Continuación del capítulo dos

Estas calles por las que voy cada día en autobús, meparecen nuevas y extrañas, como si fuera la primera vez, las casas de laavenida Ibiza las encuentro más grandes de lo costumbre. Y como de costumbre,no hay prácticamente nadie, solo aquellos que tienen perros, esto  no es como en la ciudad que está repleto deperros, gatos, pájaros; no digo que aquí no haya, porque sería una mentira sidijera lo contrario. En los bares o mirando escaparates de las tiendascerradas, otros que ya van con prisas para no perder el tren y llegar tarde altrabajo.

Miro a la gente que va subiendo al autobús, hombres vestidospara al trabajo, jóvenes que quieren tener el cuerpo perfecto para conquistarchicas y sentirse bien consigo mismos, niñas y chicas de mi edad algo dormidasy pintas como una puerta, que quieren parecer las unas a las otras, pensandoque son únicas y que se comen el mundo. Ancianos, ancianas que van al médico oa la peluquería a teñirse el pelo y a contar su vida a los peluqueros, quienesescuchan y preguntan por sus familiares como buenos profesionales que son, y bueno también para un poco de“cotilleo”, que se yo.

Intentar adivinar los pensamientos de los demás es ungran reto,  pocos tienen ese don, tanescasos son que es muy difícil conocer a alguien así.

Bueno, casi llego al cole será cuestión de que pida laparada, porque soy capaz de pasar por delante del edificio y no darme cuenta,con lo cual mucha gracia no me hará entrar por la puerta y que todos se giren ala puerta mirándome o que la profe de sociales no me deje entrar.

 

Aquí están todos alborotados, contando su fin de semanamaravilloso para algunos para otros un aburrimiento de dos días larguísimos. Delos que han salido cuentan lo que han hecho, unos al cine con la intención dever la película de Fast- Furious5  yacaban bailando y cantando la canción que a tantas adolescentes les gusta,“Danza Kuduro” de Don Omar, un cantante latino, para mi gusto ha habido demejores, pero para gusto los colores, dicen. Otros cuentan lo que hanencontrado en Internet: noticias, foros, blogs, imágenes rarísimas, estos sonlos frikis, aunque ya debes de saberestas cosas…

 

Gina ya me viene lanzándose a mis brazos, como una locasalida del manicomio:

-¡Laila! ¿Te acuerdas que cuando estábamos en la playahabía uno o dos, no sé bien bien  cuántoseran, que no te quitaban el ojo de encima? – casi chillando a los cuatrovientos, y yo que no sabía si darle las gracias por su discreción, metermedebajo el pupitre o salir corriendo.

Bueno, mejor no hago nada de eso, busco con la mirada aÁlvaro, ahí está con sus amigos hablando con los demás guaperas, riendo conellos con algún que otro empujón a su mejor amigo de la infancia Víctor, sino recuerdomal.

-Gina, cariño, no hace falta que chilles tanto que tampocoes para tanto, además…Estoy delante de ti, no en la otra punta de la clase Jajajajaja– Me río con ella, para no darle importancia, en realidad tampoco es para tanto.