Mi Yo (VII)

Buenas, caballeros y… ¿cabelleras? No importa. El caso es que he vuelto a mentir… bueno, más o menos… bueno, sí. Prometí hacer un análisis de una peli… y eso haré, algún día. Pero por el momento pretendo presentaros algo que tengo un poco o bastante abandonado; Mi Yo.

Después del capítulo un tanto gore, en el cual podíamos apreciar la conclusión de la historia de la vida de Gata, ahora conoceremos como sigue la historia de nuestro protagonista.

Pero antes de eso debo comentar algunas cosas que me empiezan a asustar de este relato. Me doy miedo a mi misma. Cabe destacar dos nombres que aparecen en ella. Uno de ellos es La Caverna. Parece un nombre normal, pero quien me iba a decir que en un tiempo iba a aparecer en nuestras clases de filosofía… la otra es el apellido de Gata y su família… "oza, oza".

Bueno, era solo un comentario. Volvamos al grano.

 


Ya son las 11, y debo contentar a Deep. Como vuelva a llegar tarde… 

 

 

La Caverna está abarrotada. Algo nada fuera de lo normal. Miro hacia derecha e izquierda, y allí lo encuentro, dónde siempre, en el rincón, camuflado y oculto entre molécula y molécula del humo que baña el local. Es un lugar perfecto para jugar al escondite, aunque esté siempre repleto. Es como entrar en una casa encantada de un parque de atracciones; diversión, gritos y mucho humo. Antes que nada me dispongo a reconocer el territorio…muy bien: un tío raro que me mira mal, otro tío con cara de friki, pero inofensivo, una rubia…¡Uy perdone! (era un señor).

Todo en orden, más o menos. Ahora sí, me siento ante él.

– Tío, te esperaba.

– Pues aquí estoy, puntual. No es mi culpa que llegues demasiado temprano.

– No me vaciles Ge.

Miro a mi alrededor… algunas personas que se encuentran cerca se giran. Parece que se nos escucha demasiado.

– Mmm, De, ¿no crees que esto es muy poco discreto?

– Tío es lo que hay, hablemos más flojo. A demás, no hay nadie raro.

– ¿Tú que sabrás? A estas horas nos estarán buscando por todas partes. ¿Has visto las noticias?

– No

– Yo tampoco …pero a ver, De, que parecemos gilipollas. ¿Tu sabes lo que vale eso? La poli no es imbecil, y noto que todo está llevándose con demasiada discreción. No he escuchado nada del tema. Quizá ya saben quien somos y nos quieren pillar por sorpresa.

– Tío, como me llamo De que no lo saben. Ya estaríamos en el cuartel tío.

– No te llamas De… si no…

– ¡Me cago en la puta, cállate Germelino! 

– Que cabrón, De…

– Cállate.

Miro el reloj…

– Mierda. De, al grano.

– Claro mi Lady GeGe. Mañana a las 12 de la noche, cual Cenicienta, en el Hotal Masquesucio. Allí estará Gata. Quedará más realista que vayais vosotros. Allí lo encontraréis. Gata sabe lo que haréis luego. Recuerda: a esa hora en la entrada del Hotel.

– De, ¿pero quien lo habrá llevado hasta allí? 

– Fer y Nando.

Me empiezan a asaltar miedos.

– No, ellos no. La cagarán otra vez. ¿Por qué ellos?

– Tío no me jodas, cuando lo elejimos tú estabas en tu casa más borracho que Gata los domingos. 

– ¿Pero estará el tema mucho tiempo sin nadie que lo vigile no? ¿Cuando nos darán las llaves?

– A ver, allí entra mucha gente. No se controla quien está alojado o no. Tú sigue a Gata, ella sabrá qué hacer. Haz ver que eres un caballero elegante, no llames la atención, cógela del bracito… se que te costará hacer ver que eres un caballero pero…

– Vale, vale De, ¿pero no crees que Fer y Nando son un tanto patosos?

– Ge, lo tomas o lo dejas. 

Tiene razón. Lo quiera o no. Así que no me queda más que decir:

– De acuerdo. Hasta…

– Sigue las instrucciones de Gata, Ge. Nos veremos, si todo va bién.

– ¡Sí, papá De! Buenas noches jefe.

– Adiós Germelino.

– Jueputa…

– Cabronzuelo…

 

Al llegar a casa me espera una sorpresa. Parece que todo está un poco rebuelto.  Sinceramente, no recuerdo haber dejado la casa tan desordenada. Pero no hecho de menos nada de valor. Así que nada, ignoro el desastre. Me dispongo a meterme en mi camita, pero no, no tengo sueño. Agarro fuerte mi peluchín de felpa… pero no, no tengo sueño. Agarro mi… botellita de vodka Zawisza de los chinos, pero no, no tengo sueño, sinó ganas de pensar. En mañana, en mi infancia, en los dibujos de mi infancia, en mañana, otra vez en mañana…

Estando yo engorilao’ en mis pensamientos, mi vista tropieza con algo extraño que se encuentra encima de mi mesita de noche. Se trata de algo que realmente no recuerdo haber dejado allí; es un colgante. De plata, negruzca por no limpiarse en décadas, con forma de gato. Ahora que me fijo en ello me suena. Creo que… Sí, lo recuerdo perféctamente. Me lo regaló mi madre antes de morir. Fue un objeto muy querido por ella, que quiso regalar a alguna de sus posibles futuras hijas, pero que me regaló a mi por ser hijo único, con la esperanza de que lo conservara. Detrás puedo leer las iniciales de mamá.

Creía no haberlo sacado de Dios sabe dónde en años, pero parece que pierdo la memoria…

Bueno, no importa.

En 5 minutos estaba roncando. 

 


Pues hasta aquí este capítulo de Mi Yo. Pretendía explicar más, juntar dos en uno, pero es que pensaba que me quedaría más corto… así que deberéis esperar al siguiente capítulo si queréis conocer lo que ocurre a continuación.

 

¡Gracias a los que me leéis y saludos!