Parte 10: Vientos de crisis: lo bueno mejora, la malo empeora

El joven solomiraba estupefacto a Suzu.

Esta, levantándosede su asiento, dijo amablemente:

“¡Hola! Soy SuzuYoshinori, mucho gusto”- sonría y parecía ser completamente otra persona, dehecho tenía puesto hasta un vestido verde oscuro;  muy diferente a su aspecto intimidante de díasanteriores. A pesar de su acento extranjero, hablaba muy fluidamente.

“Muchogusto”-respondió Lahel sin ganas de hacerlo. Mirando a su madre prosiguió: “Voya dejar el maletín en mi cuarto, ya vengo”

Subió rápidamentea dejar las cosas a su cuarto, mientras en su mente pensaba el por qué de laaparición de Suzu en su casa. Sospechaba que tal vez algo malo estaba pasando.Ni siquiera se percató de la presencia de sus hermanos, por estar dándolevueltas al asunto.

Bajó nuevamenteluego de dejar su maletín tirado en el piso de su cuarto.

Volvió a la salay se sentó al lado de su madre, en el sillón en el que ella estuviera sentada,uno frente a ese en el que estaba sentada Suzu.

Aún su madre hablabacon la joven. El muchacho, como forma de indagar qué era lo que estaba pasandopreguntó cómo se habían conocido.

Entre su mamá yla muchacha le explicaron que se conocieron en un curso que estaba dando lamadre de Lahel de maestría en la universidad, y a Suzu la habían transferidocomo una evaluadora del curso, una forma de validarlo en el extranjero; esto apesar de que en un momento Suzu afirmó tener solo 24 años. Este hecho le causóun poco de molestia a Lahel que ya con casi la misma edad, aunque Suzu eramayor; aún no estaba cerca de terminar su carrera. Estaría solo unos días enlos apartamentos cercanos a la casa del joven por mientras se le conseguía unacasa en otro lugar.

Lahel sentía enel fondo que todo era un plan de Lucio para algún fin; como siempre, todoparecía planeado con todo el detalle posible.

La madre deljoven se levantó luego de aquella historia y dijo:

“Voy a ir unmomento a comprar algo para la comida, por favor atendé a Suzu mientras vengo”

El muchachoasintió con la cabeza. No pudo esperar más que a escuchar que su madre habíaencendido el auto para comenzar a interrogar a Suzu.

“¿Por qué estásaquí? ¿Por qué te metiste en el curso de la U? ¿Con qué propósito? ¡Yo noquería que te metieras con mi familia!” Suzu solo le miraba algo seria,diferente a la expresión que tenía cuando estaba dialogando con su madre. Laluz del atardecer se mezclaba por unos ventanales de aquella sala.

Lahel se habíaagitado un poco. La joven respondió con vos muy baja y sumamente clamada, apesar de tener un tono igualmente serio:

“Lo siento, nofue mi intención. Yo solo sigo las órdenes de don Lucio.”

“¡¿Y para quéquiere Lucio que te metás con mi familia?!”-respondió alzando la voz.

Recordó súbitamenteque sus hermanos se encontraban en la casa, por lo que comenzó a hablar en vozbaja:

“¿Qué objetivotiene esto que están haciendo?”

Suzu suspirólentamente:

“El problema eseste: Hace 7 años Lucio, Alfonso el primo de don Lucio tuvo un problema con este porque estaba cansado detener que pertenecer a una Familia con reglas y quería que en vez de tratar de“jugar de buenos”, usaran todo el poder e influencias que tenían para hacer unaguerra para unificar a todas las demás Familias del mundo y poco a pococonvertirse en la más poderosa; además propuso invertir en negocios ilícitos agran escala para conseguir recursos para tales fines.” A Lahel le parecía unpoco interesante la historia hasta este punto, pero no quería saberla enrealidad. Uno de sus hermanos, el menor, pasó un momento por en frente de lasala, fue a la cocina, que quedaba a un lado de la misma. Parecía que ya habíasaludado a Suzu por que no dijo nada; tomó un jugo de la refrigeradora y sedevolvió a su cuarto.

Suzu prosiguió: “Porsupuesto, don Lucio se opuso rotundamente y en unos meses, su primo reunió atodos sus subordinados y otras personas dentro de la Familia que lo ayudaron atratar de tomar el mando atrapando a don Lucio, pues su primo no quería matarlode ser posible. En ese tiempo, en que los desertores hicieron su intento dederrocar a don Lucio, el estaba en alguna parte de la Antártida, por lo que nose llegó a saber nada del enfrentamiento; aunque fue de una magnitud enorme yduró alrededor de tres días.

Por supuesto, donLucio ganó la “Guerra”, pero muchos de los aliados y el mismo Alfonso seretiraron al exilio y no se volvió a saber de ellos hasta ahora…-Lahel yaestaba sospechando lo que seguiría, pero no pasó de suspirar y recostarse en elrespaldar del sillón- Hace alrededor de 4 días, don Lucio recibió informes derumores en ciertos lugares que Alfonso había logrado saber de su nombramientooficial como sucesor de la Familia, y parece que no está nada contento por elloy quiere deshacerse de usted, por que ni siquiera es hijo o familiar de donLucio, y no quiere que a un joven le den el puesto que quiere para el. Por estomismo, don Lucio quiere asegurarse de protegerlo lo mejor posible a usted y atoda su familia; por eso mismo prefirió implementar ciertas medidas que había pensado”

El joven estabaun poco nervioso, aunque no sabía muy bien qué pensar o sentir.

“Entonces ¿cuandova a atacar?, o ¿cómo nos va a proteger Lucio si atacan la casadirectamente?”-dijo Lahel frustrado, pues estas últimas palabras le habíanrecordado el sueño que le había mortificado unos días antes; no solo era elmiedo a lo que podría pasar, sino también el miedo a si mismo.

La joven miróhacia un lado, a una mesita con un mantel blanco que estaba a su izquierda.Había sobre ella un vaso medio vacío un algún refresco.

“Don Lucio estáhaciendo un esfuerzo enorme para intentar localizar a su primo o descubrir losmovimientos que ha estado haciendo, por que hay sospechas de que ha obtenidoalgunos recursos nuevos desde la vez anterior.”

“¿Yentonces?”-replicó el muchacho.

“Mañana se van aanunciar unos ganadores de un premio para cuatro personas de cuatro días en unhotel de lujo, que resulta ser de la Familia, por lo que don Lucio pretendehacer que su familia gane el premio, y tengamos libertad de movimiento paraprepararnos para todo sin estar pensando en civiles, usted no va poder ir porsupuesto, por que tiene un ‘examen’, y sus hermanos no van a tener problema enir por que solo tiene que perder un día de clases ya que el lunes siguiente esferiado.”

‘Solo yo me tengoque quedar para arriesgar mi vida mientras ellos se van a vacacionar…’-pensabaLahel, sabiendo muy en el fondo que era algo necesario, para dar la cara por loque había aceptado para su vida hace tan poco tiempo.

Suzu prosiguió:“Y en esta semana lo tengo que convertir en alguien que se pueda defender solo,por eso don Lucio consiguió para mi una casa aquí cerca, razón por la cual mepude hacer rápidamente amiga de su madre y por eso cuando el lo llamó- hacíareferencia a Lucio- le dijo que había solucionado la situación de sus leccionesde esgrima”

“Di me parecealgo bueno, pero ¿qué pasa si el primo de don Lucio se apresura y actúaantes  de tiempo? ¿O si mas bien actúaluego de que mi familia haya vuelto?”
La joven suspiró otra vez : “ La idea de don Lucio es mantener un perfil bajopor ahora y en esos días, cuando su familia se haya ido, soltar algo deinformación, como que van a hacerle algo a usted, alguna celebración o algo asíy permitir que los enemigos se enteren para que actúen en esas fechas.  Casi no hay riesgo según el plan de don Lucio,después de todo es su primo y sabe más o menos bien cómo reaccionará. Encualquier caso el plan de contingencia de don Lucio es darle a su familia unacasa nueva”

“¡¿Qué?! ¿Y quétipo de casa?…”-dijo el muchacho sobresaltado.

“Por supuesto auna mas grande y con seguridad las 24 horas”

Esto eran cosasque el había deseado desde siempre: esgrima, casa nueva… pero no de estamanera, como teniendo que preocuparse día y noche por lo que podría pasar.

Suzu terminódiciendo: “Llene esta fórmula de participación, para el premio del viaje y cualquiercosa se la regaló don Lucio, por su arduo trabajo. Además necesitamos que lediga a su familia de su trabajo de “idiomas”, el que el mismo le sugirió decirpara seguir este plan; diga que es de tutoría,  con uno hombre muy rico que está tancomplacido que les quiere hacer una propuesta como condición laboral suya y porsupuesto don Lucio quisiera que elija un día para ir con alguno de sus padres ahablar con el para explicarles la situación, don André pasará por usted perotiene que mandarle un mensaje de confirmación.”

‘Esto se estáponiendo feo’-pensaba el joven mientras llenaba los formularios con los datosde su madre; sabía que tendría que hacer caso a las exhortaciones (puessugerencias no eran) de Lucio, con tal de proteger a su familia a cualquiercosto.

Apenas huboterminado su conversación y el muchacho terminado de llenar en el formulario,su madre volvió con el auto y lo metió en el garaje. Entró a la casa por laentrada del patio trasero por la que había salido originalmente y traía consigoalgunas cosas para terminar de preparar la cena.

Los dos jóveneslas recibieron con una sonrisa, la de Lahel un poco fingida, pero sabía cómoesconder sus sentimientos. Suzu guardó los documentos.

La madre de Lahelsirvió la comida con ayuda de los dos jóvenes, parecía que lejos de su“relación” profesional, Suzu era muy dulce; el muchacho se confundió un pocopensando en si sería solo una actuación o esa era la verdadera Suzu.

Al cabo de unosinstantes, ya al ser el comienzo de la noche, los hermanos de Lahel ayudaron acerrar las cortinas y prender las luces mientras se terminaba de servir lacena. Se sentaron a la mesa y comieron juntos. Por alguna razón la muchacha lehabía agradado mucho a la madre del joven, y en la mesa comenzaron a hablarcomo si fueran amigas de hace ya un tiempo. Comentaban y hacían una que otrabroma que Lahel reía con cierto recelo.

Al fin de lacena, un buen rato después de iniciada, la joven se retiró a su casa, despidiéndosede todos muy amablemente, y dándole a Lahel una leve mirada de complicidad,salió por la puerta principal a su hogar provisional.

Ya una vez queella se había ido, el muchacho llamó a su madre a sentarse con el un momento enla mesa. Su padre aún no había llegado.

“Mamá, tengo algoque decirte.-su madre lo miraba extrañada- hace unos días vi un anuncio en elperiódico de que necesitaban un tutor de idiomas, y di pues yo fui, y si meaceptaron, por eso he estado llegando tarde, pero el señor quisiera hablar conustedes por que tiene una propuesta que hacerles, para mejorar mis condicionesde trabajo, entonces no se si mañana tenés tiempo para ir a hablar con el señor.”

“¿Y como se llamael señor y donde vive? Porque podrías ir en la mañana que no tenés que ir aclases.”

Al joven lepreocupaba ver que su madre no sospechara nada, pensaba que podría ser por laconfianza que le tenía al muchacho que no sospechaba nada malo.

“Se llama Lucio yvive en un lugar cerca de la Universidad, es un señor con mucho dinero, pero medijo que el chofer de el nos viene a recoger, solo tengo que avisarle a quéhora”

“Pero parece quele tenés mucha confianza al señor ese”-su madre tenía una sonrisa un pocodesconfiada ahora.

“Pues-dijo eljoven un poco ansioso-pues sí ya varias veces me han venido a dejar, pero noquería decirles nada por que no sabía si iba a seguir en el trabajo”- Lahelrecordó su trago amargo en el laberinto, la semana pasada, pero cubrió estepensamiento con una sonrisa nerviosa.

“Diay vamos entonces,digamos como a las 10 para haber terminado con los quehaceres de la casa, perono le digamos nada a tu papá por ahora”

“Está bien” Eljoven estaba un poco ansioso por todas las medidas que tendrían que tomar desdeahora y no sabía cómo reaccionaría su familia.

El muchacho sefue para su cuarto, ahora oscuro por la densa noche de ese día que habíaparecido de verano. Se escuchó como el sonido de la puerta principal abrirse,era su padre, su voz  lo delataba. Sindar a esto mucha importancia, encendió la luz y se acostó un rato sobre su camapara leer algunos textos de la universidad, pero su mente se hallaba perdida ensus predicciones del día por venir y pensar que todo se le estaba haciendo másduro.

Mandó un mensajepor el celular al número de Lucio diciendo la hora que había acordado con sumadre, y recibió una respuesta con un simple ‘Ok!’.

Luego de algunashoras, se alistó para dormir, mientras se miraba en el espejo del baño, se veíaun mejor semblante, el no ceder frente a las cosas negativas le hacía bien,pero aún así se preocupaba por lo que vendría. En fin, todo el rato pasó fuerao más bien dentro de sí.

Se fue a dormirtemprano como acostumbraba y como solía pasar no soñó con nada.

La luz de otrodía le despertaba;  se sentía optimista,esperando a ver qué sería de aquel día.

Bajó del segundopiso, fue a buscar a su madre que como de costumbre estaba en la cocina,terminando de limpiar algunas cosas del desayuno. Su padre ya se había ido, ysus hermanos también.

Desayunó, sebañó, ayudó a su madre con las cosas de la casa, así pasó el tiempo.

La hora habíallegado, y André ya estaba al frente de la casa con el auto, esperando junto ala puerta para abrírsela a Lahel y a su madre. Salieron el muchacho y su madre,cerraron los portones detrás de ellos.

El joven saludó aAndré y le presentó a su madre; con un creciente sentimiento de ansiedad  por aquel encuentro.

Al montarse, elhombre comenzó a manejar y Lahel hablaba con su madre describiéndole un poco ellugar al que irían.

¿Cómoreaccionaría su madre al ver el lugar? ¿O al ver a Lucio? ¿Pasaría algoanormal?

Solo le restabaesperar.
 
(CONTINUARÁ…)

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PPPD (osea PD3 jajaja): un día de estos me llegó un correo de que tenía un MP pero al revizarlo no había ninguno, por si fue alguien conocid@ y no le he respondido LMAO

Si tienes comentarios, dudas o sugerencias, por favor hazlos con confianza aquí o da la vuelta por el Jardín/Vestibulo

 

 

Parte 9: Abandonar lo bueno y lo malo… la mente no siempre ayuda

La luzde la mañana le despertó; un ruido fuerte y extraño se escuchaba, como el de unhelicóptero y el de personas caminando por el techo de la casa. Se incorporópues aun se encontraba medio dormido; al caer en la cuenta de aquellos ruidos,se levantó de un salto y al mirar por la ventana de su cuarto vio que era gentede una construcción aledaña a su casa, donde unos trabajadores caminaban en eltecho de una casa a medio construir y otros hacían un ruido fuerte como con unmartillo hidráulico.  Los hombres armadosno estaban.

Alguienentró en su cuarto, era su Madre.

“¡¿Quésonó como si alguien se hubiera caído de la cama?!”-dijo un poco sobresaltada.

Eljoven se alteró un poco con tal entrada de su Madre.

Suritmo cardiaco estaba acelerado y un sudor frío le empapaba el rostro. Parecíaque todo había sido…. un sueño…  loshombres armados, André muerto y él matando gente con gusto y poseído por laira…

Surespiración era pesada, había pasado un día agradable el día anterior y hoy ledespertaba un sueño de un ‘si mismo’ maligno.

“N, n,no es que tuve una pesadilla y me levanté de golpe…”

“Ahbueno-dijo su madre recobrando la calma- pensé que te había pasado algo”

Lahella saludó abrazándola ligeramente, se sentía un poco alterado aún. Su madrepudo percibir los latidos acelerados, pero sólo lo abrazó también.

“Vamospara que desayunés, acordate que hoy hay que ir al oficio religioso, por queayer no fuimos”

“Ok”-respondióel muchacho.

Larutina del domingo era parecida a la misma que lo otros días: desayunar, bañarsey alistarse para salir. Todo este proceso casi en completo silencio. Sepreguntaba si realmente el podría ser tan malo, si el estar como sucesor deLucio lo llevaría a eso: muerte, venganza, ira y descontrol…

Toda lafamilia fue en auto al oficio en un templo cercano a su casa. El joven bastanteansioso oraba pues no sabía muy bien qué pensar, las dudas que había tenido sehabían agravado con aquel sueño que le fuera tan perturbador.

Sólobuscaba la solución a sus dudas, entonces pensó:

“Sialguna vez hago algo así de malo, no será en venganza, sino para defender aalguien de algún daño, así será”.

Con talpensamiento se sintió más tranquilo y en paz consigo mismo.

 De regreso a su casa, pasó el resto del díarealizando tareas de la universidad, que había olvidado ir haciendo por los acontecimientosde días pasados, peor entre hora y hora, volvía a su ansiedad, le sudaban lasmanos, el cuerpo parecía temblarle: la imagen de sí mismo había sidoescalofriante, en especial el recuerdo de su mirada digna de un asesino.

 

Esemismo día, ya finalizándolo, recibió una llamada telefónica de un amigo quehace unos días no veía.

“Lahel¿todo bien?, es Ryan. Es que te llamaba por que la profesora de idiomas del semestrepasado se va ahorita, el viernes y hablando con ella dijo que mañana en latarde va a estar en la U y tiene un rato libre para poder vernos y así hacerlecomo una mini-despedida. ¿Podés ir?”

“¡¿Yase va?! Si claro, yo llevo un refresco o algo así”-respondió Lahel.

El díaterminó sin más ni más. No hubo sueño alguno.

Otrodía comenzaba y tendría que ir a la Universidad muy temprano en la mañana.

Los sentimientosde bienestar consigo mismo y de ver la vida con otros ojos, aunque parecíanmenguar, el joven no dejaba de tratar de sentirlos. No quería que algo que lohacía sentirse tan completo se fuera tan pronto.

Larutina no contribuía mucho a su querer, pues todos los días era lo mismo:bañarse, desayunar, e irse a la U tomando el bus y prácticamente correr hastala clase; era una rutina que no le agradaba, pero pensaba que algo buenosaldría de ese día.

Alllegar a la clase todo era como siempre: la gente de siempre y la materiateórica que no le interesaba.

Saludócon cierta efusividad a la mayoría de sus compañeros y compañeras. Y tomandoasiento en un espacio ni muy cerca ni muy lejos de la puerta, escuchaba calladolas cosas que decía el profesor.

Mirabapor la ventana, los árboles se movían con la brisa y la luz del sol parecía sermás agradable que las paredes en las que estaba encerrado por tener que atenderasuntos mundanos como la educación, prefería estar en su casa o con sus amigosen alguna otra parte. Pensó por un instante en qué podría estar haciendo Lucioen ese momento, pero con los hechos del día anterior, quería darse un tiempopara asimilar su situación y no aparecerse a donde Lucio indispuesto por sutemor y dudas, ya de por si se había comprometido a seguir adelante.

Una desus amigas, de piel blanca, ojos negros y cabello rizado y azul oscuro ledevolvió a la realidad:

“Noestás poniendo atención ¿verdad?”

“¿Ah?-dijo el muchacho totalmente distraído- hoy no estoy en ningún lado, la verdadya debés saber que detesto las clases.”

“Si yosé, pero al menos podrías fingir que estás cómodo. ¿A dónde se fue esa energíaque traías la semana pasada?”

“No sé,me siento un poco distraído de repente, como añorando estar en otra parte. Y esque tengo muchas cosas en que pensar también”

Luegode unas horas, al fin había terminado la tediosa clase.

Saliendodel aula, buscó a Mille, una joven de tez morena, alta de cabello negro y lacioy ojos celestes.

“Mille¿qué van a hacer ustedes?-se refería además a sus otros compañeros, pero ellaera una con las que más hablaba- es que me tengo que quedar hasta luego delalmuerzo.”

“Ahoravamos a almorzar juntos, por si quiere ir con nosotros”

“Ok,entonces me voy con ustedes”-dijo sonriendo.

Fuerona un lugar cercano al edificio donde usualmente recibían sus clases.

No fuenada fuera de lo normal, cada quien compró su almuerzo y hablando el tiempo sefue rápidamente hasta la hora acordada para la despedida de la profesora deidiomas.

Alllegar el momento de poder visitar a la maestra que pronto partiría de vuelta asu país natal, se despidió de con quienes almorzó  y fue a buscar una tienda para comprar algo debeber y recordó que cerca de donde se hallaba había una.  Fue rápidamente, compró una gaseosa y corrióal edificio donde se encontraría con sus otros amigos para ir juntos a laoficina de la profesora.

Subiólas escaleras de aquel viejo edificio colorido y pudo ver a Ryan, caracterizadopor su alegre sonrisa; una joven de cabello castaño rizado y piel blanca, Cloe,Ivy otra joven de cabello negro; y finalmente a otro joven de aspecto moreno, Gerald.

A loscuatro les saludó con bastante alegría, un poco diferente a su humor de toda lamañana.

Fuerona la oficina a buscar a su profesora, y le saludaron con toda la efusividad delmundo cada uno de ellos. Salieron un momento a uno de los pasillos a comer delo que habían traído, todos a la vez que comían, hablaban con la docente de loque haría al volver a su país. Esta experiencia era nueva para Lahel, que nuncale había tocado despedirse así de alguien con quien había compartido tiempo yque se iría para seguramente no volver. Estaba realmente conmovido por aquelmomento, alguien que había marcado su vida aún con solo unos años de haberlaconocido.

Finalmentey luego de un ameno rato, tomándose fotos y compartiendo risas, la hora de quela profesora se fuera había llegado:

“Mientrasyo estuve aquí, ustedes hicieron que me sintiera muy feliz y a gusto…”-dijo la profesoracon nostalgia.

Ivytenía ya los ojos llorosos, y al escuchar tales palabras no pudo sino abrazar ala profesora.

Lahel,aún con  su personalidad un poco fría, sesentía bastante conmovido.

Paraterminar de hacer más emotivo aquel instante, la profesora les pidió un últimoabrazo entre todos, por supuesto, ninguno de los jóvenes se rehusó.

Elencuentro terminó con las palabras de la profesora, aún con una que otralágrima que se le escapaban de los ojos: “Ojalá que en su vida tengan muchasuerte y sean felices, y tal vez algún día nos volvamos a ver, ne?…”-su típicoacento extranjero precedía a sus palabras.

Cloe comentó:“¡Algún día vamos a ir a visitarla y sabiendo hablar de lo mas bien!”

La profesoraasentía con la cabeza con una sonrisa sincera; mientras caminaba con ciertodesgano lejos del grupo de muchachos, les regaló una sonrisa muy alegre ycomplacida y se fue.

Elmuchacho, luego de la partida de la profesora, se quedó un rato más.

Ya eranalrededor de las 5 de la tarde y mientras Lahel aún estaba con ellos, recibióuna llamada.

Al versu celular  notó que era Lucio quien loestaba llamando. Su corazón pareció detenerse, pues no sabía si contestar o no.

“Y, yavengo”- dijo a sus amigos, con voz un poco nerviosa y se retiro un poco dellugar donde estaban.

Con supulso tembloroso, puso el celular en su oreja:

“¿S,si?”

“Hola, tetengo noticias nuevas”

“D, donLucio, si es algo de ir a su casa, hoy no puedo, de verdad…”

“Bueno-respondióel hombre- no es eso, es que te conseguí una forma para que vayás a clases deesgrima cerca de tu casa, por que se te va a hacer necesario”

“Ok,entonces a partir de mañana”-en realidad no puso mucha atención pues queríapensar un poco mas antes de seguir adelante con esto de la Mafia.

“Bueno,entonces Suzu te da los detalles”

“Estábien, hasta luego Don Lucio”-otra vez no prestó atención y terminó la llamada.

Geraldse acercó un instante:

“Lahelya nos vamos, porque ya va siendo hora. ¿Te vas con nosotros o tenés quequedarte?”

Eljoven recuperó su compostura, y con una sonrisa respondió que se iría conellos.

Cadauno se quedaba en lugares diferentes, pero él tenía que recorrer el camino más largo.Se despidió con alegría, sentimiento que de verdad le quitaba su sensación devacuidad creciente.

Al finalhabía quedado solo en la parada del bus con un montón de personas desconocidas,esperando su bus también, y el vacío, su ilusoria maldad, volvía a él.

Era unmuy agradable atardecer, la luz del sol y el viento eran óptimos. El transporte al finvino y  montándose, tomó un campo cercade la ventana, quería pensar en todas las cosas que habían pasado en ese día.

El busya estaba en movimiento. Pensaba con una sonrisa que el mundo no era tan malo,y no tenía que dejar que una pesadilla le quitara lo que había ganado. Eracurioso como él mismo se hablaba una y otra vez incidiendo en el mismo pensamientonegativo y encontrando la misma premisa positiva para anular tal pensamiento.

Luegode todo el viaje, al bajarse ya de noche, le tocaba caminar el mismo recorridode siempre para llegar a su casa.

Lavisión de su hogar le llenaba de tranquilidad, al saber que al fin podríadescansar y de alguna forma, alejarse de sí mismo.

Alabrir la puerta, algo estaba mal, su madre estaba sentada conversando conalguien en unos sillones de la sala a la que daba la entrada; ello significabaque había visitas.

Sumadre se levantó y le dijo que le presentaba a una nueva vecina que habíaconocido en sus clases de la universidad.

Almuchacho estuvo a punto de caérsele el maletín de la mano, por la impresión. Lainvitada era Suzu y por supuesto el no lo podía creer.

(Decidado a… ella sabe jajaja)(CONTINUARÁ)

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PD: Vamos bajando el ritmo en esta entrada por que se acerca el "Final de temporada 1" jajaja, así que paciencia.

PPD: Me gané una entrevista en un exc concurso de  Shuio, si la quieren ver, denle click a la imagen:

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Parte 8: El fin siempre justifica lo medios…o al menos eso dicen

El juego había comenzado. El muchacho nosabía muy bien que hacer, pues en realidad era su primera vez jugando. Tal vezalguna vez había visto algún juego.
Su primera acción fue esconderse tras uno de los inflables para poder tener unmomento para pensar sus acciones. Al mirar a Suzu, ya estaba ordenando a sushombres asignados, y comenzando a disparar por detrás de de los obstáculos, yAndré hacía lo mismo. Se asomó por un lado del inflable para ver a los miembrosdel otro equipo en la misma situación, todos disparando casi que por turnos eigualmente protegidos, tratando de sacar a alguno miembros del grupo contrario.Sintió el aire de una bala de pintura que pasó rápidamente al lado de su cara;por lo que se volvió a poner completamente escondido detrás de aquel objeto. Decidióque era necesario animarse a dar las órdenes, no estaba dispuesto a perder;ordenó a los suyos un ataque directo, fue lo único que se le ocurrió.  Balas de pintura cruzadas, un pandemonium entre los dos equiposbuscando la victoria, y quien se acercare impetuosamente a la bandera eraimpactado por la mayoría de balas del equipo contrario.

Unos minutos después, los grupos se habíanreducido drásticamente dejando casi solo a los capitanes de ambos bandos. Eratiempo del enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
La  indecisión y mala puntería de Lahelno permitían ver un posible resultado favorable.

Suzu salió corriendo y aprovechando suagilidad evadió uno que otro disparo, tenía una velocidad que dejó al jovenbastante impresionado.

Maxim corrió a hacerle frente a la jovenlanzándole un golpe, Suzu evadió el mismo, mientras hizo una barrida paraderribar al muchacho, pero este a su vez, con un simple salto esquivó estatáctica. La batalla siguió un poco más, pero ninguno de los dos bandos podíaayudar ni a Suzu ni a Maxim, cualquier intento tan solo de apuntar erarespondido por más disparos enemigos.

Lahel parecía ser el menos llamativo, puesnadie parecía prestarle atención por su mala puntería, así que lentamente pusoen su mira al muchacho que aún estaba luchando con Suzu. Sin pensarlo muchodisparó y su bala pasó un poco lejos de Maxim, pero lo suficiente como para queel joven se moviera impulsivamente hacia un lado.

Suzu, notando la guardia baja del joventomó un poco de impulso y dio un salto por encima de Maxim y al instantesiguiente tomó la bandera antes que alguien pudiera detenerla. Habían ganado elprimer asalto y los aplausos de ambos bandos era audibles por doquier.

Sendos equipos tenían casi en su totalidada los hombres cubiertos de pintura en cada parte vital de sus cuerpos: cabeza,corazón, extremidades… Si hubieran sido balas de verdad, la masacre hubierasido enorme. Parecía que la calidad de tiradores de ambas partes era muyparecida.

Aún con la derrota, ambos equipos se veíanfelices mientras se reagrupaban para la siguiente partida. Lucio miraba con unasonrisa desde su silla. Se dio una nueva orden de inicio.

En el segundo asalto, las cosas mejoraronun poco para el muchacho, pues logró darle a Natasha porque ella se encontrabadistraída con dispararle a los demás. El punto negativo fue que luego de unrato de juego el joven fue expulsado por el primo de Alina, quien le dio en unapierna. Por esa confusión, Alina, escudándose tras un grupo de hombres y susbalas certeras logró que otros le impulsaran en el aire haciendo una pirueta enla que tomó la bandera para ganar esta vez.

La gente estaba atónita de la agilidad deAlina pero no olvidaban la de Suzu.


Lucio, a raíz del empate, se puso de pie y aplaudiendo dijo:
“Dados los resultados, vamos a hacer esto más divertido. Desde ahora, quientome la bandera o le acierte al Jefe del equipo contrario, gana. Lahel y Alinason los blancos”

El corazón de ambos pareció detenerse, ni élni ella estaban preparados para la presión emocional de tal regla improvisada,aún menos el joven, que sudaba frío.
El nuevo asalto comenzó igual que los anteriores: la gente se disparaba cadavez que veían la posibilidad de acertarle a alguien. Pero algo era diferente,no solo eran las balas esta vez, de repente todos se unieron haciendo undespliegue de sus habilidades de pelea, en una sinergia de golpes y disparoscada vez que se podía. Ahora si parecía que la fiesta había comenzado. Elcontacto cuerpo a cuerpo impedía que salieran del juego tantos participantes comoen las veces anteriores, pues casi ninguno utilizaba solo su arma contra losotros.
Lahel tenía que hacer algo, se había sumido en el juego y deseaba ganar. Dio unvistazo a Suzu, que en un instante saltó, dio hizo una pirueta y logró volversea esconder tras uno de los inflables mas cercanos a la bandera. El joven, unpoco decepcionado de sí mismo miró a André y llamando su atención le hizoalguna seña para que lo cubriera mientras intentaba avanzar.
Corrió lo más rápido que pudo de donde se encontraba a otro de los inflables,aledaño al que Suzu había tomado como resguardo.  Sorteaba cada una de las batallas privadas delas otras personas y cada que alguien le intentaba atacar, sus hombres le defendíancon fiereza digna de la lealtad hacia Lucio. André no se movía ni un milímetro,algo estaba calculando. Al disparar, le dio al primo de Alina; este salió poruno de los costados del área de juego y los disparos continuaron. Parecía quequería eliminar a los cabecillas con tal de desbalancear al grupo contrario.
Natasha intentó aventurarse un poco más adelante, lo más cerca que pudierequedar de la bandera, pero no lo lograba con los disparos de André, por más quecon frialdad certera, inutilizaba quien le atacaba para luego dispararle sinpensarlo; a pesar de la crudeza del campo de juego, ella caminaba con paciencia.Lahel disparaba a quien podía, pero era mas como para distraer, porque aunquesu puntería no era mala, no era nada certera cuando tenía alguna oportunidad deacertar por tanto movimiento. El joven iba a dispararle a Natasha pero estalogró acertar a André por un pequeño descuido que tuvo al tratar de apuntarlemejor a Alina. A pesar de esto, el joven tuvo suerte y logró darle a Natasha.Los dos debieron salir, André calladamente, Natasha parecía estarse quejando ensu lengua nativa.
La ventaja la tenía el equipo del muchacho, pues Alina estaba sin suscabecillas.
Mientras Suzu disparaba y luchaba sin descanso, Lahel tomó la decisión un pocoprecipitada de correr a la bandera de una vez por todas, quedándose aldescubierto y corriendo a todo lo que pudo entre los otros participantes quedescargaban unos sobre otros patadas y golpes de mil formas diferentes.
Ya iba a llegar a la bandera, su mano estaba a punto de tomarla…cuando sintióque alguien o algo le empujó fuertemente a un lado, y la bandera se le escapóde las manos.
Al caer al piso se dio cuenta de la situación. Suzu lo había empujado paraevitar que un disparo de Alina le diera. Suzu tenía el casco lleno de pintura,y estaba de pie a un lado del muchacho, le dio la mano para levantarlo. Eljoven, tratando de incorporarse para tomar la mano de Suzu, sintió cerca de sumano derecha algo; era la bandera. Por alguna razón extraña había quedado conella, a pesar de que instantes antes apenas la había rozado. Con la ayuda de lajoven se pudo levantar, pero no podía entender del todo qué era lo que habíapasado.
La muchacha estaba descalificada, pero este encuentro lo habían ganado, puesLahel había logrado tomar la bandera. Los aplausos no se hicieron esperar enuna euforia producto de tanta adrenalina. Alina se acercó quitándose el casco:
“¡Bien hecho! Nos ganaron como tenía que ser”- sonreía.
Suzu también se quitó el casco. Parecía algo molesta por lo sucedido.
“Si esto hubiese sido algo real, la inmadurez que demostró nos hubiera costadola vida a todos” -dijo Suzu.
“Sólo es un juego, no se pongan tan serios respecto a esto”-respondió la jovenjefe de Mafya.
Lahel estaba ahí, sabiendo que lo que había hecho era impulsivo, pero no lo viodesde la perspectiva de su nueva guardaespaldas. No sabía muy bien si pensarseriamente estas palabras o si era solo una exageración por parte de ella.
Lucio aplaudía desde afuera del área de juego, mientras todos se acercaban ael, ya que había finalizado el juego.
“Bien hecho, para todos por supuesto. ¡Por favor felicítense entre ustedes!”
Los miembros de los dos equipos se dieron la mano, unos con más deseo queotros. Natasha molesta, Lahel confundido y hasta un poco indispuesto ya y Suzuinexpresiva.
Lucio, retomando la palabra dijo:
“¡Muy bien, el ganador es el equipo de Lahel! Todos aplaudieron una vez más,con distintos ánimos como se podría inferir. Dirigiéndose a Alina dijo bastantecomplacido:

“Gracias por venir, aceptar nuestrapropuesta y participar en este encuentro amistoso”
Alina estrechando la mano de Lucio dijo a su vez: “Al contrario, gracias austedes por su ayuda y por este rato tan agradable. Esperamos lo mejor de suFamilia”
Miró a Lahel y le sonrió, mientras Natasha tomándola del brazo se despidió deLucio con un gesto de respeto, y se la llevó en dirección a la arboleda. Eljoven apenas pudo despedirse de ella a la distancia moviendo su mano. Maximdijo adiós a todos rápidamente y corrió para alcanzar a su prima y a Natasha.
Mientras les veía introducirse en la arboleda, el muchacho se preguntaba cómosaldrían Alina y su gente de la propiedad, pero más importante que ello, lepreocupaba el hecho de que Lucio le hubiera conseguido una guardaespaldas, lohabía recordado, y quería respuestas ya.
Una especie de helicóptero-avión apareció sobrevolando la zona boscosa en laque se encontraban Alina y su gente, se vieron caer dos escaleras y poco a pocola gente comenzó a subir por ella, no se distinguía muy bien cada persona. Enpoco tiempo todo el mundo se había subido y el vehículo partió de maneraruidosa.
Ya de vuelta en el silencio, André se metió en la casa. Lahel, volteándosehacia Lucio se le quedó mirando, un poco molesto.
“¿Qué pasa?” dijo Lucio sintiendo la mirada del joven. El joven le respondiócon una fugaz mirada hacia la joven a su lado.
“Ah… ya entiendo-cerró los ojos para pensar un instante- Vamos a definir esto.Vos ya sos parte de nuestra Familia, por eso, ahora que ya se ha corrido la vozde tu existencia, es mejor que te protejamos, y un guardaespaldas no llamamucho la atención, mas por la apariencia de Suzu y así me aseguro que tengás unfuturo” Lucio comenzó a reír.
El muchacho aun en total desacuerdo, lo miraba de forma acusatoria y tampoco leagradó tal comentario:
“No me diga que me va a estar siguiendo a todo lado y que se va a meter en micasa a escondidas o así” Suzu guardaba silencio.
“Pues no, solo vigilando desde lejos, pero no insistás, por que no voy acambiar de opinión. Un dato importante es que todos los miembros de tu familiatienen sus propios guardaespaldas. Es algo inevitable en este negocio”
Lahel lo sabía, pero en cierta parte le molestaba por el riesgo que pudieraconllevar para su familia, más que para él. Había visto que Suzu era buena enlo que hacía, pero… Tenía la mirada baja, su familia también tenía guardaespaldas…pensabatodo esto en silencio.
“Creo que es hora de que te vayás, para no levantar sospechas. Solo cambiate yAndré te lleva como siempre. Suzu se queda aquí un rato”- le dijo Lucio.
Lahel asintió con la cabeza, aún pensativo y  disgustado; aunque la había pasado muy bien.
Se cambió en los baños, y ahora que conocía el camino, pasando por elinvernadero a un costado de la casa, y saliendo a la parte frontal. André comode costumbre lo esperaba. Estaba muy cansado por aquel día y prefirió ocuparsede estos pensamientos después.
Lucio estaba ahí, Suzu no.
“Otro detalle-dijo al muchacho que ya se hallaba dentro del auto-decile a tufamilia que te conseguiste un trabajo de medio tiempo, de un afiche que visteen el periódico y que fuiste a la entrevista y te eligieron. Eso va a justificaralgunas cosas del futuro. Y vamos a arreglar unas clases de esgrima, yo teaviso”
El joven aún mas confundido exclamó:
“¿Qué tipo de trabajo?”
“No se tal vez tutor de algún idioma extranjero o alguna cosa por el estilo, ciao”-respondió el hombre, sonriendo.Cerró la puerta, tocó el techo del auto y André aceleró.
En el camino iba luchando contra el sueño del que era presa por el día tan ‘largo’que había pasado, que aunque no era mucho, le había agotado.
El mismo proceso de siempre, se bajó un poco lejos de su casa y caminó hastaella. La luz del sol ya declinaba.
Era extremadamente feliz de regresar a su hogar; el cariño de su madre, lacompañía de sus hermanos, todo era perfecto, otra vez.
Una cena tranquila llena de comentarios alegres, incluso con su padre presente.
Luego fue la hora de su descanso diario, pues ya no podía aguantar másdespierto.

Fue a su cuarto, miró por la ventana en lanegrura, tratando de ver a alguien, y sin ver a nadie, se acostó para descansar,sin pensar más en nada del día.
El día que siguió era sábado. Comenzó igual al anterior, se sentía feliz de verque la sensación de éxtasis ante la vida no le había pasado, lo estabadisfrutando de verdad. Había olvidado el tema de una guardaespaldas por elmomento.
Su padre ya no estaba porque ese día tendría que ir a trabajar, por ello se fuedesde muy temprano.
Desayunó, se baño, vistió su típica ropa formal y ayudó un poco en su casa.Luego jugaba con sus hermanos videojuegos.
Para el almuerzo, fueron a la casa de sus abuelos maternos, una casa pequeña,pintada de color crema, donde su tía y primo estarían también. Estaba ubicadano muy lejos de la casa del joven, pero igualmente fueron en auto, su madre erala que manejaba. Normalmente iban los domingos en la tarde, pero ese díatambién quisieron ir.
Entrado a ella pasaron por un pasillo que daba a la puerta principal, y alentrar, la sala estaba ordenada, y la mesa del comedor, con un mantel rojo ylos platos ya sobre ella.
Su abuela, una mujer mayor con su vestido azul preferido le saludaba conefusividad recibiéndoles en la entrada, y su abuelo, igualmente mayor y deusanza semi-elegante, estaba sentado a la cabecera de la mesa.
Mientras lo saludaba, apareció su tía saliendo de la cocina a la que daba elcomedor, con un platón de arroz. Era una mujer de edad mediana, de cabellonegro rizado, un poco morena como todos en la familia; tenía unos ojos grises yera un poco pecosa. Saludó como era usual en ella: con una sonrisa y ya.
Al sentarse todos, alguien faltaba, su primo, que su tía llamó alzando la voz.
“¡Alexander!”-gritaba su tía, y pronto un joven bastante alto de cabello negroy corto, con los mismo ojos grises de su madre, pero más moreno, aparecía en elcomedor, y sentándose solo saludó diciendo un “hola” un poco seco, como era sucostumbre.
Mientras comían, un comentario de su madre surgió dentro de otros muchos temasque eran tratados en ese instante.
“Ayer iba manejando camino al trabajo y un hombre en un carro se puso a la pary me gritaba cosas como ‘inútil’, ‘animal’ y así por varios minutos, sin ningunarazón.”
Su tía intervino de forma sarcástica: “Por eso es que muere la gente en lascalles, por andar buscando pleito, algunos solo se bajan y le pegan un disparoal que los está jodiendo y ya”
Su madre continuó: “Bueno la cuestión es que al final le hice una ‘mala seña’ yya el señor se adelantó un poco y siguió como si nada; me gustaría tener unrevolver para por lo menos asustarlo un poco” Su madre reía un poco.
La familia reía un poco. La abuela quejándose con la madre por decir ‘tonterías’,y el abuelo riendo. Sus hermanos y primo, todos reían un poco de ello.
Su madre comenzó a bromear con sacar y megáfono y decirle cosas al tipo tambiénpero Lahel ya no prestó más atención, comenzó a sumirse en sus pensamientos.
Pensaba si sería justificado hacer algo así con tal de hacer justicia. La Mafiaestaría justificada entonces, al menos la infame Mafia Bianca. Reía internamente, pensando en que la vida parecíaconfirmarle que había hecho algo bueno al aceptar la propuesta de Lucio, peropensaba también en el peligro que podrían pasar sus familiares con tal empresa.
La tarde transcurrió con conversaciones, los menores veían televisión, hastaque al cabo de algunas horas, cuando ya anochecía, la madre del joven decidióque era hora de irse de vuelta a casa.
Se despidieron de todos y montándose en el auto se fueron su hogar.
Al llegar, estacionaron en el garaje ubicado a un lado de la casa, y semetieron por la parte trasera de la misma.
Lahel ayudó a su madre a hacer la comida, sirvieron y comieron.
Al rato, luego de haber visto algún programa en la televisión con Jehiel, sefue a dormir…


La luz de la mañana le despertó; un ruido fuerte y extraño se escuchaba, comoel de un helicóptero y el de personas caminando por el techo de la casa. Seincorporó pues aun se encontraba medio dormido; al caer en la cuenta deaquellos ruidos, se levantó de un salto y al mirar por la ventana de su cuartovio que era gente armada y en trajes negros, como de asalto. Alguien entró ensu cuarto, era André.
“¡Señor Lahel una Familia enemiga ha enviado gente para matarlo, por favorvenga conmigo, yo lo escoltaré hasta que esté a salvo!”
El muchacho tomó su espada y corrió fuera del cuarto con André. Unas personasentraron por las ventanas de la sala del segundo piso, y cuando André sedisponía a protegerlo el joven salió corriendo hacia ellos para atacarlos. Lecortó un brazo a uno y apuñaló en el pecho al otro; no sintió ningúnremordimiento, la adrenalina le llenaba incluso sus pensamientos, de hechodisfrutó un poco el poder hacerlo.
Al encontrarse tan expuesto en la ventanas, otro de los hombres que caminabanpor el techo hasta la ventana de su cuarto le apuntó en el pecho y disparó.
Lahel solo alcanzó a oír el sonido y de repente estaba en el suelo. Se registróel cuerpo, pero no tenía nada, André lo había cubierto y recibido el disparopor él, pero para ello había empujado al muchacho y caído al suelo. Seincorporó, mientras unos hombres vestidos de traje entero negro, subiendo lasescaleras, comenzaron a disparar contra los hombres enemigos, parecían sergente de Lucio. Acercándose a André que yacía en el suelo, vio su herida en elpecho.
“Señor Lahel -dijo André con dificultad- le dije que viniera conmigo y yo loescoltaría, no debió haberse expuesto.”
El joven se sentía muy mal, solo podía ver la herida sangrante en el pecho deAndré. Se sentía culpable.
Al joven se le salieron lágrimas y André cerró los ojos y dejó de respirar.Lahel bajó la cabeza y dijo: “Perdón André… me voy a vengar por esto” ylevantándose dijo:
“¡Mátenlos a todos!”
Un hombre se coló por la ventana de la sala y Lahel, volviéndose a él comenzó aembestirlo con la espada, hasta quedar el mismo cubierto de sangre. Habíaperdido la cabeza en su dolor, por no haber escuchado a André.
Los disparos se podían oír por todas partes, y el joven, aun con lágrimas enlos ojos sonreía, a pesar de estar rodeado de cadáveres.

(CONTINUARÁ jajaja)

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Parte 7: Darse el tiempo para saborear la vida: el pasado está tan presente como el hoy

Se puso las manos tras de la cabeza, comoaquella persona le ordenaba. Recordó súbitamente que una joven le acompañaba,por lo que dijo un poco agitado:

 

“¡No importa lo que me hagan, sólo dejenque la muchacha se vaya!” A pesar de estar en aquella situación tan tensa,recordó que esta era una frase “cliché”, pensó que era algo patético de suparte tal cosa.

“¡Cállese, idiota!” dijo aquella persona,propinándole un golpe con el revés del arma en el estómago.

El muchacho cayó sobre su rodilla por eldolor.

A la joven, apenas había iniciado la lucha,otro de los agentes le agarró por detrás cubriéndole la boca, pero por suprotestar la persona que la sostenía le soltó. En medio de la pelea, Lahel nose percató que la joven además estuvo diciendo algo en un idioma que noentendía, como tratando de detener a los hombres, incluso había estadohablándole al joven en su idioma para que dejara de pelear pues todo ‘era unmalentendido’; pero por la misma situación de pelea ni él ni los otros leescuchaban.

Pero al ver que la persona había golpeadoal muchacho, la joven se interpuso entre Lahel y aquella persona y con unaexpresión de enojo dijo algo ese idioma del que no entendía una palabra,semejaba ser una especie de ruso o algo parecido. La persona armada que parecíaser una mujer contestó con un tono molesto a su vez, pero fue detenida por otrocomentario de la joven.

Esta agente armada se quitó elpasa-montañas, era una mujer de edad media, rubia de cabello largo, piel claray ojos celestes. Volviéndose al resto de las personas que estaban armadas gritóalgo y todos reaccionaron agrupándose tranquilamente, bajando toda guardia.

La joven se volvió hacia Lahel yextendiéndole la mano, le ayudó a levantarse.

“Perdón por la actitud de esta mujer. Todoscreyeron que me ibas a hacer algún daño, y es que me perdí de su protecciónpara ver el terreno por mi misma y se alteraron un poco al no encontrarme” Lajoven tenía un poco de acento por aquel lenguaje que era capaz de hablar.

El muchacho, aún con cierta molestia seincorporó aún con la mano en el estómago.

“Di jajaja, errores son errores”-dijo concierto sarcasmo, pero no quería hacer más grande el problema, se habíahabituado resignarse a todos estos asuntos mafiosos.

“Mi nombre es Alina, y esta agresiva esNatasha, una de mis guardaespaldas, un poco impulsiva como podés ver”-dijo lajoven. La otra mujer, volvió el rostro ante este comentario, estaba un pocomolesta.

Lahel comenzó a recordar que Lucio esperabavisitas, tal vez sería aquella muchacha, pero le parecía demasiado joven comopara estar involucrada en algo así. Aún así pensaba en sí mismo, que no estabamuy lejos de tal situación. Sonriendo dijo:

“Mucho gusto, yo soy Lahel” Ante estecomentario, Natasha volteó a verlo con sorpresa, y Alina, con una voz un pocotemblorosa dijo:

“¿Lahel? ¿El sucesor de don Lucio?…”

“Di pues al menos eso es lo que Lucio dijoayer…”-al joven le daba un poco de gracia saber lo rápido que parecía haberseextendido la noticia.

Alina se volvió hacia Natasha con unaexpresión de enojo, gritándole alguna cosa en su lengua nativa, a lo que lamujer respondió algo suavemente y dirigiéndose al muchacho dijo:

“Lo siento mucho…pero usted se lo buscó”.Su voz denotaba bastante nerviosismo, a la vez que orgullo. Ante tal comentarioAlina volvió a decirle algo de manera un poco fuerte y volviéndose hacia Lahelcon una sonrisa un poco forzada dijo:

“No le hagás caso por favor, es una groseraagresiva. Por favor perdónala y guíame de regreso a la casa de don Lucio”

El joven asintió con la cabeza, pero antesde que pasase algo más, Lucio junto con André, aparecieron por entre losárboles:

“¡Bienvenida señorita Alina! Le esperábamospor el frente de la casa, y no por detrás” Tenía una mirada tranquila pero penetrante,y una sonrisa que no parecía de felicidad.

Alina tuvo una reacción aún más nerviosa:“Ehh, si es que… quise ver por mi misma los alrededores, pero misguardaespaldas pensaron cosas que no eran y pues… su sucesor…”

Lucio mantenía su sonrisa: “Pues bueno -dijo-dejemos este malentendido atrás –se dirigió al joven- esta señorita que acabasde conocer de forma un poco accidentada es Alina Agron, líder actual de lafamilia Agron de Rusia- volteó a ver a Alina, cuya sonrisa seguía viéndosebastante forzada- Bueno, vamos al pequeño almuerzo que he organizado”

Natasha fue un momento hasta donde estabanlas demás personas armadas, parecía que les dijo algo y luego puso su arma enel suelo y se quitó el traje negro estilo militar que tenía puesto, para dejaral descubierto un vestido largo y negro que llevaba puesto por debajo de suprimer traje; se devolvió hasta donde estaban los jóvenes, Lucio y André. Esteúltimo hizo uno de sus típicos gestos con la mano, para indicar el camino a lasdos mujeres, que, acompañándolo se adelantaron un poco. Juntos, todos,caminaron hasta salir de aquella arboleda. Natasha parecía guardar ciertorecelo y parecía estar como alerta a cualquier cosa que pudiese suceder. Lucioy Lahel caminaban juntos.

El joven pensaba en el cambio tan radicalde ropa que había tenido Natasha, pero recordaba el dicho aquel de que ‘aunquela mona se vista de seda…’; reía un poco.

“Veo que te estás riendo. Al parecer no tepasó nada grave, siento no haber aparecido antes y por lo que veo tomaste estopor el lado amable” dijo Lucio. Eso no era lo que pensaba el joven, peroprefirió hacer una pregunta que de repente le surgió:

 “….DonLucio, perdón por haberme ido solo a ver qué pasaba pero… ¿por qué ninguno desu gente fue a ver qué pasaba?”

Lucio mantenía la vista al frente, y conuna sonrisa respondió: “¿Quién dice que nadie estaba ahí?”  Señaló, mientras seguían caminando, variasramas de diferentes árboles. De alguna forma parecía haber personas ocultas,apenas visibles entre las ramas, y en algunos casos se podía apreciar el cañónde algún rifle.

El joven sintió un escalofrío, parecía que Luciohablaba más que en serio, obviamente.

“Que no hayás visto a nadie -continuó- noquiere decir que no estuviesen, además el terreno tiene cámaras y alguna queotra defensa escondida, pero con la gente basta”

Lahel, con ese comentario comprendió quecon toda esa seguridad Lucio ya lo había visto todo y todo parecía tenerlo bajocontrol. Esto le causaba cierta incomodidad al muchacho; más que eso, era comoun pequeño shock. Se detuvo uninstante, preso de aquellos pensamientos, pero Lucio, volviéndose hacia él, apesar de que ya iba un poco más adelantado que el joven, le dijo:

“Apurate, que hay una reunión pendiente yno hay que hacer esperar a las personas”

Lahel cayó nuevamente en la realidad, ycorrió un poco para alcanzar a Lucio que caminaba muy rápido.

Al llegar a la glorieta, el mayordomo de lalimonada estaba ahí de pie, frente a una mesa central y todo estaba servido:platos con pasta italiana y con algunas frutas troceadas en un platón, ademásde un gran recipiente de vidrio con un te frio y un vino, copas de cristal… siempretodo se convertía en un lujo, hasta el más mínimo detalle.

Se sentaron todos a la mesa. Lahel al ladode Lucio y Alina, mientras que Natasha y André se encontraban una al lado delotro, y al lado de sus respectivos jefes.

“El asunto que nos ocupa es simple-dijoLucio sirviendo el mayordomo un poco de vino a cada uno de los presentes-nuestra Familia quiere formar una alianza con la suya para tener influencias ensu país, y combatir a las Familias más peligrosas de la Mafya”

“Don Lucio-dijo Alina, sosteniendo la copaen su mano -, pues la verdad estamos muy interesados en su propuesta, peroquisiéramos saber cuál es el beneficio para nosotros”

“Pues lo principal es que les ayudaríamos asurgir como Familia, de acuerdo a los estándares del Reglamento bajo el que nosregimos, y con el trabajo mutuo nos beneficiamos todos. Ustedes mejor que nadiesaben las actividades de las otras Familias de su país…”-Lucio parecía algomolesto al decir esto último.

Lahel solo comía un poco de todo, al igualque Natasha y André; le admiraba el hecho de que Alina pudiera debatir conLucio como una verdadera líder, buscando lo mejor para las dos partes.

“Bueno,  pues me parece… digamos que sí a este negocio,pero aún debemos hablar algunos puntos que creo que hay que aclarar” Alinacomenzó a debatir uno que otro punto con Lucio, y de tanto en tanto Lucio letomaba el parecer a Lahel, que un poco nervioso emitía su criterio. Así se fueel rato y una vez que hubieron terminado aquella negociación, comenzaron ahablar un poco de Lahel.

“Don Lucio, no esperaba que su sucesorfuera joven, pensé que sería alguno de sus hombres más experimentados”-comentóAlina en un tono algo sospechoso.

Lucio comenzó a reírse a carcajadas. Andrésonreía, Natasha no tenía expresión en su rostro.

“¡Claro que no es el más experimentado eneste negocio, pero no hay que juzgar por las apariencias!”-dijo Lucio, mientrasle movía el pelo a Lahel con la mano para molestarlo.

“¡Ey! ¡¿Qué quiso decir con eso?!”-dijo eljoven, mientras se quitaba la mano de Lucio de encima; se había sonrojado unpoco por vergüenza. André y Alina se unieron a la risa de Lucio, mientras queNatasha solo movía un poco los ojos, observando la situación, mientras comía.

Continuaron  hablando un poco de André, un poco de Natasha(lo cual no le agradó) y en especial Lucio preguntaba cosas simples e irrelevantesde Lahel y Alina, como para propiciar un clima de amigos entre aquellosjóvenes, al fin y al cabo serían aliados.

“Bueno-dijo Lucio retomando un poco suactitud seria- para celebrar el trabajo conjunto entre las dos Familias, megustaría celebrarlo con algo especial”

“¿Y eso sería?…”-preguntó Natashasospechando un poco de aquel comentario.

Lucio tomó su copa con suavidad y bebiendo un sorbo, suspiró, para luegodecir:

“Sencillo: una partida de paintball entre Lahel y algunos de losmíos y la señorita Alina y algunos de los suyos, aprovechando que hay variospresentes en mi casa.”

“¡Qué ridiculez!- exclamó Natasha, sevolvió hacia Alina- ¡Esto debe ser una treta para deshacerse de nosotros ahoraque bajamos la guardia!”

Lucio continuó: “He visto que entre todosustedes son 9, entonces haríamos 3 grupos con tres capitanes, la señorita Alinamás otras dos personas que escoja y el grupo de nuestra familia se completaríacon otros 8 de mis hombres más Lahel”

Lahel no estaba muy contento con el comentariode Lucio, concluyó precipitadamente que para eso lo quería en aquella reunión,para usarlo en aquel nuevo juego, pero por su propia seguridad no dijo nada,tal vez incluso se podría divertir con aquella ocurrencia, solo esperaba quefuera nada mas un juego, y no pasara nada malo; mientras tanto siguió comiendo.

Alina, tranquilamente dijo algo en suidioma nativo, tal vez callando a Natasha y luego comentó:

“Aceptamos, me imagino el campo de juego vaa ser la zona verde que está cerca de esta glorieta… Entonces escojo a Natashay a mi primo Maxim, que está entre el grupo de guardaespaldas del bosqueaquel”. Natasha estaba muy molesta, pero solo se quedó en silencio, aunque eraun poco controladora, sabía que eran las órdenes de su jefa.

“Pues a Lahel yo le escojo a André y aSuzu”

“¿Y quién es esa?”-dijo Lahel un pocoextrañado.

Lucio hizo un gesto al mayordomo, que sefue en dirección a la casa.

“Ya vas a ver-respondió el hombre- mientrastanto vamos a la zona verde, donde ya se están acomodando las cosa para eljuego” Y diciendo esto se levantó de su asiento. Natasha dijo algo que no seentendía y se fue en dirección a la arboleda, probablemente a llamar a losotros.

Alina y André a su vez se pusieron de pie yjunto con Lucio salieron de la glorieta camino a la zona verde. Lahel un pocoincomodo, puso su copa en la mesa e incorporándose les siguió.

Algunos de los trabajadores de Lucio, conlos que habían estado hace algunas horas, estaban colocando algunos cubos ypirámides inflables que servirían como obstáculos para el juego, además de unamalla para mantener el juego en un espacio delimitado.

Había una pequeña mesa cerca del área dejuego donde estaba todo el equipo de protección, más las pistolas y las cargasde pintura.

Frente a ella estaban Natasha, ya vestidacon el traje de paintball, probandocada pistola para asegurarse que no fueran armas de verdad y un muchachovestido también con el traje. Era alto parecido a Alina; de pelo castaño ycorto, ese sería su primo. Los otros agentes de Alina y los empleados de Lucioya estaban listos y cerca de la mesa también, esperando el inicio del juego.

Mientras Alina, Lucio, André y Lahel seacercaron un poco más a la mesa, una joven salió de aquel cuarto de baños en elque el joven se había duchado. Ya tenía puesta la indumentaria, y llevaba elcasco en la mano. Era una mujer joven de ojos cafés y pelo negro, miedo corto ylacio, de rasgos faciales asiáticos.

Se acercó a Lucio y luego de besar elanillo de su mano derecha dijo:

“Don Lucio-pronunciaba con cierto acento-me reporto para el juego”

Lucio, con cierta complacencia dijo: “BienSuzu ¿Cómo te fue en el viaje?”

“Bien señor, ningún inconveniente. ¿Quiénes el objetivo esta vez?”

Lucio puso ambas manos encima de los hombrosde Lahel y poniéndolo frente a la joven dijo:

“Es el, así que protegelo como lo haríasconmigo”. La cara de extrañeza de los dos jóvenes era evidente, parecía que aninguno de los dos les agradaba tal comentario.

Alina se metió en la conversación diciendo:

“Mucho gusto, soy Alina Agron”

Suzu puso su puño derecho en el pecho ybajo ligeramente la cabeza en señal de respeto.

“¡¿Pero quién es ella?!”-dijo Lahel,molesto aún.

“Es tu nueva guardaespaldas, pero luegohablamos de esto, porque la partida está casi lista para comenzar”-respondióLucio un poco evasivo.

Alina presentó a Maxim a los demás, queaunque no podía hablar muy bien el idioma de todos,  mostraba su respeto a su manera, estrechandola mano de todos, excepto de Suzu, que se mantenía un poco al margen de lasituación.

Cuando se lo presentó a Lahel, le estrechóla mano y dijo:

“Buen desempeño en la arboleda, tienesfuturo para ser el sucesor de don Lucio”

“Gracias”-dijo el joven, le dolía un pocola mano por la fuerza de Maxim.

Así Alina, André un poco callado perosonriente y Lahel se pusieron los trajes y los cascos.

EL juego estaba por comenzar, el jovenacercándose luego a Lucio, le preguntó en voz baja:

“¿No cree que es algo un poco… comoinfantil?”

Lucio sonriéndole contestó:

“¿Y quien define qué es infantil y qué no?”

“No sé, es que me siento como un chiquillojugando con pistolas de juguete”

“¿Nunca has pensado que el alma, siendoinmortal, no tiene edad, por lo que podés ser como un niño y seguir siendo vos?Además; aunque has cambiado un poco desde que “fuiste niño”, seguís siendo esemismo “niño” ¿O acaso dejaste de ser vos cuando te hiciste mayor?, sos elmismo; entonces… ¿Por qué jugar de “maduro”, si podés divertirte igual porsiempre? ¡La juventud eterna está en la mente!”

Lucio tenía toda la razón, al menos acriterio del muchacho, que se quedó en blanco al escuchar tales palabras, lodejó callado con tal afirmación excéntrica.

“¡Ahora vamos a jugar!”-terminó de decir elhombre.

Los trabajadores terminaron de instalar lamalla y los dos equipos, pistola en mano se posicionaron en lados opuestos delcampo de juego, parecía que ya atardecía un poco.

Lahel estaba un poco nervioso, pero sesentía feliz al participar y asimilar las palabras de Lucio; veía a Suzu, queno mostraba ninguna emoción y a André que parecía muy feliz.

Los trabajadores de Lucio se retiraron dellugar y Lucio, fuera del área de juego y sentado en una silla que probablementeel mayordomo le había traído; dijo en voz alta:

“¡El que atrapa la bandera primero gana laronda! ¡Pueden recibir sólo un disparo para salir y dos de tres rondas gana!¡Que comience el juego!”

 

(CONTINUARÁ…) (por favor no me critiquen muy duro jejejeje Razz)

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Parte 6: Primeros pasos: cada día es una nueva oportunidad

Todos los miembros de su familia contaban cosas que les habían pasado en el día, todos y cada uno había llevado un día pausado y tranquilo, por ahí entre las conversaciones se asomaba algún acontecimiento curioso, pero no como las cosas que le habían pasado a Lahel en su ardua tortura.
Al retirarse de la mesa, subió a su cuarto y se acostó.
Le pesaban los párpados demasiado, cerrándosele sus ojos por sí mismos. Al día siguiente tendría clases, por lo que mejor se envolvió en la cobijas y se quedó dormido casi al instante.
Sus sueños eran lo usual, un vacío negro, pero la luz de la mañana cambió eso.
Esa luz a la que se abrían sus ojos azules, aún cansados por el día anterior, era la usual; pero al igual que la vez pasada todo era diferente.
Se incorporó como lo había hecho muchas veces, pero su cuerpo se sentía más ligero, más relajado y tranquilo, sensaciones que hacía mucho no experimentaba. Miraba como siempre su mano derecha, para admirar el anillo que le habían dado, ahora con gran satisfacción y no con tanta preocupación cómo en un inicio.
Levantándose, abrió una de las ventanas de su cuarto justo a la derecha de su cama y una brisa fresca y dulce le llenó los pulmones, haciéndolo respirar profundamente, esta le movía el pelo suavemente, como acariciándoselo. La pregunta que flotaba en su mente era si estaba vivo o si de alguna forma se encontraba en su cielo personal.
Bajó las escaleras de un particular buen humor. Su padre y hermanos ya no estaban, solo su madre. Le saludó cariñosamente con un abrazo y se preparó un desayuno de pancakes y un refresco gaseoso, un tipo de desayuno que hacía para ocasiones especiales. No podía evitar sentir que sería un excelente día.
Luego de cocinar, se sentó a la mesa del comedor a disfrutar todo lo que se había preparado.
Su madre se sentó a su lado, para conversar con él un buen rato, cual si nunca lo hubieran hecho.
Luego de eso se bañó, vistió con una camisa blanca de manga larga y pantalón negro y se fue a la universidad, un poco tarde pero no le importaba, todo era paz. Los árboles parecían cómplices de su humor, todos se movían rítmicamente al compás de la brisa, que soplaba fuerte pero agradablemente y el sol brillante coronaba el día nuevo que estaba por iniciar.
Caminaba tranquilo desde su casa a la parada, sonriendo en cada paso, parecía un loco.
Al tomar el bus, la gente se veía seria, triste, apurada, pensativa, pero a él no le importaba, solo sonreía tranquilamente. Incluso, al bajarse del bus, nuevamente la gente se veía en sus cosas y carreras, pero nada podía quitar lo bello de moverse en paz por cualquier lado que fuera.
Su clase estaba por comenzar, pero solo le tomó algunos minutos llegar al aula y tomar asiento, no apurarse daba sus frutos.
Saludaba a sus compañeros, que se extrañaban al verle con aquella nueva energía.
La profesora entró al aula e inició la clase. Así transcurrió un buen rato.
Al terminar, unos compañeros y compañeras se acercaron para ver qué haría luego:
“Vení y comés con nosotros un helado”-dijo uno de ellos.
Lahel aceptó gustoso, de por si había un sol radiante que tentaba a comerse algo frío.
Fueron a una heladería cercana al campus, compraron cada uno su helado y se sentaron por alguna zona verde del campus.
“¿Y por que hoy estás como tan feliz?” –se aventuró a preguntar una compañera.
El joven solo sonrió, con el helado de fresa en la boca.
“No sé, creo que todo lo que necesitaba era descansar un poco, y ayer fue cuando lo pude hacer”-sonrió calmadamente. En realidad parecía que se hubiese dado una nueva oportunidad de vivir con más ánimos a pesar del mundo que le rodeaba y al que detestaba.
Ese rato fueron risas y sonrisas, todo era como si de repente el mundo supiera dulce y aunque sabía que la felicidad no dura nada, al menos ese día la iba a disfrutar.
Al despedirse de sus compañeros, y camino a la parada de bus, apareció en el mismo parque de siempre, el ya típico auto negro con André esperando al joven.
¿Qué pasaría ese día? Ya eran como las 11:30 a.m.; la verdad no quería ir con André pero…
“Buenas señor Lahel, don Lucio le invita a almorzar en su casa, pero esta vez sí es sólo a almorzar”. André rió un poco.
“Ok, de por si tengo hambre”-dijo el muchacho con su típica sonrisa de resignación.
Se subió al auto y a los pocos minutos estaba otra vez frente al pórtico de la casa de Lucio.
André le abrió la puerta y le guió no hacia adentro de la casa, sino a un pequeño vivero de vidrio grueso que se encontraba bastante a la derecha del pórtico que daba entrada a la casa.
Al entrar en aquel vivero, pudo ver miles de platas entre orquídeas extrañas, lirios, cactus, en grandes filas y sobre mesas de metal forjado.
En frente de una de esas mesas estaba Lucio, con una camisa negra de manga larga y pantalón negro y un delantal blanco, humedeciendo algunas plantas con un rociador de mano.
El joven se le acercó:
“Hoy espero no haya sorpresas de ningún tipo…”
Lucio se volvió hacia él con una sonrisa sospechosa: “Digamos que no. Hoy es para comer juntos con unas personas de Rusia, y es necesario que hablemos algunos asuntos que quedaron pendientes ayer”
El joven se volvió y comenzó a irse:
“Ya me voy entonces…”
“¡No, no!-dijo Lucio alzando su mano como para detenerlo, Lahel se detuvo sin volverle a ver- hagamos algo, si no te gusta algo de lo que pase, te podés ir cuando querás y André te lleva hasta tu casa”
El muchacho sintió que era algo justo, además tenía un poco de curiosidad por ver lo que pasaría, no mucha, pero curiosidad al fin y al cabo:
“¿Cuándo yo quiera?”-dijo.
“Si, es una promesa, y vos sabés que en este negocio cada quien vive según la veracidad de su palabra”- Lucio sabía que ya había convencido al joven.
El muchacho bajó la mirada unos instantes, mientras tocaba una flor negra que nunca había visto.
“¿Te puedo hacer una pregunta?”-dijo suavemente.
“Ehm, decila a ver si puedo responderla”
“No es que me moleste, pero… ¿Por qué todo parece diferente, como…?”-volvió a ver a Lucio.
Lucio reía un poco, ante la mirada interrogante, y tal vez un poco infantil de Lahel.
“Esa respuesta ya te la dije, solo quien ha estado en peligro de perder su vida, la valora como se merece, y en este negocio, di, pues todos los días es una sorpresa; o mas bien, un regalo.”
Si, Lahel ya lo sabía, pero aún así quiso volverlo a escuchar. Sabía que todo estaba por cambiar y la verdad a pesar de todo en ese instante se sentía muy feliz.
“Vamos”-Lucio caminó, aun cojeando un poco, hasta la entrada del vivero, y al salir, siguieron un pequeño camino de piedras que rodeaba el vivero hasta su parte trasera, que daba a su vez a la parte trasera derecha de la casa también, ahí había una pequeña glorieta como la de los parques antiguos, llena de enredaderas de flores violeta y azules.
“¿Y a qué hora es el almuerzo?”
“Dentro de una hora más o menos”
“¿Y entonces que hacemos todo el rato? recuerde que tampoco me puedo quedar como toda la vida”
“Pues verás, un hombre tiene que ganarse la vida de alguna manera, y un líder su lugar. Te voy a poner a que me ayudés a construirnos un nuevo lugar”
El muchacho no entendió muy bien a lo que se refería, creyó que se refería a papeleo o a irse a extorsionar gente como en las películas; pero Lucio siguió caminando, pidiéndole al muchacho que caminara con él. Pasaron la glorieta y yendo hacia la parte occidental del mismo patio trasero de la propiedad, por entre los árboles había un claro.
Al menos 4 hombres fornidos estaban, cavando unos, y otros haciendo trabajos de carpintería, parecían construir un pequeño jardín estilo oriental.
“Vení y les ayudamos. Un líder de Familia no sólo da órdenes de trabajo, también trabaja con los suyos para ganarse su confianza” Esto le pareció sabio, y divertido el ayudar a construir algo.
Cuando estuvieron en el lugar de construcción los trabajadores se detuvieron y saludaron con gran alegría a Lucio, le daban la mano con efusividad, se notaba que le respetaban de verdad, luego saludaron a Lahel también.
 “¡Hola gente! Por eso los escogía a ustedes, por que trabajan como titanes jajaja. Venimos a compartir el trabajo con ustedes”
Lahel estaba admirado por esa unión entre Lucio y los trabajadores, el era también su amigo, no solo su jefe. El muchacho, tomando una pala comenzó a deshierbar el terreno, ayudándole a los demás, que lo veían con satisfacción, parecía que ya sabían que era el sucesor de Lucio, y les agradaba verlo tan decidido a trabajar. Lucio a su vez se puso a serruchar algunos maderos para la construcción. Todos, además de trabajar decían bromas y hacían el rato muy ameno, haciendo que el esfuerzo y el cansancio no se notaran. El calor era grande, pero no molestaba. Ni Lucio ni él se quitaron la camisa por el sudor, sólo se arroyaron las mangas, era raro verlos vestidos casi iguales y elegantes en un trabajo como ese. Transcurrieron al menos cuarenta minutos.
Un aparente mayordomo trajo una limonada y algunos vasos en una bandeja plateada; todos agradecieron y se sentaron sobre unas vigas para tomar un vaso de ella. Lucio mismo les servía.
Lahel, mientras bebía, pensaba que le agradaba el que Lucio fuese tan cercano a su gente, era como ser un amigo de miles de personas, o al menos así lo racionalizaba; de hecho, Lucio comenzaba a lucir como un hermano mayor, alguien del que podía aprender bastante y con el cual era fácil pasar el rato. Cada vez le parecía más divertido su nuevo rol como sucesor, todo iba bien hasta el momento, no había razón para preocuparse, ni para querer irse, aún.
El mayordomo dijo algo al oído de Lucio. Este se levantándose dijo:
“Lahel, es hora de irnos-y dirigiéndose a los trabajadores continuó-Sigan trabajando tan bien. ¡Mañana vendré a ayudar otra vez!” Los hombres se despidieron con agradecimiento de ambos. El muchacho seguía a Lucio junto con el mayordomo.
Se devolvieron por entre los árboles a la parte trasera de la casa, el campo por el que habían pasado anteriormente que el joven no había observado con detenimiento, pues además de la glorieta al pasar unos arbustos se revelaba un espacio enzacatado y bien cuidado, perfecto para una actividad al aire libre.
Caminaron hasta una pequeña puerta, que el mayordomo abrió, con Lucio agradeciéndole.
Al entrar, había varios cuartos de baño con puertas de madera tallada, alrededor de 6.
“Entrá al primero de la izquierda y usás la ropa que está ahí, para que quedés listo para el almuerzo”. Lucio Entró en el de la derecha y cerró la puerta. El muchacho hizo lo mismo, era un cuarto sencillo, con azulejos blancos, una ducha en el fondo y puertas de vidrio, un pequeño banco de metal a la izquierda y a la derecha un paño blanco y el traje entero que había usado el día anterior. Se sonrió por el hecho, recordando aún el sinsabor de ese día.
Se duchó rápidamente sólo para quitarse el sudor, el agua estaba caliente y agradable.
Al salir, secarse y vestirse, se acomodó un poco el pelo, como el día anterior; su look más relajado comenzaba a agradarle. Abrió la puerta. Parecía que Lucio había salido antes que él, pues el cuarto del frente se hallaba vacío.
Salió  de aquel lugar. Fue ahí  cuando escuchó un sonido muy extraño, como de ramas quebrándose, en la esquina del terreno opuesta a la de donde se encontraban los trabajadores que había ayudado hacía un rato. Sintió gran curiosidad, y al no ver a nadie dirigiéndose al lugar, decidió ir a ver qué pasaba.
Caminando entre una arboleda aún más densa que la que tuvo que pasar con Lucio antes, pudo ver unas figuras de personas vestidas de negro, parecían cargar algo. Armas quizás.
Caminaban en grupo un poco dispersos, como buscando algo y apuntando ocasionalmente.
Lahel pensó que no sería bueno quedarse ahí, así que se escondió entre algunos arbustos para tratar de devolverse silenciosamente. Se le aceleró el corazón, tal vez estaban atacando a Lucio.
El sonido del crujir de una rama se escuchó detrás de él. Y al volverse en una reacción rápida, pudo ver a una adolescente sonriendo, justo detrás de él. Llevaba un vestido blanco. Y su pelo era rizado y castaño.
“¿Qué estás haciendo aquí? ¿No ves que hay gente armada ahí?”-dijo preocupado en vos baja.
La joven asintió con la cabeza y se agachó junto a él.
Cuando se volvió nuevamente para seguir viendo por entre los arbustos… Alguno de entre esas personas les había escuchado y se había acercado silenciosamente.
Lahel se puso de pie inmediata e impulsivamente y adoptó una posición de lucha, para tratar de defenderse.
Sin que se pudiera defender de aquella persona, le agarraron por el cuello y el hombre le hizo retroceder hasta ponerlo en contra de un árbol, mientras lo ahorcaba; pero Lahel algo había aprendido de defensa personal hace años, por lo que tomó, con un brazo el del hombre y con el otro le dio un golpe por al cuello que era la única parte que parecía vulnerable.  Aprovechando el debilitamiento del hombre se soltó y le propinó un golpe con el codo en el estómago, y le terminó de hacer una ‘llave’ que había aprendido para dejarlo tirado en el suelo.
Tenía la adrenalina hasta el tope, siempre se ponía así al luchar, y llevaba años sin hacerlo, desde que tuvo que salirse de sus clases de artes marciales. Mientras respiraba un poco agitado, otra de las personas se acercó  para darle un golpe en el rostro, pero el joven lo esquivó y de una patada en la espalda lo tiró hacia un lado. El primer tipo se puso en pie y pateó al joven, pero este le detuvo su pierna con las manos a tiempo. Sentía que le faltaba la fuerza en su pierna por haber golpeado a una persona con ese traje que de alguna manera era sólido y al detener la patada sintió bastante dolor en los brazos y las manos.
Aprovechó el agarre para barrerle la otra pierna al tipo, dejándolo de golpe otra vez en el suelo. Una persona más se acercó, mientras esto pasaba. El joven se volvió y le lanzó un puñetazo, que ese agente no tuvo problemas en esquivar agachándose.
Le lanzó otro  golpe con el otro brazo pero vio, ‘en cámara lenta’, como esa persona se movía a una velocidad casi inhumana incorporándose hasta posicionarse a su lado y en una combinación de brazo y pierna, logró barrer al joven, haciéndolo caer.
Lahel veía como todo pasaba, sin que tuviera oportunidad de hacer algo al respecto, y cuando todo parecía no poder empeorar, ya en el suelo, aquella persona le estaba apuntando con un arma en la frente.
“¡De pie y las manos en la cabeza!”-dijo aquella persona, la voz parecía femenina.
Otra vez estaba en peligro y esta vez parecía algo serio. No pudo más que fruncir el ceño mientras se incorporaba lentamente. A pesar de que sentía algo de miedo, la sensación le era algo familiar.

 

(CONTINUARÁ…)

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