Reflexiones de un barbudo que se afeita

Hola amigos y amigas. Hoy, en mi espacio en la blogsfera, dejaré un híbrido entre reflexión, historia personal y relato completamente ficticio. Es sobre un tema que me cabrea mucho, un tema que me jode, un tema que hace que tenga acaloradas discusiones con pseudo-personas que se cren la creme de la creme. Espero opiniones y diferentes puntos de vista.

Por cierto, como curiosidad, el texto tiene la inquietente cantidad de 1.234 palabras. Puede estar poseido por la SGAE, o estar bendecido por Chuck Norris.


 

Yo antes era un buen chaval. Tenía mi casa, mis aficiones, misamigos, mi tranquilidad. Un día me quede sin trabajo, pero no pasabanada, no soy un tipo muy derrochador. De vez en cuando me comproalgún videojuego, pero ya está, con lo que cobraba del paro teníabastante.

Yo tenía una perilla, la cual me hacían recortar de vez encuando en mi antiguo trabajo. Me dolía, ya que a mí me gustan lasbarbas muy largas, como la de Wayne Static (cantante de Static X) oShavo Odadjian (bajista de System of a Down), pero a pesar de ello,me dejaban que fuera lo bastante larga como para poder agarrarla conla mano.

Pero un día, por razones del destino, me quedé en el paro. Porun lado mi cabeza pensaba “maldición, ya no me puedo comprarvideojuegos el día de salida”, pero por otra parte pensaba “bien,por fin puedo tener el aspecto que quiera, sin que nadie me diga cómodebo de ser físicamente por el hecho de pagarme un sueldo de mierda”.

Mi libertad era total. Podía dejarme el pelo todo lo largo quequisiera, podía hacerme pendientes sin que ningún engreído me digaque son de chica. Podía hacerme rastas, podía teñirme el pelo delos colores del arcoíris. Podía hacerme un agresivo tatuaje de unagresivo dragón con una agresiva pose, o un ñoño tatuaje de losTeletubis en la frente. Podía hacer lo que quisiera con mi aspecto.

Pero habían dos problemas: el primero es que todo esto cuestadinero, y el segundo que nunca me cogerían en un trabajo.

Así que recurrí a la única cosa que no requería dinero y no mesuponía un impedimento para conseguir trabajo: me deje barba.

En un principio sólo me dejaba la típica barba juvenil, la cualconsiste en dejarse las patillas y la barbilla unidas entre sí. Altiempo le añadí un bigote, el cual me daba un toque un poco más“de adulto”. Pero esas barbas tan “típicas” no me llenaban.Las lleva la gran mayoría, crecen enseguida y casi no requierencuidados. Así que empecé a dejar crecer la barbilla, al igual quelos dos músicos anteriormente mencionados.

Mis amigos y familiares insistían en que me la quitara, que esoera muy feo. Pero a mí me daba igual, yo la veía hermosa, la veíacrecer y le recortaba los lados para que no quedara descompensada. Memiraba al espejo, y me ponía de perfil para ver lo larga que estaba.Me la agarraba, me la acariciaba, la apreciaba. Era un poco como lanovia que nunca había tenido.

Pero la gente, a pesar de saber lo que sentía por mi barba, noparaban de decirme que nunca conseguiría una novia si no meafeitaba. Me decían que nunca me cogerían en un trabajo. Me decíanque la gente me rechazaría. No me dejaban ir a bodas, bautizos ycomuniones. Era un incomprendido. Pero me daba igual, tenía a mibarba, no necesitaba a superficiales de mierda que se creyeranmejores que yo por ir a la moda.

Pero un día, empecé a notar que el dinero que me llegaba delparo pronto iba a acabar. Necesitaba dinero para seguir viviendo. Asíque busqué un trabajo. Al tiempo de enviar incontables currículos aincontables restaurantes, incontables fábricas e incontables tiendasde videojuegos, por fin me llamaron para una entrevista en unrestaurante de comida rápida.

Creía que con mi experiencia en hostelería y con mi labia misposibilidades para que me dieran el trabajo serian grandes. Peromuchas personas me dijeron que tenía que ir “presentable”. En unprincipio no les hacía caso, pero aunque me duela, tenían razón. Yquería ese trabajo.

Así que me puse manos a la obra. Cambié mis habitualespantalones anchos y mis cadenas por unos ajustados e incómodosvaqueros sin ninguna cadena colgando. En lugar de llevar una anchacamiseta con el logo de un grupo de metal me puse una ridículacamisa, con sus botones y todo. Me quite mi gorra, para peinarme yhacerme una coleta. Esto me dolió, pero con no mirarme al espejopodía aguantar un par de horas.

Pero llegó la parte difícil: recórtame la barba. La gente medecía que me la cortara del todo, pero no me gustaba la idea. Eracomo matar a una mascota enferma: por mucho que sepas que es lomejor, sigue doliendo hacerlo.

No pude hacerlo. Aunque las tijeras estaban en mi mano, mi corazónfreno a mis hábiles dedos. Tuve que pedirle a otra persona que lohiciera.

Cuando lo hizo no sentí ningún dolor, el problema fue cuando mimano acaricio mi cara. No podía creer lo que pasaba. Meses dejándolacrecer, queriéndola, teniendo esperanzas de que algún día fueratodo lo larga que me gustaría que fuera, para al final cortarla.Pero sabía que esto me daba una oportunidad de tener trabajo, asíque aguante mis gritos de rabia y desesperación.

Una vez concluyó la entrevista, me dijeron que me contrataban,pero que tenía que afeitarme del todo. No lo podía creer. Mesacrifico, me visto como se supone que es lo correcto, me corto unabarba que estaba dejando crecer meses, para que me digan que meafeite del todo. Como un niño. Como hacen los hombres simples, queocultan su masculinidad en litros de after-shave y colonia cara.

No hago daño a nadie, no es anti higiénico. Mi ropa no tienenada malo. Mi gorra me gusta. Mis cadenas me gustan. Me gusta mibarba. No lo digo a nadie como debe de vestirse, como tiene queasearse, como debe peinarse. Pero esos cabrones se creen algo pordarme consejos de asquerosa moda. Se creen que por pagarme un sueldotengo que ser como ellos digan.

Que les jodan. Y no va por los cabrones del restaurante de comidarápida, la cual es mucho más perjudicial para el cuerpo que un pelode barba, lo digo por la sociedad en general.

La cultura nos enseña a temer a tipo tatuado, a asquear al quelleva una larga barba, a llamar fea a la mujer que no se llena lacara de asqueroso maquillaje. Yo soy mucho más respetuoso que lamayoría. Nunca he juzgado a nadie por llevar traje, al menos en vozalta. Ellos sí, me llamaban irrespetuoso por no llevar traje ycorbata a una superficial boda. Me han dicho que el pelo largo es dechicas. Me han dicho que los pendientes son de gitanos. Que losvideojuegos y que la música que escucho es de frikis.

Me gustaría gritar un “¡Que te jodan!” a todos los que medicen esto, pero sé que así nunca conseguiré trabajo. Y si noconsigo trabajo lo perderé todo, ya que todo cuesta dinero. Hasta lafamilia y los amigos. Si no llevas un regalo en navidad la familia secabrea contigo. Y con los amigos tienes que ir de vez en cuando acenar y a ruidosas discotecas, sino te consideran un raro y se vandistanciado de ti poco a poco, tan poco a poco que ni siquiera duele.

Me duele, pero me tendré que afeitar. Si sigo así no seré másque otra persona gilipollas en la masa gilipollas que se deja llevarpor los anuncios de calzoncillos. Tengo que hacer algo para escaparde toda esta mierda.