XVIIIª Edición del Concurso de relatos de Gamefilia-Fase de votaciones

Hos recuerdo, amigos mios, que el concurso de relatos esta en fase de votaciones. Por ahora los votos han sido escasos, insuficientes para que sean validos. Recordad que teneis de hoy 28 de febrero a mañana 1 de Marzo para mandarme vuestros votos.

Aquí teneis las reglas para votar:

  • Se pueden votar los 3 relatos, uno con 3 puntos, otro con 2 y otro con 1. Si solo quieres votar a uno, le pones la puntuación que creas conveniente. Eso si, nada de repetir la misma cantidad de puntos en dos relatos diferentes. Ejemplo de como NO hacerlo: relato 1:2 puntos; relato 2:2 puntos=no se puede.
  • También se votara al relato mejor escrito y al más original. Estos con las mismas normas que el anterior.
  • Los participantes no pueden votarse a si mismos.
  • Junto a los votos, podeís dejar una opinión del relato en cuestión. Eso si, que no sea ofensivo.
  • Los votos por mensaje privado.
  • Cualquier duda, también por mensaje privado.
  • El plazo es desde hoy 23 de Febrero, hasta el 1 de Marzo, este incluido.

Bueno, por si no lo quereis descargar, pondré los relatos aquí mismo. También los teneis en el archivo adjunto.
Y ya sabeís, ¡Votad insensatos!

Aqui tenemos los relatos:

 


"Always"

 

“Nada más sonar el despertador supe que aquel sería un día especial. Abrí lentamente los ojos y me dejé acariciar por los primeros rayos del sol que se filtraban a través de la persiana. No me hacía falta mirar hacia mi mesilla de noche para comprobar la hora, puesto que todos los sábados me levanto igual de temprano para ir a trabajar a la tienda de mi padre.

Pero anoche había tomado una decisión. Ese día no iría a trabajar. Ya llevaba demasiado tiempo estático sin atreverme a hacer nada. Ese díasería diferente. En mi corazón sabía que había llegado el momento de dar el gran paso y enfrentarme a mi destino. Subí despacio la persiana temiendo despertar al resto de miembros de mi familia y me concedí unos minutos de contemplación de la alborada antes de elegir mi ropa para tanimportante día.

La elección de la ropa fue algo que hice con suma delicadeza. Era una ocasión especial y no me podía permitir vestir como un paleto cualquiera. Por ello, revolví mi armario hasta encontrar las que consideraba mis mejores galas. Una camisa negra de manga larga, unos vaqueros y un jersey blanco fueron las elegidas para acompañarme en mi pequeña aventura. Además, como todavía estamos en invierno añadí al conjunto unos elegantes guantes negros y una suntuosa bufanda de seda que había robado algunos meses atrás mi hermano de una tienda de la que le despidieron y que me regaló. Tras completar la placentera tarea de vestirme me miré al espejo y no pude evitar regalarle un “Guapo” a mi reflejo. Todavía soy joven, solamente tengo 16 años, por lo que me parece que no está de más algo de vanidad para conmigo.

Cuando acabé de admirar mi belleza cogí un par de manzana de la cocina para mantener un aliento fresco y me marché de casa ahogando cualquier ruido que pudiese inducir el despertar de alguno de mis hermanos, con las consiguientes preguntas que vendrían en cuanto me vieran vestido de gala. Además, evité coger mi móvil, puesto que así impediría que me pudiesen localizar antes de lo que yo terminase mi “pequeño viaje”.

Nada más abrir la puerta recibí el frío viento polar en la cara. Es lo que pasa cuando vives en un pueblo tan cerca de los Pirineos como el mío, aunque afortunadamente este año no nevó, pues cuando lo hace no hayquien logre mantenerse seco.

La poca gente que se dirigía a abrir sus respectivos locales nada más verme no dudaban en saludarme, pues como en cualquier otro pueblo pequeño del mundo en el mío nos conocemos todos los habitantes. Además, no lo negaré: más de una anciana se sorprendió al comprobar lo elegante que vestía hoy, mas nadie me preguntó a donde iba; todos debían de pensar que iría al trabajo… o tuvieron la educación necesaria para no entrometerse en las vidas ajenas.

Conforme recorría la ciudad me planteaba el como iba a hacer “eso” que tenía en mente. Solamente tendría una oportunidad de hacerlo, así que debía hacerlo bien. Tras mucho reflexionar, llegué a la conclusión de que unas flores me ayudarían a lograrlo, por lo que en cuanto pasé ante la única floristería del pueblo entré sin dudarlo y escogí las más bellas amapolas que había allí. Eran perfectas. Su olor, su color, su significado… una sinfonía para los sentimientos. Pagué y ni si quiera esperé por la vuelta de lo grande que era mi emoción, aunque la dependienta sospechó a quien podían ir dirigidas.

Mantuve la dirección hasta salir de la ciudad, y aún pasaron otros 20 minutos hasta que alcancé su casa, un pintoresco chalet en una zona aislada junto a la sierra. Todavía eran las 9 de la mañana, pero sabía de buena tinta que sus padres no estaban en casa y que la encontraría sola, así que hice de tripas corazón y me dirigí con férrea voluntad hacia la puerta. Llamé a la puerta y, tras oír el suave zumbido de su timbre, esperé a que me abriera.

Nada más ver su carita de ángel somnoliento sentí como si algo naciera en mi interior, del mismo modo que me sucedía cada vez que la veía. Sus ojos verdes, su pelo de oro, su piel de nieve y sus labios de sangre… Se trataba de la mujer más bella que jamás había visto. Debía ser mía. No se merecía nada que no fuese yo.

Nada más verme se sorprendió, más por mi presencia que por la hora que era. Jamás me había atrevido a decirle algo que no fuera “Hola” o “Adiós”, así que era de esperar una reacción como la que tuvo. No la culpo. Yo tampoco sabría como reaccionar en su misma situación.

Me preguntó qué quería, pero entonces vio el ramo que portaba y comenzó a sospechar mis (para nada ciertas) intenciones. Le dije que quería hablar con ella e insinué que me dejase pasar, pues solo serían unos minutos. Suspiró con resignación y me invitó al interior para conversar un rato. Supongo que tenía intención de decirme que tenía novio (dato que ya conocía) y que lo nuestro no podría ser, o quizás que me deseaba a mí antes que a su actual pareja… aunque ahora nunca lo podremos saber.

Mientras yo entraba y ella cerraba la puerta a mis espaldas pude echar un vistazo rápido a su hogar. Desde mi posición pude confirmar lo que mis días de espía habían confirmado: se trataba de una casa de dos pisos con las escaleras justo delante de la puerta, una lámpara de arañaen el techo y dos puertas a ambos lados de la entrada, una al salón y otra a la cocina. Además, en esta antesala había también un pequeño mueble sobre el que se erigía una estatuilla de bronce que representaba aun hombre y un teléfono inalámbrico. Por último, en una de las paredes había un espejo, así que por seguridad me aparté de la zona reflejada…

-¿Te apetecería tomar algo? No tengo mucho, debía ir hoy a la compra…

-No te preocupes, cualquier cosa me valdrá…

-¿Si? Bueno, creo que tengo unas galletas en la cocina, puedes esperar en el salón mientras las traigo.

-Claro, sin problemas.

Fue entonces. En el mismo momento en que se dio la vuelta para ir a la cocina selló su destino. Solté las flores y agarré la estatuilla de bronce.

No le dí tiempo a reaccionar. Salté sobre ella y le aticé en la cabeza. Calló al suelo con un ruido sordo mientras un hilillo de sangre le recorría tanto la comisura de los labios como la zona del impacto. Había cerrado los ojos. Debía estar inconsciente.

Entonces me senté sobre ella y no lo dudé. La besé y, antes de que tuviera la menor oportunidad de recuperar la conciencia, la volví a golpear. No se cuanto tiempo estuve allí. Quizás fueron 15, o tal vez 30los minutos que pasaron antes de que se me cansara el brazo y soltara la estatua. En todo ese tiempo no dejó escapar ningún ruido ni hizo el menor ademán de defensa, solamente algún espasmo ocasional cuando dejabacaer la figura sobre su cráneo.

Cuando me detuve su rostro ya no mostraba el menor rasgo de la belleza de antaño, sino que conformaba una masa sanguinolenta, una sinfonía de sesos que pintaba de escarlata las paredes y mi ropa.

Como ya dije antes, había pasado muchas tardes espiándola. Por ello sabía que tenía su habitación en el piso de arriba. Sin dudar ni un instante la agarré de las piernas y tiré de ella hasta su cuarto, donde la tumbé sobre su cama. En aquel momento volví a bajar, recogí el ramo ysubí de nuevo. Lo coloqué en sus manos, conecté mi mp3 a su equipo de música y me abracé a ella dejándome mecer por Bon Jovi…”

El tribunal estaba aterrorizado ante la declaración de aquel joven al que habían encontrado los padres de Kelly Anderson junto al cadáver de su hija nada más volver de su viaje hacía tan solo 3 días.

El juez se secó el sudor de la frente con un pañuelo y balbuceó unaspalabras. Ante la falta de respuesta del acusado, repitió su mensaje:

-Todo esto… sigue sin… explicar… una cosa… ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso no asegurabas amarla?

-¿Acaso no se da cuenta de la belleza de mi acto? Pues claro que la amé. Y la sigo amando. Por eso mismo no podía permitir que fuera de nadie más. Dígame, ¿Acaso sería de un buen amante dejar que la belleza de su amada se marchitara a causa del tiempo? No, un buen amante le podría punto y final a la degeneración de su amada en el culmen de su hermosura… La última persona que gozó de su cuerpo fui yo, y así se irá a su tumba, con mi esencia en su pelo, mi aroma en sus senos, y sobre todo mi…

-¡Maldito hijo de puta, te mataré!

El señor Anderson saltó sobre la barrera que separaba a acusados delresto de la gente tratando de agredirle pero fue reducido por los guardias de seguridad a dos metros del culpable.

-Mala suerte, viejo. Cometiste un error al no matarme nada más vermeen cama de tu hija. Ahora es tarde. Nunca podrás ponerme un dedo encima…

-¡Cabrón! ¡Asesino! ¡Ojala te manden a la silla eléctrica!

-¿La silla eléctrica? ¡No me hagas reír! Vivimos en España. Aquí no hay pena de muerte. Además, todo esto de rememorar me hace pensar. ¿Sabeen qué? En su hija. Pobrecita. Estoy seguro de que nada más verme en lapuerta deseó morirse de la vergüenza. ¿No le resulta irónico? Parece que al final logró su deseo…

-¡Cabrón, juro que te mataré!

-Contrólese señor Anderson o tendré que expulsarle de esta sala por desacato. Y usted, recuerde que está bajo juramento y que cualquier cosaque diga aquí puede ser usada en su contra. Bien. ¿Como se declara el acusado?

-Culpable, pero lo volvería a hacer sin dudarlo. O mejor aún: lo volveré a hacer.

-¿Espere, que quiere decir con que lo volverá a hacer?

Entonces, y por primera vez desde que el juicio comenzó, el acusado sonrió mostrando una mueca que heló la sangre de todos los presentes.

-¿No se le ocurre el por qué me dejé atrapar ese día? Eché cuentas. Justo al día siguiente era mi cumpleaños… y los juicios por asesinato no suelen tardar un año. Por ello, estaré menos de un año en el correccional y saldré libre a los 18, listo para reencontrarme con mi amada Kelly… o para volver a bailar “Always” junto con alguna otra joven algún día. Aunque… ¿Sabe alguien qué es lo mejor de todo esto? No se preocupen, se lo diré. Lo mejor, no solo es que la ley me ampara yprotege ante cualquier cosa que me quieran hacer… sino que esa es la ley que existe gracias a todos ustedes. De no ser por vuestras decisiones, la preciosa ley del menor no sería tal y como es. Vaya, parece que ya comienzan a captar la sutil ironía de todo esto… ustedespusieron las reglas y yo simplemente me he aprovechado de ellas…

 


"La ley del Talión"

 

El Humvee blindado de color parduzco, algo más claro de lo habitual por la patina beige de aquel polvo abrasivo del desierto que lo anegaba todo, incluidos los pulmones, encabezaba la siniestra comitiva de la Sección Cuarta del Primer Regimiento de Artillería de las FDI, a cargo del comandante Steinberg, seguido de cerca por simples vehículos de transporte y un tanque que hacía tiempo que se había ganado por derecho propio algo que muchos soldados de aquella columna anhelaban: poder retirarse del servicio activo.

Steinberg, un hombre curtido en centenares de batallas que había pasado su prueba de fuego en la guerra del Líbano, cuando aún tenía la edad de aquellos muchachos y era un simple recluta, contemplaba con cierta desazón la columna de jovenes que tenía a su cargo. Muchos de ellos caminaban arrastrando los pies, siguiendo con ritmo cansino, y a duras penas ,el paso marcado por aquellas toneladas de acero y hierro con forma de tanque y su velocidad endiablada de 3 kilómetros por hora. No se lo podía echar en cara. La mayoría de aquellos reclutas ni siquiera harían carrera en el ejército porque no tenían vocación para ello. Se limitaban a cumplir como buenamente podían los tres largos añosde servicio militar obligatorio para pasar luego a la reserva y ser convocados cuando la patria los necesitara, lo cual, teniendo en cuenta la situación del pais, podía ser en cualquier momento. Desde su asiento del pasajero, en el Humvee, el comandante Steinberg se giró hacia ellos:

-¡Venga, vamos, que no tenemos todo el día! – gritó dirigiéndose al grupo de rezagados que formaban la retaguardia de la raquítica columna -Quiero llegar al puesto avanzado antes del anochecer a ser posible.

– ¡Sí, señor! – gritaron todos a coro a la par que aceleraban el paso hasta ponerse a la altura del tanque.

El sol ya empezaba a declinar en el horizonte y no era recomendable estar en aquel lado del muro cuando anocheciese. En la oscuridad, era mucho más díficil distinguir si lo que llevaba un civil era una granada ouna simple piedra. En cualquier caso, era mejor permanecer en un lugar seguro por la noche.

– No entiendo porqué nos odian tanto… – susurró para sí el reclutaAriel Ben Sharon. A sus dicienueve años, las únicas guerras que había librado eran contra el Covenant a los mandos de su X-Box, en su pacíficay agradable vida en Haifa junto a unos padres que le querían y a una hermana a la que odiaba. Una buena vida dentro de los estándares para cualquier chico de su edad.

– ¿No? – le respondió la recluta Levy a su lado, la única mujer de la compañía – Tal vez tenga algo que ver con que tengan que cruzar cada día ese muro, como si fueran extranjeros en su propio pais para ir a trabajar y tener que ser cacheados como delincuentes. O con lo del derribo de aquella casa de ayer, sólo porque el padre conocía a uno de Hamás…

Pendiente como había estado de la conversación, se les acercó desde atrás el cabo Goldmann. No era mucho mayor que aquellos dos pero desde luego no había tenido una vida tan apacible como la de ellos, en ciudades cosmopolitas que podían permitirse el lujo de ser laicas. Él sehabía criado en un kibbutz. Era un colono, como aquellos a los que ahora ellos defendían en una ciudad sitiada como Hebrón, en pleno territorio enemigo. No iba a permitir aquel tipo de comentarios, no delante de él.

– Judth… Recluta Levy, – dijo sujetándola fuertemente por la clavícula hasta hacerle daño – eso que acaba de decir es motivo suficiente para ser acusada de traición. ¿Eres judia o árabe, Levy?

– ¡Judía, señor! – respondió ella con ira en la voz. Sabía que por muchos argumentos que le diera, Goldmann era tan fanático como muchos otros a los que había conocido, por lo que no serviría de nada tratar derazonar con él. Además, aunque sólo cabo, era un superior y había que respetar la cadena de mando.

Goldmann volvió a su posición, en la retaguardia, controlando con lamirada a aquellos dos, a la parejita. Era una pena que Levy fuese una pro-FLP: tenía un buen culo que quedaba bien incluso con el uniforme de las FDI, así que con una minifalda debía ser de infarto. Para disimular,ladeó la cabeza para acabar cruzando su mirada con la de un niño árabe.No debía tener más de doce años pero sus ojos ya rezumaban odio y parecía haber captado toda la conversación anterior, además de su fijación por los cuartos traseros de su compañera. Goldmann se detuvo unsegundo delante de él, mirándole fíjamente. Luego simplemente agarró elTAR-21 que llevaba colgado e hizo el ademán de apuntar al muchacho, quesalió corriendo, mientras el cabo dejaba escapar una sonrisa de satisfacción pueril.

– ¡Cabo! – oyó gritar a Steinberg al frente de la columna – ¿Es para hoy o qué? – dijo en tono socarrón.

Antes de que Goldamnn pudiera contestar u obedecer, sucedió algo completamente inesperado. El viejo tanque, situado a unos metros por delante, estalló de repente en una bola de fuego, lanzándoles en el airepor efecto de la onda expansiva. Aún aturdido y sordo, lo primero que vio fue a sus dos compañeros. Ambos seguían vivos. Ella se retorcía en el suelo en un charco de su propia sangre, pero aún viva, mientras que Ben Sharon se limitaba a caminar sin rumbo como un zombie.

Lo siguiente que escuchó, junto a un pitido agudo y ensordecedor, fruto de la explosión, fue a alguien gritar "¡RPG!" y cómo el resto de sus compañeros, los que aún seguían en pie, miraban hacia el tejado del edificio de su derecha. Antes de que pudieran ni siquiera disparar a cualquier bulto que se asomara por él, la estela del proyectil surcó la escasa distancia que separaba aquel tejado del Humvee. Goldmann contempló atónito, cómo si todo ocurriese a cámara lenta, cómo éste impactaba contra el vehículo haciéndolo saltar por los aires mientras elcomandante Steinberg aún trataba de dar sus últimas órdenes en vida antes de convertirse en un montón de cenizas humeantes.

Aún tambaleante y medio sordo, el cabo empujó hacia un lado a Ben Sharon para hacerle reaccionar, mientras él agarraba de la solapa a Levypara apartarla de la linea de fuego. Los arrastró a ambos a un pequeño callejón cercano, una ratonera que les dejaba a merced de los terroristas pero que de momento era su única salvaguarda. La columna había quedado dividida, descabezada, y ahora, los que no habían caído, corrían por sus vidas, a ciegas, hacia el puesto avanzado. Ellos no habían tenido tanta suerte: habían quedado atrapados tras el fuego enemigo, sin posibilidad de avanzar de frente. Tendrían que callejear por Hebrón y, con un poco de suerte, esperar no encontrarse con ningún hostil.

– ¿Qué opinas ahora de tus "pobres palestinos"? – le dijo con sarcasmo a Levy, mientras aún resonaban los disparos de los TAR-21 y losAK-47 – ¿A qué ya no los ves tan inocentes?

Levy le lanzó una mirada llena de odio, intensificada por la expresión de dolor que no podía evitar dejar escapar.

– ¡Déjala! – le gritó Ben Sharon, que parecía haber vuelto de nuevo a estar entre los vivos.

Algo más sereno, Goldmann analizó la situación. Debían llegar lo antes posible al puesto avanzado y la única manera de conseguirlo sin ser acribillados era callejeando por aquellos pasajes tan estrechos y serpenteantes sin ser vistos, lo cual iba a ser algo verdaderamente difícil dada la situación.

– ¿Puedes caminar? – le preguntó a la recluta Levy. Ésta asintió conun movimiento de cabeza – En ese caso, Ariel, ayúdala a incorporarse.

Levy le pasó el brazo por el cuello a Ben Sharon para poder ponerse en pie. No tenía buena pinta. Un fragmento de metralla procedente del tanque, durante la primera explosión, se le había incrustrado en el estómago unos ocho centímetros dejando a la vista parte del intestino delgado. Además de ser una herida bastante impresionante, le estaba haciendo perder mucha sangre, tal vez demasiada, lo que convertía su viaje al puesto avanzado en una carrera contrarreloj. Tampoco podían dejarla allí porque no quería ni imaginar, si la encontraban, las cosas que harían con ella antes de dejarla morir desangrada o ejecutarla: eranuna unidad y todos compartirían el mismo destino, ya fuese bueno o malo.

– Avanzad. – les indicó Goldmann con un gesto – Yo os cubro.

Cruzaron el primer callejón sin problemas. A medida que se alejaban,los disparos parecían ir amortiguándose poco a poco, cada vez más esporádicos, como si la contienda ya estuviese decidida para una de las partes. Goldmann estuvo tentado de regresar por donde había venido pero estaba seguro de que el sonido de esos últimos disparos se correspondía con el clásico de los kalashnikov. No quería arriesgarse. Avanzó por el siguiente callejón, en dirección norte, hacia donde estaba el puesto avanzado. En ese preciso instante, se asomó una señora de mediana edad, vestida con velo, intrigada por el ruido que procedía de la calle. Goldmann le gritó en su árabe chapurreado que se metiera de nuevo en casa, algo que solía funcionar con la población civil, acostumbrada a laintimidación violenta de los soldados de las FDI. Ya estaban a punto deabandonar el callejón cuando vieron aparecer de nuevo a la misma mujer.Esta vez, empezó a gritar llamando a pleno pulmón a los rebeldes que ahora empezaban a enfilar el primer callejón.

– ¡Seguid! – les ordenó Goldmann a gritos mientras se apostaba en la esquina – ¡Yo les frenaré desde aquí!

– Lo siento… mucho. – le respondió Levy entre sollozos. Se sentía culpable por la forma en que había tratado a Goldmann y la imagen preconcebida que tenía de él.

– Vete, ¡ahora! – aulló el cabo mientras apoyaba la culata de su TAR-21 en la clavícula para mejorar la precisión antes de descargar la primera ráfaga.

Levy y Ben Sharon siguieron avanzando a trompicones mientras escuchaban de fondo el sonido de los disparos. Ya habían cruzado el último de los callejones, que daba a una esplanada previa al muro, cuando se hizo de repente el silencio. Aquello sólo podía significar unacosa. En ese momento, Levy se dejó caer de rodillas al suelo, llorando desconsoladamente.

– Vamos, ya queda poco. – le insistió Ariel agarrándola del brazo para que se levantara.

– No, no puedo seguir. – su casaca estaba empapada en sangre. Debía haber perdido más de un litro – Sálvate tú, yo te cubriré desde aquí. – dijo desenvainando su nueve milímetros.

El rugido de la muchedumbre resonaba cada vez más cerca. Muy a su pesar, al muchacho no le quedó más remedio que aceptar, abandonando a susuerte a su compañera, aunque sólo momentáneamente: en cuanto llegara al puesto, haría que fuesen a buscarla lo antes posible. Echó a correr atoda prisa para recorrer los escasos 50 metros que ahora le separaban del muro, cuando de repente escuchó un único y solitario disparo, el de una pistola. Se giró sólo para ver el cuerpo inerte de Levy mientras la muchedumbre seguía acercándosele, aún a cierta distancia. Arrancó a correr de nuevo: Goldmann y Levy lo hubiesen querido así.

Ya le quedaban apenas unos diez metros para llegar al muro cuando unmuchacho apareció detrás de un coche abandonado. Debía tener unos doce años pero su mirada era la de un viejo de ochenta, cansada y ajada por las circunstancias.

– Rashid. – fue lo único que dijo.

– ¿Perdona? – Ariel lo miraba alucinado. No comprendía a qué se refería el niño.

– Mi hermano Rashid. – le respondió el niño en un hebreo rudimentario – Vosotros lo matasteis por coger un balón cerca del muro.

Antes de que pudiera responder, el muchacho se sacó un revólver del bolsillo del pantalón y le disparó en el corazón, acabando así con su vida.

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"Ojo por ojo, y el mundo se quedará ciego"

Mahatma Ghandi


Sin nombre por ahora, a no ser que el autor me mande alguno.

Cuando los primeros rayos de sol entraron por unapequeña abertura en la pared superior me desperté. Desorientado busqué algún interruptor o persiana pero no encontré ninguna de esos objetos cerca de mí. La mente me daba demasiadas vueltas para pensar que hacer. Una sensación extraña recorrió mi cuerpo, eso ya lo había vivido, desorientado todavía por el sueño intenté levantarme de lo que parecía ser una cama para “comerme” algo de una consistencia que más adelante identificaría como una litera… estaba en una habitación sin ninguna ventana, con algo de luz que entraba por algún sitio y un dolor inimaginable recorría mi cuerpo. Recorrí la pequeña habitación y encontré una puerta que no se abría, como en la pesadilla en la que me acababa de levantar… me vino la sensación de haber vivido esa situación otra vez, todo me parecía demasiado familiar, demasiado… rutinario.
Un ruido estrepitoso recorrió la habitación, como si fuera de un golpe que viniese de una habitación conjunta pero no le di más importancia a ese ruido.
Intenté recordar el porque me encontraba en esa situación, el porqueestaba encerrado en una habitación sin ninguna pista sobre lo que me había pasado o había hecho, pero nada, el mas abrumador vacío reinaba enmi mente, solo pensamientos sueltos de mi familia, de mis compañeros detrabajo, de mi infancia… pero nada extraño para poder estar en esa situación. Empecé a ponerme nervioso y a golpear las paredes, pero nadiecontestó. Hice lo mismo con la puerta pero nadie dio señales de vida, ese lugar parecía vacío, solo habían cuatro paredes y una persona que nosabía la razón de su presencia entre esas cuatro paredes. Me senté en la vieja cama, debían de haber pasado unas cuantas horas porque por esa pequeña abertura del techo pasaba una mayor cantidad de luz y busqué cualquier cosa que pudiera estar escondida en esa cama… lo único que encontré fueron sábanas sucias. En la parte superior de la litera no había absolutamente nada, solo el frío hierro de la estructura. Al pensar en el hierro me acordé de algo, un flashbacks que no veía al cuento, seguramente de alguna película que había visto.

Empezaba a entrar menos luz a la habitación y mis tripas gruñían como un par de perros hambrientos, no había bebido nada en todo el día yno me encontraba bien. Unas náuseas invadieron mi cuerpo y finalizaron con un vómito que acabó de vaciar lo poco que tenía en el estómago, nadaconsistente… La noche se abalanzó mucho más rápido de lo que pensé y seguía sin recibir ni comida ni bebida… “que extraño” pensé en ese momento, el sueño invadió mi cuerpo y me intenté dormir ignorando el olor a vómito que había en la habitación, pero… ahora ya no olía tanto avómito, empecé a oler algo parecido a un cuerpo en descomposición pero cuando acabé de dar vueltas al asunto, el sueño acabó venciendo la batalla.

Otra vez los rayos del sol atravesaron mis párpados a primera hora de la mañana, tenía hambre. Necesitaba salir de ahí como fuera. De repente, con mi inspiración matinal me acordé de un juicio… yo estaba enel banco del acusado y… me acusaban de robo. Ahora me acordaba de todo,todo empezó esa noche en la que estando reunido con toda familia y me di cuenta que la situación económica familiar no era la más apropiada, teníamos muchas deudas y yo solo hacía mas que gastar en drogas y pijadas que me apetecían, sin pensar en mi familia. Todos habíamos perdido el trabajo hace tiempo y el paro se nos había acabado por lo queno teníamos nada. Se me ocurrió vender todas mis tonterías que había ido adquiriendo en mi vida pero no conseguí mucho dinero… pero suficiente para pagar un mes de alquiler. Como iluminación divina decidíempezar a robar para ganarme la vida, primero robé pequeños establecimientos como bares, restaurantes o tiendas de la ciudad para acabar robando en joyerías y tiendas de prestigio. Vendía mi material a buen precio y la gente compraba mis productos. Todo iba sobre ruedas ya que las deudas empezaron a anularse y tenía suficiente dinero para que toda la familia pudiese vivir cómodamente durante dos meses. Decidí dar un último golpe a una gran joyería del centro de la ciudad porque era consciente de que mis acciones no eran lo correcto. En medio de ese atraco escuché la sirena de la Guardia Civil y me pillaron con las manosen la masa… intenté decir que solo era para alimentar a mi familia, quesolo era provisional (que era verdad) pero me detuvieron y me encerraron en el calabozo hasta que el juez dictara sentencia. El fallo salió y me dictaron culpable por el robo de 3.000€ en múltiples tiendas ynegocios, me dijeron que me mandarían a una cárcel especializada tres años al no poder pagar la fianza. De lo último que me acuerdo fueron lasnoticias del último día que estuve en casa, habían descubierto algo quereanimaba a células muertas pero que todavía no habían experimentado con humanos, la ciencia… a eso me tendría que haber dedicado… después nome acordaba de nada más, solo que me metieron en un coche de la guardiacivil, me pusieron una venda en los ojos y cuando me la sacaron estaba en una habitación con otro preso, el cual me pegó la mayor paliza de mi vida y de pronto…oscuridad. El próximo recuerdo que tengo es el de despertarme ayer por la mañana. El día había transcurrido demasiado rápido, tenía todavía mas hambre y creía que me estaba deshidratando (noestaba muy equivocado). Me fui a la cama pronto (antes de que el sol desapareciese) porque no tenía fuerzas ni para andar por la habitación.

Mi vista está borrosa, casi no me puedo mover… los rayos del sol hantardado en surgir efecto, me duele la cabeza. Escucho un sonido del exterior de la habitación, es como un disparo… ¿Un disparo a quien? ¿Quién ha disparado? ¿Por qué ha disparado? La puerta se abre, respiro aliviado al ver que es un hombre armado… ¿será él el que ha disparado? Me acerco lentamente hacia él con cara de alegría por ver a alguien peroéste se echa para atrás. ¿Qué le pasa? ¿No confía en mí? No tengo fuerzas para comunicarme con el… necesito hacerle saber que tengo hambrey sed. Me acerco aún más a él, éste pronuncia unas palabras que no acabo de entender, no habla mi idioma, mal vamos. Me sigo acercando hasta que saca su arma y me dispara en la pierna… este tío no está bien de la cabeza pienso mientras me retuerzo por el dolor provocado por la herida… el hombre se acerca a mí, me pone un pie en el cuello y dice “Sorry, i’m going to kill you zombie”… un tiro limpio, en la sien, acabócon todas sus esperanzas de ser salvado…