[Relato] Sueño Eterno


¡Muy buenas!

Después de largo tiempo de inactividad, vuelvo a actualizar el blog.

Ha sido un largo tiempo por pasarme por aquí ( unos 6 meses si no me equivoco), aunque de vez en cuando he ido leyendo entradas vuestras. Podría prometer que a partir de ahora voy a actualizar más a menudo de nuevo y tal, pero como nunca se sabe lo que puede pasar, me reservo el voto xD Al menos por ahora, me volveréis a ver por aquí, eso seguro.
Respecto la entrada de hoy, trata sobre un relato que he escrito hace apenas unos días. Me acabo de dar cuenta, que hoy el blog cumple 2 añitos, aunque de esos dos no haya posteado quizás 1 año a lo sumo, pero bueno, la entrada de hoy me hará las veces de "celebración", de paso jajaja.
Volviendo al asunto, os recomiendo leerlo mientras escucháis la canción que coloco después de estas lineas, ayuda a adentrarse en el relato 🙂 

Sin más, os dejo el relato. Espero que os guste y, por cierto, FELIZ AÑO 😀

 


Ronan Hardiman – Celtic Dream
Sueño Eterno 
Estaba sumergido en la oscuridad cuando desperté. Me encontraba tumbado, desorientado y sin saber quién era. No veía ni oía nada en absoluto, y mi cuerpo parecía estar aletargado tras, quizás, tiempo sin actividad. Todavía no me había preguntado donde estaba, cuando vi la luz.
Delante de mí, a unos metros de distancia, brillaba una pequeña pero intensa luz azulada. Ésta tenía forma esférica, y se acercaba hacia mí, serpenteando por el aire. Cuando se encontraba a escasos metros, me percaté que le seguían algunas más, idénticas a la primera. Una vez llegaron hasta mi ubicación, se detuvieron.
Las luces empezaron a emitir fulgores de distintos colores e intensidades, mientras zigzagueaban en pequeños círculos. De algún modo, parecía como si se comunicaran entre ellas. Pasados unos segundos, volvieron a detenerse. 
De pronto, todo cuanto me rodeaba empezó a emitir un siniestro brillo de tono verdoso. Me encontraba en un claro, recubierto de césped, y no se divisaba nada en la lejanía, solo el extraño fulgor verde, acompañado de multitud de luces de diversos tamaños. Salvo el color, el paisaje me recordaba al espacio, al vacío, como si hubiera abandonado el planeta.
Intenté incorporarme, pero mi cuerpo todavía no me respondía, y no pude hacer más que permanecer tumbado, expectante ante aquel siniestro pero a la vez bello paisaje. Las luces comenzaron de nuevo a emitir sus particulares destellos, y se desplazaron hasta quedar encima de mi cuerpo. Una de ellas, la primera que yo había divisado al despertar, empezó a alejarse, y las demás empezaron de nuevo a bailotear. Mi cuerpo empezó a elevarse en el aire, y cuando quise darme cuenta, me hallaba flotando, con las luces orbitando a mi alrededor, como si de satélites se tratasen.
Junto con ellas, comencé un viaje a lo desconocido, volando por los aires mientras observaba el lugar en el que me encontraba. A nuestro paso, todo parecía cobrar vida y color, surgían luces por doquier, y diversas voces inundaban mis oídos, susurrando palabras que no llegaba siquiera a entender.
Llegamos a un gran y extenso abismo, dueño de un enorme y gigantesco remolino turquesa, que aterrorizaba con solo imaginar que sucedería al caer en él. Cruzamos por el débil y maltrecho puente hasta cruzar al otro lado, y avanzamos unos metros más hasta que al fin llegamos a nuestro destino.
Ante nosotros se hallaba una bifurcación entre dos caminos, uno a izquierda y otro a derecha. Las luces dejaron de orbitar a mi alrededor y lentamente me posaron en tierra firme, para, una vez posados mis pies en el suelo, marcharse sin más. Al parecer habían cumplido su cometido y ahora era deber mío escoger el camino.
Ambos senderos tenían algo en común, la entrada. Un gran portón con barrotes de acero se alzaba hasta donde la vista no alcanza y separaba el camino del caminante. A través de estos pude observar lo que se hallaba en cada sendero.
En el camino a mi izquierda, se divisaba un pequeño sendero por la ladera de una montaña nevada. Todo el camino se encontraba cubierto por la nieve, salvo por unos cristales a los lados del mismo, que emitían un color azulado. Una fría y suave brisa se arremolinaba a la entrada, por alguna razón, esa dirección inspiraba confianza, seguridad, y una extraña calidez.
Por otro lado, a mi derecha, se podía observar un maltrecho sendero que parecía conducir a la civilización, pues una ciudad se alzaba a lo lejos. El cielo de ese lugar estaba teñido de un color rojizo. La brisa era cálida y agradable, pero un malestar embargaba mi ser al entrar en contacto con ella.
A simple vista, parecía más sensato elegir este último camino, pues el primero parecía poco practicable, además del inconveniente del frío. No lo tenía nada claro, no sabía que elegir ni que hallaría al final. Al final, tomé la decisión de escoger el cálido sendero a mi derecha, así que dirigí mis pasos hacia el portón de éste cuando la vi.
Al otro lado de la puerta se hallaba una mujer desnuda. Su largo pelo de color negro azabache ocultaba sus senos, y sus ojos, de un tono rojizo, se clavaron en mí. Por su mirada parecía que me conocía muy bien, yo, sin embargo, desconocía del todo su identidad, inclusive la mía.
¿Chris, qué haces aquí? Pensaba que ya habías cruzado – dijo ella.
Aquella pregunta me desconcertó. ¿Era Chris mi nombre? ¿Y a que se refería con haber cruzado? Estas preguntas se añadieron a la larga lista que ya tenía al encontrarme en aquel lugar, pero todo apuntaba a que todo se iba a resolver pronto.
¿Quién eres? – pregunté.
Soy yo, Alice, ¿es que ya no me recuerdas? – contestó de inmediato.
Al oír su nombre, un escalofrío recorrió todo mi ser, y las lágrimas brotaron de mis ojos en cuestión de segundos. Mis recuerdos empezaban a aflorar en mi mente de nuevo, y, pese a que habían cosas algo confusas, ya recordaba a esa mujer, mi mujer.
Claro que te recuerdo Alice, perdona, estoy algo confuso.
Es comprensible, me ocurrió lo mismo al llegar aquí.
Alice, ¿Dónde estamos?
Estamos al otro lado, Chris.
¿Al otro lado? ¿A qué te refieres?
Estamos muertos, Chris.
Aquello empezaba a parecer una broma de mal gusto, pero Alice no era de gastar bromas, y menos con esos asuntos. Además, todo empezaba a tener algo de sentido.
Un momento, Alice. ¿Qué ha ocurrido?
¿No recuerdas el accidente?
El accidente… De nuevo, mi mente se despejaba para abrirse camino a recuerdos más recientes. En unos instantes, lo recordé todo. Íbamos en el coche, camino a una reunión de amigos, cuando de repente algo se nos cruzó por delante. Ahora lo entendía todo.
Ahora recuerdo… ¿así que no sobrevivimos?
Bueno, no es así del todo, yo… sobreviví.
¿Qué? Pero, entonces que…
Me suicidé – dijo entre sollozos.
¿Pero qué…?
Joe estaba muerto, y tú estabas en coma, había pocas probabilidades que despertaras, no podía soportarlo Chris…
Un momento… ¿Joe también ha…?
Si – apenas contestó.
El mundo se me vino abajo. Mi mujer, mi hijo y yo habíamos muerto, no era capaz de asimilarlo, pero todo parecía tan real. Me hallaba de rodillas en el suelo, intentando pensar con claridad, cuando el otro portón se abrió.
¡Rápido! Debes cruzar al otro lado.
Pero… un momento, ¿porque solo se ha abierto este lado? Yo quiero ir contigo.
Ese es el camino que llega al cielo, cariño, yo…
Oh, Alice… Todo ha sido por mi culpa… lo siento mucho… si no hubiera insistido en coger el coche ahora tu…
No te preocupes, fue mi decisión, ahora date prisa, cruza y reúnete con Joe, te quiero Chris.
Te quiero Alice – contesté sollozando mientras me dirigía al portón.
Estaba a escasos metros cuando el portón de nuevo se cerró.
¿Pero qué… Alice qué ocurre?
Pero Alice ya no estaba, había desaparecido.
De nuevo me hallaba solo, aturdido y desconcertado, del mismo modo que al llegar a aquel dichoso lugar. No podía hacer nada más que llorar y rezar por reunirme con mi familia de nuevo. De pronto, una luz muy intensa me bañó por completo. Ésta era cegadora, parecía proceder de muy alto. Una voz resonó en mi cabeza.
Chris, todavía no ha llegado tu hora.
¿Quién eres?
Tu hora no ha llegado aún, debes marcharte.
¿De qué estás hablando?
Debes partir de inmediato.
¿Que debo partir? ¿A dónde?
Volveremos a vernos, Chris.
La luz despareció, y las luces que me habían llevado hasta los portones aparecieron de nuevo ante mí. Éstas empezaron a girar a mi alrededor a gran velocidad, todo empezó a tornarse oscuro, y el sueño se apoderó de mi cuerpo.
De nuevo, desperté tumbado y con el cuerpo entumecido, pero esta vez me hallaba en el hospital. Al parecer había despertado después de un año en coma. ¿Todo aquello había sido un sueño? No pude quitármelo nunca de la cabeza, por mucho tiempo que pasara.
No podía haber sido un sueño, ¿Cómo si no sabía que Alice se había suicidado antes de despertar? Los médicos aseguraban que lo había oído mientras estaba en coma y que por eso estaba al corriente, pero no les creí.
Piensan que estoy loco, por eso me encerraron, quién sabe, quizás tengan razón, pero debo hacerlo, por mí, por Joe, y por Alice, no pienso abandonarlos.
Chris cogió la pistola, se la acercó a la sien y…
…
¿Chris, eres tú?
FIN