Crítica cinéfila: La princesa Mononoke

Hablar de Hayao Miyazaki es hablar de uno de los artistas más talentosos del cine de animación, y no es para menos. De su mente han surgido obras tan extraordinarias como Nausicaä del valle del viento, Mi vecino Totoro y El viaje de Chihiro, entre otras tantas no menos buenas. Sin embargo, la película que hoy critico es para mí, la obra magna de estudio Ghibli, así como la obra más ambiciosa del director japonés, La princesa Mononoke
El caso es que el guión de La Princesa Mononoke comenzó a concebirse muchos años antes de su estreno y si me apuráis, antes de que se fundase el estudio. Entonces ostentaba el nombre de Shuna no tobi; una obra que acabó por convertirse en una colección de ilustraciones con una historia como telón de fondo. En esta, tenían cabida temas tales como la esclavitud, el compromiso contra el hambre, un alegato a la libertad, … Vamos, que os recomiendo que le echéis un vistazo. Sin embargo, todo se quedó en eso, y con el paso de los años el señor Miyazaki fue desarrollando una nueva trama, aunque manteniendo algunos elementos menores de esa historieta. Y así, tras muchos años de intenso trabajo que le hicieron replantearse por completo la forma de abordar los proyectos venideros (el autor japonés llegó a revisar la práctica totalidad de los fotogramas clave, que no son pocos precisamente, e incluso fue partícipe en otros apartados como la banda sonora), llegó finalmente el día de su estreno en territorio nipón; allá por el año 1997.

 
Captura de Shuna no tobi

La princesa Mononoke
se perfilaba como una de las películas más taquilleras del años. Y así fue, al menos en el país del sol naciente, donde se convirtió en una de las cintas más exitosas de la historia. Sin embargo, no sería hasta el año 2000 cuando vería la luz en el resto del mundo. Por si fuera poco, solo fue estrenada en un puñado de salas, pese a las sobresalientes críticas, lo cual provocó que la película tuviese unos resultados muy discretos. Eso es algo que hay que agradecérsele a Buena Vista (Disney). Lo peor de todo es que la distribuidora quería cortar las escenas más violentas (algo que ya ocurrió con Nausicaä) pero afortunadamente el estudio Ghibli se negó en rotundo. No obstante, aún con estos impedimentos, contratiempos y discrepancias entre la distribuidora y el estudio, La Princesa Mononoke se convirtió en una de las películas de animación más queridas y respetadas.
¿Desea saber más?
 
Argumento
El argumento se sitúa en una época de guerreros samuráis y pueblos enfrentados entre sí. Muy lejos de allí, un poblado es atacado por un ser monstruoso, y el príncipe Ashitake, un joven guerrero del clan Emishi, es el único que puede detenerlo. Sin embargo, el precio a pagar es alto, ya que uno de los tentáculos de ese ser, del que más tarde se descubre que es un dios jabalí, le alcanza un brazo y extiende por este una maldición que acabará con él tarde o temprano. Su única esperanza es viajar hacia el oeste en busca de respuestas.

Por el camino, encuentra por casualidad a dos individuos que resultan ser habitantes de La Ciudad del Hierro; liderada por Lady Eboshi. Allí, nuestro joven protagonista se verá envuelto sin querer en una cruel batalla que enfrenta a los habitantes de dicha ciudad y las criaturas del bosque entre sí, estos últimos movidos por el odio que les tiene a los humanos.
 
Crítica
A nivel argumental, La princesa Mononoke presenta una trama efectista cuyo ritmo narrativo va in crescendo y que ofrece un compendio perfecto entre los momentos de acción y los de relajación. Asimismo, son muchos los temas que se tratan en la película; temas que ya se han visto en otras tantas cintas del artista nipón, pero que quedan lejos de resultar repetitivos, pues nunca se había tratado de una manera tan profunda en el caso de esta película. El eterno conflicto entre el hombre y la naturaleza, la búsqueda de la paz mediante la palabra y no a través de la guerra, la industrialización de la sociedad, … son algunos de los temas más tratados.
Otra de las cosas que me gustaron de la película, es que en el caso de esta, Miyazaki no toma partido por ninguno de los bandos enfrentados, no al menos de manera directa. Por una parte, tenemos a Lady Eboshi, quien lejos de destruir el bosque porque sí, pretende con esta acción ayudar a los habitantes de su país sin distinción, sean leprosos o prostitutas y que estos lleguen a prosperar. Por otra parte, tenemos a los animales y los dioses del bosque que actúan movidos por la venganza. Si; es cierto que tienen motivos como para actuar así, pero no comprenden que de esta manera no solo no terminarán con el conflicto, sino que dará pie a otros.

Técnicamente hablando, nos encontramos ante una obra adelantada a su tiempo, y es que cada fotograma es en sí misma, una pequeña obra de arte. Esto puede sonar un poco pretencioso, pero estoy seguro de que muchos me daríais la razón. Además, fue la primera película del estudio en utilizar numerosas técnicas por ordenador como gráficos renderizados en 3D que se integran perfectamente con las técnicas de animación tradicional, o el famoso Morphing, del cual ya hablé en la entrada anterior. Por otra parte, la composición de los temas musicales corría a cargo del maestro Joe Hisaishi que como de costumbre, nos obsequia con una música muy cuidada. Al principio del texto, ya comenté el grado de involucración que llegó a tener el señor Miyazaki, y es que el artista nipón llegó incluso a poner letra a los temas vocales de la película; un dato curioso y sorprendente donde los haya.

Puestos a criticar, podría decir que el final no es tan redondo como el resto de la película, ya que no termina de culminar en ninguno de los temas. Aunque bueno; esto también podría entenderse como una virtud y no como un defecto. Es una mera cuestión de tener distintos puntos de vista, oye.
En definitiva, La princesa Mononoke es una auténtica obra maestra que todo amante del buen cine debe de visionar al menos una vez en su vida; así como una muestra más de que el cine de animación no es sinónimo de infantil. Servidor ya ha perdido la cuenta del número de veces que la ha visto, y es que este nunca se cansa de revivir los mejores momentos de la cinta una y otra vez, ya que siempre descubre nuevos detalles que pasaba por alto. ¿Qué más puedo decir al respecto? Larga vida al señor Hayao Miyazaki pardiez.
 
 

Bueno, … Me despido de vosotros con un catarro del copón. Cuando me encuentre mejor, comentaré las entradas que tenga pendientes.

Saludos ^^