El Diario Perdido de Alessa Parte 1

 

 

 

Introducción

 

Lo que van a leer hoy y en los siguientes días es una obra de ficción que se comenzó a gestar en el 2004. Unas compañeras del trabajo quisieron crear una obra que especulara si Alessa hubiera escrito un diario (que se supone existe, pero nada tiene que ver con este) ¿qué es lo que hubiera escrito? Durante varios meses escribieron cada una de las chicas porciones del diario y me lo enviaron a mi correo. Solo algunas entradas tenían fechas y quedó inconcluso debido a que ambas consiguieron mejores empleos y tuvieron que dejar el trabajo.

Se suponía que abarcaría todo un año en la vida de Alessa, sin embargo, las fechas no concordaban y había una que otra laguna por cubrir.  El primer texto iba a tratar sobre el primer escrito en el diario, algo así como: “hoy es mi primer día con mi diario” o “Querido diario”; pero nunca se escribió.

Las discordancias más marcadas tuvieron que ser subsanadas por mí dado que en el tiempo en que las chicas dejaron de escribir, aún no había salido al mercado Silent Hill Origins. Esto dio lugar a tener que arreglar varios pasajes, con permiso de ellas claro está. Tardé aproximadamente 3 semanas en contactarlas para pedirles su autorización de subirlas a mi blog.

Aunque este documento trata de seguir el canon del juego, sé que podrían haber quedado algunos cabos sueltos que estoy seguro ustedes sabrán perdonar.

Idea original y derechos cedidos para publicación por
Dina “Dark Queen” Cepeda
Gabby “Sunderland” Flores
Cinthia “Mason” Valdes
Gerry García

Agradecimiento especial a Javier Garza por su extensa monografía sobre la Claudia alba.

Todos esperamos que lo disfruten.

Prólogo

Mi nombre es Zack y fui paramédico con base en Silent Hill. La noche del 30 de noviembre atendimos la llamada anónima de una mujer que alertaba sobre una casa incendiándose en el distrito comercial de Silent Hill. Cuando mi compañera y yo acudimos al lugar del siniestro ya no había nada que hacer.  Aunque había caído lluvia, no fue la suficiente agua para impedir que chispas viajeras prendieran fuego a casas cercanas. Los bomberos no tuvieron dificultad para extinguir las llamas de esas viviendas, no así la casa de los Gillespie, que quedó completamente en ruinas.

La única persona que encontramos en el lugar fue a la chiquilla, Alessa, con quemaduras de tercer grado, a unos pasos de la entrada principal de la casa. Cómo llegó allí por su propio pie, es algo que todavía nos preguntamos en la estación de emergencias. No había nadie más. Rápidamente la subimos a una camilla con mucho cuidado y la llevamos de urgencia al hospital Alchemilla. Lo más difícil fue administrarle suero para reponerle los líquidos perdidos. La pobre infeliz iba inconsciente y al borde de la muerte. Mi compañera Sarah y yo estamos convencidos que algún buen samaritano la auxilió y se marchó antes de que arribáramos. Al principio pensamos que era un maleante al que todo le terminó en tragedia, porque no encontrábamos una razón para que hubiera huido. El jefe de brigada trató de localizar a la madre, Dahlia, de lo sucedido. Aparentemente no estaba en casa cuando ocurrieron los eventos.

El caso permanece abierto dadas las raras circunstancias en que ocurrió el incendio. En sus investigaciones, el perito especial anunció que todo se debió al mal funcionamiento de una caldera en el sótano de la vivienda. Pero otro investigador duda que esa haya sido el verdadero origen del fuego. Además hay dos cosas a las que no se les dio la importancia que merecían; en primer lugar está el hecho de que a menos de una milla del lugar del incendio se encontraba el trailer de una compañía foránea. La radio de banda civil seguía encendida y la portezuela abierta. Los investigadores revisaron el camión, pero no encontraron nada raro, salvo el hecho de que el conductor no se encontró por ninguna parte. En segundo lugar estaba el olor penetrante y peculiar que se levantaba junto con el humo. No podría describirlo, pero me imaginé que bien pudiera haber sido unos de esos cubitos de incienso de olor fuerte de los que se queman para purificar lugares sagrados. La niña Alessa olía a eso, y ese aroma, mezclado con el olor a piel quemada es algo que no olvidaré.

Todo en el interior de la casa fue reducido a cenizas y quienes estuvieron indagando por el lugar se marcharon sin más pistas de lo que pudo haber pasado.

Sin embargo, algo quedó. Cerca del cuerpo de la niña había lo que parecía ser una pequeña libreta gruesa. La tomé y me la guardé en la chaqueta. No fue sino hasta mucho después que dejamos a la chiquilla en cuidados intensivos del Hospital Alchemilla  y que ya estábamos en la estación, que recordé que aún la llevaba encima. La portada y varias hojas estaban un poco chamuscadas, sin embargo podía leerse lo que tenía escrito a mano.

Sarah me dijo que un diario íntimo era como la correspondencia, no debía leerse sin permiso de su propietario legal. Por esa razón se llama “diario íntimo”, me recriminó. En eso tenía razón. También tenía razón cuando mencionó que debía entregarlo a la policía, así que decidí ir temprano por la mañana a la estación de policía para entregárselo a quienquiera que estuviera encargado del caso.

Llevé el diario a casa y, lo admito, no pude contener las ganas de leerlo. Quién sabe, quizá hubiera algún indicio o alguna pista que ayudara a saber cómo se originó el accidente. Me recosté en la cama y abrí la primera página del diario. Al principio pensé que solo se trataría de las aventuras de una niña de siete años, pero conforme iba leyendo, no podía apartar los ojos de las líneas infantiles ahí plasmadas. Al finalizar, me di cuenta que ya era muy tarde, mas sin embargo, tomé el teléfono y llamé a Sarah. Ella, molesta por la hora, no quería hablar conmigo, que lo que necesitara decirle lo hiciera por la mañana. Pero cuando le comenté lo que leí en el diario, ella replicó: “Zack, no se lo podemos comentar a nadie. No sabemos el alcance de esta situación ni quienes estén involucrados. Así que mejor, olvídate de todo y deshazte de ese diario”.

Han pasado casi tres semanas desde el hallazgo. No he destruido el diario pese al consejo de Sarah, pero en mis adentros pienso que esto debe de saberse. Quise enviarlo al diario La Voz de Silent Hill para que lo publicara indicando a sus lectores que fue una donación anónima, pero pensé que tal vez no me creyeran. Definitivamente, la policía está descartada. Con la muerte del oficial Gucci, aparentemente envenenado por una sustancia de acción lenta, no queda nadie más en quien yo podía confiar. Ha habido muchas muertes extrañas en el pueblo, todas relacionadas probablemente con el tráfico de estupefacientes. Cientos de personas se han ido de este lugar a otros estados por miedo.

He tomado la decisión de publicar el diario. Dentro de sus páginas había recortes de periódico que por alguna razón la niña Gillespie guardó allí. Los recortes tienen relación con los eventos que se narran en el diario. Algunas porciones tuve que completarlas debido a que no se podían leer bien por lo quemado. El diario estaba lleno de hollín. Sin embargo, lo que pude reconstruir puede dar al lector una idea clara de las cosas por las que pasó esta niña. Se iba armando un rompecabezas que, aún sin terminarlo, debió darle las suficientes pistas como para acudir con alguien por ayuda. Pero no lo hizo, o nadie le hizo caso, y todo terminó en tragedia. Dejo a los lectores el juicio final.

¿Qué es lo que está sucediendo en Silent Hill? ¿Qué tipo de manto tenebroso se cierne sobre el pueblo? Tal vez yo no tenga la respuesta, mas sin embargo, en las páginas de este diario, testigo mudo, se oculta una verdad siniestra que espera ser descubierta por alguien lo suficientemente valiente para sacarla a la luz. Pero de una cosa estoy seguro. Esa persona no soy yo.

El Diario Perdido de Alessa 1

Febrero 21. La muerte de un ratón entre las fauces de un gato casero es un espectáculo que he presenciado varias veces, y que solía repugnarme. Siempre le gritaba improperios al gato para que supiera la clase de animal en que se había convertido. Me parecía que la naturaleza era abominable.

Febrero 23. Últimamente he meditado acerca de aquél ratón, y le pregunté a Claudia  si su muerte en realidad difiere mucho de los olmos que crecen en la Colina Silenciosa, víctimas de la plaga de este verano. Ella me dijo que la diferencia, de haberla, sería en cuanto al dolor. “No creo”, dijo, “que un olmo tenga nervios para el dolor”.

Febrero 26. En la biblioteca del tío Leonard encontré un libro donde se presentan varias razones para pensar que lo que me dijo Claudia no es así, y puedo imaginar una versión muy distinta acerca del ratón y de su crítico fallecimiento. En el instante de la captura, cuando los dientes del felino penetran en el roedor, las células cerebrales de la víctima segregan unas hormonas especiales que se adhieren a las células especializadas en percibir el dolor, es decir, contrarrestan el dolor. Mmmm. No sé si esto sea verdad, ni sé cómo probarlo.

Febrero 27. Le platiqué a Claudia mi descubrimiento y me dijo: “Tal vez si pudiésemos intervenir con rapidez y administrar alguna sustancia que anulara los efectos de esas hormonas, podríamos observar la renovación del dolor”. No sé. Es algo que yo nunca haría. Lo dejaré como una buena conjetura acerca de la muerte de un ratón al que atrapa un gato; tal vez como una hipótesis acerca de la muerte, en general. Mi madre me ha dicho que del dolor nacen cosas nuevas. Que el dolor es bueno. Que hay una renovación de todo lo que nos rodea y que todo cambia para bien. Vemos las cosas de diferente manera después de haber recibido dolor.

Marzo 3. Estuve cavilando acerca de la situación y he concluido que el dolor es útil para evitar algo: para apartarse cuando aún hay tiempo para ello; pero cuando llega el fin sin retorno, acaso el dolor desaparezca, y los mecanismos que se encargan de esto son maravillosamente precisos y rápidos.

Marzo 7. Tras abandonar la biblioteca de la iglesia, empecé a pensar acerca de ese mecanismo para evitar el dolor y que si me encargaran diseñar un ecosistema en que las criaturas tuviesen que vivir unas de otras, y en que la muerte fuera parte indispensable de la vida, no se me podría ocurrir nada mejor.