Mi último dibujo

Bueno, además de jugar a la consola y escribir, también me gusta dibujar. En realidad, me dedico a dibujar, es mi materia de estudio, y ahora ando practicando lo que se dice “mirar y dibujar”. Es decir, mirar otro dibujo o una foto (en éste caso es más foto que dibujo, ya que está generado por ordenador el ejemplo). La verdad es que eso es algo que no me gusta demasiado, no tengo paciencia suficiente como para dibujar al milímetro cada detalle, así que lo que hago es coger la estructura de la imagen y luego hacer lo de dentro a mi antojo, sin exactitud, que en realidad es lo que se me pide. No es ni mucho menos el mejor dibujo que he hecho, no obstante me ha gustado el retoque que le he dado con el Photoshop, nada del otro mundo pero vistosillo. La calidad de la imagen en si no es muy buena, porque es una foto del móvil. En cualquier caso, me gustaría que me dijeseis que tal.

 

 

Link a la imagen, se ve completa:

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Enamorarse de una canción: el ambiente

No cabe duda de que la música es capaz de hacernos recordar todo tipo de cosas según el momento en que la escuchamos. Eso algo que todo el mundo sabe y experimenta, y de algo parecido irá ésta entrada. Hay canciones que nos gustan más o que nos gustan menos según ciertas cosas, algunas tienen que ver con la propia canción y otras con el ambiente/situación en que las has escuchado por vez primera, o al menos la vez que más te impactó escucharla. Éstas son algunas situaciones o posibilidades mediante las cuales una canción puede llegar a impactarnos, o como dice la entrada, enamorarnos. Espero que os sintáis identificados con alguna de ellas, ya que yo, sin duda, he tenido momentos de todas y cada una.  

Una canción, un ambiente, un olor 

El olor, dicen, tiene 10.000 veces más potencia que el sentido del gusto, así que los recuerdos nos vienen fácilmente a la mente cuando cierto olorcillo deja su aroma a nuestro alrededor. Cuando vemos una película, y al mismo tiempo olemos cierto perfume (agradable o desagradable), recordaremos la película cuando olamos de nuevo el aroma, y recordaremos el aroma cuando veamos de nuevo la película. Es algo que mí personalmente me encanta, y sucede siempre o casi siempre que vamos al cine. Lo mismo pasa con la música. El olor es en ocasiones determinante, aunque solo en ocasiones.  Por poner un ejemplo, el otro día estaba sentado en el asiento de un autobús mientras escuchaba The Worm and the Bird, de The Used.

 La canción ya es de por si bastante tétrica, y el escenario que tenía a mi alrededor lo era igualmente. Llovía a cantaros, los cristales estaban empañados, hacia calor, todo estaba oscuro y a la vez rojizo, se podía escuchar el viento, y un olor como a incienso (o lo que fuera, ya sabéis) inundaba el aire. El ambiente era extraño y muy claustrofóbico, lo que unido a la canción creó un escenario realmente curioso, que durante los cuatro minutos que duró la música me hizo sentir distinto, aunque fuera solo por un rato. Desde entonces, escuchó usualmente la canción. Esto es un ejemplo como otro cualquiera de lo que un ambiente extraño puede obrar en nuestro sentido del gusto musical, y habrá ejemplos a miles. Pero éste me sucedió hace muy poco, y fue bastante especial.  

Una canción, un momento, un lugar 

Como sucede con los ambientes, una canción es capaz de recordarnos con exactitud un momento o una época. Por ejemplo, si escuchamos cierta canción cuando estamos de vacaciones, y lo hacemos con asiduidad, esa canción nos recordará inevitablemente a ese período vacacional. Lo mismo pasará si escuchamos mucho una canción durante el verano, al escucharla de nuevo, la canción nos llevará directos a los recuerdos. Claro está, si una canción es escuchada durante años y muy frecuentemente, podría no recordarnos a nada simplemente porque no tiene una fecha o momento exacto.   

Un buen ejemplo de esto la canción de Coldplay, Viva la Vida. Automáticamente pensaremos en el Barça, sobretodo si somos de ese equipo. O en mi caso la canción Speak of the Devil de Sum 41, me recuerda una barbaridad a mis vacaciones en Málaga, de hace al menos tres años.  

Una canción, una letra, un descubrimiento 

Hay canciones que con tan solo oírlas no tenemos bastante. Seguiremos escuchándolas, pero nunca llegarán a ser del todo atractivas, no llegarán a nuestro corazón con facilidad. Hasta que descubramos el significado de su letra. No todos tenemos el nivel de inglés suficiente como para entender una canción por completo, y eso es una lástima, porque hay canciones capaces de enamorarnos, no por su ritmo o por su atractivo sonoro, sino por su letra. Hay canciones que nos obsesionarán porque serán exactas explicaciones de nuestra vida. Éstas son las que más se recuerdan. 

 El inglés es bastante más bonito de oír cantado que el español, a mi parecer, y determinadas frases nos encantarán sin remedio, y nos veremos escuchando una canción una y otra vez sin descanso, una canción que días antes ignorábamos por completo, antes de saber nada de su letra. Lógicamente esto puede tener el efecto contrario, que una canción resulte ser más insulsa y plana, o ofensiva, de lo que pudiéramos pensar antes, dejándola de escuchar regularmente. Por poner otro ejemplo mío, la canción Walking Disaster de Sum 41 me gustaba, pero me encantó mucho más por su final, bonito de oír en inglés, cuya traducción no es quizá tan bonita.  

 I will be home in a while
You don’t have to say a word

I can’t wait to see you smile

Wouldn’t miss it for the world
  

Lo que vendría a ser:  

Estaré en casa en un tiempo No tienes porqué decir una palabra No puedo esperar para ver tu sonrisa No me la perdería por nada del mundo  

Una canción, una persona, un recuerdo

 Como sucede con los momentos y los ambientes, las canciones son capaces de recordarnos a ciertas personas, no necesariamente porque tengan que ver en absoluto, sino simplemente porque en el momento de oírla estábamos pensando en ella/él. Llegará el punto en que la canción parecerá haber sido creada con el propósito de ser lo más fiel sonoramente a la persona a la que nos recuerda, convirtiéndose como suelo decir yo en: “la canción oficial de (X)”. No quiere decir que nos recuerde a una persona necesariamente, puede sernos familiar respecto a una película. La canción de Three Days Grace, Never Too Late, me recuerda una barbaridad a Jurassic Park, así como la de I Hate de Plain White T’s me recuerda a Quantum of Solace.  

Esto tiene un doble filo muy importante, y es que mientras esa persona nos haga feliz, la canción nos encantará y nos traerá bonitos recuerdos, haciendo mella en nosotros y llevándonos a escucharla una y otra vez. Pero si esa persona supone una decepción o no hace sentir disgusto, la canción se verá hundida de por vida, y lo más probable en que no queramos oírla de nuevo para no pensar en ello, o para no recordar más. Éste tipo de canciones son las más adictivas, y las que se escuchan con más ahínco, inexplicablemente. Pero como he dicho, puede resultar ser la condena de una canción.  

Una canción, un mal momento, una manía  

Cuando pasamos por una mala etapa por un momento emocionalmente negativo, escucharemos música como lo hacemos el resto del tiempo. Y eso puede conllevar problemas, ya que la canción que escuchemos podría recordarnos algo negativo, y sernos realmente desagradable. Recomiendo encarecidamente no escuchar ninguna canción cuando pasemos por un momento emocional (no tiene porqué ser amoroso, claro está) delicado o negativo, ya que muy probablemente acabemos aborreciendo un grupo o una canción que antes nos encantaba. A mí me ha sucedido con el grupo Blink 182, cuyas canciones me traen malos recuerdos y evito escucharlas.

 Es por ello que yo ya nunca escucho ciertas canciones, e intento no ver una película, leer un libro o jugar a un videojuego en un momento de crisis (como por ejemplo una tarde en la que nos han detectado cierta enfermedad o hemos suspendido un trimestre), ya que nos recordará inevitablemente al mal momento. Eso es, definitivamente, condenar a cadena perpetua a una canción.

  Una canción, una situación de película, una flipada mental

 Éste es el tipo más cómico de los que yo he tenido. Hay momentos que son extrañamente peliculeros, como un momento típicamente melancólico, en el que nos sentaremos en el autobús escuchando una canción poniendo cara de motivación como si en plena película comedio-romántica nos hallásemos, o en una película de acción con persecución policial incluida… Es curioso como ciertas canciones son idóneas para ciertos momentos de la vida, que irán que ni pintados con lo que estamos haciendo y que nos infundirán una motivación (a veces cómica) que nos gustará.  

Conclusiones 

El lugar, la forma y el momento en que escuchamos una canción és vital a la hora de tener una opinión sobre ella. Las canciones mejoran o empeoran según cuando y cómo las escuchamos, y yo solo me he limitado a transcribir algunas situaciones que se me han presentado dentro del mundo musical. Espero que opinéis sobre ello, porque todos hemos tenido momentos de éste tipo.

Análisis Turok

 

 

Introducción 

Hay juegos que, a pesar de contar con un planteamiento divertido y una estructura en general amena y variada, son fácilmente aborrecibles, e inevitablemente insultados por cualquier jugador que lo que busca es, simplemente, algo de diversión. Turok ha sido una saga particularmente difícil, un verdadero reto para los jugadores que, por otro lado, pertenecían a una época por completo distinta a la actual. En la actualidad, la dificultad en los juegos se ha reducido bastante, abriéndose un mundo de posibilidades para quien quiera disfrutar de un videojuego desde su principio a su final con relativa tranquilidad, y siempre divirtiéndose, que al fin y al cabo es el objetivo. 

Los juegos de dinosaurios son muy poco habituales hoy en día. La principal fuente de videojuegos sobre éstas enormes criaturas prehistóricas parten de la saga Jurassic Park, con incontables títulos que, a pesar de sus buenas ideas, nunca han sabido mostrar la verdadera esencia de los dinosaurios (excepto Tresspaser). Dino Crisis, en cambio, nos presentaba una nueva faceta del estilo de juego de Resident Evil, pero una vez más, los dinosaurios no eran el centro absoluto de todo, al menos no como en las películas de Steven Spielberg, que sin duda alguna son las precursoras de todo videojuego de dinosaurios que se precie.

 

 En Turok ocurría algo parecido, los dinosaurios eran tan solo objetivos a los que derrotar y matar sin descanso, aunque contaba con la sensación de “supervivencia” que la mayor parte de títulos de ésta temática contiene. Tras tres notables (y difíciles) entregas en Nintendo 64, llegó Turok Evolution, un verdadero paso atrás para la saga que, a primera instancia, pareció terminar con la franquicia. Por suerte (o por desgracia, según como se mire), no fue ese el final de nuestro común amigo Turok, el cazador de dinosaurios, que de la mano de Propaganda Games volvió a nuestras consolas de última generación, con un planteamiento divertido e intenso, pero con un lastre realmente matador que termina con todas sus posibilidades jugables.  

Historia 

Somos Turok, un soldado Indio que perteneció en el pasado a uno de los grupos militares más sanguinarios y habilidosos del momento, el WolfPack. Bajo el mando de Kane, Turok cometió crímenes espantosos que le atormentan a diario, hasta que decide abandonar y escapar de la matanza indiscriminada. Pronto Kane llamará la atención de las autoridades por sus crímenes en el espacio, y un grupo de veteranos soldados llamados Whiskey Company partirán hasta un lejano planeta donde, en teoría, Kane está planeando algo oscuro. Turok irá con ellos, dispuesto a vengarse de las atrocidades que Kane cometió, y que le obligó a cometer aún sin quererlo.

  

La historia nos lleva a través del planeta terraformado infestado de dinosaurios, mientras volvemos momentáneamente atrás a modo de escenas flashbacks (sin Benjamin Linus rondando por ahí, eso si) que nos cuentan el pasado de Turok. La historia podría ser algo no valorable en un Shooter, quizá innecesaria y en muchas ocasiones muy poco cuidada, pero no es al caso de éste Turok. La historia es sorprendente desde el principio, hay bastantes escenas de vídeo, no muy largas pero si muy amenas y muy peliculeras, trabajadas concienzudamente.

 Poco a poco iremos descubriendo los planes de Kane, aunque hay que decir el principio de la historia es mucho más absorvente y completo el resto, sobretodo en la parte final. Turok no es un personaje plano, y tampoco Slade, nuestro compañero, que a pesar de no haber salido de un Final Fantasy, se desenvuelven con soltura y estarán movidos por distintas y claras motivaciones. En conclusión podríamos decir que la historia de Turok es muy agradable, está presentada con gran acierto (todo lo contrario de la de Avatar, analizado hace unos días) y trabajada a conciencia, sobretodo al principio. 

 Apartados Técnicos 

Los gráficos de Turok presentan puntos verdaderamente altos y otros demasiado bajos para los tiempos que corren. Comenzando por el diseño de los personajes, hay que decir que son notables. Los rostros están muy trabajados, sobretodo el de Turok, cuyas texturas y movimientos faciales serán convincentes y creíbles. Así también el resto de los personajes del juego, todos con una complexión musculosa muy al estilo Gears of War que les viene que ni pintada. Es remarcable un truco gráfico muy habitual hoy en día y que en Turok se usa con muchísima frecuencia: se trata de desenfocar el fondo y enfocar a los personajes, dotándoles de más profundidad y agregando un toque espectacular y peliculero a las escenas. Éste detalle gráfico es sencillo y muy agradable a la vista, uno de los principales motivos de que las escenas (generadas con el motor del juego) sean amenas y sorprendentemente cuidadas, algo que sin duda influye en la recepción de la historia que se nos cuenta.  

 

Asimismo, si los personajes rozan el excelente, los enemigos prehistóricos son aún mejores. Los dinosaurios son la principal baza de éste título, no solo por su comportamiento (del que se hablará después) sino por su estética y movimiento. Encontraremos todo tipo de dinosaurios durante nuestra aventura, desde Velociraptores (asqueántemente comunes), Dilophosaurios, pequeños dinosaurios parecidos a los Procomposognathus, reptiles de cuatro patas que escalan árboles, bichos y escorpiones, criaturas enormes marinas y como no, el gigantesco Tyrannosaurus Rex.

 Todos ellos están diseñados excelentemente, a destacar sus texturas. La piel granulada y brillante al sol de los dinosaurios está en Turok realmente bien representada, y será un auténtico placer observar a todas las especies que pueblan los escenarios. Toda ésta belleza se iría al traste si sus movimientos hubieran sido robóticos y toscos (como los de Tresspaser), por suerte para el jugador, los dinosaurios se mueven con fluidez, realismo y velocidad.   Cada dinosaurio tiene su propio estilo de movimiento: los Parasauroluphus se moverán rápido pero torpemente, los Raptores serán velocísimos y muy habilidosos, los Composognathus se moverán rápido y con movimientos espasmódicos, como los de las gallinas, el Tyrannosaurus se moverá lenta y pesadamente, removiendo la tierra a cada paso… A quien le gusten los dinosaurios, observar a éstas criaturas moverse es un verdadero placer, aunque se acaban echando a faltar más especies, como el Pterodactylo, que tan solo aparece volando en el fondo de algunos escenarios. Todo lo contrario sucede con los seres humanos, que serán todos estéticamente iguales, con variaciones irrisorias.

  

 

 Desgraciadamente aquí termina lo bueno del apartado gráfico de Turok, cuyos escenarios se dividen en dos ramas principalmente: selva y bases. La selva está trabajada y resulta convincente, de no ser por su falta de texturas en la lejanía y ese constante tono azul que lo llena todo. Como sucede en Avatar, es absurdo colorear la selva de azul cuando su color debiera ser vivo y verde. Esto queda patente en cierta parte del juego en que viajamos por la selva al atardecer, donde el color azul se elimina para ser sustituido por el rojo y el naranja, mucho más acertados y bellos a la vista.

Por otro lado tenemos las bases, muy simples y parecidas entre si, serán tan habituales como las selvas y un verdadero infierno jugable, oscuras como ellas solas (éste juego ha de jugarse en una sala por completo oscura, y de no ser así nos perderemos la mitad del apartado gráfico e iremos a ciegas) y sin gracia alguna. Hubiera sido preferible viajar tan solo por la selva, o al menos reducir la frecuencia de las bases militares para no saturar al jugador de tanta sala clónica y tediosa. Visitaremos también cuevas pobladas de insectos, difícilmente valorables teniendo en cuenta su exagerada oscuridad, un tormento para quien juegue en una sala iluminada.

  

 

Dentro del apartado sonoro nos encontramos ante un juego notablemente doblado, con voces no demasiado especiales pero que cumplen y muy satisfactoriamente su cometido. Bien es cierto que, según he leído, el doblaje original es muchísimo mejor, ya que cuenta con actores de la talla de Ron Perlman (Hellboy) y de más. Aún con todo, el doblaje español es muy correcto y gratificante, dedicado y trabajado dentro de la capacidad de los dobladores. A destacar también los rugidos de los dinosaurios, convincentes y lógicamente distintos a los oídos en Jurassic Park. La música pasa por completo desapercibida, y habrá muchísimos momentos (prácticamente todos), en los que caminaremos silenciosamente por la selva, tan solo con el sonido de ambiente de fondo, algo que sin duda es positivo y que ayuda a la tensión.

  

Es sorprendente como Turok alcanza por momentos la excelencia gráfica, y en otros se hunde en la más simplona repetitividad. Si los dinosaurios y los personajes sorprenden por su detalle y su trabajo, los escenarios en su mayoría son olvidables y correctos, en pocos momentos excelentes (salvo en el capítulo del atardecer, muy bello). La jugabilidad presenta algo muy parecido, picos de calidad seguidos de verdaderos errores que pesan en su nota final y en el recuerdo del jugador tras superarlo. 

  Jugabilidad 

Turok es un juego realmente divertido. Es un shooter habitual, puro. Tendremos cierto número de armas a nuestro alcance para derrotar al enemigo, mucho más numeroso que nosotros, armados también. En ningún aspecto la jugabilidad de Turok destaca, y no se sale de los cánones impuestos por anteriores juegos de disparos, pero eso no quita sea endiabladamente entretenido, intenso y frenético. No habrá momentos de sopor y aburrimiento, siempre estaremos sintiendo algo más, ya sea diversión o la más profunda frustración. La acción de Turok nos plantea dos caminos diferenciados: el sigiloso y el Rambo. Siempre podremos optar por escoger el camino Snake, y agacharnos en la hierba para derrotar en silencio a nuestros enemigos.

 

 

Para lograrlo podremos hacer uso del todopoderoso cuchillo, un arma infalible a cortas distancias que, tras la pulsación de un botón, desatará una animación violenta y espectacular que acabará con cualquier enemigo al instante, sea dinosaurio o humano. También podremos utilizar el arco, cuyo disparo a distancia es igualmente mortal (aunque solo para el ser humano, en éste caso), silencioso y sigiloso. Podremos acabar con batallones enteros utilizando éste método de asesinato, evitando así que llamen a sus refuerzos y que el escenario se llene de enemigos y de disparos mortales. Desgraciadamente éste camino será inviable en muchas ocasiones, aunque así no lo parezca. Los enemigos deben de contar con cierto sentido arácnido que los llevará a detectarnos aún cuando estemos agazapados entre la espesa hierba, y que les hará darse la vuelta instantáneamente como si tuvieran ojos en su espalda y nos pudieran ver en cuanto nos aproximamos en exceso.  

 

De éste modo llegaremos a derrotar a varios enemigos silenciosa y laboriosamente, para ser inexplicablemente detectados en el último momento, sufriendo el ataque de un batallón entero de enemigos. Y será más recomendable utilizar el modo Rambo, y lanzar granadas y tiros por doquier para vencer a los enemigos cuando aún no saben que estamos rondando por ahí. Con los dinosaurios será por completo distinto. Podremos utilizar las armas de las que disponemos, pero serán completamente eclipsadas por nuestro afilado amigo el machete. Derrotar a las ingentes cantidades de velociraptores que nos asaltarán será relativamente sencillo gracias a la pulsación del botón R2 en el momento justo.

A algunos les parecerá demasiado sencillo, pero dada la dificultad endiablada del juego (de la que se hablará después) allá aquel que quiera intentar sobrevivir con una pistola, por mucho calibre que tenga. Será difícil acertar en los raptores (los principales enemigos del juego, abusivamente comunes), que se moverán muy rápido, siempre intentando flanquearnos y siguiendo rutas de lo más variopinto con tal de no ser disparados y acertados.  Podría decirse, en definitiva, que Turok pretende darle al jugador distintas y variadas opciones. Pero se hará inevitable seguir la misma estrategia una y otra vez: disparar a diestro y siniestro a los seres humanos, desde un punto de cobertura, y utilizar siempre el cuchillo para las hordas de raptores. Probar a ser sigiloso o a vencer a los dinosaurios con armas de fuego será curioso al principio, pero el jugador dejará de lado éstas opciones al poco de empezar, al darse cuenta del punto más negativo de Turok, algo que le baja la nota muchísimo: la dificultad. 

  

Turok es un juego extremadamente complicado. Eso no siempre es malo, siempre y cuando uno lo decida así (la selección de dificultad), pero en Turok es algo negativo, ya que aún en el modo más sencillo el juego es una verdadera pesadilla. El título que nos ocupa no es un reto, en absoluto, los retos no son éste tipo de juegos. El ansia de superación y de reto de un jugador se basa en la idea de “tengo que hacerlo mejor” para superar los obstáculos que el juego nos plantea. En Turok es muy distinto, no somos nosotros los que fallamos, son los desarrolladores y su fatal ajuste de dificultad los que cometen el error. Y es que clama al cielo ciertas situaciones en las que el jugador tan solo sobrevivirá por la suerte, no por la pericia, que es lo que un juego dificil pide continuamente.

En un videojuego pueden haber muchos factores que lleven a que su desarrollo sea complicado de superar para el jugador; ya sea la inteligencia artificial del enemigo, las distancias entre puntos de control o la gran cantidad de enemigos en pantalla.  En Turok  no hay mucho de de eso (quizá un poco de distancia entre los puntos de control), la única y principal dificultad está en que los enemigos y sus disparos dañarán excesivamente al jugador, que acabará muriendo a los pocos segundos de exposición. Con los dinosaurios esto no será un problema, ya que tenemos el adorado cuchillo, pero con las tropas humanas será un verdadero martirio. De todas formas, Turok no es un juego difícil de principio a fin, como por ejemplo puede serlo Ninja Gaiden, que presenta sus particularidades desde el principio. En Turok, la dificultad se pone por las nubes en momentos determinados, por culpa de unos desajustes asombrosamente llamativos que claman un arreglo inmediato.  

 

Habrá momentos en los que el jugador no podrá sino morir en pocos segundos antes de reaccionar a los disparos enemigos, de los que probablemente no podrá escapar aún cubriéndose, ya que algunas paredes son mágicamente cruzables para los disparos. Llama la atención en exceso los fallos de los desarrolladores a la hora de plantear algunas situaciones y su complejidad para el jugador, y eso causa más frustración de la que ya de por si llega a causar el juego. Esto destroza por completo cualquier punto positivo de su jugabilidad, por muy divertida que sea en ocasiones. Habrá momentos de verdadera diversión, gratificantes, pero irán seguidos de curvas mal ajustadas de la dificultad que borrarán por completo todo lo bueno que hallamos podido ver en la aventura de Turok en el planeta terraformado.  

 A parte de la dificultad, hay que sumarle los pocos alicientes del jugador para seguir disfrutando del título una vez superado, a parte de ya muerto multijugador. No hay extra alguno, ni trofeos/logros que desbloquear y que nos incentiven a superar el juego en un modo mayor de dificultad (en realidad, el único incentivo que un ser humano pudiera sentir para intentar tal magna obra sería una vida de dinero y lujo infinitos). Turok necesita profundizar más en los personajes en los cuales se basa, y no me refiero a los protagonistas, sino a los dinosaurios, que no serán más que enemigos a vencer. Una especie de dinopédia le hubiera hecho mucho bien al juego, y una dedicación más exhaustiva respecto a las criaturas prehistóricas que pululan por nuestra aventura hubiera convencido un poco más a los fans de los dinosaurios, que tendrán que contentarse con observar a los dinosaurios morir uno detrás de otro, sin particularidad alguna.  

Conclusiones  

Lo de éste Turok es una verdadera lástima. El juego presenta unos gráficos aceptables, con personajes y dinosaurios excelentemente diseñados, que sorprenden, todo lo contrario de sus monótonos escenarios azulados y sus oscurísimas bases humanas. El juego resulta divertido, frenético y fluido en muchas ocasiones, y será en esos momentos en los que no nos arrepentiremos del todo de haber adquirido el título de Propaganda Games. Esto, unido a un doblaje notable y una historia y presentación espectacularmente peliculeras conforman los puntos positivos de Turok, un juego que echa a perder todo lo bueno que tiene por culpa de un error de niños: la dificultad.  Muy mal ajustada e innecesaria por momentos, la dificultad será un tormento continuo de situaciones injustas y muy mal planteadas por los desarrolladores, que torturarán al jugador hasta llevarlo a la más profunda y asqueante frustración.  

 

A mi entender, encontrar un juego cuyas cualidades sean exactamente las que el jugador busca es muy difícil, mucho. Así pues, la diferencia entre un buen juego y uno malo está en si los momentos positivos se quedan más en nuestro recuerdo que los negativos, y si en conclusión podemos decir que nos hemos divertido jugando. En Turok sucede lo peor que puede sucederle a un título: que los momentos buenos y sus cualidades positivas quedan por completo eclipsadas por su faceta negativa, la dificultad, que será lo único que quedará en nuestro recuerdo, y lo que nos echará para atrás cada vez que pensemos en rejugarlo. Podría decirse en conclusión que Turok es un mal juego, que cuenta con una baraja de cartas notable pero que las juega muy mal, demasiado mal como para que el jugador sea capaz de apreciar su intención.

  

 

Sus puntos positivos no son olvidables en la nota final, pero su mal desarrollo y en general su mala ejecución pesan muchísimo en la valoración. Para los fans de los dinosaurios, éste juego supone el único intento actual de llevar a éstas criaturas prehistóricas a nuestras relucientes consolas. Hace apenas unas semanas, Jurassic: The Hunted, un videojuego sobre dinosaurios, vio la luz en Estados Unidos, de donde no saldrá nunca.

La segunda parte de éste Turok, que estaba en desarrollo, ha sido cancelada tras el despido/reagrupamiento de los trabajadores de Propaganda Games. Pero no os desilusionéis ni perdáis la esperanza los amantes de los dinosaurios, ya que como ha confirmado hace pocos días Joe Johnson, la saga Jurassic Park está lejos de terminar, y su cuarta entrega si verá, al fin, la luz en los cines. Y no cabe duda de que vendrá junto a su adaptación jugable para las consolas actuales. Los dinosaurios volverán, una vez más, a la vida. Esperemos que lo hagan mejor que en ésta ocasión, cuyo desenlace final no ha sido muy distinto al que tuvieron originalmente: una muerte injusta a manos de un destinto (o unos desarrolladores) fatal.

  Lo Mejor 

-La historia es interesante y muy peliculera. Su presentación es digna de admirar. Unido al doblaje, tenemos un apartado notable.  

-Los diseños de los personajes, y especialmente de los dinosaurios, son realmente bellos. No hay mejores dinosaurios en juego alguno que los que se pueden ver en Turok. 

 -El juego es largo en su historia principal, a pesar de no ser nada rejugable. 

 -Divertido y fluido en muchas ocasiones.  

-Variedad de armas a utilizar, y de uso muy distinto…. 

Lo Peor 

-…..aunque en la mayor parte de las ocasiones innecesario.  

-La dificultad, una verdadera pesadilla. Mal ajustada, con ideas realmente mal llevadas a cabo y con errores de niños a la hora de ajustar la dificultad de determinadas situaciones. Toda diversión que tenga Turok sale volando por la ventana.  

-Repetitividad en los enemigos humanos, y no demasiada variedad en los dinosaurios. 

 -Sin extras, y sin profundidad alguna en el tema de los dinosaurios. Son solo objetivos a los que matar, quien quiera un juego de dinosaurios con información y algo de dedicación en éste sentido, que se compre Jurassic Park Operation Genesis o Dinosaur King si me apuras.  

-Los escenarios son clónicos en el caso de las bases humanas, y repetitivos y demasiado azulados en la selva..