La verdad sobre la profecía del ataque de Japón en 1941

Tan pronto como elimperio japonés destruyó a la escuadra rusa en una espectacularbatalla naval en el estrecho de Tsushima, en 1905, algunospretendidos profetas pronosticaban el día en que japón seextendería hacia el este sobre el Pacífico, para llevarlo a unchoque de frente con los Estados Unidos.

El autor William H. Honan,veterano coleccionista de novelas y relatos de la guerra en enPacífico, se encontró un ejemplar de La gran guerra en el Pacífico,de Hector Charles Bywater (1884-1940), publicado en Londres en 1925.Allí encontró una predicción de que la guerra entre Japón yEstados Unidos comenzaría con un solapado ataque nipón.

Honan quedó pasmado. Lanarración del gran conflicto descrito por Bywater comienza con laconquista japonesa de puntos estratégicos de Manchuria, Formosa yCorea.

“Pero al desarrollarasí de una política encaminada a la virtual

esclavización deChina, (el Japón) se había granjeado

inevitablemente lahostilidad de las grandes potencias”

-Hector Bywater


Entonces Japón y losEstados Unidos se cruzan una serie de notas diplomáticas; y en plenocurso de estas negociaciones Japón descarga el golpe por sorpresa.

Según Bywater, losjaponeses sorprenden a la flota asiática de Norteaméricapatrullando frente a la bahía de Manila, y no en Pearl Harbor, peroel resultado es el mismo: el aniquilamiento del poderío de losbuques de guerra estadounidenses. Bywater previó que el ataque seríaprecedido por la aproximación de aviones lanzados desdeportaaviones, aunque esperaba que la mayor destrucción fuera lacausada por la artillería naval. En cualquier caso, era unenfrentamiento con superioridad de una de las partes, porque losjaponeses contaban con la ventaja del factor sorpresa y los navíosde guerra norteamericanos, un poco anticuados, no podían rivalizarcon la poderosa y moderna armada japonesa.

Bywater no previó lasagresiones del Japón a Malaca, Birmania y Hong Kong que siguieron alasalto a Pearl Harbor. No obstante, su descripción de los ataques aGuam y Filipinas es realmente pasmosa. Pronosticó que Guam sería elblanco de los ataques de una “escuadrilla de aviones de guerrajaponeses, evidentemente procedentes de Saigón”, preparadasecretamente por los nipones como una importante base naval. Elprincipal objetivo de este asalto inicial sería la vital torre deradio de Machanao. El ataque aéreo iría seguido pocos días despuésde un bombardeo naval, incluso con el uso de granadas de gas (estefue él único error de Bywater), y el desembarco de tropas en lascostas oriental y occidental de la isla. Bywater anunció el empleode lanchas de desembarco de diseño especial.


“A bordo de lostransportes (los japoneses) llevaban grandes

barcazas o pontones demotor, para el desembarco de tanques

y artillería… (lainfantería se dirigía a la playa en) barcazas

motorizadas…(navegando) hasta que las quillas encallaban en

la arena”

-Hector Bywater


Después de escaramuzasintermitentes, la Infantería de Marina norteamericana se veríaobligada a capitular, como sucedió en diciembre 10 de 1941.

Simultáneamente -en lavisión de Bywater- las filipinas quedan sitiadas. “el principalpeligro que (los japoneses) presentían”, según el autor,“procedería de la aviación norteamericana”. Declarabaque “treinta aparatos de un nuevo y potente tipo habían acabadode llegar de los Estados Unidos” (en realidad, a inicios denoviembre de 1941 llegaron, efectivamente, 35 nuevas fortalezasvolantes B-17). Las hostilidades comenzarían cuando los avionesjaponeses “bombardeasen duramente el aeródromo de Dagupán”.(De hecho, el así atacado fue el campo Clark, que había remplazadoal vecino Dagupán). Provisto de completa información secreta acercade las defensas de las islas, razonaba Bywater, el plan de invasiónjaponés mantendría a los agresores a una buena distancia de lafortaleza de Corregidor, que guardaba la bahía de Manila, así comode la otra base pesadamente fortificada, no lejos al norte, enOlangapo, que protegía la bahía de Subic, de las cuales semantuvieron alejados los japoneses.

Los nipones amagaríancon un bombardeo de Santa Cruz, en la costa oeste de Luzón. Sinembargo, esta estratagema era “un ardid tan evidente para alejar (alos norteamericanos) de otras partes de la costa, que fracasó”.Aquí, el paralelo histórico son los verdaderos desembarcosjaponeses de distracción en la isla de Luzón, en Aparri y Vigan alnorte, y en Legazpi al sur.

Según Bywater, losdesembarcos principales se efectuarían en el golfo de Lingayen, alnoroeste de Manila, y en “la bahía de Lamón, entre las islasCabalete y Alabat”, al sudeste de la capital filipina. Las dosfuerzas convergerían entonces sobre Manila “simultáneamentedesde el norte y el sur”. La segunda isla más grande delarchipiélago filipino, Mindanao, sería invadida con un desembarcoen la bahía de Sindangán. Bywater calculaba que el total de lafuerza invasora ascendería a “un número aproximado de cien milhombres”.

Aquí ocurrió otra vezcasi como si el teniente general Masaharu Homma, que mandaba el XIVEjército, el mismo que invadió a Filipinas en diciembre de 1941, lohubiera hecho llevando consigo un ejemplar de la obra de Bywater. Lasfuerzas de Homma sumaban 65 mil hombres. Además, hubo dosdesembarcos principales en la isla de Luzón, uno en el golfo deLingayen y el otro en la bahía de Lamon, precisamente entre lasislas de Cabalete y Alabat. Finalmente, una tercera partidaimportante de desembarco atacó a la isla de Mindanao, también comohabía vaticinado Bywater, aunque desembarcando en el golfo de Davao,en la costa sudeste, y no en Sindangán, en el noroeste. Si se tieneen cuenta el hecho de que hay más de siete mil islas en Filipinas,se verá que las coincidencias entre el libro de Bywater y el cursode la historia son realmente impresionantes.

La primera tentativaamericana de llevar la guerra a aguas japonesas, según Bywater,consistiría en un audaz (quizá temerario) ataque a las islasOgasawa, no lejos de Iwo Jima, cuya captura podría llevar al rápidofin de la guerra. No obstante, en este intento las fuerzas de losEstados Unidos se extenderían excesivamente y serían repelidas concuantiosas bajas. Entonces se evidenciaría que la única formapracticable de atacar a Japón sería mediante cautos saltosgraduales de isla en isla a todo lo ancho del Pacífico,atricherándolos en cada nueva base adquirida y deteniéndose paracubrir la retaguardia. Los norteamericanos, en la ficción deBywater, eligen la misma ruta que iban a seguir en la práctica lasfuerzas de Estados Unidos a principios de los años cuarentas, aunqueél sitúa los saltos en zigzag de una isla a otra un poco más alnorte de la trayectoria realmente seguida. Hay una correspondenciaextraordinaria entre la campaña de Bywater y la que más tardehabría de desarrollar el general Douglas MacArthur. Una vez que losnorteamericanos están a distancia adecuada para atacar a Filipinas,la Marina Imperial entra en acción en masa y sigue un tremendochoque naval. Bywater no previó que los navíos de superficieenfrentados nunca dispararían unos contra otros, sino que secambiarían golpes devastadores por medio de su aviación.Escribiendo dos años antes del vuelo de Lindbergh, a través delAtlántico, es un misterio que Bywater no apreciase el enorme valordel poderío aéreo.

Sin embargo, presintiólos kamikazes. La desesperación de los japoneses después de habervisto destruidos sus cinturones defensivos de islas, combinada con sufanática adoración al Emperador, dijo, daría por resultado que lospilotos japoneses “no vacilaran en embestir, en el sentidoliteral de la palabra, al enemigo cuando en otra forma se vieranprivados de su presa, prefiriendo inmolarse…” el escritorpresagió también que el avión torpedero demostraría su “completasuperioridad” sobre el bombardero como arma antinaval. Enefecto, los éxitos enemigos en Pearl Harbor, así como pocos díasdespués frente a la costa oriental de Malaca contra los acorazadosbritánicos Repulse y Príncipe de Gales, fueron obrade los aviones torpederos.

Bywater no previó labomba atómica. Y no obstante, intuyó que los Estados Unidos haríanalgo fuera de lo ordinario para ahorrarse tanto a sí mismos como asus adversarios el horror de una invasión de las islasmetropolitanas japonesas. Este golpe de gracia, opinaba, podría seruna “demostración” aérea sobre Tokio, en la cual selanzarían “bombas” cargadas con hojas que exhortarían alos japoneses a pedir a su Gobierno que llegase a una transacción envez de “sacrificar más vidas” inútilmente. Los avionesnorteamericanos arrojaron sobre el Japón millones de hojas queexhortaban a los ciudadanos a solicitar al emperador Hirohito quepusiera fin a la guerra. En el relato la capitulación se arreglatras la “demostración”, se firma un tratado de paz, y lasantiguas islas alemanas confiadas al Japón por la Sociedad deNaciones quedan encomendadas a los Estados Unidos “para sufutura administración”.

La idea de la destrucciónpor sorpresa de la flota norteamericana y las invasiones simultáneasen todo el sudoeste del Pacífico, descrita detalladamente porBywater, era nueva. Infringía la cardinal regla militar de laconcentración de una fuerza abrumadora en un solo punto. Contradecíala aceptada estrategia de contingencia bélica que se había ensayadoen la Escuela Imperial de Guerra Naval de Tokyo por lo menos desde1918. el plan prescribía el empleo, en caso de guerra con losEstados Unidos, de todo el poderío de la Marina Imperial en unataque demoledor para capturar las Indias Orientales Holandesas.Después se desplegaría nuevamente la flota para aguardar elprevisto contraataque norteamericano en algún paraje de las aguasjaponesas, contra el cual la Marina Imperial desarrollaría unaguerra defensiva.

La mayoría de los altosjefes navales japoneses propugnaron esta estrategia hasta el momentomismo en que estalló la guerra. Incluso el capitán de navío W. D.Puleston, de los más eminentes estrategas navales norteamericanos dela época, escribió en 1941 que el comandante de los Estados Unidosen el Pacífico debería “sentirse agradecido”, si, encaso de guerra, “el Japón lo ayudara dispersando sus fuerzas(navales) ligeras, submarinos y aviones”. Influidos por estaclase de razonamiento, los planificadores de la estrategianorteamericana no tomaron en serio las profecías de Bywater.

Yamamoto (1884–1943)

A pesar de todo, elalmirante de la flota, Isoroku Yamamoto, comandante supremo de lasfuerzas japonesas en el Pacífico, ideó el plan para el ataque aPearl harbor juntamente con invasiones simultáneas en todo elPacífico sudoccidental; es decir, siguió en esencia el plan deBywater. Muchos piensan que en realidad Yamamoto fue influido porBywater. Yamamoto falleció en 1943, poues un avión cazanorteamericano abatió su avión, y desgraciadamente no dejómemorias y en su biografía no existe mención alguna del nombre deBywater.

Hector Bywater

El quién es quiénbritánico menciona a Bywater diciendo que fue un corresponsal navaldel Daily Telegraph de Londres. Bywater murió en agosto de 1940,sólo un año y cuatro meses antes de que los acontecimientosmundiales confirmaran sus profecías. Justamente dos semanas despuésdel ataque a Pearl Harbor, la revista LIFE publicó una versiónabreviada de La Gran Guerra del Pacífico. Poco después se publicóel texto completo con el subtítulo “Una profecía históricaque se cumple ahora”.

Bywater había navegadoen su juventud por el mundo, visitando muchos puertos de Europa,canadá, y los Estados Unidos. Inmediatamente antes de la primeraguerra mundial, fue corresponsal naval de las publicacionesbritánicas Naval and military record, Pall Mall, Gazette y DilyGraphic de Londres. Durante la guerra trabajó para el serviciosecreto naval británico. En 1921 escribió un completo estudioestratégico llamado Poderío naval en el Pacífico, en elcual describía y analizaba las fuerzas y debilidades relativas delas posiciones japonesa y norteamericana. Había un capítulo de 28páginas titulado “posibles características de una guerra en elPacífico”, y en él trataba de prever la forma que podríatomar un futuro conflicto en aquel enorme océano. En el curso de loscuatro años siguientes, amplió este capítulo hasta darle laextensión de un libro, que finalmente publicó en 1925 con el nombrede La Gran Guerra del Pacífico.

La verdad acerca de laprofecía de Bywater

No había pruebas de quelos militares japoneses hubieran adoptado los planes estratégicos deBywater hasta que William H. Honan se topó, en la biblioteca delCongreso, con la ficha de un libro escrito en japonés con su nombrecomo autor.

Honan comenzó así aentrevistarse con eruditos tanto militares como académicos y reuniólas suficientes pruebas de que Bywater fue realmente la menteinspiradora de los planes de la conquista japonesa en el Pacífico.

Poco después de lapublicación, en 1921, de Poderío naval en el Pacífico, laOficina del Estado Mayor General Naval de Tokyo lo tradujo al japonésy distribuyó copias mimeografíadas entre los más altos mandosnavales como “material para estudios estratégicos”. Laasociación oficiosa de jefes navales, Suik?Sha, hizo imprimir y distribuir en un círculo aun más amplio deoficiales navales el Taiheiy?kaiken ron, como setitulaba en japonés.

Cuandoen 1925 apareció LaGran Guerra del Pacífico,Bywater, evidentemente, ya tenía en el Japón un número deseguidores lo suficientemente grande para que un editor comercialhiciera traducir el libro y lo pusiera en venta como Taiheiy?no Soha-en. Al añosiguiente lo tradujeron de nuevo y lo publicó Bunmei Kyokai con eltítulo de Taiheiy?senso to sono HihanLa guerra delPacífico y comentario”.

No cabe duda de que losplanes de bywater también se estudiaron en la escuela Imperial deGuerra Naval. Mitsuo Fuchida, notable historiador militar nipón,comentó que, como capitán de corbeta de la Marina Imperial, asistióen 1936 a la escuela y allí leyó tanto el Taiheiy?kaiken ron como el Taiheiy?senso to sono Hihan. Fuchida dijo que el nombre deBywater era “conocido” entre los más altos niveles navales, yque suponía que el libro del autor inglés debía de haber ejercidoalguna influencia sobre la estrategia nipona.

Pero, ¿influyó HectorBywater sobre la mente forjadora de la estrategia japonesa, Yamamoto?Las probabilidades son de que el primer contacto del almirante con laobra de Bywater haya ocurrido con la edición norteamericana. Despuésde dos años en la universidad de Harvard como estudiante graduado,Yamamoto sabía leer inglés perfectamente, y en 1925 (año depublicación del libro en Estados Unidos y Gran Bretaña) estabasirviendo como agregado naval japonés en Washington. Como la Marinajaponesa era, desde su infancia hasta la batalla de Tsushima,virtualmente una creación de Gran Bretaña, es natural que Yamamotohaya estudiado las ideas promulgadas por la más distinguidaautoridad británica de su época en la teoría y la prácticanavales.

Por otra parte, seríatemerario sacar la conclusión de que los japoneses robaronsencillamente su plan de conquista a un escritor británico. En los36 años transcurridos desde Tsushima a Pearl Harbor, Japón habíaconstruido sus propios buques de guerra y había elaborado suspropias doctrinas del combate naval.

Además, sobre la mentede Yamamoto deben haber gravitado muchas influencias cuando ideó laestrategia de 1941. huboi, por ejemplo, las maniobras navalesnorteamericanas en aguas de Hawaii de 1932 que fueron objeto de granpublicidad, en las cuales se demostró que una escuadrilla de avionesque despegase de un portaaviones en un ataque antes del amanecer,podía llegar a Pearl Harbor sin ser descubierta y “echar a pique”a todos los navíos pesados de guerra anclados en el puerto.Estuvieron también las maniobras navales de Yamamoto mismo en labahía de Kagoshima, en mayo de 1940, después de las cuales comentó:“Bueno; parece que se podría asestar un golpe devastador (conaviones torpederos) a una flotilla enemiga de superficie”.

Bywater fue simplementeel primero que casó todas las piezas del rompecabezas, el primeroque mostró en detalle cómo se podían romper con un audaz golpe demano las ataduras estratégicas que habían contenido las ambicionesjaponesas durante una generación.


Referencias básicas:

*Artículos de William H.Honan.

*La Gran Guerra delPacífico; Hector Bywater