El Diario Perdido de Alessa 8

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Noviembre 6. No fue mi intención. Fue algo que sucedió repentinamente que no pude controlar. Él lo comenzó todo y…

Stanley me regaló otra muñeca y yo la acepté de buen grado. En el recreo uno, Johnny o’Sullivan, el bravucón de la escuela se acercó y me la arrebató. Cuando quise quitársela, se la lanzaba a otros de sus compinches. Fingían que finalmente me la devolverían, pero cuando iba a tomarla, la volvían a lanzar fuera de mi alcance. En un momento pude tomarla, pero por más fuerza que empleaba, no podía quitársela a Johnny de las manos. Fue entonces que me dio un golpe en la frente para alejarme de él.

Cuando caí cuan larga era, y eso me hizo enfurecer. Y en ese momento todo ocurrió como en cámara lenta. Alcancé a ver cómo Johnny dejaba caer la muñeca y colocaba sus manos a los lados de su cabeza. Gritó como un loco y de las narices comenzó a brotar un hilo de sangre. En las mesas del patio, los vasos y los platos donde los demás niños comían sus lonches, empezaron a vibrar violentamente derramando los contenidos en piso y blusas de los dueños. Los ventanales de las aulas crepitaron y algunas explotaron en cientos de partículas que cayeron sobre los observadores.

Johnny, el niño más bravo de la escuela, el que gusta de hacer daño a los demás por la diversión que le causaba, ahora estaba llorando: “¡Duele, duele muchoooo!” Cayó de rodillas sin soltarse la cabeza y se desmayó.

Todo terminó igual de rápido como empezó, los demás niños comenzaron a corear: “¡Bruja! ¡Es una bruja!”; los de grados avanzados gritaban al unísono: “¡Maldita, ojalá te quemen en la hoguera! ¡Ese es el fin que tienen las brujas!”. Todos gritaban y me sentí mareada.

Comenzaron a lanzarme objetos al rostro y yo corrí. Atravesé la puerta del pasillo principal al momento que salían los maestros para ver que sucedía. Corrí y me refugié en el baño de niñas. Me acurruqué en uno de los cubículos y empecé a llorar. ¿En qué me he convertido?

Noviembre 7. El olor ácido me despertó. Varias personas mayores estaban alrededor de mi cama. Me hacían preguntas como cuándo fue la primera vez que me había ocurrido algo así, que sentía al hacerlo, si me daba calor en el cuerpo mientras canalizaba mi “poder”. ¿Poder? ¿De qué estaban hablando? Y ese olor espantoso me mantenía mareada y empezaba a dolerme la cabeza. Allí estaba el Dr. Kaufmann, mi madre y Leonard, el padre de Claudia. Toda la situación parecía una fiesta macabra y yo era la festejada y centro de atención. Mi cuerpo estaba cubierto por una capa de aceite. ¡De allí provenía el olor! Todo parecía dar vueltas como si estuviera dentro de un remolino. Escuché a un hombre decirle a otro que entraba por la puerta: “Apague su cigarrillo, es muy inflamable…”

Oí a mi madre dirigirse al hombre que recién entró y que apagaba su cigarrillo: “Señor Baldwin, lo esperaba más temprano; sus donaciones son muy apreciadas”. El hombre sólo contestó: “Pues espero en noviembre recibir un buen regalo por parte suya”. Todos rieron. Otro hombre, cerca de la puerta dijo: “esperamos recabar más datos acerca del ritual y completar el proceso, en teoría al menos, para llevártelo a tu casa lo más pronto posible Ernest. Recuerda que la Sagrada Asunción es algo que no se ha hecho desde hace muchos años. Ni siquiera hay datos fidedignos de que se haya llevado con éxito el ritual entre los indígenas”.

Y ya no recuerdo más. Me desmayé.

Noviembre 12. En la escuela todos me evitan. Sólo Claudia y Stanley son los únicos que me hablan. Inclusive los demás profesores me miran de reojo. Mi maestra da la apariencia de que trata de disimular sus sentimientos de aberración hacia mí, o tal vez me equivoque en mi juicio. Todo parecería igual en el salón de clases con la única excepción de que o’Sullivan fue transferido a otra escuela, en Brahms. En el transporte escolar todos trataban de sentarse lo más alejados de Claudia y de mí.

Yo traté de fingir que nada había pasado y seguí mi vida normal.

Noviembre 13. Los maestros mandaron llamar a mi madre y estuvieron charlando con ella durante mucho tiempo. No supe que fue lo que discutieron. Al final del día de clases fue por mí y me montó en al coche, y sin esperar a Claudia nos marchamos a casa.

Noviembre 16. El resto de la semana fue igual. Los compañeros de clase me trataban mal y me lanzaban cosas al rostro. Me gritaban “bruja” y “hechicera” y que me iba a ir al infierno.

Noviembre 20. Una de las lagartijas se escapó del laboratorio de ciencias naturales y por más que buscamos no pudimos encontrarla. Por mí, mejor no hallarla. Les tengo pavor a esos bichos. Uno de los alumnos dibujó una a la que bautizó como Birry. Birry no duró mucho con nosotros porque terminó en la mesa de disección de clases avanzadas.

[Recorte de periódico]

No tengo ninguna duda de que el culto en Silent Hill tiene deseos de revivir los rituales antiguos. Silent Hill es un pueblo erigido en tierra sagrada. Muchos reconocen en la Orden un grupo de visionarios fanáticos que tienen por misión traer nuevamente a la vida una antigua deidad pagana. Una diosa que nació y murió en estas tierras que al ser resucitada traerá redención y una vida llena de bendiciones a los habitantes de esta tierra.

Investigando en libros de ciencia oculta, encontré que las creencias de la Orden tienen paralelismos muy marcados con el sistema de fe de los Wicca. Sin embargo, estos últimos solo adoran a una diosa, un poder femenino, pero de ninguna manera tratan de volverla a la vida. De esta diosa nace un dios que ellos llaman Samhain (nombre que significa “el final del verano”). Se rumoreaba que en la Casa Wish torturaban niñas para que, con el dolor que les infligían, se abriera el camino por el que regresará esta deidad. ¿Estaban buscando entre todas esas infelices a una en especial? ¿Una que sirva como medio de transporte espiritual? Intenté por todos los medios entrar a ese lugar, pero se me negó el paso. El juez de la corte emitió una orden de cateo, pero la policía no encontró nada raro y dejaron las cosas por la paz. Hace más de dos semanas que las mismas personas que me informaron de los lamentos infantiles, ahora cuentan que todo es tranquilidad. Ya no escuchan ni gritos ni lloros. ¿Habrán encontrado a la persona idónea para que sirva de incubadora a esa deidad pagana? Me aterra solo de pensarlo.

La diferencia principal entre los Wiccas y la Orden es que los primeros tienen raíces celtas, en cambio, los miembros de la Orden, al parecer pretendieron mezclar creencias indígenas americanas, aztecas y mayas. Es tan poca la información que no puedo sacar nada en concreto.

¿Si lo anterior es verdad, cómo desean traer a la Tierra una deidad por medio del sufrimiento y el dolor para que traiga paz y felicidad? Eso es algo que no comprendo. Lo que pude indagar es que, quizá al igual que con los Wiccas, la Orden tenga una fecha para la ceremonia. Y esa fecha debo conocerla si es que quiero detener una posible tragedia. No tengo pruebas de sus fechorías ni de sus acciones rituales, sin embargo, seguiré investigando.


Joseph Schreiber

 

Continuará: El Gran Final