El Diario Perdido de Alessa 3

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Julio 1. Creo que la tragedia de nuestro mundo actual es que, en un mundo tan lleno de maravillas, parece que hayamos perdido el sentidos de lo maravilloso. Estamos sumergidos en un mar de inventos e informaciones y exclamamos “¡Vaya!”, en vez de “¡Qué maravilla!”

Julio 3. Hoy vi nacer una mariposa. Salió de su capullo para visitar la luz del sol. Una oruga fea convertida en una flor voladora. Yo creo que maravillarnos es una acto de adoración. Venerar algo equivale a reconocer su valor. Maravillarse por algo, contemplarlo boquiabiertos, con ojos incrédulos, poseídos de temerosa  sorpresa, equivale a lo mismo. Equivale a ir más allá de la apariencia de las cosas, a elevarnos por encima de lo prosaico de nuestra anodina existencia. Cuando nos maravillamos, le dije a Claudia, penetramos en la esencia divina.

Julio 7. Millares de lucecitas revoloteaban por fuera de mi ventana. Como si las estrellas hubieran bajado a Silent Hill. Eran las luciérnagas. Alumbraban todo a su paso. Una alcanzó a introducirse en mi alcoba. El calor me obligaba a dormir con la ventana abierta. Traté por todos los medios de atraparla con la mano y un vaso pero nunca se dejó. Al poco rato encontró su camino de salida y se fue. Su titilante luz se perdió entre las muchas otras luces intermitentes que se dirigían al muelle. Quizá les llama la atención la luz del faro, ¿quién puede decirlo?

Agosto 2. Mientras buscaba unas hojas de papel para dibujar, encontré un viejo periódico en uno de los cajones del escritorio del papá de Claudia. Tenía un artículo que plasmaba la historia de Silent Hill. Estaba muy bien acomodado ya que daba la impresión, no de que fuera a desecharlo después, sino de que lo guardó para usarlo tiempo más adelante. El nombre del autor estaba remarcado con tinta roja. Abrí el periódico y lo leí. En este diario reproduzco partes del escrito:

Hay que buscar las raíces. El origen de etapas, de toda una época en la historia esta ciudad que ha dado tanto de qué hablar y escribir; y de la que algunos han pretendido que nada se hable ni se escriba: el sectarismo ha sido un fenómeno que se ha denigrado, ensalzado, ocultado, esgrimido o exagerado según las convicciones políticas y religiosas, según los intereses personales de todo tipo.

Durante los últimos años del siglo XIX, el viejo mito del colono labrador, componente de una bien ensamblada familia, se estaba viniendo abajo. Y como suele suceder en estos casos, lo que ocurría era que la realidad en que se fundaba la creencia se había desvanecido hacía tiempo. Las primeras personas vivían en una cruda separación en su seno, entre los mantenedores de las viejas costumbres y tradiciones y los valores de las nuevas comunidades. Los primeros habitantes, los indígenas, prefirieron marcharse de este lugar a verse absorbidos por lo que ellos consideraban un ultraje a sus antiguos conocimientos. Aunque, es de admitirse, que hubo algunos pocos que se convirtieron a la nueva sociedad con la esperanza de encontrar un nuevo sistema de valores y costumbres. Así mismo, los nuevos colonos adoptaron y transformaron el sistema de creencias y tradiciones de los antiguos indígenas. Tomaron algo de aquí y de allá y, al final, lo mezclaron todo y crearon una nueva secta-culto-religión.

Aún así, las pequeñas comunidades rurales asentadas en lo que hoy es Silent Hill (el verdadero nombre del pueblo nadie lo sabe, debido a que nunca hubo registros históricos, muchos datos se transmitían de manera oral y los eventos se perdían o formaban parte de leyendas) se iban cohesionando y fortaleciendo en sus principios, y la aversión contra la maldad se manifestaba en el excesivo puritanismo y la religiosidad.

Cabe pensar que los núcleos industriales del pasado siglo eran centros de corrupción y degeneración humana. Sin embargo, un estudio mínimamente serio de la cuestión revela que había mucho de fanatismo religioso en aquellas creencias, ya que los “vicios” eran desfigurados y abultados en boca de los enfervorizados detractores de la urbe.

Sé que existe un Culto, creado por personas importantes e influyentes de la ciudad. Sus prácticas vienen de enseñanzas barbáricas de tiempos muy pasados y hoy en día buscan algo más que el simple poder. No podré descansar hasta encontrar el meollo del asunto. Es una secta muy cerrada y nadie desea dar entrevistas. Pareciera que temen algo. Seguiré investigando.

 
Joseph Schreiber

 

Continuará