El guapo, el feo… y el normal

Hoyvengo con uno de esos post que tanto os gustan. Esas entradas queengloban la categoría de “frikadas” -por eso mismo se llama ‘frikadas’la categoría- y que luego se hallán en la tabla de las más buscadassemanalmente (sin olvidar, por supuesto, a mi glorioso post dando cañaal Frente Atlético que, según parece, llegó hasta la comisiónantideportiva y se abrió expediente contra los ultras; aunque sé que sela SUDA a dicha comisión).

He estado leyendo a Umberto Eco duranteesta tarde, y, claro, cuando te llevas leyendo durante largo y tendidoal genio de la semiótica (estudio del signo y de la relación delsignificante con el significado; definición simplificada a grosso modoy esperando las represalias –Hostias en toda regla;con H- que los doctorados de mi facultad que leen mi blog me van a dar)uno acaba divagando. Daba la casualidad que pasaba por mi facultad dosespecímenes de muy buen ver, y, a continuación, alguien poco agraciadofísicamente. Así que como estoy aburrido y el tiempo me lo permite,vayamos al grano.

En la vida existen ese tipo de personasque son guapos/as (primera y última vez que utilizo ambos géneros,aviso a navegantes). Uno puede ser guapo de cara, generalmenteestereotipado en persona de complexión facial delgada, ojosazules/verdes y cabello prominente -y poco grasiento. También puedeestar el moreno, que no por ser del color predominante tiene menosvalor, aunque debéis darme la razón que el rubito siempre se lleva lapalma.

Dentro de estos guapos puede que surostro sea normal, pero goce de un gran cuerpo machacado en gimnasio ybase a de anabolizantes y demás mierda que se inyecta la gente. En mibarrio a esta clase de personajes se le conoce como petaditos y aúnseguimos preguntándonos cómo le puede gustar esa COSA a una tía, porqueuna cosa es estar fuerte, y otra ser el heredero directo de Hulk enversión color carne.

Dos claros ejemplos de tío perfecto para una tía, porque pregunte a quien pregunte, siempre sale alguno de los dos

Jessica Alba en estado puro, tía perfecta se mire por donde se mire

Abordamos el estereotipo normal. Si elpunto anterior iba destacado a aquéllos que saben que si quieren van amojar día sí y día también -su máxima preocupación es si le quedadinero para condones y no la tienen como un coladero ya-, ahora le tocael turno a esas personas que, si salen de fiesta, deben ponerse ciegospara ser graciosos y así poderle entrar a una tía.

Dentro de esta categoría entramos el70% se los seres humanos, reservando un 15% para la clase anterior (losguapos) y otro 15% para la que aún resta (los feos). Y no me refiero aponerte ciego para entrar a una tía -algunos ni lo necesitamos y es másdivertido, al menos para mí- hablo de que dentro de este tipo depersonas afectan factores extrapolares, véase la ropa, la colonia, elcorte de pelos u otras modalidades que ahora mismo mis jodidas neuronasno dejan adivinar. Este tipo de personas puede estar gorda, delgada,ser guapa de cara a la par que corpulenta, etcétera.

Dentro de este género siempre destacolos normales-altos, normales y normales-bajos. Es decir, no es lo mismoalguien que destaca por estar buena sin ser una Jessica Alba -comoCristina Urgel, que me provoca morbo máximo esa mujer-, o una normalitacon su punto de morbo -como Tais Villa de El Intermedio. Opiniones mil.

Nos veremos en algún evento tarde o temprano

Y por último… ¡los feos! Ese espécimenque se mete en yourporn, redtube, pornotv, sexvideo y demás webs por elestilo y se la pela como un mono, llegando a tener el miembro masculinocomo una pasa madura -como domino las webs, os habéis fijado, ¿eh?

Poco más hay que hablar de esta clase de ser vivo.

Si hago esta comparación es por unhecho muy común: el guapo acaba con la guapa, el normal acaba con lanormal, y el feo acaba con la fea. “Dios los cría y ellos se juntan”reza el proverbio. Estoy acostumbrado a ver en la Universidad como cadauna se une a otra.

Siempre cabe la posibilidad de que unacategoría se una a otra diferente, y de ahí viene el refrán de: “todoslos tontos tienen suerte”.

Seamos tontos pues, no queda otro remedio.