El Misterio de la Casa Winchester

Uno de los más extraños monumentos al número 13 y a la creencia de los fantasmas es una mansión de 160 habitaciones en el Valle de Santa Clara, en California. Los primeros que tuvieron contacto con la casa se refieren a ella como la Misteriosa Casa de Winchester. La persona detrás de esta curiosidad arquitectónica fue Sara L. Winchester, la excéntrica viuda de William Wirt Winchester, heredera de la fortuna de los Winchester.

Durante gran parte de su vida, Sara L. Pardee, quien tomó el apellido de su esposo William  Winchester, pareció una persona de lo más normal; fue después que murieron su esposo de tuberculosis y su única hija, Annie, en el mismo año, que esta doble tragedia pudo haber alterado su mente. Cayó en una profunda depresión de la que nadie la pudo sacar.

Al igual que muchas personas en el siglo XIX, Sara tenía interés en el espiritismo, el cual creció después de la muerte de su esposo e hija. En una de sus pocas salidas, asistió a una sesión de espiritismo con el médium Adam Coons, de Boston. El médium le dijo que el espíritu de su esposo estaba de pie junto a ella y quería pedirle que llevara a cabo una tarea especial. Debía construir un edificio para los espíritus de todos aquellos que habían muerto bajo el fuego de las armas Winchester. Como el Winchester era el rifle más popular del mundo, la casa tendría que ser enorme.

Sara no tomó a broma las instrucciones del mundo de los espíritus. Vendió su casa en New Hacen, Connecticut, y se dirigió al Oeste con la convicción de que el espíritu de su esposo le señalaría su destino final. Al pasar por el Valle de Santa Clara, en California, vio una enorme casa en construcción, y supuestamente los espíritus le informaron que éste era el lugar. De inmediato hizo arreglos para comprar la casa que era de un doctor de California.

Por supuesto, ordenó algunos cambios en la arquitectura, pero al discutirlos con el constructor, él se dio cuenta que no estaba tratando con una persona normal y renunció al trabajo sin tardanza. Sara no tenía por qué preocuparse ya que tenía el suficiente dinero para pagarle a alguien que trabajara para ella, aún siguiendo los más descabellados planes.

Durante los últimos 38 años de la vida de Sara, y gastados 5.5 millones de dólares, ella dedicó la mayor parte de su tiempo a construir, derribar remodelar y alterar su “casa para fantasmas”. A pesar de que siempre cambiaba de opinión, también siempre tenía prisa; la obra avanzaba siete días a la semana. Sara creía que recibía instrucciones directamente del mundo de los espíritus y ellos no podían esperar, siendo esto de lo más curioso, porque si algo tiene un espíritu es tiempo infinito.

El resultado final es la construcción considerada en su tiempo como la casa particular más grande del mundo. También se la puede considerar como una mezcolanza de locura. Veamos si no: hay escaleras que no van a ninguna pate, elevadores que suben un sólo piso. Puertas que se abren para encontrar una pared, o lo que es peor, un precipicio.

Hay una sola ducha, cuarenta dormitorios, dos sótanos, dos mil escaleras, 17 chimeneas y 47 hogares, seis cocinas, 950 puertas y diez mil ventanas.

El exterior de la casa es tan extravagante como el interior. Hay puntas y chapiteles en toda la parte superior. Las habitaciones y alas enteras parecen estar adheridas de manera impensada. Un escritor con mucho tino comparó esta construcción con una casa de locos de los parques de diversiones. Durante la vida de Sara Winchester, la loca grandiosidad de su proyecto estuvo escondida al público por altos árboles y arbustos. Un equipo de jardineros se encargaba de atender las plantas; en la actualidad sólo se pueden ver los picos y chapiteles al otro lado del muro verde.

Aunque la viuda Winchester era muy supersticiosa podemos suponer que nunca le tuvo temor al número 13. Se repite en toda la casa. Muchas de las habitaciones tienen trece ventanas. Los candelabros poseen trece luces, hay trece baños en la casa. Muchas de las escaleras tienen trece escalones, etc. Sólo hay algo diferente, una escalera con 44 escalones que sube sólo un piso, unos tres metros. 13 carpinteros trabajaron las 24 horas para expandir el lugar.

La intrincada construcción de la casa tenía una lógica distorsionada, dictada por el temor a los espíritus malignos o vengativos. Sara debe haber estado tratando de confundirlos haciendo que se perdieran en el laberinto de corredores y pasillos sin salida. Se corría el rumor de que Sara dormía en una habitación diferente cada noche, y cuando ya había dormido en todas, comenzaba de nuevo. Frecuentemente caminaba por los corredores de la casa con aspecto fantasmal.

La extraña reputación de la casa Winchester se incrementó por el secreto. Sara no estaba recluida por completo. Sus necesidades eran satisfechas por un bien pagado y discreto equipo de personal de servicio. Sin embargo, las visitas no eran bienvenidas. Una parte de la leyenda dice que se negó a recibir al presidente Theodore Roosevelt, pero invitó al mago y escapista Harry Houdini, quien en ese tiempo tenía interés en el espiritismo (aunque no creía en él). Tal vez la reunión nunca se llevó a cabo, porque en la biografía de Harry no se menciona este episodio.

La habitación más extraña en la mansión era una pequeña cámara sin ventanas bautizada como la Habitación Azul. Ahí era donde Sara por lo regular efectuaba sus sesiones espiritistas. Nadie entraba a esta habitación excepto Sara… y tal vez los fantasmas. A media noche sonaba una campana, y Sara vestida con una bata larga decorada con símbolos ocultistas , entraba a la habitación mencionada para efectuar sus reuniones con los seres del otro mundo.

Otra parte de la leyenda cuenta que Sara ofrecía banquetes. En la mesa siempre había trece lugares, pero Sara era la única persona visible. Los sirvientes sin duda daban cuenta de los alimentos que no se comían.

Durante los 36 años que vivió en la casa, Sara sólo salió una vez, y fue en 1906 cuando ocurrió el sismo de San Francisco. Cuando tembló, la anciana se aterrorizó, porque pensó que los espíritus malignos ya la habían atrapado. Fue rescatada ilesa, pero desarrolló una profunda aversión a la habitación donde estaba durmiendo en ese momento y la mandó clausurar.

La mujer tenía otras extrañas ideas. Creía que el mundo iba a llegar a su fin destruido por una gran inundación. Tenía una casa flotante, una especie de arca, construida en su propiedad. Después del temblor vivió en la barca durante seis años antes de volver a la casa del Valle de Santa Clara.

Sara Winchester falleció en su casa en septiembre de 1922 a la edad de 85 años (algunos registros indican 33). La casa ahora funciona como atracción turísticas y es tan popular que la cadenas televisiva Travel Channel (que la colocó en el segundo lugar de casas encantadas) mostraron documentales acerca de la mansión. Sólo el programa Interstate Weird U.S. mostró la célebre Habitación Azul.

No importa cuánto se hable y se especule sobre la mansión Winchester y su dueña, la verdad seguirá oculta entre la bruma de la leyenda.

 
**Reeditado con datos corregidos