«La Bola de Nieve» por Solid_caim

     Parece que la bola empieza a rodar.

     No hace muchos días que comenzamos esta iniciativa con cierto temor inicial y sin saber a ciencia cierta si la cosa funcionaría, pero en este momento tenemos el siguiente fragmento de la historia en nuestras manos gracias al primer portador: solid_caim, así que por ahora parece que el fuego de está hoguera sigue encendido.

     Para los que no tuvieron la oportunidad de leer el comienzo del relato, aquí tienen un enlace que les llevará hasta la entrada pertinente:

La Bola de Nieve: Skritor

     Sin más dilación os presenta la segunda aportación a la historia:

 

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Solid_caim

     De repente, se dio cuenta de que algo no andaba bien: la tierra temblaba y se escuchaban gritos como el rugir de animales furiosos. Dejó caer el balde con agua y corrió hacia la loma que le evitaba ver qué estaba ocurriendo. Sentía que su corazón quería salirse de su pecho, a pesar de su inocencia, con lo que había pasado en el mundo le había tocado madurar rápidamente, tuvo un mal presentimiento… aunque trataba de convencerse de que tal vez no era nada, su subconsciente le decía: ¡corre! Cuando llegó a la cima, sus peores pesadillas se habían hecho realidad… ¡La infección había alcanzado el refugio que tanto tiempo les había costado construir! Sabía que no podía hacer nada salvo esperar a que alguien lograra escapar y se dirigiera hacia donde estaba ella.

     Las lágrimas descendían por la suave piel de su cara. De nuevo revivía la pesadilla que hacía un mes había vivido…

     Un mes antes…

     Camila regrasaba a la escuela. Durante el trayecto a casa se dio cuenta de que las personas estaban abandonando sus casas. La gente parecía loca, pensó ella. Cuando llegó a la suya se dio cuenta de que sus padres estaban discutiendo. Callaron cuando la vieron cruzar la puerta. Su madre tenía lágrimas en los ojos e intentaba disimularlo. Su padre caminó hacia ella y la abrazó como hacía muchos años que no hacía. Con voz calmada pero seria le dijo:

     -Camila, necesito que entres a tu cuarto y recojas ropa para una semana. Nos vamos de vacaciones -terminó.

     Camila, algo confusa, le dijo:

     -Papi, pero si acabo de entrar en la escuela… tengo 10 años… dime de verdad: ¿qué está pasando?

     Su padre sonrió con orgullo, pero al tomar aire para decirle la verdad, ésta se esfumó. Las palabras que salieron de su boca borrarían todo el rastro de seguridad que Camila sentía hasta ese momento.

     -Hija, algo muy malo ha ocurrido. Hubo una explosión en los laboratorios que están a la salida de la ciudad, y hubo muchos heridos. Las autoridades han solicitado que evacuemos la ciudad.

     Camila era una niña muy inteligente a pesar de su corta edad. Sabía que su padre estaba omitiendo algo… algo muy serio. Incluso habiendo dicho ésto su instinto paterno no le permitía decir todo. Ella respondió:

     -Está bien, papi. Recogeré mis cosas y en 10 minutos estoy lista.

     Lo besó en la mejilla y caminó a paso ligero hacia su habitación. Entró y abrió el closet, recogió 3 jeans y varios suéteres; ropa interior para una semana y su cepillo de dientes. Sólamente le había tomado 5 minutos estar lista. Mientras se ponía sus tenis favoritos -unos viejos Reebook que utilizaba para correr con su madre- encendió la TV y lo que vio la dejó por un instante congelada: el noticiario se encontraba en el lugar del accidente, pero no fue la magnitud de los daños materiales lo que llamó su atención. Sus ojos estaban fijos sobre la imagen de un hombre que estaba horriblemente desfigurado. Le faltaba un brazo, y estaba cubierto de sangre. Caminaba de manera torpe y emitiendo un sonido profundo. Esa imagen quedaría grabada con fuego en su mente, pero lo más impresionante de todo fue cuando un militar apareció enfrente de la cámara y disparó a la cabeza de lo que parecía un herido. La presentadora de las noticias decía que por ningún motivo abandonaran sus casas, que el virus que había escapado durante el accidente estaba siendo controlado. Sus ojos reflejaban incredulidad en lo que estaban diciendo; era casi evidente que lo que decía lo hacía de manera obligada.

     Camila, aún con dudas de lo que había visto, pasó varios canales, pero en todos estaba la misma noticia. Habían interrumpido la programación habitual para centrarse en la noticia del momento. Se asomó por la ventana de su cuarto y vio que los vecinos estaban abandonando su hogar. Ésto provocó que una corriente de frío la recorriera cada vértebra de su columna. Apagó la TV y se dio cuenta de que temblaba. Era de manera inconsciente; su cuerpo temblaba como si supiera que algo malo estaba a punto de pasar. Antes de cruzar la puerta de enfrente le dio una última mirada a lo que siempre había sido su hogar, pero tomó aire y se dirigió a paso ligero al vehículo de su padre.

     Día presente…

     Un grito la sacó de su trance. Nuevamente lo escuchó: decían su nombre. Dirigió la mirada al lugar de donde provenía el grito y vio a su padre, que corría hacia ella. Por un instante se alegró, pero al mirar bien se dio cuenta de que 2 infectados lo seguían. Camila tomó las piedras que tenía en la mano y las arrojó. Una dio en el ojo de un infectado y lo tumbó al suelo. De manera torpe se levantó y retomó la persecución. Su padre ya casi había llegado a donde ella se encontraba, pero el infectado que había mantenido el paso lo alcanzó. Cayeron de manera estrepitosa, forcejeando, uno por sobrevivir y el otro por alimentarse. Camila tomó una gran piedra haciendo el esfuerzo más grande de su vida, y caminó hacia el lugar de la lucha. Por un momento, el padre de Camila sintió que estaba completamente agotado. Cuando creyó que al fin había llegado, sintió un golpe tosco, e instantáneamente su atacante cayó a su lado. Alzó la vista hacia su salvador y vio la imagen más preciosa que nunca había visto en su vida: su hija de pie, con un cansancio reflejado en su rostro y una sonrisa pura.

     De repente escuchó el grito del segundo infectado. Estaba a unos 10 pasos de él. Miró a su alrededor y encontró el arma. Ya sólo había 5 pasos de distancia entre él y esa cosa. Se oyó como un trueno cuando jaló el gatillo. El infectado cayó de rodillas y se desplomó. Camila le dio la mano a su padre y lo ayudó a colocarse en pie. Ambos agotados dieron un último vistazo a lo que había sido su hogar los últimos 3 meses.

     Tomaron aliento y se adentraron en el bosque.

     Creyeron que estarían a salvo, pero…

 

     Hasta aquí la segunda parte de la historia. Nuestro agradecimiento a Solid_caim por su generosa disposición y por su rápida aportación. Gracias de verdad.

     El siguiente portador lo ha elegido el propio Solid_caim, y no es otro que:

ayoze

(blog: la muerte empieza en el kilómetro cero)

     Con la esperanza de que la Bola de Nieve continúe creciendo, nos despedimos hasta la próxima entrega. Mientras tanto, os invito a que opinéis sobre la historia y ¿por qué no? nos propongáis títulos para la historia de Camila.

     un saludito. BYE.