Continuación de «Por ti, amor»

Asípasan las horas entre paradas, risas, comidas, algún que otro error de camino,ahora este atajo ahora el otro, pero yo quiero llegar ahí:  

Mihermano, se despierta, y la tenemos liada; no calla ni debajo del agua, esinsufrible:

       Vamos a jugar al veo veo, va Laila.

       Muchas ganas, no tengo. Pero al menosme quitaré este aburrimiento de encima. Empieza tú, anda.

Jugaren el coche tampoco  es tan malo,mientras no te marees e intentes pasar un buen rato con tu hermano pequeño,quién tiene once años con la mentalidad de ocho o nueve. No lo digo en malsentido, para nada, además es algo que también lo piensan mis padres, y algunasfamilias cercanas.

 

Capítulo 2: Reflexionando…

Esfácil de contentarlo, con que le presten atención, que sea el protagonista detoda cualquier historia y sobretodo, jugar con él y correr y saltar; como otroniño de su edad.

Hayque decir, que es bastante movidito, por lo que la paciencia es la clave conél, con eso no digo que sea malo, porque tiene un corazón tan grande como unacasa. Así es él, ¿y respecto a mí?

Unaestudiante, que no destaca demasiado en ése ámbito. Una adolescente que tienesus más y sus menos, que ha causado algunos problemas como  cualquiera de su edad, aprende rápido de suserrores (en algunos). Fue una época tuve que pasarla, todos la hemos pasadotarde o temprano, para darnos cuenta de muchas cosas, ya sea de manera personalcomo familiar como amistades.

Heestado con varios chicos, pero por razones diversos la suerte no estaba de miparte, sufrí bastante con el último chico. No podré olvidarlo, me enamoréperdidamente, hubiera hecho lo que hiciera falta por volver a verlo y probar denuevo esos labios, y reflejarme en su mirada. Estrecharme entre sus brazos, ysentirme que el mundo es nuestro, que soy su princesa…pero no pudo ser. Aunque enrealidad estoy dolida por haberme mentido, engañado y decirme  tantas bonitas palabras, pero falsas porhacerme creer que era yo lo chica de su vida. Él tenía veinticuatro, seis añosmás que yo, hace unos tres meses de eso y me duele como si fuera ayer.

Peroyo quise pagar con la misma moneda y tratar igual a los chicos que se meacercaran, pero el sentimiento de culpabilidad me impidió que lo hiciera.

 

Aunasí, tengo unas enormes ganas de ver ese chico y pasarme unos buenos momentoscon él y su hermano. Sé que uno de los dos, al menos con el que me fijé el añopasado tenía novia, y su hermano, con el que estuvimos hablando, la última ygracias a sus padres que estaban de paseo como cada noche, él también estaba.Su madre que era muy simpática, me preguntó la edad y recuerdo que me dijo queparecía más pequeñita… un comentario al cual ya estaba y estoy más queacostumbrada. 

Enuna noche supimos todo o casi todo de ambos, fue una lástima que nos hubiéramosconocido justo la noche antes de irme, lo que no sabíamos es que nosvolveríamos a vernos. Recuerdo que él sabía mi nombre, por lo contrario yosabía todo y nada a la vez, me despedí de él sin saber cómo se llamaba y sin sunúmero de móvil. Me arrepentí tanto… Y ahora, este año volveré a ir allí, almismo pueblo, ¿Lo volveré a ver? Sí, tengo unas enormes ganas de volver averlo.

Mepierdo entre mis pensamientos, mientras mis padres se pierden por la carretera,uno por no leer los carteles y por no fijarse en el mapa que lleva en elregazo, no he mencionado que tenemos la especialidad, digamos, de desviarnos decamino…  Y mi hermanito, que no paraquieto, dándonos la lata con sus tonterías, para variar.

Seráun viaje especial, tengo muy claro que esta vez me lo voy a pasar mejor quenunca.