Los archivos perdidos de Resident Evil: El Pensamiento Lateral

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En tiempos en que eran unos pequeñines, Alexia y Alfred Ashford, cuando no estaban torturando libélulas,se ponían a vender manzanas en el vecindario donde vivían. Cada uno tenía su propio local fuera de su residencia hecho a base de cajones de madera, una canasta y varias bolsitas de plástico para colocar la mercancía vendida (en aquel tiempo no existían las modernas bolsas ecológicas biodegradables).

Alexia vendía sus manzanas a dos por dólar. Mientras que Alfred, quien quería poner el honor de su negocio en lo más alto, las vendía a tres por un dólar. Un día, decidieron hacer una sociedad juntando sus dos negocios. Pensaron en vender, lógicamente, las manzanas a 5 piezas por dos dólares. Al final, se repartirían el dinero. Ambos juntaron en una sola canasta sus productos, 60 manzanas en total.

Estaban los hermanitos muy felices porque al finalizar la jornada acababan de vender el último paquete de cinco manzanas. Pero, ¡horror de horrores! Cuando contaron el dinero ganado descubrieron consternados que faltaba un dólar en la caja registradora. “¡¿No se supone hermanita que eres un genio?!”, dijo Alfred, “A ver, explica de manera convincente por qué falta un dólar en la caja?”. “Qué extraño  es todo esto”, replicó Alexia. “Tú vendías 3 manzanas por dólar, y yo 2 por dólar. Tres más dos son cinco. Tu dolar de venta y el mío son dos. Lógicamente debíamos venderlas a 5 manzanas por dos dólares.” “He revisado los datos de compra y venta y todos han salido correctos.” Dijo Alfred, “el arqueo de caja es correcto también, así que, para no pensar que metiste mano a la caja y quieras fastidiarme todo lo que resta de la semana, ve pensando cómo se soluciona esta situación. ¿Qué fue lo que pasó?”

En efecto, si cada quien hubiese vendido su mercancía de manera separada, habrían obtenido 15 dólares, Alexia; y 10 dólares, Alfred. Total: 25.00 dólares. Mientras que vendiéndolas juntos sólo han recaudado 24.00 dólares.

¿Puede algún gentil lector de este blog, explicar en menos de 4 minutos antes de la detonación, porqué ocurrió este desastre económico? ¿Dónde quedó el dolar perdido?

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Mientras Barry Burton y Jill Valentine investigan qué sucedió con Chris, se quedan observando el reloj de péndulo que se encuentra en el gran comedor de la Mansión Spencer. Aunque hace tic tac, notan que las manecillas no se mueven. De pronto, Barry le pregunta a Jill: “Mira Jill, aquí hay dos relojes: el mío, y este de péndulo. Como ves, el de péndulo está parado. Sin embargo, el mio, que como verás es de Mickey Mouse, atrasa un minuto al día. Quiero que pienses, mientras vas a investigar al otro lado de esa puerta, y me digas cuál de los dos es más exacto".

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Cuando Jill llega al reloj de San Michael y pone a funcionar las campanadas se preguntó: “Mmm, Si la campana tarda 5 segundos en dar 6 campanadas… ¿Cuánto tardará en dar 12 campanadas?”

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Jill y Carlos Oliveira van en el tren eléctrico desbocado a 150 kilómetros por hora después de que Mikhail dio su vida por salvarlos a ellos. Mientras tratan de ver cómo salir de esta situación tan apretada, Carlos le pregunta a Jill: “Oye, si vamos en este armatoste de Norte a Sur y el viento corre de Este a Oeste… ¿En qué dirección se irá el humo del tren?”

La realidad es que todas estas preguntas requieren de pensamiento lateral. Es tratar de encontrar una respuesta pensando con mente abierta. El término fue acuñado por Edward de Bono para describir un tipo de pensamiento diferente al convencional o lógico.

Los personajes de resident Evil pertenecen a Capcom

El Viejo de la Montaña y los Asesinos

Hace poco más de mil años (en el siglo XI), en la inexpugnable cúspide de las montañas de Persia, se alzaba la fortaleza del Alamut (Nido de Águilas) desde donde dominaba el Asia Menor la sombra tenebrosa de un personaje conocido simplemente como el Viejo de la Montaña. Durante mucho tiempo, el Viejo de la Montaña fue considerado un fruto de la fantasía del célebre Marco Polo, que hace mención de él en el relato de sus extraordinarios viajes. Más tarde, los testimonios de los cruzados y, finalmente, las recopilaciones históricas tanto de los musulmanes como de los cristianos, han reconstruido la verdad, quizá de manera más más extraordinaria que la leyenda.

Historia
Hassan Ibn Saba (o también Hasan ibn al-Sabbah) era un jefecillo local de las tribus montañesas de Persia, que había tenido oportunidad de servir como mercenario a los califas de Bagdad. Sus observaciones sobre la política del mundo musulmán le hicieron ver con toda claridad que con una gran dosis de audacia tendría posibilidades considerables de adquirir poder. En una ocasión dijo: “¡Denme  una docena de hombres incondicionales y dominaré el país!”.

De algún modo, Hassan logró hacerse fuerte en la montaña para poner en marcha sus planes. Construyó la fortaleza de Alamut como sede de su futuro poderío, y para guardar la entrada del jardín misterioso que encerraba el secreto de su fuerza. Hassan fundó una secta sistemática dentro de la religión de Mahoma (los ismaelitas) y así atraía a jóvenes aspirantes quienes eran sometidos a un severo entrenamiento tras los muros del castillo.

Al tiempo que se les hacía escuchar pláticas de narradores especializados en cantar las alabanzas del paraíso de los fieles y asistir a largas lecturas del Corán, eran entrenados en las artes de la guerra, y en el uso de su arma ritual: dos largos cuchillos corvos que aprendían a utilizar con fría efectividad. Eran tan diestros en el manejo de sus armas blancas que podían matar rápido y sin dolor, o lento y con sufrimiento; todo dependía de cuál fuera la orden recibida. El uniforme de los ismaelitas consistía en vestiduras blancas con cinturón y babuchas color sangre.

La vida en Alamut no era nada fácil, todos vivían en austeridad completa y bajo una férrea disciplina. Una leyenda cuenta que Hassan era tan severo que no dudó en mandar ejecutar a sus dos hijos a manera de ejemplo. El mayor, Ustad Husain fue ajusticiado debido a una falsa acusación criminal, y a su otro hijo, Muhammad,  lo mandó ejecutar simplemente por haber bebido vino.

Una vez que su vocación guerrera, su lealtad y el grado de su fe eran comprobados, se invitaba a los adeptos a un banquete muy especial en compañía de Hassan. Al final de la reunión, eran intoxicados con hashish (extracto estupefaciente de las flores secas del cáñamo) y llevados sin sentido al interior del jardín tan celosamente custodiado. Según otros historiadores, los adeptos eran intoxicados con opio y no con hashish.

Cuando lo neófitos recobraban la lucidez, se encontraban rodeados de las más bellas y complacientes doncellas de Persia que los regalaban con vinos, golosinas y caricias enervantes. Esta era una pequeña “muestra” de lo que les esperaba después de la muerte si seguían siendo fieles a la secta.

Después de varios días de habitar los lujosos y discretos pabellones que albergaba el jardín, nuevamente se hacía perder el sentido de los adeptos, que lo recobraban en los cuarteles donde eran sometidos nuevamente a la férrea disciplina de la orden. Pero ya habían gozado de una muestra de los deleites que premiaban su fidelidad y de ahí en adelante, aceptarían cualquier misión, por peligrosa que fuera, deseando morir en la empresa para volver a los brazos de las huríes.

Con servidores de esa talla, Hassan empezó su campaña terrorista en contra de los príncipes vecinos. Su táctica era sencilla: con el depurado estilo que siglos más tarde pondrían en práctica los gangsters de Chicago, vendían “protección” o los servicios de sus puñales para eliminar rivales políticos. Una vez señalada la víctima, partían tres adeptos dispuestos a matar. Las mezquitas y la hora de oración eran los mejores lugares y momentos respectivamente, para realizar el atentado. Los criminales atacaban escalonadamente para asegurarse de que el segundo o tercero de ellos podría terminar la faena en caso de que el primero no diera muerte al sentenciado.

Nacimiento de una nueva palabra

Debido a su costumbre de intoxicarse antes de cada misión con hashish (Cannabis), que relacionaban directamente con el paraíso y las doncellas, y al nombre de su jefe Hassan, pronto fueron conocidos como los hashshashín (?????? o según otra grafía: hassassins) que posteriormente derivaría en “Asesinos”.

El ministro Nizam al Mulk , sabio consejero del califa Omán, fue su primera víctima de importancia. Su muerte apresuró la decadencia del imperio Selyucida y Hassan aprovechó el caos para asesinar a Maudud, señor del Norte, con lo que aseguró el tributo de los demás caciques, a quienes el terror había doblegado. Algunos emires y sultanes que intentaron hacerle la guerra, cayeron pronto bajo los puñales de los ismaelitas. Muchas veces no era necesario matar. Cuando un emir enemigo encontraba al despertar dos puñales clavados a los lados de su cabeza, la advertencia producía el efecto deseado.

Se cuenta que sabio filósofo predicó en contra de la secta y su sanguinario jefe. Una noche, en la soledad de su estudio, fue asaltado por un asesino que le hizo sentir el filo de su corvo cuchillo en el cuello, sin causarle daño. El intruso no habló siquiera y se marchó tan rápido y misteriosamente como había llegado. A partir de ese momento el maestro suspendió sus discursos condenatorios y cuando sus discípulos le preguntaron la causa de tan repentino cambio de opinión, él respondió sonriendo:

?Los ismaelitas disponen de argumentos irrebatibles. Loado sea Alá.
Poco a poco la secta fue apoderándose, ya fuera comprándolas o despojando a sus legítimos propietarios, de todas las fortalezas situadas en lugares que dominaban valles y ciudades. Donde no las había, Hassan las construía aprovechando los accidentes topográficos que permitían defender los fuertes con solo un puñado de hombres.

Los ismaelitas abrieron los brazos para recibir en su seno a los fugitivos y los proscritos, además de los iluminados. A la muerte de Hassan, en junio de 1124, su imperio se extendía desde Samarkanda hasta El Cairo. Uno de sus más fieles discípulos le sucedió como Gran Maestre de la Orden y tomó el nombre de Shayj al-Yabal (Shaikh al’ jebal según otra grafía) que significa el “Viejo de la Montaña”. Los sucesores emplearon el mismo nombre de tal modo que se creó una leyenda de inmortalidad para el jefe de la secta.

La orden tenía sus grados y estos eran:
Predicadores. Se encargaban de la parte diplomática, transmitían las amenazas y hacían labor de zapa, propagando el desconcierto.
Fedawis. Verdaderos asesinos fanáticos. Eran los responsables directos del éxito de la sociedad.
Compañeros. Eran quienes tenían a su cargo la defensa de las fortalezas, recababan los tributos y preparaban el ataque de los fedawis.

En 1169, Nur ad Din reinaba en Damasco después de haber concertado una tregua con los cruzados. Amalarico reinaba como un rey cristiano en Jerusalem y no tardó en volver sus ojos hacia Egipto donde el califato se tambaleaba por intrigas palaciegas. Nur ad Din envió a Shirkuh, su principal jefe guerrero, para defender el territorio musulmán. Amalarico huyó para buscar apoyo de los bizantinos y Shirkuh entró victorioso en el Cairo. Lo acompañaba su sobrino Saladino, joven kurdo inteligente y combativo. Pronto murió Shirkuh y Saladino fue nombrado visir en su lugar. De inmediato destacó como un enérgico administrador y unificador.

Los musulmanes, que aborrecían ver a los infieles cristianos apoderados todavía de las costas de Siria y Jordania, veían en Saladino un jefe natural para una Jihad (guerra santa). Pocos años después murió el califa Nur ad Din y casi en seguida el rey Amalarico. Saladino tomó el poder por asalto e inicio la persecución de los rebeldes y disidentes para unificar a la nación antes de la guerra contra los cristianos. Entres los perseguidos se contaron los ismaelitas y no tardaron éstos en lanzar a los fedawis contra el nuevo califa.

Una tarde entraron los tres asesinos consabidos en la tienda de Saladino. Uno de ellos logró herirlo antes de caer muerto por la mano del mismo califa mientras que los otros dos fueron destrozados por los guardias. Saladino decidió atacar en forma definitiva, y marchó a la fortaleza de Massiaf, cuartel general de los ismaelitas de Siria. Después de poner sitio al castillo realizó varios asaltos infructuosos. Una noche, despertó el califa para encontrar a su lado un puñal atravesando un mensaje en el que se le ofrecía una tregua. A la noche siguiente se redobló la guardia y se esparció harina alrededor de la tienda. A pesar de ello, por la mañana aparecieron marcadas huellas que entraban y salían del aposento de Saladino.

Nuevamente hubo otro ofrecimiento de paz. Comprendió el califa que sus enemigos jamás cejarían en sus atentados y que su vida estaba en manos de los fanáticos y levantó el sitio. No molestó más a los ismaelitas ni estos a él.

Los tiempos modernos han dado nuevas sectas de asesinos. La segunda mitad del siglo XIX vio aparecer a los Thugs, los estranguladores de la India, adoradores de la diosa Kali, que atacaban a los ingleses con lazos de seda para ahorcarlos. La influencia pacifista de Gandhi terminó con los ataques de estos fanáticos, ya bien entrado el siglo XX. La Sociedad del Dragón Negro en el Japón, de 1930 a 1940, mataba a los opositores del militarismo Nipón.

Muchos creen que la razón del éxito de la antigua secta de los Hashshashín haya sido la astuta combinación del factor fanático, la promesa de una vida de sensualidad en el otro mundo, y la habilidad para dirigir con clara visión las mentes de los adeptos hacia un objetivo particular.