Análisis Cinematográfico: The Karate Kid

Introducción 

Hay que ver lo extraño que es el cine. Algunas películas, a pesar de que son extremadamente buenas (y eso es algo que se nota desde el principio), no nos terminan de llegar. En realidad, “llegar” no es la palabra apropiada… Digamos que no consiguen que recordemos con regocijo aquel rato que estuvimos en el cine disfrutando del trabajo de un director y una serie de actores. Es una verdadera lástima salir del cine y olvidar a las pocas horas la película que hemos visto. Cuando esto sucede, estamos sin duda ante una película carente de alma, una película vacía. Para muchos, la calidad de una película se mide por las buenas interpretaciones, la dirección, el montaje, la banda sonora, la fotografía… Y es en todo eso donde reside la calidad de una película, pero no donde se sitúa su alma. Salir del cine y recordar la película aún días después es algo precioso. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que, más allá de los actores, más allá de la dirección, de la banda sonora… más allá de todo eso, está lo que esa película ha evocado en nosotros. Si lo que nos ha hecho sentir es algo agradable, entonces esa película merece nuestro respeto. The Karate Kid merece mi respeto. La película no es Origen, ni tampoco El Caballero Oscuro, ni Gladiator, tampoco es Avatar, y ni mucho menos En Busca de la Felicidad. Pero tiene algo pequeñito de todas ellas, algo que para mí es tan importante como el mejor de los actores: la película tiene alma. Ayer fui a ver la película, y aún hoy sigo apenado porque terminara. Para mí eso es importantísimo, y será muy valorado en el resto de éste análisis cinematográfico, además del resto de detalles fílmicos.

 

 Jaden Smith es el hijo de Will Smith, y es evidente que eso abre muchísimas puertas. Teniendo en cuenta que su padre es uno de los más queridos y exitosos actores del momento, y que además es un productor nato que de su propio bolsillo gestiona sus películas, y de las que obtiene un grandísimo ingreso, es indudable que el joven Jaden ha nacido en la situación perfecta para convertirse en la nueva y prometedora estrella de Hollywood. Ya lo vimos junto a  su padre en “En Busca de la Felicidad”, y su actuación sobrecogió a todo el mundo. Después hizo de niño borde y fácilmente odiable en la película protagonizada por Keanu Reeves “Ultimatum a la Tierra”. De sus tres apariciones en la gran pantalla, la que compartió con Keanu Reeves es para mí la menos agraciada, no por que actúe mal, sino por el papel de niño pelma que interpreta. Y después de esas dos películas, y con la ayuda de su padre, Jaden se aventura en el Kung Fu en la nueva versión de la legendaria Karate Kid. Muchas cosas han cambiado. El protagonista ya no es Daniel-San, sino Shao-Dre, ya no está el señor Miyagi, sino un cascadillo Jackie Chan, más profundo que nunca, y unos 25 años separan aquella cinta de la que ahora nos ocupa.  

  

A menudo me pregunto si soy un crítico de cine bastante torpe. Puede que si. Soy muy benevolente, me doy cuenta de ello, pero es que me resulta difícil destrozar una película que, más allá de sus carencias, me ha hecho pasar un muy buen rato. Solo por ello merece mis respetos, desde la película más buena a la más mala que he visto. Soy incapaz de poner a caer de un burro a una película que me lo ha hecho pasar bien, aunque tal escena esté metida con calzador, o tal personaje esté un tanto forzado. Si viéndola he disfrutado mucho, si me ha entretenido y me ha hecho recordarla aún días después, entonces ha conseguido su propósito y a mí me vale. Será una actitud muy conformista, pero así soy más feliz que renegando de algo desde la ecuanimidad, dejando atrás las sensaciones que evocó en mí la cinta. En dos horas de película, por muy mala que sea, siempre hay algo que nos gusta, o al menos lo que no nos gusta no se hace eterno. Es por ello que destruir en un análisis a una película es mucho más difícil que hacerlo sobre un juego, donde todo es más largo, tanto lo bueno, como desgraciadamente lo malo.

 

 Sin más preámbulos aquí presento mi opinión sobre The Karate Kid. No soy un experto, ni siquiera un buen crítico de cine, no tengo un lenguaje cultural de Universidad, ni tampoco he rodado nunca nada verdaderamente importante, no veo la gala de los Oscars porque me entra sueño, no me se la filmografía de Tarantino, ni la de Scorsese, y no he hecho más que un trabajo de cine en lo referente a éste mundillo. Soy, simplemente, un aficionado a las películas, que cuando ve un buen trailer se interesa por el, paga siete euros con cincuenta un sábado y se sienta en la butaca del cine para ver el trabajo de otros. Soy, sin más, una persona que disfruta con el olor de las palomitas, el retumbante sonido de los altavoces de la sala, que se va cuando los créditos comienzan a salir y que escribe y describe, desde la mayor honestidad, lo que vio una tarde sentado en una butaca, a oscuras, en una sala de cine.  

The Karate Kid

Dre Parker es un muchacho de doce años que se muda con su madre a la lejana China, dejando a su natal Estados Unidos atrás. Ese viaje, en contra de su voluntad, le presenta ante un mundo nuevo, radicalmente distinto a lo que había visto antes, lleno de costumbres desconocidas, y de un idioma problemático. Está en otro lugar, muy lejos, se encuentra como el protagonista de una película dentro de un género que no domina, y pronto los problemas aparecen. Maltrato escolar, un grupo bastante odiable de chiquillos que dominan las Artes Marciales, un joven Dre Parker incapaz de librarse de su estigma… The Karate Kid no se aleja de la línea marcada por Miyagi y Daniel-San, pero tampoco es un ramake. Como dijo Will Smith (el productor) en su segunda visita al Hormiguero, The Karate Kid no es un remake de la película de los ochenta, sino una nueva y remozada versión, independiente en casi todo a lo visto junto al señor Miyagi, que no busca ni superar ni emular a la original, simplemente entretener. La película, ni supone una sorpresa argumentalmente, ni tiene al espectador en vilo hasta descubrir el desenlace (como por ejemplo Origen), pero no es algo negativo, simplemente no es su género, es una historia de superación al puro estilo Rocky, que sigue los pasos marcados por éste subgénero: Maltrato-oportunidad-evolución-combate definitivo.

 

  

Así pues, la película nos lleva por entre las penurias de Dre Parker en la ciudad de Pekín, pero siempre con el humor muy presente. Yo no suelo reírme a penas con las películas, casi nunca me carcajeo, por muy buen humor que tenga la cinta, a pesar de que si soy capaz de distinguir un buen momento de comedia de uno patético. Tampoco me reí demasiado con The Karate Kid, aunque si sonreí en muchas ocasiones. Para descubrir si el humor de una película surte efecto no hay más que mirar alrededor, las reacciones de la gente. En algunas películas, siento verdadera vergüenza ajena cuando se nos presenta un chiste ocasional, sin duda con objetivo de causar una carcajada general, y por el contrario la sala se queda muda.”Uy”, piensa el director. Con la película de Jaden Smith no sucedió eso, por el contrario, ha sido una de las películas en las que más risas he escuchado nunca, sobretodo de un hombre que tenía al lado que parecía ahogarse entre tanta carcajada. Como ya he dicho, yo sonreí en muchas ocasiones, un buen síntoma, ya que puedo pasarme un capítulo entero de Los Simpsons con la cara de póker, por muchos momentos hilarantes que haya (por otra parte, soy incapaz de ver un capítulo entero de Padre de Familia o El Show de Cleveland sin vomitar de puro patetismo, todo desde una opinión muy personal).

 

  

El personaje de Dre Parker se mantiene sobre una base de humor muy al estilo de su padre. La mayoría de las escenas cómicas están protagonizadas por él (algunas también por Jackie Chan, claro), y su cantidad, sencillez e inocencia hacen de la experiencia de visionar la película algo muy ameno, muy agradable, de agradecer. No es humor inteligente como el de “House”, pero si muy agradable, y aunque a muchos les pueda parecer una tontería, ¿no es algo digno de orgullo hacer que un hombre casi se ahogue de risa en una escena? Yo creo que si. ¿Conformismo? Más bien positivismo. Cuando yo veo una película, la película comienza con la valoración del número “5”. En ese momento, baja o sube (aunque mientras miro la película, los números y los análisis no pasan por mi cabeza en ningún momento). Otras personas, comienzan a ver la película con la valoración de un “0” ya puesta. Y que suba, o se quede donde está. Eso me parece un grave y triste error. Bueno, volviendo a la película, está claro que no estamos ante un dramón (aunque hay alguna que otra escenilla que si lo es, y además están bastante bien) y que Jaden Smith ha heredado esa capacidad de hacer reír que tiene su padre (aunque en El Hormiguero no habló mucho, qué le vas a pedir a un chico de doce años…).

 

  

La película sigue un camino clásico de éste género, la evolución física y psicológica del personaje protagonista, su avance en el arte marcial que está aprendiendo, la asimilación de las pautas y de los pensamientos del Kung Fu… Y entre medio, una dosis de un nuevo mundo que Dre comienza a conocer, sus reacciones ante él y el choque de dos culturas, una ancestral, y otra… bueno, digamos que más callejera. Y es que la de The Karate Kid es una historia de superación (no tan brillante como la de Rocky Balboa, eso si), en la que un  jovencito deberá abrirse paso en un territorio que desconoce, un territorio que podría entenderse como China, pero también como el Kung Fu. Y para poder disfrutar de una película de artes marciales propiamente dicha, el componente combate no podría faltar. Lo cierto es que The Karate Kid tiene menos Kung Fu de lo que podría esperarse. La vida de Dre Parker en su nuevo hogar ocupa al menos un 70% de la cinta, su relación con su maestro el Sr. Han (el personaje de Jackie Chan, del que hablaré después), y con una muchachita de su escuela.

 

Esto es positivo y negativo. Por una parte dan rienda suelta a Jackie Chan y a Jaden para actuar y desarrollar la historia de los personajes, pero por otro se pierde parte del alma de las películas de artes marciales, llenas de coreografías imposibles y golpes dolorosos. De todo esto hay en The Karate Kid, claro está, pero en dosis más pequeñas de lo que cabría esperar. Pero el director ha sido inteligente extendiendo mucho el torneo final, lleno de combates que ésta vez si, llenan el cupo que durante todo el fin hemos ido viendo vacío. Antes de pasar al tema de las actuaciones, cabe hablar de las coreografías en si. Para los que deseen ver a Jackie Chan repartiendo panes, desgraciadamente con éste película no estarán satisfechos, ya que solo nos muestra sus estupendas habilidades en una ocasión, una ocasión que por cierto es bastante cómica y está trabajada. Lo cierto es que Jackie actúa en ésta película, pero actúa de verdad, y eso le va perfecto teniendo en cuenta que ya empieza a estar bastante cascado. Así pues, los combates serán protagonizados en su mayoría por los jovenzuelos gamberros que acosan a Dre, y por el propio Dre. Las peleas que se nos muestran son estupendas, rápidas, realistas y con unos movimientos dignos de los fatalities de cualquier juego de lucha. Aunque los combatientes son todos jóvenes, ninguno de ellos lo hace mal, en absoluto.

  

¿Y qué tal lo hace Jaden Smith, el protagonista? Pues sorprendentemente bien. Gracias a su tonificación física y su complexión pequeña y delgada, vemos estirarse a Jaden hasta posiciones hueveramente preocupantes, mover los brazos con tanta fluidez como suelen hacer los combatientes de Kung Fu… Y a todo esto ayudan los juegos de cámara, las aceleraciones de la imagen, los recortes, etc… Vamos, que Jaden Smith no canta en absoluto por hacerlo mal, sino que nos sorprenderá con sus habilidades, y con tan solo doce años. Para terminar el apartado de “película en si”, me gustaría comentar otro apartado importante. Es probable que la película necesitará más Kung Fu, más explicación, descubrir al espectador, una vez más, que el Kung Fu está en nuestra vida, en todo lo que hacemos, hasta en ponernos la chaqueta (frase extraída descaradamente de un diálogo de Jackie Chan en la película). Con esto no quiero decir que no haya Kung Fu y su forma de verlo en la película, para nada, pero en películas como “El Último Samurai”, se explica mucho mejor la cultura, o más que mejor, con más profundidad. Lo cierto es que las aspiraciones de ambas películas son muy distintas, pero eso no es excusa para pedirle a The Karate Kid más profundidad en esa cultura, una cultura muy interesante para todo el mundo.  

Y llegamos al apartado de interpretaciones. Los protagonistas indiscutibles de ésta película son Jaden y Jackie Chan, y ellos ocupan la mayor parte de las escenas, aunque otros secundarios también se pasan por la pantalla con asiduidad. Analizando a Jaden, y su tempranísima edad, no puedo sino quitarme el sombrero. Su papel no es solo difícil por las evidentes necesidades atléticas que precisa, sino por la gran variedad de sentimientos que tiene que interpretar. Hay escenas cómicas, escenas dramáticas (Jaden llora en un par de ocasiones, y demonios, yo me lo creí), escenas de amor, y cómo no, escenas de combate. Y en todas ellas sale airoso, por muy poco agraciado que sea su doblador en España (¡Qué pocos dobladores buenos de niños hay en España!). En ocasiones nos recordará irremediablemente a su padre, en los gestos, en sus idénticos ojos, en las bromas… Está claro que Will Smith ayudó a su hijo en el rodaje. No me cabe la menor duda de que, más allá de lo enchufado que está en el mundo del cine (que lo está, mucho), tiene una calidad interpretativa que, si la hace evolucionar, podría alcanzar, sino superar, a la de su padre. Y es que Jaden Smith, con tan solo doce años, es el protagonista del 95% de las escenas. Está en todo.

 

  

Y tras él, Jackie Chan. Me ha sorprendido éste actor de cine de artes marciales, principalmente porque en ésta película, de coreografías hace más bien pocas. Casi por primera vez se dedica enteramente a actuar. Y lo hace muy bien. Yo me creo a su callado personaje, duro y recto, un poco tímido y muy ermitaño. Y sobretodo me creo sus escenas dramáticas, sus lágrimas, sus gestos… Jackie Chan nos demuestra (como hizo el propio Smith en “En Busca de la Felicidad”), que fuera de su género habitual no está fuera de lugar, que se encuentra cómodo y que es uno de los más importantes actores chinos de la actualidad, y de toda la historia. Protagoniza una de las mejores escenas de la película dentro de un coche (la escena es algo súbita, por otra parte), junto a un Jaden que también sobrecoge. Los dos tienen la química necesaria de “Maestro-Aprendiz” que tenían Miyagi y Daniel, y eso también es muy importante. En cuanto a secundarios, tenemos a la madre de Dre, correcta en su papel de mujer de armas tomar, la jovencita China de la que Dre se enamora y el grupo de matones que acosan a Dre (entre los cuales, el más malo de todos se hace odiar de un modo antinatural, condenado sea él). Todos ellos cumplen su cometido de acompañar a los protagonistas en su evolución argumental, algunos son más importantes que otros, todos cumpliendo su clásico papel, ya sea de “chica del protagonista”, a “matón principal”. No estamos hablando de secundarios candidatos al Oscar, pero si personajes definidos que no pasan por la pantalla y luego desaparecen. Eso si, tirón de orejas al guión que nos presenta al muchacho rubio del principio, y que lo hace desaparecer de un plumazo.

  

¿Y el director? Bueno, sobre esto creo que debo dar una explicación. Mi opinión es que hay películas en las que el director pesa sobre la creación, y otras en las que es el conjunto de todo las que hacen la maravilla. En The Karate Kid, el director importa más bien poco. ¿Qué pesa en The Karate Kid? Pues pesan las actuaciones del dúo protagonista, el escenario, el guión, las coreografías… Pero el director simplemente se encarga de dirigirlo todo a buen puerto, no pone su mano y deja ver su firma en el resultado, como por ejemplo si hace Christopher Nolan en todo lo que crea. Harald Zwart (que dirigió La Pantera Rosa 2) pasa por The Karate Kid de puntillas, sin dejarse ver, muy lejos de incluir la coletilla de, por ejemplo, James Cameron’s Avatar. Es un director de oficio, hace su trabajo y se va, lo organiza todo y se marcha. Esa es mi sincera opinión de determinadas películas, en las que el director no tiene nada que decir salvo ordenarlo todo para que se complete el rodaje. Antes de pasar a las conclusiones, me gustaría comentar algo tipiquísimo del cine de combates: la escena de “La Evolución”, como suelo llamarla yo. Es una escena, larga o corta, que nos muestra primero lo terriblemente mal que lo hace el protagonista, para después mostrarnos (normalmente con una música motivante de fondo) su evolución, sorprendiéndonos con la habilidad del protagonista en aquello en lo que antes había fracasado. Para mí, es vital que esa escena sea emocionante, lo suficiente como para que los pelillos se ericen un poco. En Rocky eso sucede. Y afortunadamente, en The Karate Kid también.

 

  

Conclusión 

Me gusta ir a cine. Muy pocas veces salgo decepcionado, y ninguna enfadado. Alguna vez me han llamado conformista. Yo que creo no lo soy, simplemente aprecio lo que me hace sentir una película, el trabajo de una serie de personas que se han unido para hacérmelo pasar bien durante dos horas (y de paso llevarse mi dinero). Como ya he dicho más arriba, The Karate Kid no es un peliculón, no es Origen, ni es El Caballero Oscuro, ni nada de eso. Es solamente una película entretenida, agradable, que nos deja un gran sabor de boca y que hace que, cuando pensemos en ella unos días después, el recuerdo sea agradable.  

Hace unos meses vi Robin Hood, de Russel Crowe. Me gustó, pero cada vez que pienso en ella, no me asalta una sensación feliz. ¿Por qué? Quién sabe. Cuando pienso en la tarde de ayer, cuando fui a ver The Karate Kid, me siento reconformado. ¿Por qué? No lo se. ¿Es mejor The Karate Kid? No. Robin Hood es mejor película que la de Jaden Smith, pero Karate Kid es mejor entretenimiento que Robin Hood. A mí me encantó Avatar, porque aunque tiene carencias de guión, me hizo vivir la magia de Pandora. Hay quien no opina así. Todos ellos odiarán a The Karate Kid, la atacarán y la destrozarán, no me cabe duda, el mundo es así. Pero yo me muevo por sensaciones, por recuerdos, y por buenos ratos. Así que le planteo una serie de preguntas a mi cabeza para valorarla: ¿Te ha divertido? Si. ¿Has pensado en otra cosa en esas dos horas que estuviste en la butaca? No. ¿Has mirado el reloj? No. ¿Aún hoy recuerdas la película, y asalta tu mente de vez en cuando? Si. ¿Ha valido la pena? Sin duda, si.

  

¿Entonces? No te recomendaré ir a ver The Karate Kid. A lo mejor no te gusta. No trato de convencerte, y éste análisis no va dirigido a ti, sino más bien a mi mismo. Es curioso cómo es la mente humana. Se que casi nadie leerá de cabo a rabo ésta entrada, se que la mayoría solo leerán éste párrafo, o el primero, o directamente no leerán nada. No pasa nada. Lo he escrito y publicado por que necesito que saber que todo aquel que quiera saber mi opinión sobre la película sepa que es positiva. Se lo debo a la película, me lo debo a mi mismo, y quizá también se lo debo al lector. ¿Quién sabe? Puede que sea raro en cuanto a gustos de cine. Puede. Solo diré que si mi madre viera The Karate Kid, o tu madre, o la madre del otro, probablemente diría, desde la inocente cabeza de alguien que no a manchado su mente más allá de ver una película para no pensar en los males del mundo y pasarlo bien, probablemente diría algo así como “qué chula”. Y se levantaría del asiento, se iría a casa y seguiría con su vida.