«La Bola de Nieve» por ssnedn

     Hemos llegado a una conclusión. Tal vez sea un poco precipitada, pero dado que nadie excepto solid_caim ha sugerido un título para la historia de Camila y de su padre (que al fin sabemos que se llama Ernest), creemos lo más justo darle ese nombre al relato, para así poder hablar de él con propiedad. El título elegido y, por tanto, el que encabezará cada uno de los fragmentos de ahora en adelante es..

EL DÍA QUE LA OSCURIDAD LLEGÓ

     Así pues, con uno de los temas que más quebraderos nos daba solucionado, nos disponemos a mostraros la nueva porción de historia escrita por el amigo ssnedn, al cual le damos las gracias por participación y por su inusitada rapidez. Muchas Gracias.

     A continuación, y como siempre, les facilito un enlace a los diferentes capítulos de "El día que la oscuridad llegó" (umm, no suena mal, la verdad). Sólo tenéis que clickear sobre ellos para verlos:

 

El día que la oscuridad llegó

Capítulo 1: Skritor

Capítulo 2: solid_caim

Capítulo 3: ayoze

Capítulo 4: master1983

 

     Sin más preámbulos les dejamos con un nuevo capítulo. Que lo disfruten:

En anteriores episodios…

     …Camila y su padre ya estaban a salvo dentro del caserón, pero allí harían un terrible descubrimiento… ¡el dueño del lugar había sido un empleado en el laboratorio causante de la infección! Y, por si eso fuese poco, el hombre guardaba un oscuro secreto sobre la mismísima Camila…

5

ssnedn

     Justo cuando se preparaba para oír lo que aquel viejo hombre, con una voz increíblemente tenue y pausada, tenía que contarle, escuchó la dulce voz de su hija que, en tono angustiante, le gritaba:

     -¡Papi! ¡Papi! ¡Los veo!

     Ernest sintió cómo el miedo recorría cada parte de su cuerpo. Sentía en su corazón… de alguna forma… de cierta manera un mal presentimiento… Por alguna causa él sabía que este día traería algo imposible de olvidar; respiró profundo, tomó aliento y, con una voz decidida y llena de tranquilidad, cotestó:

     -¡Camila! ¿Cuántos son?

     -No sé, padre, he contado cerca de 20 -dijo con una tranquilidad increible para su edad-. aunque no estoy segura -añadió.

     Ambos se miraron a los ojos, y como si de una palabra o señal se tratase, agarraron las escopetas y se prepararon para disparar, avistando a través de los agujeros a los infectados. Ernest volteó a mirar los cartuchos y logró contar 15 balas. Sin más, anunció:

     -Uno, dos… ¡Tres!

     Infectado tras infectado cayeron con contundencia, uniéndose al festival de sangre y visceras sus ojos, brazos y piernas, dejando constancia de lo ocurrido. Quedaban pocos. Un último intento de disparo dio la señal. Se dispuso a recargar, sólo para darse cuenta de que ya no le quedaban más balas.

     El anciano tembló, su miedo le hizo soltar la escopeta… Sin darse cuenta, cayó presa del pánico… sus piernas cedieron al suelo mientras llevaba sus manos hacia la cabeza. Nadie como él sabía lo que esos seres eran capaces de hacer. Enloqueció mirando a los que seguramente eran los jueces venidos del mismo infierno a sellar su destino.

     Ernest, de pie frente a aquel hombre, permaneció inmóvil, petrificado ante lo que veían sus ojos… aquella escena lo aterraba… Los gritos de su hija anunciando su llegada le daban fuerzas para moverse. Corrió dispuesto a ir a por el resto de armas, cuando en ese momento un infectado rompió la puerta de un salto… Entre el sonido proveniente de aquella puerta y los gritos del anciano, sacó su arma con tan sólo 7 balas. ¡No tenía pensado terminar en ese lugar!¡Haría todo lo posible por sobrevivir con su hija!

     Girando rápidamente, vio a uno de ellos. ¡Disparó! y dio en el blanco; vio a lo que quedaba del viejo, presa de su locura intentando sobrevivir a toda costa, contra uno de ellos. Apuntó con el arma, con sumo cuidado, se tomó su tiempo… el viejo cayó inconsciente y, justo en ese momento, ¡Disparó! salvando al anciano.

     Ernest oyó pisadas a gran velocidad en su costado, se volteó, cayó al piso con una fuerza tremenda. El impacto le hizo soltar la pistola… ¡Luchaba por sobrevivir! El infectado encima de él empezó a arrojar un gas verde por su boca. A punto de perder el conocimiento, escuchó un grito ensordecedor que venía de arriba…

     -¡No puede ser! ¡Camila!

     Con una patada empujó al ser lejos. Corrió torpemente, apenas parándose para coger el arma y ¡Disparó! Fue rápidamente hacia la escalera rota y logró ver a un infectado. Respiró profundamente… sabía que cualquier fallo sería fatal… acertó en el blanco. Escuchó de nuevo los gritos de su hija que reclamaban su ayuda. Subió rápidamente y avistó a otro infectado, al cual disparó, sin hacer ningún gesto en su rostro.

     Ahora sólo quedaba uno… ¡que atacaba a su hija! Tomó un respiro antes de disparar y, mientras jalaba del gatillo, vio algo inusual: el gas no afectaba a Camila. Sin más, disparó. Camila sintió cómo la sangre caía de forma brusca sobre su cara. Sus pupilas se dilataron. Había algo detrás de su padre que la dejó helada.

     Ernert vio la mirada de su hija, presa del terror. Volteó con velocidad… ¡un infectado! Cuando se encuentraba a punto de disparar, escuchó un grito proveniente de su hija:

     -¡Padre, no! ¡No lo hagas! -gritaba alterada.

     -¡Tengo que hacerlo, Camila! O ellos o nosotros. No dejaré que te pase nada malo -contestó mientras jalaba el gatillo lentamente.

     -¡Es mamá! ¡Padre, no! No lo hagas, por favor…

     Atónito, contemplaba inamovible aquella infectada: Pelo rojizo, labios finos, ojos azules… no había duda: ¡Lyla! su mujer. Sabiendo que la vida de su hija estaba en riesgo, appuntó con mucho dolor directo a su cara, cuando sintió que su corazón casi se detenía. El efecto del gas baja sus manos, sin que pudiera oponer resistencia… apenas sí se mantenía en pie…

     Sólo podía observar cómo su amada se abalanzaba con fuerzas sobre él. Llegó a escuchar unos pasos en en carrera entraban a la casa. Ya en el suelo, con las pocas fuerzas que le quedaban, Camila se perdió en su mente; no lograba entender por qué su madre atacaba a su padre, y sabiendo que de cualquier manera, perdería a uno de los dos… una escena demasiado cruel incluso para ella, que aún con gran voluntad seguía siendo una niña.

     Ernest, casi sin aliento, vio a su hija arrodillada en el piso con la mirada fija. Sólo por el amor a ella logró alcanzar la pistola que andaba cerca de su brazo, para darse cuenta que con su fuerza de voluntad no alcanzaba… su amada no le dejaría alzar el brazo para apuntarle. Con dolor, apuntó lentamente a su hija, quería acabar con su sufrimiento, sabiendo que el destino de la última bala… ya tenía dueño…

     De repente, y sin más, sintió la sangre salpicar su rostro. Se volteó y vio la cara de su mujer, que había sido traspasada por una bala. Ya casi inconsciente, vio la silueta de un hombre. Lentamente cayó agotado, con una sonrisa en el rostro mientras escuchaba una voz que se le hacía familiar, la cual le dijo:

Continuará…

     Hasta aquí el fragmento del portador ssnedn, al cual le agradecemos enormemente su colaboración. Muy pronto conoceremos el nombre de la persona que dará continuidad a la historia.

¡Hasta la próxima!