Dustforce – El barrendero se come al niño de carne

 

 

El mundo de la dificultad extrema ya no le es ajeno a nadie. Quizás antes de que saliera al mercado Super Meat Boy solo los que jugaran a juegos indies supieran realmente qué era eso de tener que repetir un nivel cientos de veces – si no eran miles – o acordarte y mentar a ambos progenitores del desarrollador, desearle una vida triste y maldecir a sus descendientes.

Ahora, sin embargo, no creo que a nadie le resulte extraño ver una pantalla con Super Meat Boy en ella (y me mantengo en ese ejemplo porque es el más conocido, en mi opinión, pero los hay a puñados) y al pobre jugador gritando cada vez que su trozo de carne se revienta contra una enorme sierra mecánica, manchándolo todo con sus restos y sus entrañas. Y todo por culpa de un pequeño fallo, por no haber demostrado precisión casi milimétrica en nuestros gestos a los mandos.

Dustforce recoge parte de ese testigo y lo hace suyo, cambiándolo de una manera que puede parecer más o menos radical, dependiendo de cómo quiera entenderlo cada uno.

Pero antes de entrar en materia, creo que es menester introducir el juego. Dustforce, el primer (y de momento, único) juego del Hitbox Team, es un plataformas en dos dimensiones en los que encarnamos a un grupo de barrenderos que quieren erradicar la suciedad a lo largo y ancho de una serie de cuatro escenarios (entre los que se cuentan un total de 50 misiones).

Este grupo de barrenderos está compuesto por cuatro personajes, cada uno con sus características. Así, nos encontramos que uno, el que va vestido de azul, lleva una escoba, mientras que el anciano de verde dispara una suerte de ráfaga de viento que, evidentemente, tiene un funcionamiento ligeramente diferente.

Y nos encontramos tantos escenarios como barrenderos en el juego. Cuatro. A todos ellos se llega desde el mapa del juego, que no es más que otro gran nivel más desde el que acceder a cada una de las misiones. De hecho, nos costará un par de intentos incluso acceder a las misiones más complicadas (las que tienen un candado dorado). Así, tenemos un bosque inundando por el follaje, un castillo lleno de polvo, una ciudad contaminada por la basura y un laboratorio atestado de fluidos verdes, todas zonas perfectamente diferenciadas y con tipos de suciedad diferentes.

La jugabilidad es bien sencilla. Todos los posibles comandos se distribuyen en cuatro botones. Uno será el típico para realizar el salto. Con otro realizaremos un golpe débil, mientras que un tercero hará lo mismo con ataques fuertes. El último nos permitirá impulsarnos en la dirección en la que estemos corriendo. Además, llegados a cierto punto y con una barra de combo llena, podemos desencadenar un ataque especial apretando ambos botones de ataque simultáneamente que limpiará todo lo que vemos en pantalla.

Sí, como se puede deducir, en nuestro camino nos encontraremos con una buena cantidad de enemigos contaminados, al igual que el escenario en el que los iremos encontrando, por la suciedad. Así, en el laboratorio, si azotamos a los enormes monstruos cubiertos de fluidos escoba en mano es posible descubrir al científico inofensivo que había debajo.

Sin embargo, esos enemigos no suponen una amenaza real a nuestro bienestar físico, a pesar de que nos golpearán. La única forma que tenemos de morir en el juego es, de hecho, chocándonos con pinchos, lo que simplemente nos reinsertará en el último checkpoint de la misión. Y eso que ninguna de las misiones debería llevarnos más de dos minutos superarla, como muchísimo.  

Esto tiene una razón de ser. En Dustforce no se premia que se complete un nivel (hacerlo es tremendamente fácil con los checkpoints), lo que se premia es la cantidad de suciedad que hayamos limpiado en dicho nivel y el “ritmo” con el que lo hagamos, calificándonos con notas de la D a la S en ambas categorías. Logrando dos S, el juego nos da una llave plateada para abrir niveles que en principio pudieran estar bloqueados. Superar con dos S esos niveles tiene como premio una llave dorada, con la que acceder a aún más niveles.

Y esto, en los primeros compases del juego, será muy fácil. Más adelante, no tanto. Cualquier cosa romperá el “ritmo”: recibir un golpe, morir y reaparecer, pasar unos segundos sin limpiar nada de basura (que será lo más habitual, basta con un mal salto en una subida…)… y ya no obtendremos la deseada S. Repetiremos misiones una y otra vez hasta hacerlo de manera perfecta.

Para nuestra suerte, si jugamos conectados podemos ver repeticiones de lo que han hecho otros jugadores en un ranking clasificatorio. Observar los trucos de los más rápidos servirá para plantearnos otras formas de abordar un mismo nivel, o empezaremos a aprender la importancia de una u otra táctica determinada (como, por ejemplo, impulsarnos hacia abajo en las caídas para ahorrar tiempo). Nosotros mismos también saldremos reflejados en esa tabla clasificatoria, por supuesto, y otros podrán también ver nuestras clasificaciones y fantasmas.

Esta es, realmente, la verdadera recompensa del juego. Mientras que en Super Meat Boy uno podía acabar hartándose de repetir las mismas misiones cientos de veces, con Dustforce se esquiva esto de una manera muy elegante: con la belleza del propio juego. La fluidez con la que iremos encadenando saltos y escobazos es estéticamente muy efectiva, tanto que yo he llegado a repetir niveles especialmente espectaculares sólo para ver las secuencias en acción de nuevo.

El apartado gráfico, como podéis deducir del párrafo anterior y de las screens, es soberbio. Limpio, fluido, bonito, muy colorido, efectista… cientos de hojas cayendo a cámara lenta a tu alrededor mientras das un último salto o el golpe de gracia a algún enemigo es una estampa digna de ser vista. Lamentablemente, el apartado técnico no le va a la zaga, y experimenta tirones donde no debería (inexplicables con unos gráficos sencillos), aunque nada lo suficientemente grave como para que el juego se resienta en una valoración global.

Del sonido no puedo hablar igual de bien. No porque realmente no me haya parecido bueno, que sí, sino porque realmente nunca he considerado tener oído para analizar algo desde el punto de vista sonoro, y las pocas veces que lo he hecho he quedado descontento con el resultado final. Así que simplemente diré que imperan las músicas suaves, todo muy bonito y reforzando la sensación de delicadeza que daban los gráficos.

El juego no está exento de defectos, por supuesto. Alguno pequeño, otros algo más graves, que merecen ser reseñados y que, de haber sido tenidos en cuenta, hubieran terminado poniendo en el mercado un producto muchísimo más redondo que el que podemos encontrar ahora mismo en Steam.

El primero de ellos es la falta de modo multijugador online. Esto no hubiera supuesto problema alguno si el juego no poseyera ya un modo multijugador, con la salvedad de que sólo puede jugarse en un mismo ordenador y con controladores distintos. Y es una verdadera lástima, porque en el modo multijugador se enfrentan los barrenderos y una suerte de monstruos causantes de la suciedad, y mientras que la tarea de uno es ir limpiándolo todo a su paso, el otro hará lo contrario: ensuciar a medida que va caminando. Una idea muy divertida (yo me he reído mucho probándolo) que queda en poco más que curiosidad por no tener esa capacidad de jugar con cualquier persona.

El segundo es la falta total y absoluta de argumento. Viendo que en el multijugador ya aparecen los propios antagonistas, no hubiera estado mal aprovecharlos algo más durante el propio juego. Incluso una serie de niveles manejándolos o algo así. Y ojo, que aquí es posible que el que se está colando sea yo, que me reconozco incapaz de haber superado todos los niveles dorados y no sé si al hacerlo se desbloqueará algún tipo de extra.

Y el tercero y final es la falta de traducción a nuestro idioma. Sólo podemos encontrarlo en inglés. No es que importe demasiado, todo lo que tendremos para leer será el título de cada misión, y no nos vamos a perder nada sin saberlo, pero precisamente por esa poquísima cantidad de texto presente en el juego, no debería haber sido nada difícil realizar algún tipo de traducción. Yo en lo personal no tengo problemas con el inglés y no me ha influido a la hora de valorarlo, pero igual a otros sí…

Pero, como he dicho, el juego es muy disfrutable tal cual está ahora a la venta. Y además, con un editor de niveles en camino que no me cabe la menor duda que aumentará su vida útil exponencialmente (en mi caso, jugando. En el de muchos otros, creando).

Un producto muy recomendable que, de haber pulido un poco sus fallos, habría sido perfecto. Cualquier amante de los plataformas debería darle un tiento por lo menos.

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