Enamorarse de una canción: el ambiente

No cabe duda de que la música es capaz de hacernos recordar todo tipo de cosas según el momento en que la escuchamos. Eso algo que todo el mundo sabe y experimenta, y de algo parecido irá ésta entrada. Hay canciones que nos gustan más o que nos gustan menos según ciertas cosas, algunas tienen que ver con la propia canción y otras con el ambiente/situación en que las has escuchado por vez primera, o al menos la vez que más te impactó escucharla. Éstas son algunas situaciones o posibilidades mediante las cuales una canción puede llegar a impactarnos, o como dice la entrada, enamorarnos. Espero que os sintáis identificados con alguna de ellas, ya que yo, sin duda, he tenido momentos de todas y cada una.  

Una canción, un ambiente, un olor 

El olor, dicen, tiene 10.000 veces más potencia que el sentido del gusto, así que los recuerdos nos vienen fácilmente a la mente cuando cierto olorcillo deja su aroma a nuestro alrededor. Cuando vemos una película, y al mismo tiempo olemos cierto perfume (agradable o desagradable), recordaremos la película cuando olamos de nuevo el aroma, y recordaremos el aroma cuando veamos de nuevo la película. Es algo que mí personalmente me encanta, y sucede siempre o casi siempre que vamos al cine. Lo mismo pasa con la música. El olor es en ocasiones determinante, aunque solo en ocasiones.  Por poner un ejemplo, el otro día estaba sentado en el asiento de un autobús mientras escuchaba The Worm and the Bird, de The Used.

 La canción ya es de por si bastante tétrica, y el escenario que tenía a mi alrededor lo era igualmente. Llovía a cantaros, los cristales estaban empañados, hacia calor, todo estaba oscuro y a la vez rojizo, se podía escuchar el viento, y un olor como a incienso (o lo que fuera, ya sabéis) inundaba el aire. El ambiente era extraño y muy claustrofóbico, lo que unido a la canción creó un escenario realmente curioso, que durante los cuatro minutos que duró la música me hizo sentir distinto, aunque fuera solo por un rato. Desde entonces, escuchó usualmente la canción. Esto es un ejemplo como otro cualquiera de lo que un ambiente extraño puede obrar en nuestro sentido del gusto musical, y habrá ejemplos a miles. Pero éste me sucedió hace muy poco, y fue bastante especial.  

Una canción, un momento, un lugar 

Como sucede con los ambientes, una canción es capaz de recordarnos con exactitud un momento o una época. Por ejemplo, si escuchamos cierta canción cuando estamos de vacaciones, y lo hacemos con asiduidad, esa canción nos recordará inevitablemente a ese período vacacional. Lo mismo pasará si escuchamos mucho una canción durante el verano, al escucharla de nuevo, la canción nos llevará directos a los recuerdos. Claro está, si una canción es escuchada durante años y muy frecuentemente, podría no recordarnos a nada simplemente porque no tiene una fecha o momento exacto.   

Un buen ejemplo de esto la canción de Coldplay, Viva la Vida. Automáticamente pensaremos en el Barça, sobretodo si somos de ese equipo. O en mi caso la canción Speak of the Devil de Sum 41, me recuerda una barbaridad a mis vacaciones en Málaga, de hace al menos tres años.  

Una canción, una letra, un descubrimiento 

Hay canciones que con tan solo oírlas no tenemos bastante. Seguiremos escuchándolas, pero nunca llegarán a ser del todo atractivas, no llegarán a nuestro corazón con facilidad. Hasta que descubramos el significado de su letra. No todos tenemos el nivel de inglés suficiente como para entender una canción por completo, y eso es una lástima, porque hay canciones capaces de enamorarnos, no por su ritmo o por su atractivo sonoro, sino por su letra. Hay canciones que nos obsesionarán porque serán exactas explicaciones de nuestra vida. Éstas son las que más se recuerdan. 

 El inglés es bastante más bonito de oír cantado que el español, a mi parecer, y determinadas frases nos encantarán sin remedio, y nos veremos escuchando una canción una y otra vez sin descanso, una canción que días antes ignorábamos por completo, antes de saber nada de su letra. Lógicamente esto puede tener el efecto contrario, que una canción resulte ser más insulsa y plana, o ofensiva, de lo que pudiéramos pensar antes, dejándola de escuchar regularmente. Por poner otro ejemplo mío, la canción Walking Disaster de Sum 41 me gustaba, pero me encantó mucho más por su final, bonito de oír en inglés, cuya traducción no es quizá tan bonita.  

 I will be home in a while
You don’t have to say a word

I can’t wait to see you smile

Wouldn’t miss it for the world
  

Lo que vendría a ser:  

Estaré en casa en un tiempo No tienes porqué decir una palabra No puedo esperar para ver tu sonrisa No me la perdería por nada del mundo  

Una canción, una persona, un recuerdo

 Como sucede con los momentos y los ambientes, las canciones son capaces de recordarnos a ciertas personas, no necesariamente porque tengan que ver en absoluto, sino simplemente porque en el momento de oírla estábamos pensando en ella/él. Llegará el punto en que la canción parecerá haber sido creada con el propósito de ser lo más fiel sonoramente a la persona a la que nos recuerda, convirtiéndose como suelo decir yo en: “la canción oficial de (X)”. No quiere decir que nos recuerde a una persona necesariamente, puede sernos familiar respecto a una película. La canción de Three Days Grace, Never Too Late, me recuerda una barbaridad a Jurassic Park, así como la de I Hate de Plain White T’s me recuerda a Quantum of Solace.  

Esto tiene un doble filo muy importante, y es que mientras esa persona nos haga feliz, la canción nos encantará y nos traerá bonitos recuerdos, haciendo mella en nosotros y llevándonos a escucharla una y otra vez. Pero si esa persona supone una decepción o no hace sentir disgusto, la canción se verá hundida de por vida, y lo más probable en que no queramos oírla de nuevo para no pensar en ello, o para no recordar más. Éste tipo de canciones son las más adictivas, y las que se escuchan con más ahínco, inexplicablemente. Pero como he dicho, puede resultar ser la condena de una canción.  

Una canción, un mal momento, una manía  

Cuando pasamos por una mala etapa por un momento emocionalmente negativo, escucharemos música como lo hacemos el resto del tiempo. Y eso puede conllevar problemas, ya que la canción que escuchemos podría recordarnos algo negativo, y sernos realmente desagradable. Recomiendo encarecidamente no escuchar ninguna canción cuando pasemos por un momento emocional (no tiene porqué ser amoroso, claro está) delicado o negativo, ya que muy probablemente acabemos aborreciendo un grupo o una canción que antes nos encantaba. A mí me ha sucedido con el grupo Blink 182, cuyas canciones me traen malos recuerdos y evito escucharlas.

 Es por ello que yo ya nunca escucho ciertas canciones, e intento no ver una película, leer un libro o jugar a un videojuego en un momento de crisis (como por ejemplo una tarde en la que nos han detectado cierta enfermedad o hemos suspendido un trimestre), ya que nos recordará inevitablemente al mal momento. Eso es, definitivamente, condenar a cadena perpetua a una canción.

  Una canción, una situación de película, una flipada mental

 Éste es el tipo más cómico de los que yo he tenido. Hay momentos que son extrañamente peliculeros, como un momento típicamente melancólico, en el que nos sentaremos en el autobús escuchando una canción poniendo cara de motivación como si en plena película comedio-romántica nos hallásemos, o en una película de acción con persecución policial incluida… Es curioso como ciertas canciones son idóneas para ciertos momentos de la vida, que irán que ni pintados con lo que estamos haciendo y que nos infundirán una motivación (a veces cómica) que nos gustará.  

Conclusiones 

El lugar, la forma y el momento en que escuchamos una canción és vital a la hora de tener una opinión sobre ella. Las canciones mejoran o empeoran según cuando y cómo las escuchamos, y yo solo me he limitado a transcribir algunas situaciones que se me han presentado dentro del mundo musical. Espero que opinéis sobre ello, porque todos hemos tenido momentos de éste tipo.