Forever in Blue Jeans

Levi Strauss

Sí. La humanidad sevolvió loca con los blue jeans, conocidos en el mundo dehabla hispana como pantalones de mezclilla. Los que antes eranpantalones prácticos de los granjeros, mineros o leñadores, hoy sepavonean por las calles de todo el mundo. Tanto en el trabajo como enel ocio. Se encuentran a sus anchas en el hogar y en los palacios.Inclusive en fiestas de caché. Se dice que Norman Mailer (1923-2007)y el actor Marlon Brando (1924-2004) se presentaban en mezclilla enreuniones de rigurosa etiqueta. Los pantalones de mezclilla sellegaron a importar de contrabando en los países de Europa Orientalcon un 900% del costo original. Aún hoy, los recintos universitariosestán inundados de jeans unisex que deberían proclamarlos eluniforme oficial.

Los jeans son lospantalones más populares del mundo, se fabrican en todos loscontinentes con excepción de la Antártida y la producción mundialoscila entre los 500 y los 1000 millones. Las fábricas utilizan 330millones de metros cuadrados de asargada tela de algodón que seconoce como denim, principalmente para la confección dejeans. ¿Cómo explicar este furor? Los jeans están de moda, no soncaros, son resistentes y cómodos. Los hay de 10 y de hasta 300dólares dependiendo del diseñador.

Quizá lo más importantees que estos pantalones encarnan una idea, un concepto, son elsímbolo de una actitud de inconformismo y de espontaneidad.Representan un estilo de vida contra todo lo solemne. Y no escoincidencia que tanto el estilo de vida como la prenda mismatuvieran su origen en los pintorescos días de libertad de la Fiebredel Oro en California.

Levi Strauss (LöbStrauß, 1829-1902), un inmigrante bávaro de 20 años, llegó en unbuque de vela a San Francisco en 1850 a buscar fortuna en los camposauríferos. Llevaba consigo una provisión de telas, entre ellas unpoco de lona parda pesada que pensaba vender a los mineros para quehicieran sus tiendas de campañas y los toldos de sus carretas. Alfinal descubrió el buen Strauss que los mineros no usaban tiendas decampaña, pero observó que pocos eran los los cateadores quedisponían de ropa lo suficientemente fuerte para resistir la rudavida de las excavaciones. Con el ojo en el negocio, no tardó enconseguirse un sastre que le convirtiera en pantalones aquella telafuerte de lona. Corrió la voz de que los “pantalones de Levi”eran los más resistentes y se vendieron rápidamente.

Convencido de que habíadado en el clavo, Levi abrió en San Francisco un taller para laconfección de ropa de trabajo (cerca de donde la compañíaconstruyó el edificio Levi Strauss, de 29 pisos). Cuando se le acabóla lona, se pasó a una tela fuerte de algodón que originalmente sefabricaba en Nimes (al sur de Francia), llamada por ello serge deNimes, que pronto se abrevió a denim. Los marineros genovesesusaban desde mucho antes unos pantalones de tela parecida a esa,conocidos como génes, de donde derivó la palabra jeans(yins). Proliferaron los cuentos alusivos a la súper resistencia deldenim. Relataban que podían amarrarse a dos vagones de tren y noromperse cuando este se ponía en movimiento. Tal vez esto sea unaexageración, pero de que les vendieron uniformes de denim a loshombres que tendieron los rieles, recogieron el ganado, talaron losbosques, eso si fue verdad.

A mitad del siglo pasado,los jeans se habían convertido en el traje corriente de juego paralos infantes, y los adolescentes empezaron a pelear con padres ymaestros por su derecho a asistir a clases enfundados en susflamantes pantalones de mezclilla. No pasó mucho tiempo hasta quelos jeans se convirtieran en un símbolo de desafío a la autoridad ya la opresión política y paterna.

El mensaje secretoidentificaba entre sí a los jóvenes que los usaban: “Soy delos tuyos… y estoy contra los otros”. En los primeros añosdel decenio de 1960 a 1969 los manifestantes de los derechosciviles, los jóvenes que vociferaban en los conciertos de losBeatles, los pacifistas, los universitarios inconformes y los hippies adoptaron los blue jeans como cosa propia.

Mas en el camino a lasbarricadas sucedió lo inesperado; que la moda descubrió estospantalones. De pronto las tiendas se vieron inundadas de ellos, nosólo para los obreros y para los jóvenes rebeldes, sino para todoslos integrantes de la familia, sin importar la edad ni la situacióneconómica.. ya no sólo hubo los jeans corrientes (apretados en lascaderas, con muchos bolsillos y costuras de doble puntada), sino todaclase de variantes: de perniles abiertos, de extremos acampanados, decolores irisados, etc. De la noche a la mañana el país se vistióalegremente de jeans para pasear, andar en bicicleta, arreglar eljardí, asar la carne, y un largo etcétera.

Aunque los ofendía quesus mayores usaran la misma ropa que ellos, no por eso los jóvenesrebeldes iban a abandonar los jeans. Al contrario; los usaron con másdenuedo que nunca. ¿Que se les hacen agujeros? Se les pone unparche. ¿Rasgaduras? Se les cose encima una tira. ¿se les hanacabado los fondillos? Se utiliza el de otro pantalón inservible.¿Descoloridos? ¡Pues qué mejor! El aspecto harapiento de unosjeans más que maltratados por el uso vino a ser otra manera demostrar desprecio por el materialismo (irónicamente) del mundo y losconvencionalismos sociales.

Todo esto se pusoinmediatamente de moda. Los jóvenes blanqueaban los pantalonesnuevos para decolorarlos; y si la sustancia blanqueadora hacía unagujero en la tela, muchísimo mejor. Los vendedores de traposvendían a buenos precios cualquier objeto hecho de denim a lasllamadas boutiques y a los bazares, donde los jeans de segunda manotuvieron mayor aceptación que los nuevos.

Pronto, el fenómeno delos jeans trascendió las fronteras de los EEUU para cambiar el modode vestir de todo el mundo. Los europeos, a quienes siempre les hafascinado el folclore norteamericano del Oeste indómito, tandifundido en cine y televisión, vieron la oportunidad de “vivirlo”.Los fines de semana y los días festivos, negociantes alemanes,tenderos franceses y banqueros españoles, dejaron en su ropero lostrajes de “vestir” y se ponían sus jeans. Los adolescentes, quese libraban entonces del estricto dominio paterno, querían losjeans, con sus inherentes cualidades de jactancia y atractivo sexual,como distintivo de su recién ganada independencia. Levi Strauss pasóal mercado internacional en la década de los 60’s, exportandoprimero y luego fabricándolos en el exterior. Con presencia en 110países creó marcas nuevas como Dockers®, Signature by Levi Strauss& Co.™ y dENiZEN®. Es la locura de los jeans lo que les dejapingües ganancias tanto a Levi’s como a sus competidores.

Pero es en Francia dondese han asociado los pantalones de mezclilla con la confección delujo. Colecciones enteras de gran estilo se han destinado avariaciones sobre el tema de los jeans, y los elegantes impacientespagan el equivalente a una cena en un restaurante de lujo en NuevaYork por unos pantalones de hechura muy fina, con adornos de piel,copiados de un modelo de 8 dólares.

La pregunta hoy es:¿Despertarán algún día los fabricantes con la noticia de que losjeans han pasado a formar parte de las filas de los olvidados como lesucedió a la chaqueta Nehru y al sombrero de hongo? Fabricantes yvendedores saben muy bien lo voluble que es la moda, pero tienen feilimitada en la capacidad de permanencia de esos recios pantalones. Pero no importa, porque nuevos o viejos, caros o baratos, los jeansnos acompañarán durante mucho tiempo. Ya han logrado lo que muchosotros productos solo sueñan, trascender en tiempo y espacio.