Mi Yo (VI)

Como ya sabéis, hace poco abandoné el blog temporalmente, y con él mi pequeña narración. Pero como prometí que la seguiría, aquí os presento el capítulo VI. Se trata de un fragmento un tanto especial.
Debo deciros que contiene alguna escena un tanto desagradable, así que si hay algún estomago sensible…
Bueno, pues akí os dejo con este pequeño fragmento. Y grácias por leerme ^^

No se cuanto tiempo he pasado encerrado en ese lugar. Desde luego casi me alegro de no llevar reloj para así poder evitar ser consciente de las muchas vueltas que ya ha dado la aguja más corta de este.
Ya llevo un buen rato sentado, me he rendido. Solté ya hace más de una hora las baldosas del suelo que usaba, en vano, para intentar romper las barreras que me separan del exterior. Pero es imposible, todo me empieza a parecer imposible ahora, ahora que empiezo a comprender lo ocurrido, ahora que todo cobra sentido.
Me siento, en señal de rendición… o sin señal. Quizá simplemente me he rendido. 
Pienso, pienso, pienso… y no dejo de pensar. Pienso en que quizás todo tenga solución… pero a la vez pienso que eso es poco probable.
Me he metido en un lío demasiado difícil de desliar.
¡Crack!
La puerta… se acaba de abrir con un suave chasquido, pero que en medio del silencio y mis pensamientos me parece una bomba. Me giro, ya imaginando a quien me voy a encontrar…pero no. En lugar de encontrarme al gran gran, y temido temido Jefe, me encuentro a un pequeño, pequeño ser que me mira con sus ojillos casi a la altura de los míos, teniendo en cuenta que yo estoy sentado. Supongo que sufre un ataque de subida de auto-estima, ya que en estos momentos es más alto que alguien.
Automáticamente me levanto, y este ser, sin soltar palabra alguna, me hace señales para que le siga, con un revolver en la mano. Quien osaría llevarle la contraria…
En cuestión de momentos nos encontramos en una sala grandiosa, seguramente la sala de confección de las telas, ya que se encuentra toda muy iluminada, eso sí, con ventanales acristalados y bastante nuevos. 
El ser bajito me suelta el brazo allí, y me ordena estar quieto. Eso sí… no deja de apuntar mi cabeza con su arma.
Y al fin llega el esperado personaje…y no iba solo. Sí, había acertado. Ahora definitivamente los hechos no son una simple suposición.
Con él se me acercan dos hombres corpulentos, más anchos que los armarios existentes en esta fábrica y que sus mismos cuerpos ocultan. Ambos van armados, y uno de ellos lleva consigo algo distinto a un arma…algo muy distinto. Eso no me provoca odio ni miedo… pero en cambio tengo más miedo de que ello esté aquí en frente mío que no que estén las armas.
Ese algo era ella.
El hombre la sujeta con un cuchillo en el cuello, y ella no para de temblar y llorar a la vez. Me mira con cara suplicante… una cara que nunca imaginaría ver. La cara del terror en su estado más potente.
El dinero.- El Jefe va al grano.
¡No la toques! ¡Que aparte el cuchillo! ¡No le hagáis nada!
Creo que llegados a este punto es sencillo deducir que es lo que tienes que hacer si deseas que tu niña siga viva. No hace falta que formules preguntas ni peticiones. – La cosa va en serio.
Sabes de sobras que no lo tengo. Estoy tan arruinado como tú, y sabes que no es solo por mi culpa. Si pudiera pagarte ya lo habría hecho. ¡No escondo nada!
Es tan fácil como esto, ya verás como pagarás. Si no pagas… bueno… ¿ya has visto pelis no? No voy a repetir el argumento cinematográfico más famoso y repetitivo de la historia. – El Jefe es consciente de que sé como termina esa frase…
¡Te lo pagaré! – Empiezo a llorar y perder la relativa tranquilidad.
¡Cuando! ¡Dime cuando! ¿¡Cuando le haya reventado la cabeza a tu hija!? ¿¡Entonces me tomarás en serio!?
El hombre del cuchillo suelta a Lorena y la empuja hacia delante. No tengo tiempo de reaccionar…
¡Boooom!
Un trozo de cráneo cae a mis pies, y trozos de cerebro ensucian el suelo. La sangre me cubre la cara. 
Creo perder el conocimiento. Creo perder la vida. Creo no saber nada de lo que ha ocurrido. Creo no haberlo visto. 
El mundo desaparece, y yo creo y quiero desaparecer con él. No escucho nada, no veo nada. Estoy en un vacío.
Unos segundos más tarde recobro el sentido y lo recuerdo todo. 
La miro… vomito, lloro, grito desesperadamente, me arranco el pelo, golpeo el suelo con todas mis fuerzas…
De repente me encuentro solo. Solo, en frente de mi niña. No entiendo nada. Ellos no están.
Unos momentos después me vería saltando por los aires y ardiendo junto a lo que era la antigua fábrica.  
El estallido se habría escuchado desde grandes distancias.
Como dije antes, Gatita tardó varios años en saber cual fue la verdadera historia de su familia, y esta, la que os he contado, es la historia que ella me contó a mí.
Pero realmente ni yo conocía aún a Gata…
 

 


No os perdéis los siguientes capítulos de Mi Yo, en los que reencaminaré la narración a la vida de nuestro protagonista.

 

Proximamente… en el blog de Sarry.