Cómo aglutinar a millones de personas en una cola en Japón: Videojuegos

Partiendo de la base que adoro Japón, principalmente por la simbiosisque hacen de modernidad con antigüedad -¿dónde puedes encontrar untemplo con WiFi? ¿Os imagináis la Catedral de Sevilla con una red Wifi?Yo NO-, puedo llegar a decir que comprendo la manera de pensar de losjaponeses y el porqué esa muestra de fanatismo antes determinadas citas.

Los japoneses, en general, destacan porser grandes amantes de los videojuegos y el manga. El consumo de mangay videojuegos en Japón es una de las piedras angulares del motoreconómico del país, sin ellos la economía se resentiría y muchísimasempresas se irían a pique -con la pérdida de trabajadores que elloincluye-. No me gusta generalizar. Habrá japoneses a los que no lesguste los videojuegos y el manga, al igual que a mí no me gusta laFeria de Sevilla ni su Semana Santa, no obstante ambas fiestas muevenmás de 600.000 personas al año en cada fiesta y de ahí que segeneralice -teniendo en cuenta que Sevilla tiene unos 800.000habitantes, es más del 70% de la población total-. Si a ello le sumamosque el comportamiento social de los japoneses no es como el nuestro-más acostumbrados a ‘vivir en la calle’, a salir de tapas, etc.;mientras que el suyo es de vivir en casa-, tenemos la solución a esteteorema.

El otro día se puso a la venta uno deesos juegos que siembran el caos en el país del Sol Naciente. Lafranquicia Dragon Quest lanzaba al mercado su noveno título. DragonQuest, para los que no lo conocen, es el RPG por antonomasia en Japón.Muchos podéis creer que Final Fantasy es el verdadero todoterreno enJapón, pero la realidad es que la saga Dragon Quest, también de SquareEnix, es la que tiene los récords.

Sabiendo que era uno de los títulos másesperados del año -para los japoneses incluso más que Final FantasyXIII-, era lógico que las colas iban a estar aseguradas y, más aún,tras la noticia de que más de dos millones de juegos habían sidoreservados en las tiendas.

El gran día llegó y todo salió tal comoestaba previsto. Shibuya se inudó de colas humanas a las puertas de losprincipales establecimientos y la línea Yamanote no hacía más queexpulsar gente de sus vagones; el barrio de Akihabara, mi Reino yRepública, rebosaba de japoneses ansiosos de hacerse con el juego aprimera hora de la mañana -a pesar de que el tiempo era bastante malo-.El recuento de datos ha sido esclarecedor: en sus primeras 48 horas enlas tiendas Dragon Quest IX ha logrado vender más de 2,3 millones deunidades (superando el récord anterior que lo ostentaba, precisamente,su antecesor, Dragon Quest VIII).

Adoro estas colas. Me encantaría estaren una de ellas algún día. Para ellos, el término freak, no es igualque para nosotros. En Japón verás gente con los pelos verdes, de punta,vestidas de colegialas, y doscientas maneras más y no se mirarán rarosentre sí. Aquí, en España, si no estás dentro del término casual,posiblemente se le mire mal a esa persona -góticos, raperos, otakus,metals, clases de skins, etcétera-. Aquí te ven haciendo cola por unvideojuego y te dirán todos los prejuicios existentes, sin embargo, noes más friki estar 80.000 personas viendo a un estereotipo de canorroen un estadio de fútbol -y lo dice uno que ha ido a presentaciones-.Aún recuerdo el día que salió Metal Gear Solid 4, mi saga culmen yfetiche, y fui a las 10 de la mañana, teniendo un examen por la tardeen la Universidad, a comprar el juego a la tienda Game nada más abrir.Había gente, poca, pero gente, y pude imaginar qué se siente en Japónen una de estas colas. Había estudiantes, trabajadores de banco,dependientes, y más oficios que sólo iban a hacerse con el título deHideo Kojima para poder disfrutarlo el mismo día.

Japón is different. Aquí seríaimpensable una cosa así. Nos queda mucho que aprender de ellos de sutolerancia y mucho tienen que aprender ellos de nosotros de nuestrasociabilidad. Aún así, al igual que muchos escritores y periodistas,sigo pensando que Japón es lo más parecido a una sociedad perfecta.