Fábulas: El otro lado de los cuentos

Creo que la mejor forma de empezar esta entrada es dejando una cosa bien clara: Fábulas es un cómic cojonudo. El estandarte de batalla de Vertigo en la actualidad (editorial que la gran DC abrió para dar cabida a historias más adultas y maduras, no para todos los públicos, al contrario que con sus historias superheroicas) y una de las mejores obras que ha parido, con perdón de las que son mis ojitos derechos, The Sandman y Predicador.

El título no da demasiado lugar a error con respecto a lo que nos vamos a encontrar en la obra. Pensad en los personajes típicos de las fábulas, de los cuentos que conocéis desde pequeños, esos que han sido versionados por Disney hasta la extenuación. Sí, ya sabéis, Blancanieves y los siete enanitos, Cenicienta, Caperucita Roja, los tres cerditos, Hansel y Gretel… Ahora pensad en Manhattan a día de hoy. Por último, unid esos dos conceptos. Eso es lo que ofrece Fábulas.

Las Fábulas, que se llaman así ellos mismos, se han tenido que trasladar de sus Tierras Natales a nuestro mundo por culpa de El Adversario, un poderoso enemigo que asoló sus respectivos mundos y les forzó a exiliarse. Llevan siglos, de hecho, viviendo entre nosotros; han sido testigos de más acontecimientos de nuestra historia que nosotros mismos, y han protagonizado otros tantos. Y, aunque aquí viven bien, a salvo, quieren regresar a sus Tierras Natales.

Viven en Villa Fábula, un edificio en pleno Manhattan. Y se ocultan. Una de las leyes más importantes de Villa Fábula tras el exilio es la prohibición de revelarse a los mundanos (nosotros), bajo penas bastante duras. Al mismo tiempo, no obstante, se nutren de nosotros: una fábula tiene más poder mágico cuanto más se la recuerde.

También tienen otro gran asentamiento, La Granja, donde las Fábulas de aspecto no humano pueden campar a sus anchas sin miedo a ser descubiertos por los mundanos.

Si la reseña se quedara aquí, cualquiera podría pensar: “bah, otra historia infantiloide más para explotar el éxito de Disney”. Nada más lejos de la verdad. No por nada está bajo el amparo del sello Vértigo. Los personajes de Fábulas son todos adultos completamente tridimensionales, con todo lo que eso conlleva. Son tremendamente malhablados, les preocupa más el dinero que su honor, pasan más tiempo pensando en quién ocupará su cama que en sus respectivos trabajos. Tienen vicios, defectos.  Así, el Príncipe Azul vive chupando como un parásito los ingresos de las mujeres que considera dignas de acostarse con él (que no son pocas, debido a su atracción sobrenatural), mientras que Cenicienta es toda una femme fatale que se vale de cualquier recurso que posea para conseguir información.

Con esta premisa, ¿qué tipo de historia podría escribirse? Es una de las preguntas más frecuentes que se hace la gente al acercarse por primera vez a Fábulas. La respuesta probablemente no sea de ninguna ayuda: cualquier tipo de historias que os podáis imaginar. Los primeros tomos, de hecho, que son una toma de contacto con los personajes y sus historias, tanto las individuales como las que los atañen a todos, son una suerte de amalgama de géneros en la que cada arco argumental se encarga de contar una cosa diferente. Así, tenemos en el primer arco una historia policiaca digna de una novela de Agatha Christie, mientras que en el segundo se homenajea de manera bastante descarada a Rebelión en la Granja.  Y no es hasta más avanzada la serie, alrededor del número #40, cuando adopta un estilo épico y fantástico, se abraza a él y se mantiene así durante el resto de la serie, al menos hasta el reciente número #111.

Y si el guión, que firma Bill Wilingham, es soberbio, el arte no se queda atrás. A día de hoy, soy incapaz de concebir Fábulas sin el toque de Mark Buckingham a los lápices. No es que sea especialmente hábil a la hora de comentar lo relativo al dibujo en un comic, así que no me extenderé demasiado, solo diré que, a día de hoy, no me imagino otro dibujante principal para Fábulas. Porque sí, ha tenido colaboradores ocasionales que no llegan a la suela de los zapatos de Buckingham, pero cada vez que no está se le echa de menos; se nota su ausencia.

Y si el interior de cada número es brillante, el exterior va más allá. Las portadas, cortesía de James Jean (hasta bien avanzada la serie. A partir del número #81, la serie cambiaría de portadista, pero hasta ahora no se ha conseguido igualar ninguna portada de Jean), son, todas y cada una de ellas, obras de arte. Llenas de símbolos, con un sentido de la estética inigualable… una conjunción con el autor que he tenido pocas veces el placer de observar. Y no son pocos los comics que he leído.

Pero, ¿qué sería de esta historia sin sus personajes? El principal atractivo, el primer gancho que ofrece, es ver a los protagonistas del folclore y de los cuentos, a los que ya hemos conocido una y mil veces en diferentes adaptaciones, adaptándose a nuestro mundo. Están perfectamente cuidados y retratados: Bill Willingham consigue darle una vuelta de tuerca a sus conceptos y traérnoslos con un fuerte lavado de cara. Cumple su misión con creces.

Blancanieves: Dudo mucho que, a estas alturas, haya alguien que no conozca a este personaje. Es una de las grandes protagonistas de la serie, de las que no pierden ninguna importancia a medida que ésta avanza. Es la teniente alcalde de Villa Fábula, la encargada de mantener el orden y la administración del lugar. Primera ex–mujer del Príncipe Azul. Mantiene con el Lobo Feroz una relación de amor-odio bastante tensa que tendrá una importancia capital casi desde el principio y desembocará en una de las tramas más importantes de todo el cómic.

Lobo Feroz: Cuando las Fábulas comenzaron a huir de sus mundos natales para refugiarse en el mundo mundano, el rey Cole proporcionó una amnistía internacional para todo el mundo, perdonando todos los pecados que hubieran cometido para que se unieran bajo una misma bandera. Así tenemos al Lobo Feroz, el mismo que intentó comerse a los tres cerditos y quiso devorar a Caperucita y a su abuela, como detective de Villa Fábula gracias a sus talentos sobrenaturales. Es otro de los grandes protagonistas, y muchas historias, aunque no giren en torno a él, le tienen como participante.

Príncipe Azul: Es el ex-marido de Blancanieves, la Bella Durmiente y Cenicienta. Le queda poco de príncipe y poco de encantador, pues vive aprovechándose de mundanas ricas que caen rendidas ante su atractivo sobrenatural y le permiten mantener su vida de lujos y excesos. Probablemente sea de los personajes con mayor recorrido y evolución en la serie, sobretodo al comenzar sus ambiciones políticas y demostrarse como un personaje fundamental para el bienestar y el progreso de Villa Fábula.

Barba Azul: El primer gran antagonista de la serie. Se granjeará desde el principio nuestro odio más profundo y se coronará como uno de los personajes que más queremos ver cayendo. Sin embargo, es asquerosamente rico. Tanto, que posee hasta 36 cámaras llenas de oro hasta los topes. ¿Y qué es, si no dinero, lo que mueve a la gente en el mundo moderno? Su némesis, por llamarlo de alguna forma, es el Príncipe Azul, que ansía sus riquezas, y aunque éste no sea de nuestro agrado al principio, tendrá todo nuestro apoyo cada vez que se enfrenten.

Rosa Roja: Protagonista del primer arco argumental, aún sin llegar a aparecer en ningún tomo. Su asesinato (que, y esto es un spoiler de los cinco primeros números, no es más que un montaje, una trampa de Willingham para no deshacerse de ningún personaje) sirve de presentación para todos los personajes, y ella misma no es la excepción: se nos describe como una fresca, alejada del carácter serio y responsable del que goza su hermana (Blancanieves). No tardará demasiado en llegar su oportunidad para progresar y madurar, gracias al gobierno de la Granja que se le otorga.

Jack Horner: El mayor granuja que se ha visto alguna vez. Es un estafador de poca monta, un ladrón, un machista, que no es leal a nadie salvo a sí mismo. Y, quizás por eso mismo, es uno de los personajes más queridos de la serie, y protagonista de un spin-off propio debido a su escisión de Villa Fábula. Si bien es un personaje que no termina de despegar hasta que llega a su propia serie, mucho más gamberra que la principal, sí que puede tener algún que otro detalle por el que caiga bien. Aunque, y en palabras del propio Lobo Feroz, “desconfía siempre de Jack”.

Chico de Azul: Es el personaje que más sorprende. Aunque en apariencia no sea más que un funcionario de Villa Fábula que le gusta entonar canciones tristes con su trompeta, la realidad es que fue un gran guerrero en los primeros años de la invasión del Adversario, cuando muchas fábulas guardaban aún la esperanza de poder derrotarlo. Enamorado perdidamente de Caperucita Roja, es precisamente por ella, por su amor, que decide volver a las Tierras Natales a embarcarse en una épica de fantasía digna de la mejor de las literaturas.

Papamoscas: Aunque en apariencia no sea más que el conserje de Villa Fábula (y debido a que está condenado a trabajos forzados de manera constante, debido a delitos menores como comerse moscas en público), realmente es el personaje más bondadoso de todo Fábulas y gran protagonista de uno de los arcos más épicos, equiparable al Tierras Natales del Chico de Azul. Su mito es el del Príncipe que es convertido en rana por una bruja y “despierta” de su maldición con un beso de amor verdadero, de ahí su afición por las moscas.

Rey Cole: Regente de Villa Fábula desde que comienza la trama. Aunque realmente está ahí por su bondad y el trato de cariño que da a todo el mundo, realmente no es un administrador eficiente. Precisamente por su ineptitud existe Blancanieves, que va enmendando los errores que comete su jefe y casi gobernando en la sombra. Aunque sea una figura importante para todas las Fábulas, es el típico personaje que está siempre, pero en un segundo plano, sin intervenir nunca directamente en los conflictos y sin ser partícipe de todo lo que pasa.

Frau Totenkinder: No cobra importancia hasta bien avanzada la historia, pero desde ese momento se convierte en uno de los grandes pilares de la serie. Es la bruja que quería devorar a Hansel y Gretel con su casa de caramelos. En Villa Fábula es la líder del Apartamento 13, un (valga la redundancia) apartamento en el que todas las Fábulas con capacidades para la magia se reúnen para preparar los glamours (hechizos que permiten alterar la forma, de manera que algunas Fábulas de aspecto no humano pueden permitir adoptar esa forma y vivir entre nosotros).

Estos son los que, por un motivo u otro, he considerado adecuado destacar. Sí, Barba Azul no es de importancia capital durante la trama. Sí, Jack se escinde de la serie principal para deleitarnos con el spin-off Jack de Fábulas. Sí, faltan Cenicienta, la Bella y la Bestia, Pinocho, el Viento Norte, Zarza Rosa y unos cuantos más. Podría haber hablado del Adversario y su identidad (el mayor secreto de la primera mitad de Fábulas), o haber mencionado la importancia que tendrán las fábulas orientales. Pero no creo que mis palabras puedan hacer justicia alguna a una serie como ésta. Así que me limito a repetir lo que dije al principio de la reseña como cierre: Fábulas es un comic cojonudo. Y debéis leerlo.