Análisis de The Elder Scrolls IV: Oblivion

oblivion_boxart.jpg image by Etvan

¿Y qué hago yo ahora?

     Coronada como juego del año en 2002 y, nuevamente, en 2006, la serie The Elder Scrolls (título que alude al pergamino donde se registran las hazañas del héroe protagonista) siempre ha sido sinónimo de libertad. Desde su primera entrega “Arena” (juego que vio la luz en 1994 y del cual no tuvimos noticias en nuestro país) hasta la última estrenada en la nueva generación, “Oblivion”, esta saga ha permitido a los usuarios pertrecharse con el atuendo de un habitante de Tamriel y vivir mil y una aventuras, con pocas restricciones y muchas posibilidades.

     Caín y Abel se adentran en el imperio de Uriel Septim para traernos un análisis exhaustivo de su periplo (en la plataforma PS3, eso sí):

 

     Gráficos:

     ABEL: Oblivion te pide que disfrutes de sus vastas tierras, de un mundo que se sostiene por sí solo. Cuando te sometes a esta transformación inicial, cada uno de los bosques, cada una de las montañas y de las ciudades, cada caverna te parecerá real, tangible, como si el juego te ofreciera una ventana a un universo verdadero y consistente. Sus habitantes viven y respiran, ociosos o enredados en sus quehaceres diarios, beligerantes algunos, otros amables y serviciales. Las criaturas defienden el hábitat en el que coexisten, furiosas ante cualquier intrusión, y los demonios campan a sus anchas por las grutas prohibidas y por los senderos encantados. En definitiva, una experiencia tan vívida como la Liberty City de Grand Theft Auto IV, con defectos insignificantes.

     CAÍN: No es oro todo lo que reluce, mi pomposo hermano. Oblivion peca de fallos importantes que recuerdan, primero la antigüedad del juego (recordemos que va camino de los 4 añazos), y segundo que la ambición tiene un precio que hay que pagar (y que también pagó la urbe de Rockstar): En ocasiones, el escenario se genera de golpe (popping), las ralentizaciones aparecen cuando menos lo esperas y, sí, algunos lugares se repiten, como si el juego creara paisajes basándose siempre en el mismo patrón. Cuando llevas 20 horas jugando parece que lo has visto todo, todo y todo.

 

     Sonido/Música:

     ABEL: La música es deliciosa. El tema principal, compuesto de tambores, bien podría pasar a los anales de la historia musical de los videojuegos como una de las melodías más carismáticas que se recuerdan. Las voces, por otra parte, están interpretadas con emoción, sin desentonar con el resto de apartados del juego, y aunque se repiten, puede perdonársele por la titánica extensión de la aventura y los miles de personajes que en ella existen.

     CAÍN: Aquí no hay perdón de Dios (Fallout 3 me da la razón): sin doblaje al castellano, incongruencias en las conversaciones aleatorias (diálogo: “buenos días, le veo con muy buen aspecto”, “han matado a unos demonios en la mina”, “mi hija está desfallecida”, “en efecto, cuatro al menos vi yo ayer”. Pa reirse, vamos). La música es potente, pero escasa en el número de cortes.

 

     Duración/Extras:

     ABEL: Uno de los juegos más largos de la historia, con cientos de misiones principales y secundarias, y miles de opciones. Cuando alcances un número de horas importante y mires hacia atrás, rememorando todo lo experimentado en Tamriel, alucinarás. Lo dicho, una segunda vida.

     CAÍN: Un título que se repite, se repite y se repite. La música, los diálogos, las voces, los escenarios… ¿Puede valorarse la longitud de un juego si la mayoría de sus elementos se repiten hasta la saciedad?

 

     Conclusión:

     ABEL: Lo fascinante de The Elder Scrolls IV: Oblivion es que, como casi todo en el juego, el grado de diversión lo decides tú; ¿quiéres aventurarte a seguir la trama principal y derrocar a los demonios de la dimensión corrupta? ¿o prefieres perderte por sus pueblos e involucrarte en los problemas de sus aldeanos? ¿por qué no un poco de todo eso? Más de 300 horas llenas de experiencias roleras y de libertad, sobretodo de libertad. Tiene fallos, es verdad, pero con todo lo que propone y lo que puede llegar a ofrecer se les perdona.

9/10

     CAÍN: ¿Quién va a resistir 300 horas jugando a lo mismo una y otra vez? Oblivion es un juego que se disfruta durante las primeras 20, y luego cae en la reiteración más aburrida. Menos mal que los programadores de Bethesda han aprendido la lección y ya en Fallout 3 nos enseñan que la calidad de una aventura no pasa por su duración sino por su variedad. Sobrevalorado en exceso, Oblivion ocupa un lugar de honor como “El gran juego que nadie se atrevió a finalizar”. Lo único positivo es que te queda la sensación (falsa, no lo olvides) de que te has gastado un dinero bien invertido. Que arda en el averno… (juar, juar, juar…)

5/10

PUNTUACIÓN MEDIA

7/10

 

     (Nota: si piensas de manera distinta de Caín o de Abel, o te parecen acertados algunos aspectos de su análisis o de su puntuación final, háznoslo saber con tu comentario y tu valoración)