Mi Yo (V)

Cuando lo compré, parecía que corría mucho más que ahora… pero justo ahora que más lo necesito, me  da la sensación que este viejo Ford Fiesta no de mueve de su sitio.
Se que aun me quedan unas 8 horas antes de acudir al gran encuentro, pero algo me dice que debo partir de casa… 
Quizá en el fondo creo que la situación puede ser controlada por mí. Inocente… Llego a pensar por un instante que quizá pueda hacer algo…pero realmente no tengo idea de que hacer. De hecho no se ni por que me he subido al coche…y ahora viajo sin rumbo, guiandome a trabés de las sombras de una ciudad fantasma, pero no por vacía precisamente, sino por las sucias almas de sus habitantes…
Reflexionando sobre estas y otras cosas, y recordando los momentos que en mi vida pasé con ella, mi pequeña, me sorprendí aparcando en el solar que se encuentra en frente del solitario y ya casi destruido Polígono Industrial nº28. Levanto la vista hacia el edificio, justo cuando ya he apagado el motor. Aunque son las 7 de la tarde, me sorprende el silencio del ambiente. Me encuentro en una de las zonas más abandonadas de la ciudad. Una de esas zonas que muchos de los habitantes han olvidado su existencia, o la han ignorado siempre.
Me bajo del coche. Ahora mismo soy un autómata a las ordenes de algun ser superior que ahora mismo no se quien es, pero no me extrañaría que se tratara de mi sentido de culpabilidad.
Un paso, otro, otro, otro más… y ya estoy frente la gris y desconchada fachada de tal carcel de sueños…de mi sueño de salvar a mi pequeña. 
No lo pienso dos veces, ni si quiera lo pienso una, y me dispongo a saltar la valla que separa tal cárcel de la carretera de la ignorancia, de la carretera por la que tienen el privilegio de conducir todos aquellos que ignoran lo que se sucede en el interior de las cárceles que dejan atrás al dirijirse a su destino de viage… seguro que mucho más agradable que el mío.
Una gran puerta, a mi parecer blindada, se eleva unos dos o tres metros sobre mí. Quien diría que en una fábrica abandonada encontraría una puerta así. Esta claro que esta fue instalada mucho más tarde de que el edificio fuera abandonado. La empujo con todas mis fuerzas, pero la puerta no cede.
Me decido a hacer una visita por los alrededores del lugar. Rodeo la fábrica, siguiendo las sinuosidades de la pared, que parecen derrumbarse a mi lado, al yo rozarlas con mi mano. La verdad es que no encuentro nada más fuera de lo comuún o que me sorprenda, pero justo cuando me decido a abanandonar el lugar, me encuentro con un ventanal roto en frente de mis ojos. 
 
Aunque de todas formas éste solo me sirve para poder visualizar parte de una habitación más destruïda aun que la fachada del edificio. Cristales cubren el suelo de punta a punta de lo que sería mi campo de visión, y las lámparas están tan descolgadas que casi llegan al suelo. Los cables de la electricidad caen como lianas desde un techo inestable y cuya pintura ya es casi inexistente. 
No se como llego a tomar la siguiente decisión, pero lo que importa es que lo hago. Trepo por la ventana como puedo, haciendo uso de mis viejos pero aun útiles músculos que en su tiempo fueron la envidia de el pueblo. En un par de segundos me encuentro en medio de la habitación, caminando por encima de los cristales grácias a la resisténcia de la suela de mis zapatillas de mercadillo. Me detengo en cada rincón, curioseando. Busco algo pero no se el qué. 
Aunque a estas alturas mi intuición ya hace un buen rato que sabe de que se trarta todo esto, parece que mi razón no trata de aceptarlo. Está claro que esto es obra del Jefe.
Empecé a trabajar con el Jefe hace ya años incontables, cuando mi joven ser decidió comenzar a desear esos caprichitos que necesitan de algo más de dinero para cumplirse.
Al principio mi trabajo era el sucio, el indeseado. Los coches que robabamos tampoco nos daban mucho dinero, ya que el vendedor se chupaba gran parte del beneficio, pero mi creciernte amistad con el Jefe permitió que en unos años me pusiera en el lugar de estos envidiados seres.
Vender… Ahora no pasaba hambre precisamente.
Pero todo lo que sube baja, y en estos momentos me encuentro en una gran deuda económica con el jefe, ya que lo malo de ganar tanto es que tengo grandes responsabilidades, y en este caso mis responsabilidades són las pérdidas y los ladrones. Así que cualquier deuda recae sobre mí. 
Ese es el trato. Claro que estas condiciones se desconocen hasta que te metes aquí. 
De repente, un golpe seco me apartó de mis recuerdos. Me giré bruscamente…la puerta estaba cerrada. Otro golpe seco… ya habían blindado la ventana. A oscuras y tras probar en vano atravesar ambas barreras…
Ya no iba a salir de allí.