Reglas de un coleccionista

Como algunos sabrán, soy un coleccionista de videojuegos con ciertos toques del síndrome de Diógenes, aquel griego que coleccionaba basura. No quiero decir que coleccione malos juegos, sino que desde que empecé con este hobby, compraba mucho más que jugaba, lo que provocaba que los videojuegos se amontonaran en una estantería mientras cogían polvo.
Esto es muy bonito cuando se es joven y empiezas a trabajar, ya que la inmensa mayoría del dinero que ganas se va a caprichos, en mi caso una cantidad ingente de videojuegos. Una vez se tienen obligaciones económicas, como en mi caso fue la compra de una casa, esto se ve muy mermado, aunque este hábito no desaparece del todo.
Pero en el momento en el que me quedé en paro, mi visión sobre este noble hobby cambió por completo. Vi que tenía una enorme cantidad de juegos en mi estantería, y la mayoría no me los había pasado. Es más, hay algunos que conservan su precinto original.
 

Esto hizo que mi idea de coleccionar cambiara por completo. Por un lado, veo que lo importante no es tener cantidad, sino calidad. He confeccionado una serie de normas que debe de tener un videojuego a la hora de entrar en mi colección, ordenados por orden de preferencia:
1.    El juego me tiene que gustar lo suficiente como para gastarme una buena cantidad de dinero en él.
2.    La presentación del mismo me gusta (en esto se incluye la portada, la caja, el estado en el que se conserva, si todavía esta precintado…).
3.    Pertenece a alguna edición limitada.
4.    Pertenece a alguna saga que me guste.
5.    Es raro y codiciado por los coleccionistas.
6.    Su edición es de otro país y tiene algún cambio que me guste (como la portada o el contenido del mismo juego).
Lo sé, estas normas hacen que sea un enfermo. Pero por otro lado, tener estas normas me ayudan a no comprar cualquier cosa. Es más, estoy convencido que cualquier coleccionista de cualquier cosa tiene normas muy parecidas en su cabeza.
Eso no quita que también me gaste el dinero en juegos “solo para jugar”, pero en estos me gasto mucho menos dinero que en los “juegos de colección”, como mucho 20€ en la mayoría de casos. Los juegos “solo para jugar” son juegos prescindibles, de los cuales me deshago sin ningún remordimiento una vez me he cansado de ellos.
 

Antes apreciaba mi enorme cantidad de videojuegos, pero me he dado cuenta que de esta manera la gente que ve mi colección se fija más en el bulto que ocupan que en las joyas que esconden. Pocas veces he oído frases como “qué suerte, tienes X juego”, y muchas “joé, ¡qué cantidad de juegos tienes tío!”.
Por ello, ahora seré mucho más esquisto a la hora de gastarme dinero en videojuegos. Antes de comprar, me aseguraré si alguien me puede dejar algún juego en el que esté interesado. Si no es posible, lo alquilaré. Si tampoco puede ser, lo descargaré, y si me gusta, lo comprare. Si encima me gusta mucho, me aseguraré de comprar la mejor edición posible. De esto también tengo unas normas, aunque sea difícil que se cumplan todas, y más en juegos antiguos:
1.    El juego debe de estar impecable, sin rallajos en caso de ser un CD, DVD o Blue-Ray.
2.    Debe de tener la caja y las instrucciones impolutas.
3.    En caso de haber una edición limitada, sea del país que sea, tener esa edición antes que la normal.
4.    Aunque esto sea arto difícil y caro, que aún conserve el precinto original.
Como veis, mi pensamiento es “por pedir que no quede”. Si a esto le añadimos alguna firma de sus creadores, entonces ya sería la leche, aunque claro, eso es muy difícil para alguien que vive en un lugar alejado de las grandes ciudades que suelen visitar estas celebridades, como es mi caso. Pero nunca se sabe.
 

Y en esencia, esas son las normas de colección de videojuegos, las cuales he reflexionado ahora que vivo un momento en el que no puedo permitirme adquisiciones de videojuegos.

Imagino dentro de unos años que en mi casa habrá un lujoso mueble con magníficos ejemplares videojueguiles, los cuales admirarán hasta los ajenos al mundillo. Solo dentro de unos años podré leer esta entrada y pensar: “lo conseguí, gracias a saber buscar y reflexionar”. Este es mi único pensamiento materialista, y por ello quiero convertirlo en algo lo más mágico posible.