Con palomitas y a lo loco: Trigun Rumble Badlands

Hay series que están hechas para uno. No me refiero asimplemente a que le gusten, sino que realmente los guionistas se las haningeniado para identificar, ya sea mediante a personajes o ideologías a uncolectivo concreto, no hablo de enmarcarse en el cliché con calzador, dequererse meter en el personaje en plan egocéntrico, hablo de ir más allá: Formarparte de un modo concreto de ver las cosas. Encajar con la filosofía de vida y esas cosas.

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Al humilde y greñudo servidor que les escribe (aprisa y malpero con cariño) eso le pasa con Trigun, que transcurre en un páramo desoladoen un futuro indeterminado que recuerda al salvaje oeste y que, ale, sorpresa,es un Western. Con sus malos muy malos y buenos muy buenos, sus peleas de bar,sus damiselas en apuros y sus duelos al alba, sí, peeeero…Su protagonista es unpacifista declarado. No le va a quitar la vida a nadie porque cree en un mundomejor, un mundo de paz y amor, cosa curiosa cuanto menos cuando te ponen elmote de “tifón humanoide”, pesa sobre tu cabeza la mayor recompensa de toda lahistoria, eres un tirador experto y en una rabieta hiciste un cráter a la luna.

 

Así, la serie, entre ensalada y ensalada de tiros con ritmobrutal (tanto en dibujo como coreografía o música, sin nada que envidiar a lasmejores películas de acción americanas de arranque de los noventa) planteabadiferentes dilemas morales que ponían sobre la mesa todo tipo de filosofíascontrapuestas con un saber hacer magistral.

 

La trama, que hacia mitad de la serie se complicaba con laaparición de doce asesinos que iban a por el protagonista secuencialmente haceun paréntesis en el que ocurre ésta película, con todos los elementos quecaracterizaban Trigun condensados en noventa minutos: El humor cafre ydesenfadado, subido de tono a ratos, alternado con reflexiones profundas sobreel respeto a la vida, la animación brutal, los tiroteos ágiles y una ambientaciónsteampunk y gramática tecnológica en pleno salvaje oeste que no tiene precio.Como tampoco lo tienen las apariciones del reverendo y cazarrecompensasWolfwood: Un cura loco que lleva una cruz-ametralladora.

 

Aquí aparece un aterrador pero humano y carismático forajidoapodado Gasback. Traicionado veinte años antes por sus secuaces planea unasalto a un pueblo pacífico pero cuyo alcalde tiene más de una y dos cosas queocultar. Vash (que así se llama el prota) , Wolfwood y las dos chicas de lacompañía de seguros que siempre siguen a Vash para que no arme más desastres dela cuenta coinciden a la vez allí junto con una misteriosa chica y a partir deahí la cosa se complica pero se ata de la forma mejor escrita posible.

 

Como historia paralela y a través de una introduccióntremenda no hace falta tener vista la serie (aunque que quieren que les diga,dura pocos capítulos y merece la pena muy fuerte) siendo, como historiaseparada, un Western atípico, cachondo y muy bien hecho (es uno de esos animeen el que el uso de efectos digitales mejora al producto original) que nosrecuerda que, aunque la cosa pinte chunga, esto es un mundo de paz y amor. ¡Pazy amor!

 

Nota: 8,5

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Además estamos ante uno de esos casos en los que hay quementar ni que sea de pasada la producción de la película: En bluray por selectavisión tiene una calidad de imagen pa’cagárse, estéticamente brutal y con doshoras de extras en un dvd y entrevistas brutales además de un precio casiregalado (la he llegado a ver por ahí a dos euros y medio) 100% recomendable.