El Diario Perdido de Alessa FINAL

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Noviembre 24. Mi madre volvió a golpearme. Quería que le mostrara cómo es que podía mover objetos y tirarlos al suelo. Yo le dije que no podía hacerlo conscientemente, pero ella no quiso escuchar esa explicación. Me tomó de las manos y gritándome, me agitó violentamente para que le mostrara “un pedacito de mi poder”. No sé qué es lo que quiere o qué pretende. Estoy confundida. Mis manos tienen las marcas de sus uñas y me arden. Salí corriendo de la casa mientras ella me perseguía. En eso, un auto se detuvo y el conductor vio lo que pasaba. Quiero pensar que esa persona dio aviso a la policía ya que dos uniformados aparecieron en la casa y le hicieron preguntas a mi madre. Telefonearon a un médico para que me examinara, y el que se presentó fue el Dr. Kaufmann. Llenó unos papeles y les dio una copia a los oficiales. No pude leer lo que estaba escrito, pero quizá para los oficiales fue suficiente ya que montaron en su patrulla y se fueron.

Noviembre 26. Mi madre me ha mandado confeccionar un vestido nuevo. No lo he visto, pero espero con ansias que me lo muestre. Por la tarde apareció Leonard junto con otras personas, todas vestidas de negro, hombres y mujeres. Mi madre me dijo que subiera a mi cuarto y que me encerrara. En este momento estoy escribiendo mientras escucho los murmullos de los visitantes en el piso de abajo. Trataré de espiar sin que me noten.

He regresado, querido diario. No entendí casi nada de lo que las personas hablaron con mi madre. Solo pude pescar algunas palabras y frases a las que no les encuentro sentido: “en cuatro días habrá luna llena”, “el ritual está listo”, “el altar del León Verde está preparado”, “las dos cofradías están invitadas”, “los elementos y las herramientas están a punto” “la noche es la precisa y no puede ser cambiada.” Una mujer de quien no reconocí la voz dijo: “El Halo del Sol y las velas están preparadas… tu nombre y el de Alessa están inscritos… y el Flauros ha sido desarmado.”

Tengo miedo.

Noviembre 27. Mi madre fue muy lejos esta vez. Al no poder mostrarle lo que ella quería me encerró en un armario lleno ropa vieja y polillas. Fue espantoso. Sentí cómo se me subían y caminaban sobre mí. Yo grité con todas mi fuerzas pero nadie acudía. Me acuclillé y empecé a llorar. Los insectos se enredaban en mi cabello y cuantas más jalaba, más sentía a mi alrededor. Nunca vi a mi madre comportarse de esa manera conmigo. Ella me decía que yo era muy especial, única.

Noviembre 29. De nuevo los niños comenzaron a gritarme bruja durante el receso. Una de las niñas me lanzó goma de mascar que se me enredó en el cabello. Corrí y ellos me siguieron hasta el corredor principal de la escuela. No tuve opción mas que bajar al sótano y ocultarme en el cuarto de calderas.

No sé cuanto tiempo estuve en ese lugar. El aire era húmedo y caliente. Algo llamó mi atención y giré la cabeza hacia el origen del ruido. Era la lagartija fugitiva. Trate de evitarla y cuando iba a abrir la puerta para salir del cuarto de calderas la maestra Gordon entró. Se acuclilló y me tomó de los brazos. Sintió cómo temblaba y me arremangó las mangas de la blusa del uniforme. Me miró las marcas en mis antebrazos y me preguntó si mi madre me hacía daño. No supe que decir. Ella insistió y tuve que confesarle que a veces mi madre trataba de disciplinarme. La maestra sólo movió la cabeza negativamente.

Ambas salimos del lugar y nos dirigimos a la oficina del director. Me pidió que me sentara en el sillón y luego se retiró un poco y sacó un teléfono. Comenzó a hablar con alguien por lo bajo. No podía escuchar muy bien lo que decía, solo pequeños fragmentos. Mencionaba cosas acerca de un amigo, dijo mi nombre y cómo hace un año ella había notado mis marcas, mencionó algo acerca de reportar a la policía.

Me levanté de mi asiento y a señas le indiqué a la señorita Gordon que iba por un vaso de agua. Al atravesar la puerta, una de las maestras de cuarto grado, que estaba muy cerca de la puerta, rápidamente se retiró del lugar. ¿Fue mi imaginación o realmente estaba escuchando a través de la puerta?

Todo el tiempo estuvo la maestra conmigo. Cuando terminó el horario escolar, me acompañó al transporte. Nos despedimos y fui a sentarme. Ya arriba en el autobús, vi por la ventana que buscaba algo en su bolsa. Bajé un poco el vidrio y le pregunté si todo estaba bien. “Todo bien, Alessa, es solo que no encuentro la llave de mi casa. No importa, tengo en mi casillero una de repuesto”.

Noviembre 30. Hoy unos niños escondieron un gato en mi casillero. Lo hicieron con la intención de asustarme. El pobre animal quería salir. Cuando abrí la puerta, el gato salió de un brinco. Saqué el libro que necesitaba y cuando quise regresar, una de las puertas de un casillero se abrió repentinamente. De dentro salió uno de los chiflados del salón empuñando un cuchillo de cocina. Grité y el niño rió a carcajadas. “los gatos son los compañeros de las brujas y también los queman en hogueras junto a ellas por hacer hechizos malignos”.

Mi madre fue a recogerme por la tarde y me llevó a casa. Ya en el hogar, me bañó, me puso ropas nuevas, peinó mi cabello y me embarró una especie de perfume. Me encerró en mi cuarto pidiéndome que no saliera por nada. Mi madre contestó el teléfono que no paraba de sonar. La oí decirle a alguien en el otro lado de la línea que ya se habían ocupado del “asunto Gordon”. No puedo imaginarme a qué se refería con eso.

[Esta parte del diario es casi ininteligible. Pareciera que fue escrito con mucha prisa, como si la niña quisiera ganarle tiempo al reloj]

Mi madre se ha vuelto loca. Cuatro hombres y dos mujeres entraron al cuarto al final de las escaleras. Mi madre me jaloneó para meterme en ese lugar que apestaba a esa sustancia aceitosa que me pusieron. Yo me tiré al suelo. Ella me dijo que unas personas importantes deseaban verme. Que yo era parte importante en una ceremonia que se iba a llevar a cabo y que necesitaba un poquito de mi poder. Yo le dije que no deseaba eso, que sólo quería estar con ella y con nadie más. Ella empezó a hablar cosas raras.

Alguien le gritó desde el otro cuarto. Mi madre me soltó y entró por la puerta. A través del resquicio pude ver un círculo de color rojo pintado en el suelo. Había veladoras por todas partes. Entré a mi cuarto y cerré con llave.

Tal vez sea lo último que escriba en ti, querido diario. Escucho a mi madre discutir con alguien. Creo que es el doctor Kaufmann y parece enfadado. Por si algo malo pasa, te lanzaré por la ventana apenas termine de escribir. Espero que alguien te encuentre. A lo lejos, cerca de la carretera, puedo ver como se levanta la niebla. Ha empezado a llover.

Ya están enfrente de mi cuarto.
Golpean fuertemente la puerta. Gritan pidiendo que les abra y yo no quiero abrirles.

Pero sé que de un momento a otro la puerta cederá.