Japón, esa simbiosis entre la Modernidad y la Edad Media

Toda persona que me lee sabe que sufro admiración eterna por Japón. Es un país que, simplemente, me encanta. Combina lo viejo con lo nuevode una manera totalmente elegante y puedes entrar a un temploshintoísta y conectarte con el WiFi para buscar explicación de undeterminado monumento -no me imagino ni de coña WiFi en la Catedral deSevilla por ejemplo-. Sin embargo, esta simbiosis que realiza el paísdel Sol Naciente tiene una serie de puntos que no me gustan.

Al igual que está en el top 5 de paísescon mayor PIB y goza de una increíble salud tecnológica, Japón es unode los países con las tradiciones más arraigadas que existen. Su manerade pensar sigue siendo igual que hace siglos: existe una marcadajerarquía (en todos los aspectos de la vida, no hay más que observar eluso de las partículas -sama, -sensei, -kun, etc.); las relaciones decercanía son casi nulas; y, por supuesto, son bastante machistas -yaquí viene el quid de la cuestión-.

Seguro que más del 50% de vosotros habéis escuchado la noticiade esta semana en el país nipón: “Japón sancionará a sus nadadoras poraspectos estéticos”. Esta noticia, si hiciese relación a un país árabe,posiblemente no llegaría a sorprender, pero claro, el nivel de vida delos árabes comparado con el de los japoneses es de chiste, de ahí queesta noticia sí llame la atención cuando sucede en Japón.

“Las integrantes de las selecciones japonesas de natación sincronizada podrán ser sancionadas de por vida por aspectos estéticos tales como tintes de pelo, excesiva decoración de uñas o pendientes en las orejas, según la norma que comenzará formalmente el próximo 1 de abril”.

¿Tintes de pelo?

¿Uñas?

¿Pendientes?

¡El gobierno japonés sancionando a susnadadoras cuando su país está lleno de otakus! Hay detalles que nuncaentenderé en mi vida, como éste.

Japón, ese país que mezcla las últimastecnologías y avances en la ciencia con unas tradiciones que no tienenni pie ni cabezas en muchísimas aspectos -como éste-. Pero no pasanada, Akihabara me espera.