Ganador del XXIº Concurso de relatos

Hace ya unos días que la fecha límite pasó, he esperado el relato de Izurea, y no lo he recibido. En ningún momento quiero hablar mal de nadie, lo único que quiero es que esta edición se de por una vez finalizada. Por ello, el ganador es Tidus 7, que nos deleita con un relato de su juego fetiche.

Y con esto, se acaba esta edición del concurso de relatos, que tantos buenos relatos nos ha dado. Si Tidus quire, el será el organizador del próximo concurso, y si no, ya lo decidireís entre los gamefilianos.


Peregrinaje

//www.youtube.com/watch?v=VTxqsTfDgC4&feature=related
-Por última vez. ¿De donde eres?

No respondía. Un observador casual podría creer que era por la paliza que le acababan de propinar los guardias, pero se equivocaría. Los mismos carceleros que le habían aplicado tal tormento sabían por susaños de experiencia que si ese hombre no hablaba no era por el agotamiento, sino por orgullo. En menos de un día había pasado de hombrelibre a hereje torturado, degradado y humillado, siendo el orgullo lo único que le quedaba en aquel momento, y eso era lo último que estaba dispuesto a perder.

Tras casi un minuto sin respuesta, justo cuando el gendarme elevaba de nuevo el látigo, el musculoso preso levantó su cabeza y, mostrando supiel tostada por el sol a la lumbre de una débil bombilla, respondió lomismo que había dicho desde que comenzó el interrogatorio:

-De Zanarkand.

El látigo tronó por todas las catacumbas de Bevelle.

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Dos hombres se dirigían a la celda por los pasillos subterráneos de la ciudad capital de Spira. Durante el tiempo que duró el recorrido, cientos de presos (criminales e inocentes, presos políticos y herejes) pudieron ver como la extraña pareja se acercaba a la celda de máxima seguridad custodiada por dos guardias. Tras un breve intercambio de papeles, ambos individuos se internaron en el pequeño calabozo.

-Lord Braska, ¿Estás seguro de esto? – preguntó el que vestía un haori rojo oscuro que, probablemente por comodidad, vestía al estilo ronin, es decir, con el brazo izquierdo fuera del traje. Además de por este detalle, el hombre solía ser reconocido porque siempre llevaba una pequeña jarra con alcohol utilizado para ciertos rituales colgada del costado (y hoy no era una excepción).

-Absolutamente, Auron. Cuantos más aliados más seguros iremos. Además, si lo dejamos aquí lo terminarán matando los monjes guardianes. Tú mejor que nadie sabes de lo que son capaces de hacer cuando se les lleva la contraria…

-Pero…

-¿Quien está ahí? – contestó una potente voz.

-Vaya, cuando me dijeron que estabas en forma no me esperaba algo así – contestó el primero ante la mole humana que constituía al preso. Musculoso cual deportista de élite, el misterioso encarcelado lucía una larga cabellera negra terminada en punta, un extraño tatuaje en el pechoy se encontraba cubierto de una sangre seca que casi con toda seguridadera suya.

-Oh, ¿Ahora soy la comidilla de la prisión? Es comprensible, no todos los días se encierra y tortura a una celebridad. Ya me empiezo a sentir como en casa – dijo el recluso con sarcasmo.

-¡No le hables en ese tono a Lord Braska! – saltó el otro nada más oír la respuesta en un claro ademán combativo, el cual que se vio frenado en el último momento por el otro hombre, quien portaba una túnica roja y un extraño gorro que le cubría parcialmente la frente.

-Tranquilo Auron, no te enfurezcas. Si me hubieran torturado durante tanto tiempo yo también estaría de mal humor.

-¿Mal humor? ¿Por qué debería estarlo? Que se me tilde de mentiroso,borracho, hereje y que por todo ello se me conceda una estancia en este“palacio del placer” es lo mejor que se me ocurre para hacer después deun duro partido de Blitz.

-¿Te gusta el Blitz? – preguntó el que respondía al nombre de Braska.

-Pues claro. ¡Soy el jugador estrella de los Zanarkand Abes! Dadme una pelota y os lo demostraré – parecía feliz de que al fin alguien le sacase un tema que no tuviera que ver con sus problemas.

-Pues estando en prisión no podrás demostrar nada – comentó Braska, como si hablase de trivialidades. – Pero yo te puedo ayudar. Podría sacarte de aquí.

-Oh, no me lo digas. Ya me lo han explicado esos “amables” guardias.Tú me liberas y a cambio yo solo tendría que admitir ante esa cámara deviejos que soy un mentiroso y un hereje arrepentido, ¿¡No!? – el tono de su voz fue alzándose conforme decía las palabras. Además, comenzó a flexionar los brazos con fuerza creciente, haciendo dudar a Auron de si los grilletes resistirían la presión por mucho tiempo si las cosas seguían ese rumbo. De ser así, tendría que aplicarse a fondo para detener a aquel hombre, pues sin su espada sus capacidades defensivas seveían muy reducidas…

-Nada de eso. No sé si me recuerdas, pero yo estaba en la plaza cuando te detuvieron. Y te miré a los ojos cuando dijiste de donde venías. No vi mentira alguna en ellos. En lo que a tu lugar de procedencia respecta, te creo – el sereno tono de su voz logró lo que siempre conseguían sus palabras: tranquilizar al interlocutor. Poco a poco, el preso fue reduciendo la presión ejercida en sus cadenas, aunquesu mirada todavía no transmitía la misma pasividad de sus actos. Ardía de furia.

-¿Sí? Está bien. Te escucho. ¿Qué tendría que hacer?

-Quiero que seas mi guardián.

-¿Tu qué?

-Mi guardián. Protector. Guardaespaldas. Como prefieras llamarlo.

Durante unos segundos pareció que iba a contestar algo, pero repentinamente se calló.

-Un guardián protege a alguien de algo. ¿De qué te tendría que proteger?

-De todo lo que pudiera hacer peligrar mi vida. Verás, estoy a puntode partir a un viaje muy largo y necesito gente que me acompañe. Gente de confianza. Desafortunadamente, a causa de mi matrimonio con una mujerAlbhed nadie excepto Auron está dispuesto a acompañarme en mi peregrinaje.

-¿Peregrinaje? ¿A dónde?

-Verás, yo soy un invocador, es decir, alguien capaz de invocar los espíritus de la naturaleza para que luchen en mi beneficio. No es muy ético dejar que otros peleen por uno pero en ocasiones es lo mejor. Bueno, mi misión requiere que me dirija primero a los distintos templos de invocación repartidos por toda Spira para obtener todos los conocimientos e invocaciones posibles y luego a las ruinas de la tierra sagrada, cuyo nombre no dudo que te sonará: Zanarkand.

-A Zanarkand.

-Sí. Una vez allí obtendré el Eón supremo para poder derrotar a Sinh.

-¿Sinh?

-Lord Braska, vámonos, esto no tiene sentido. Ni siquiera sabe quién es Sinh. Está claro que es un borracho como cualquier otro.

-¡No soy ningún borracho! – otra vez los grilletes al límite. Auron intentó interponerse entre el prisionero y su protegido, más éste le apartó con la mano y se dirigió al preso como si nunca hubiera sido interrumpido.

-Verás, Sinh es la reencarnación de nuestros pecados. Se trata de una peligrosísima criatura gigantesca con aspecto de ballena aparentemente inmortal cuyo poder es tal que puede destruir cualquier cosa que se proponga. Lo único que lo puede detener es el Eón supremo, pero no es fácil llegar hasta él. El camino está lleno de peligros. De los muchos invocadores que parten, solo una minoría logra llegar a Zanarkand con vida, y ya no hablemos de derrotar a Sinh.

Tras el pequeño soliloquio de Braska, ambos visitantes esperaron la respuesta del otro, la cual no se hizo esperar. El semidesnudo presidiario comenzó a carcajearse cual demente, mas no era una risa agradable, sino triste y dolida.

-Me he muerto. Lo sé. Me dormí en mi barca mientras entrenaba y me ahogué mientras tanto. Esto debe ser el infierno. O la inconsciencia de antes de morir. Es imposible lo que estáis diciendo. Estáis locos. Tú. Ambos. Todo el mundo. Zanarkand es una urbe llena de luces que no se apagan jamás, donde la gente es feliz y yo juego cada noche al Blitz en un estadio gigante. Allí ni hay ruinas ni nada parecido a un “Eón supremo” o un redentor de pecados con patas.

-Si no nos crees, acompáñanos. Al final de mi recorrido tenemos que ir a Zanarkand, lugar donde podrás comprobar quien tiene razón; tú y tu ciudad nocturna o yo y mis ruinas. ¿Qué me dices, aceptas mi oferta?

-Imagínate por un momento que acepto tu ofrecimiento. ¿Cómo me liberaréis?

-A pesar de ciertos problemillas de mi amigo con algunos de los mandamases de este lugar, Auron todavía goza de cierta influencia en algunos de los más altos círculos del Clero, por lo que sería cuestión de horas que volvieras a ver la luz del sol.

-¿Y si me niego?

-Entonces – una sombra de tristeza le cubrió la cara durante unos segundos – dudo que vuelvas a ver el amanecer en lo que te resta de vida. Mi oferta no te promete una vida agradable (es más, con toda seguridad pasaremos más de una noche durmiendo al raso y más de un día caminando sin descanso), pero por lo menos te concede una oportunidad que no deberías desaprovechar. ¿Qué dices?

-Lord Braska, yo… – Auron trató de disuadir por tercera vez a su acompañante de su tarea de llevarse con ellos al preso, mas fue interrumpido por una carcajada infantil, la cual distaba mucho de la tristeza que impregnaba la de antes.

-Muy bien, acepto el trato. ¡Vámonos!

-¿Tan rápido?

-Cualquier cosa por salir de aquí. Yo, Jecht, jugador estrella de los Zanarkand Abes, acepto ser tu guardián.