El Diario Perdido de Alessa 5

Septiembre 5. No hubo clases en la escuela. Ocurrió una tragedia. Mientras regresábamos al transporte escolar alcancé a escuchar a uno de los maestros que decía: “¿pero cómo es posible? Tan joven y llena de vida”. A una maestra le oí decir: “Quitarse la vida de ese modo…”

Solo hasta después supe, recabando trozos de comentarios de los demás, que la maestra Moore había tomado su vida con sus propias manos. La encontraron en el laboratorio del segundo piso, recostada sin vida. Cerca de ella se encontraba un vaso de precipitado vacío que el señor Gucci se llevó para analizar. Las últimas personas que la vieron la observaron subir las escaleras con paso lento y sin hablar con nadie.

El oficial Gucci es una buena persona y muy inteligente. Dicen los demás que su trabajo consiste en investigar las cosas malas que hace la gente y que no quiere ser descubierta. Pues él lo hace. Los descubre y los mete a la cárcel. Un niño del salón de clases me comentó una vez que el señor Gucci trabaja para una comisión especial y que el año pasado hizo una presentación en uno de los salones para los niños de grados avanzados hablando del peligro de ingerir drogas, y cómo estas destruyen nuestro cuerpo y nuestra mente. Que cualquier cosa rara que supiéramos con respecto a ellas, se la informáramos a nuestros maestros.

Una vez el oficial Gucci me obsequió un caramelo de cereza mientras me preguntaba cómo era el trato de mi madre para conmigo. Yo le contesté que mi madre era muy buena conmigo. Me preguntó si muchas personas la visitaban a ella en la casa, y yo le dije que sí, pero que probablemente lo hacían por el negocio de antigüedades que ella administra. Se veía muy interesado en las cosas de mi madre. Ahora que recuerdo, la maestra Moore era una de las personas que muchas veces visitaba a mi madre en casa. Una vez se fue llorando de allí. Lástima que olvidé mencionárselo  al señor Gucci.

Septiembre 6. Hoy vi en la iglesia a un nuevo alumno de las clases especiales. Es delgado, de apariencia enfermiza y usa gafas, que a cada momento se las acomoda. Llevaba un libro bajo el brazo. Las clases especiales nos las imparten los ministros de la iglesia Balkan. Mi madre es una de ellas y nos enseñan cosas de filosofía, religión, ética y muchas cosas más. El chico nuevo tiene pinta de filósofo. Es muy amable y rápidamente se hizo amigo de Claudia. Al principio ella lo ignoraba, pero terminaron ambos comiendo emparedado acompañado de un vaso con jugo de uva.

Septiembre 9. Hoy fuimos al parque de diversiones Lakeside, tal y como nos prometió mi madre. Claudia y yo anduvimos por todos los juegos mecánicos y nos divertimos mucho. Cerca de la entrada nos recibió un gran conejo rosa que nos regaló pases para el carrusel, mi juego favorito. Mientras dábamos vueltas sobre los caballitos, logré ver a mi madre hablando con un hombre canoso y con una mujer joven. Con cada vuelta que daba, veía que la pareja solo movía la cabeza afirmativamente. Nunca los había visto antes.

Después de andar en el carrusel, Claudia y yo nos dirigimos a la tienda de dulces. Compramos golosinas y, al salir del local, nos quedamos un rato sentadas en las bancas cercanas a la entrada. No pasó mucho tiempo hasta que mi madre vino por nosotras y nos marchamos a casa. Fue antes de llegar a casa de Claudia que noté la niebla de nuevo. Le comenté a mi amiga que esa neblina me daba escalofríos. Recordé las criaturas aladas de la novela El Mundo Perdido ?que después supe se llaman pteranodontes?, y pensé que no me gustaría que uno de esos animales surgiera de pronto de la niebla y me llevara con él.

Septiembre 13. La policía sigue investigando en la escuela sobre la muerte de la maestra Moore. Unos oficiales se encargaban de hacerles preguntas a los demás docentes y anotaban las respuestas en blocs de notas. Al parecer, según rumores de pasillo, era muy extraño que la mujer se quitara la vida siendo que nunca sufría de depresiones o problemas que ameritaran escapar por la puerta falsa. No sé por qué no me siento mal ahora que ya no está. El 10 de septiembre se supo también que el director del hospital Alchemilla había fallecido en circunstancias muy extrañas. Hombre de edad pero por demás muy sano.

Una amiga de Claudia le comentó que espiando tras la puerta del director alcanzó a escuchar a un oficial que le decía que las pruebas de laboratorio habían demostrado trazas de una sustancia farmacológica desconocida. Una muestra fue enviada a otro laboratorio para saber qué era exactamente. También estaba el asunto del sobre con polvo blanco que encontraron en el armario de la maestra, al parecer era de origen vegetal. En ese momento, una maestra se dio cuenta de su presencia y la envió de vuelta a su salón de clases.

Al llegar a casa tomé mi enciclopedia y comencé a buscar las palabras raras que escuché hoy. Entonces supe que ciertas plantas tienen propiedades para matar a una persona si era ingerida. Otras causan que las personas vean cosas que no están ahí. Muchas plantas son quemadas y el humo también tiene propiedades especiales. Algunas plantas debido a estas particularidades son usadas en rituales religiosos.

Septiembre 16. No dejo de pensar en las cosas que leí en la enciclopedia. Plantas usadas en rituales. Recordé que en el tercer piso del hospital Alchemilla, donde está la oficina del jefe de enfermeras, vi un libro que hablaba de plantas y sus usos. ¿Estará todavía allí?

Septiembre 19. Hoy volví a ver a Vincent. Siempre con un libro bajo el brazo y acomodándose las gafas. Me saludó y me preguntó por Claudia. Le dije que estaba en la biblioteca y, cuando se iba a dar media vuelta. le pregunté por el libro. “Nada importante”, me dijo, “es sólo un libro de cosas ocultas”. Me lo prestó para verlo bien. Abrí el libro y observé que en casi todas las páginas había dibujos grotescos y símbolos raros. Vi algunos diagramas peculiares con líneas formando formas geométricas. Hubo un dibujo que, no sé porqué, pero me llamó poderosamente la atención. Se lo indiqué a Vincent. “Ah, ese es un emblema muy especial”, comentó, “tiene gran poder para alejar a los seres perversos”. Le regresé el libro y cuando iba camino a la puerta, le alcancé a escuchar: “Su nombre es Metatron”.