor vivió en la barca durante seis años antes de volver a la casa del Valle de Santa Clara.

Sara Winchester falleció en su casa en septiembre de 1922 a la edad de 85 años (algunos registros indican 33). La casa ahora funciona como atracción turísticas y es tan popular que la cadenas televisiva Travel Channel (que la colocó en el segundo lugar de casas encantadas) mostraron documentales acerca de la mansión. Sólo el programa Interstate Weird U.S. mostró la célebre Habitación Azul.

No importa cuánto se hable y se especule sobre la mansión Winchester y su dueña, la verdad seguirá oculta entre la bruma de la leyenda.

 
**Reeditado con datos corregidos
 

El misterio de la papisa Juana

 

 

 

A comienzos del siglo XIII corrió por la cristiandad el rumor de que una mujer había ocupado la silla de san Pedro, del año 855 al 858. hasta el siglo XVI la Iglesia aceptó la existencia de esta papisa como un hecho cierto, y todavía en el año 1600 figuraba en la galería de bustos papales de la catedral de Siena, con el rótulo “Juan VIII, mujer e inglesa”. La pregunta es ¿qué hubo de verdad en esa historia?

La leyenda
Con algunas variantes, se contaba que una mujer anglosajona se había enamorado de un monje benedictino y no dudó en huir con él a Atenas, disfrazada de hombre. Tras la muerte de su amante, se trasladó a Polonia, en medio de una gran hambruna, de la que sólo se libraban los frailes mendicantes que tendían su mano a los poderosos. Aquella mujer, sola y sin dinero, vio en la sotana del monje recién fallecido, un medio de supervivencia, y con aquellas ropas se puso a predicar. Lo hizo con tanto éxito que empezaron a organizarse peregrinaciones para escuchar sus sermones.

La mujer terminó teniendo su propia iglesia y fue nombrada obispo y, después, cardenal. Y en el año de 855, al morir el papa Leon IV, de especial rudeza, el cónclave decidió dar un giro y elegir a la mujer, que tomó el nombre de Juan VIII al acceder al solio.

Durante su reinado temporal, la papisa quedó embarazada de un miembro de su guardia personal. Al principio, pudo disimular su estado grávido, pero con el correr de los meses se hizo tan evidente que comenzó a eludir sus apariciones públicas. En la festividad del Corpus, Juana se vio obligada a asistir a la tradicional procesión, ocultando su enorme vientre bajo la vestimenta. Fue en ese momento que le llegaron las contracciones y tuvo que dar a luz en ese lugar, mientras seis cardenales la asistían.

Según una leyenda, y a manera de epílogo, los romanos la ataron de los pies a un caballo que la arrastraría mientras era lapidada. Otros aseguran que terminó sus días recluida en un convento con su hijo.

Supuesta historia
Antes de la reforma, esta historia formaba parte de las crónicas y era reconocida por el Vaticano, tanto así, que el papa Leon IX envió a mediados del siglo XI una carta al patriarca de Constantinopla informándole, que “una mujer ocupó el trono de los pontífices de Roma.

El cronista Gotfried de Viterbo, secretario de la Corte Imperial, en su obra El Pantheon (1815), incluye una nota después del papa Leon IV donde especifica que “Juana, el Papa femenino, no se considera”. En la crónica que hace Jean-Charles de Fontbrune de los papas hace figurar a Juan VIII en el período comprendido entre 872 y 882 con cuatro papas que le precedieron entre ella y Leon IV. En este recuento, aparece Benedicto III como el sucesor de Leon IV.

En el año 1265, el historiador dominico Martinus Polonus, no tiene inconveniente en relatar en su Crónica de Papas y Emperadores, la historia de la papisa Juana, pese haber sido capellán y penitenciario del Santo Padre. Estar en este cargo le permitió el acceso a los archivos vaticanos, donde pudo comprobar la anotación de Anastasio, el bibliotecario, un estudioso que participó en las intrigas vaticanas de la época.

Pero durante la reforma, algunos protestantes sacaron de nuevo a la luz la historia de la papisa Juana para zaherir a la Iglesia, por lo que Clemente VIII (Papa de 1592 a 1605), mandó sustituir el busto de Juana por el del papa griego Zacarías (Papa de 741 al 752), en la catedral de Siena.

La historia de la papisa Juana surgió a modo de sátira a la venenosa influencia femenina que durante el siglo X se produjo sobre el papado. Los padres de la intriga vaticana aprovecharon la confusión reinante en torno al sucesor inmediato de Leon IV, que no es mencionado en el más antiguo ejemplar conocido del Liber Pontificales. En efecto, los contados cronistas que hablan de Benedicto III, le atribuyen un físico atractivo y una marcada aversión por aparecer en público. ¿Habría la Iglesia rebautizado a Juana (Juan VIII) por Benedicto III y le dio a otro papa el nombre de Juan VIII?

Intrigas vaticanas
La raíz de la leyenda hay que buscarlo en el siniestro dúo formado por la senadora Teodora y su hija Marozia, que manejaron siete papas a su antojo, desde el año 904 hasta el 935. Gracias a las intrigas de Teodora, ocupó la silla de San Pedro, Sergio III (904 al 911), con el que Marozia tuvo un hijo a los 15 años de edad. Después de la muerte de este papa, fue elegido Anastasio III, un hombre íntegro al que Teodora mandó asesinar, para después manipular a su sucesor, Landón. A la muerte de este, hizo elegir a Juan X, su antiguo amante, quien posteriormente fue encarcelado y luego mandado matar por Marozia. Gracias a las intrigas de ésta, fueron elegidos sucesivamente, y asesinados posteriormente por encargo suyo, Leon VI y Esteban VII. Finalmente, Marozia logró que el hijo que tuvo con Sergio III fuese elegido Papa a sus 21 años, conocido con el nombre de Juan XI.

La ruta nefasta
Hay un tramo romano, entre el Coliseo y la basílica de San Pedro, que se dice trae malos augurios a los papas. En realidad, los Santos Padres evitan esta parte de la procesión desde San Pedro a Letrán, porque según la tradición en dicho lugar fue a parir la papisa Juana, y una estatua recordaba el suceso. En la segunda mitad del siglo XVI, Pío V ordenó arrojar al río Tíber esta efigie, cuando trascendió la fuerte impresión que le causo a Lutero en 1510 ver la escultura de la Papisa con su hijo en su regazo.

Travestidas
La teoría que trata de refutar la existencia de la papisa Juana pretende que una mujer no habría podido esconderse durante tanto tiempo bajo los ropajes masculinos, pero ignora que hubo numerosas santas y beatas que vivieron de incógnito vistiendo atuendos masculinos hasta su muerte. Este fue el caso de tantas santas, que la iconografía sagrada ha creado un grupo especial para ellas llamado monacopartenia.

Algunos ejemplos de santas vestidas de hombre fueron las santas Eufrósina, Pelagia, Margarita, Marina, Teodora y Eugenia. Ésta última terminó siendo abad con el nombre de Eugenio.

La infame Silla Gestatoria
Se dice que para evitar otro caso de Papisa, entre los años 1000 y 1513 la Iglesia hacía posar a los nuevos pontífices en un asiento de mármol rojo, horadado en su centro en su centro, que estaba emplazado en el palacio de Letrán, con la finalidad de que un diácono pudiera palpar los genitales del recién electo. Recibía el nombre de silla gestatoria. El encargado de tal cometido, después de confirmar el sexo del sumo pontífice gritaba en latín: “¡Tiene!”, y los presentes coreaban “¡A Dios gracias!”

La Iglesia niega que este procedimiento se haya realizado nunca. Sin embargo, numerosos testimonios lo confirman y en el Museo de Louvre de París se conserva una silla gestatoria vaticana, de factura muy parecida a un excusado de los antiguos baños públicos romanos.

El Tarot y la Papisa
La leyenda de la papisa Juana fue tan popular en el medioevo que este personaje fue incluido en el diseño del primer naipe adivinatorio, el Tarot de Marsella. También conocido como la Papisa y la Sacerdotisa, se corresponde con el segundo de los arcanos mayores. A la Papisa le tocó el número 2 porque según los pitagóricos, que interpretaban los números  como entidades teológicas, dicho número es femenino debido a que “al parir, la mujer se divide en dos”.

 

 

 

Ref Revista Año Cero

 

PRONTO: Ya llega el Diario perdido de Alessa.

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El Misterio del Diamante Hope

Y sólo porque lo pidió Rkqytrsqlt, ¿qué más sobrenatural que un diamante maldito con un legado siniestro?

En la sala de joyas del Instituto Smithsoniano, en Washington, D.C., una larga fila de visitantes pasaba frente a una vitrina de cristal a prueba de balas. Allí, refulgía quizá la más famosa y sensacional joya de la Tierra. En su sarta de 62 diamantes más pequeños, el iluminado diamante Hope parecía un malévolo ojo azul que devolvía la mirada a quienes lo veían.

La piedra original, de la cual el diamante Hope, de 44 ½ quilates, es al parecer una porción, se descubrió en la India hace casi 350 años. En aquella época era más de dos veces y media mayor. Aunque al tallarlo se ha reducido su volumen, la pieza todavía da la impresión de grandeza.

Sus singulares cualidades lo distinguieron de otros enormes diamantes y lo convirtieron en la principal atracción del Museo Smithsoniano de Historia Natural. Es perfecto: en él no se pueden descubrir rayas, grietas ni otras impurezas. Véase mi artículo sobre diamantes para darse una idea del asunto de los quilates y la pureza de los mismos. (Aunque con frecuencia las piedras de un quilate o un poco más grandes ?como las de un anillo de compromiso? no tienen defectos, esto resulta insólito en una piedra tan grande como el diamante Hope). Y más insólito aún resulta su color: un increíble azul plomizo. Las dos veces que ha salido del Smithsoniano ?una vez para ser exhibido en el Museo del Louvre y otra vez en Sudáfrica? ha sido asegurado en  un millón de dólares. Sin embargo, como dijo un funcionario del Smithsoniano:

“¿Cómo se puede poner precio a un objeto irremplazable? Quizá el millón de dólares sirva para que uno se sienta algo consolado si se perdiera, pero ese dinero no podría sustituir al diamante Hope. Escúchelo bien, caballero: nada puede sustituirlo”.

Los orígenes y la leyenda
En efecto, la historia del diamante Hope es extraordinaria. De acuerdo con la leyenda, ha deparado más mala suerte a sus dueños que la que podrían haberles causado todas las maldiciones que las brujas o el tesoro de Tutankamón juntas hayan podido lanzar.

La historia del diamante Hope comienza con el joyero francés Jean Baptiste Tavernier. En 1668, llevó a Europa, partiendo de la India, una colección de joyas que incluía lo que ahora los historiadores suponen era el diamante Hope, y otros 44 diamantes grandes y 1122 más pequeños. El Rey Luis XIV de Francia le pagó felizmente a Baptiste una suma equivalente a 900 mil dólares por toda la remesa (al índice inflacionario de la actualidad). En aquella época el diamante, que aún no se llamaba Hope, pesaba 112 ½ quilates y se le designaba con el nombre oficial de “el diamante azul de la corona”, ese fue su primer nombre.

La piedra estaba labrada toscamente, y para aumentar su fulgor, Luis la mando tallar nuevamente en forma de un corazón de 67 1/8 quilates.

Fue poco tiempo después que comenzó la pesadilla. Nuestro buen Luis se vio atormentado por el infortunio. Su nieto favorito, el duque de Borgoña, murió repentinamente. Las glorias del campo de batalla de sus primeros tiempos comenzaron a malograrse, y cometió el error de casarse con Madame de Maintenon, fanática religiosa que lo hizo desgraciado. Más tarde se supo que Tavernier había muerto en Rusia despedazado por perros salvajes.

Cuando Luis XVI heredó el diamante, no sólo recibió una piedra hermosa, también recibió la revolución francesa y su real cuello recibiría la Guillotina. Su esposa la reina María Antonieta también terminaría de igual modo. En 1792, durante la revolución, el Tesoro francés fue saqueado y el diamante Hope desapareció hasta 1830. Durante ese tiempo Goya pinto un retrato de la Reina María Luisa de España adornada con una joya muy parecida al diamante Hope. Se supone que los miembros de la realeza francesa sacaron el diamante del país y lo entregaron a los españoles o que los españoles lo compraron a quienes lo habían robado.

Según la leyenda, la joya apareció luego en manos de un diamantista holandés de nombre Wilhelm Fals, quien la labró en la forma que tiene actualmente, quizá para dificultar en lo posible que el Gobierno francés la reclamara. Hendrik, el hijo de Fals, no tardó en robarle la joya a su padre y la llevó a Londres, donde, en causas muy misteriosas, se quitó la vida.

Pocos años después, el diamante fue vendido a un coleccionista de gemas llamado Henry Philip Hope, de quien tomó su nombre actual. Henry Thomas Hope, banquero irlandés, heredó el diamante de su tío y, posteriormente, lo exhibió en la Exposición del palacio de Cristal, en 1851, donde fue muy admirado, pero nadie se preocupaba aún de su papel como portador de mala suerte. A principios de siglo, nuestro amigo el diamante Hope y otras joyas de la colección Hope se vendieron en Londres en una subasta de Jacques Celot, comerciante de París, quien pronto enloqueció sin causa aparente y luego se suicidó. Fue entonces que lo compró un ruso llamado Kanitovski. Este ruso murió apuñalado podo después.

El siguiente dueño fue el comerciante Habib Bey, quien se ahogó junto con su familia frente a Gibraltar. Siguiendo con la leyenda, el diamante fue vendido entonces a Simón Montharides, quien a su vez lo vendió a Abdul Hamid II, sultán de Turquía.

El pobre Simón aún estaba contando sus ganancias cuando decidió salir a pasear con su mujer e hijo en auto, y el vehículo se despeñó por un precipicio muriendo los tres ocupantes. En cuanto a Abdul, fue depuesto por los “jóvenes Turcos” en 1909.

De nuevo, el diamante Hope apareció en París, esta vez en manos del joyero Pierre Cartier, que lo vendió a Evalyn Walsh McLean, de Washington, quien era hija del opulento minero Thomas Walsh y esposa de Ned McLean, hijo del editor del Washington Post y de Cincinnati Enquirer.

Evalyn pagó 154 mil dólares por el diamante, y la prensa estimaba que a los McLean les costaría otros 24 mil dólares adicionales al año por concepto de seguro y guardias para cuidarlo.

Al comprar el diamante, los McLean también adquirieron un bono extra en forma de desventuras. En 1918, cuando asistían a las famosas carreras de caballo del Kentucky Derby, su hijo Vinson, de ocho años, se escapó de sus guardaespaldas (como ustedes recordarán mejor que yo, se temía que el niñato fuera secuestrado), corrió hacia una carretera y murió atropellado por un auto. Poco después, Ned McLean se aficionó a la bebida y con el tiempo perdió la razón y sus periódicos. Una hija murió por haber ingerido una dosis excesivas de pastillas para dormir. Y para agregar más insulto al agravio, en diciembre de 1967, Evalyn McLean, de 25 años, nieta y tocaya de la señora McLean, fue hallada muerta en su casa de Plano (Texas), envenenada con alcohol y barbitúricos.

Después de la muerte de la señora McLean, en 1947, el joyero Harry Winston compró su colección de piedras preciosas valorada en más de 1,100,000 dólares (más tarde vendió toda la colección, excluyendo el diamante Hope, por 2 millones de dólares). Winston envió el enorme diamante en un recorrido de exhibición junto con otras famosas joyas. En nueve años el diamante Hope viajó casi 650 mil kilómetros, fue visto por 5 millones de personas y produjo una utilidad de más de un millón de dólares para obras de beneficencia. En 1957 Winston empezó a negociar con el Instituto Smithsoniano para donarle el diamante como pieza central de una colección de joyas similar a la de la Corona de la Torre de Londres. El Instituto aceptó, y el 8 de noviembre de 1958, el diamante azul fue colocado en una caja forrada de gamuza, envuelta en papel estraza y llevado al correo de Nueva York para enviarlo a Washington. (Los negociantes de diamantes creen que este es el mejor método y más seguro para el envío de joyas.) El paquete, debidamente rotulado y sellado, se llevó entonces a una sección de la oficina del correo denominada Estación Cerrada, que está vigilada constantemente por inspectores postales y guardias armados. De allí lo llevaron a su destino, siempre vigilado por guardias. Asegurado en un millón de dólares, el envío costó a Washington la suma de 145 dólares con 29 centavos.

Se cree que el maleficio no afectó a Harry Winston, que durante 9 años fue el dueño del diamante Hope, porque nunca lo codició.

Cuando el escritor James Stewart-Gordon visitó el Instituto Smithsoniano, el Dr. George Switzer, curador de la colección de gemas del museo, le ofreció permitirle tocar el diamante. Lo que sigue fue lo que escribió en un artículo:

“Me dije a mí mismo que la superstición es una solemne tontería y que el diamante Hope es un objeto inanimado que no puede perjudicar a nadie. Sin embargo, en aquel momento recordé un compromiso urgente, muy lejos de allí. En el aeropuerto no tomé ninguna precaución, aparte de comprar mi acostumbrado seguro de vuelo… tres veces por si acaso

 
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