Parte 8: El fin siempre justifica lo medios…o al menos eso dicen

El juego había comenzado. El muchacho nosabía muy bien que hacer, pues en realidad era su primera vez jugando. Tal vezalguna vez había visto algún juego.
Su primera acción fue esconderse tras uno de los inflables para poder tener unmomento para pensar sus acciones. Al mirar a Suzu, ya estaba ordenando a sushombres asignados, y comenzando a disparar por detrás de de los obstáculos, yAndré hacía lo mismo. Se asomó por un lado del inflable para ver a los miembrosdel otro equipo en la misma situación, todos disparando casi que por turnos eigualmente protegidos, tratando de sacar a alguno miembros del grupo contrario.Sintió el aire de una bala de pintura que pasó rápidamente al lado de su cara;por lo que se volvió a poner completamente escondido detrás de aquel objeto. Decidióque era necesario animarse a dar las órdenes, no estaba dispuesto a perder;ordenó a los suyos un ataque directo, fue lo único que se le ocurrió.  Balas de pintura cruzadas, un pandemonium entre los dos equiposbuscando la victoria, y quien se acercare impetuosamente a la bandera eraimpactado por la mayoría de balas del equipo contrario.

Unos minutos después, los grupos se habíanreducido drásticamente dejando casi solo a los capitanes de ambos bandos. Eratiempo del enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
La  indecisión y mala puntería de Lahelno permitían ver un posible resultado favorable.

Suzu salió corriendo y aprovechando suagilidad evadió uno que otro disparo, tenía una velocidad que dejó al jovenbastante impresionado.

Maxim corrió a hacerle frente a la jovenlanzándole un golpe, Suzu evadió el mismo, mientras hizo una barrida paraderribar al muchacho, pero este a su vez, con un simple salto esquivó estatáctica. La batalla siguió un poco más, pero ninguno de los dos bandos podíaayudar ni a Suzu ni a Maxim, cualquier intento tan solo de apuntar erarespondido por más disparos enemigos.

Lahel parecía ser el menos llamativo, puesnadie parecía prestarle atención por su mala puntería, así que lentamente pusoen su mira al muchacho que aún estaba luchando con Suzu. Sin pensarlo muchodisparó y su bala pasó un poco lejos de Maxim, pero lo suficiente como para queel joven se moviera impulsivamente hacia un lado.

Suzu, notando la guardia baja del joventomó un poco de impulso y dio un salto por encima de Maxim y al instantesiguiente tomó la bandera antes que alguien pudiera detenerla. Habían ganado elprimer asalto y los aplausos de ambos bandos era audibles por doquier.

Sendos equipos tenían casi en su totalidada los hombres cubiertos de pintura en cada parte vital de sus cuerpos: cabeza,corazón, extremidades… Si hubieran sido balas de verdad, la masacre hubierasido enorme. Parecía que la calidad de tiradores de ambas partes era muyparecida.

Aún con la derrota, ambos equipos se veíanfelices mientras se reagrupaban para la siguiente partida. Lucio miraba con unasonrisa desde su silla. Se dio una nueva orden de inicio.

En el segundo asalto, las cosas mejoraronun poco para el muchacho, pues logró darle a Natasha porque ella se encontrabadistraída con dispararle a los demás. El punto negativo fue que luego de unrato de juego el joven fue expulsado por el primo de Alina, quien le dio en unapierna. Por esa confusión, Alina, escudándose tras un grupo de hombres y susbalas certeras logró que otros le impulsaran en el aire haciendo una pirueta enla que tomó la bandera para ganar esta vez.

La gente estaba atónita de la agilidad deAlina pero no olvidaban la de Suzu.


Lucio, a raíz del empate, se puso de pie y aplaudiendo dijo:
“Dados los resultados, vamos a hacer esto más divertido. Desde ahora, quientome la bandera o le acierte al Jefe del equipo contrario, gana. Lahel y Alinason los blancos”

El corazón de ambos pareció detenerse, ni élni ella estaban preparados para la presión emocional de tal regla improvisada,aún menos el joven, que sudaba frío.
El nuevo asalto comenzó igual que los anteriores: la gente se disparaba cadavez que veían la posibilidad de acertarle a alguien. Pero algo era diferente,no solo eran las balas esta vez, de repente todos se unieron haciendo undespliegue de sus habilidades de pelea, en una sinergia de golpes y disparoscada vez que se podía. Ahora si parecía que la fiesta había comenzado. Elcontacto cuerpo a cuerpo impedía que salieran del juego tantos participantes comoen las veces anteriores, pues casi ninguno utilizaba solo su arma contra losotros.
Lahel tenía que hacer algo, se había sumido en el juego y deseaba ganar. Dio unvistazo a Suzu, que en un instante saltó, dio hizo una pirueta y logró volversea esconder tras uno de los inflables mas cercanos a la bandera. El joven, unpoco decepcionado de sí mismo miró a André y llamando su atención le hizoalguna seña para que lo cubriera mientras intentaba avanzar.
Corrió lo más rápido que pudo de donde se encontraba a otro de los inflables,aledaño al que Suzu había tomado como resguardo.  Sorteaba cada una de las batallas privadas delas otras personas y cada que alguien le intentaba atacar, sus hombres le defendíancon fiereza digna de la lealtad hacia Lucio. André no se movía ni un milímetro,algo estaba calculando. Al disparar, le dio al primo de Alina; este salió poruno de los costados del área de juego y los disparos continuaron. Parecía quequería eliminar a los cabecillas con tal de desbalancear al grupo contrario.
Natasha intentó aventurarse un poco más adelante, lo más cerca que pudierequedar de la bandera, pero no lo lograba con los disparos de André, por más quecon frialdad certera, inutilizaba quien le atacaba para luego dispararle sinpensarlo; a pesar de la crudeza del campo de juego, ella caminaba con paciencia.Lahel disparaba a quien podía, pero era mas como para distraer, porque aunquesu puntería no era mala, no era nada certera cuando tenía alguna oportunidad deacertar por tanto movimiento. El joven iba a dispararle a Natasha pero estalogró acertar a André por un pequeño descuido que tuvo al tratar de apuntarlemejor a Alina. A pesar de esto, el joven tuvo suerte y logró darle a Natasha.Los dos debieron salir, André calladamente, Natasha parecía estarse quejando ensu lengua nativa.
La ventaja la tenía el equipo del muchacho, pues Alina estaba sin suscabecillas.
Mientras Suzu disparaba y luchaba sin descanso, Lahel tomó la decisión un pocoprecipitada de correr a la bandera de una vez por todas, quedándose aldescubierto y corriendo a todo lo que pudo entre los otros participantes quedescargaban unos sobre otros patadas y golpes de mil formas diferentes.
Ya iba a llegar a la bandera, su mano estaba a punto de tomarla…cuando sintióque alguien o algo le empujó fuertemente a un lado, y la bandera se le escapóde las manos.
Al caer al piso se dio cuenta de la situación. Suzu lo había empujado paraevitar que un disparo de Alina le diera. Suzu tenía el casco lleno de pintura,y estaba de pie a un lado del muchacho, le dio la mano para levantarlo. Eljoven, tratando de incorporarse para tomar la mano de Suzu, sintió cerca de sumano derecha algo; era la bandera. Por alguna razón extraña había quedado conella, a pesar de que instantes antes apenas la había rozado. Con la ayuda de lajoven se pudo levantar, pero no podía entender del todo qué era lo que habíapasado.
La muchacha estaba descalificada, pero este encuentro lo habían ganado, puesLahel había logrado tomar la bandera. Los aplausos no se hicieron esperar enuna euforia producto de tanta adrenalina. Alina se acercó quitándose el casco:
“¡Bien hecho! Nos ganaron como tenía que ser”- sonreía.
Suzu también se quitó el casco. Parecía algo molesta por lo sucedido.
“Si esto hubiese sido algo real, la inmadurez que demostró nos hubiera costadola vida a todos” -dijo Suzu.
“Sólo es un juego, no se pongan tan serios respecto a esto”-respondió la jovenjefe de Mafya.
Lahel estaba ahí, sabiendo que lo que había hecho era impulsivo, pero no lo viodesde la perspectiva de su nueva guardaespaldas. No sabía muy bien si pensarseriamente estas palabras o si era solo una exageración por parte de ella.
Lucio aplaudía desde afuera del área de juego, mientras todos se acercaban ael, ya que había finalizado el juego.
“Bien hecho, para todos por supuesto. ¡Por favor felicítense entre ustedes!”
Los miembros de los dos equipos se dieron la mano, unos con más deseo queotros. Natasha molesta, Lahel confundido y hasta un poco indispuesto ya y Suzuinexpresiva.
Lucio, retomando la palabra dijo:
“¡Muy bien, el ganador es el equipo de Lahel! Todos aplaudieron una vez más,con distintos ánimos como se podría inferir. Dirigiéndose a Alina dijo bastantecomplacido:

“Gracias por venir, aceptar nuestrapropuesta y participar en este encuentro amistoso”
Alina estrechando la mano de Lucio dijo a su vez: “Al contrario, gracias austedes por su ayuda y por este rato tan agradable. Esperamos lo mejor de suFamilia”
Miró a Lahel y le sonrió, mientras Natasha tomándola del brazo se despidió deLucio con un gesto de respeto, y se la llevó en dirección a la arboleda. Eljoven apenas pudo despedirse de ella a la distancia moviendo su mano. Maximdijo adiós a todos rápidamente y corrió para alcanzar a su prima y a Natasha.
Mientras les veía introducirse en la arboleda, el muchacho se preguntaba cómosaldrían Alina y su gente de la propiedad, pero más importante que ello, lepreocupaba el hecho de que Lucio le hubiera conseguido una guardaespaldas, lohabía recordado, y quería respuestas ya.
Una especie de helicóptero-avión apareció sobrevolando la zona boscosa en laque se encontraban Alina y su gente, se vieron caer dos escaleras y poco a pocola gente comenzó a subir por ella, no se distinguía muy bien cada persona. Enpoco tiempo todo el mundo se había subido y el vehículo partió de maneraruidosa.
Ya de vuelta en el silencio, André se metió en la casa. Lahel, volteándosehacia Lucio se le quedó mirando, un poco molesto.
“¿Qué pasa?” dijo Lucio sintiendo la mirada del joven. El joven le respondiócon una fugaz mirada hacia la joven a su lado.
“Ah… ya entiendo-cerró los ojos para pensar un instante- Vamos a definir esto.Vos ya sos parte de nuestra Familia, por eso, ahora que ya se ha corrido la vozde tu existencia, es mejor que te protejamos, y un guardaespaldas no llamamucho la atención, mas por la apariencia de Suzu y así me aseguro que tengás unfuturo” Lucio comenzó a reír.
El muchacho aun en total desacuerdo, lo miraba de forma acusatoria y tampoco leagradó tal comentario:
“No me diga que me va a estar siguiendo a todo lado y que se va a meter en micasa a escondidas o así” Suzu guardaba silencio.
“Pues no, solo vigilando desde lejos, pero no insistás, por que no voy acambiar de opinión. Un dato importante es que todos los miembros de tu familiatienen sus propios guardaespaldas. Es algo inevitable en este negocio”
Lahel lo sabía, pero en cierta parte le molestaba por el riesgo que pudieraconllevar para su familia, más que para él. Había visto que Suzu era buena enlo que hacía, pero… Tenía la mirada baja, su familia también tenía guardaespaldas…pensabatodo esto en silencio.
“Creo que es hora de que te vayás, para no levantar sospechas. Solo cambiate yAndré te lleva como siempre. Suzu se queda aquí un rato”- le dijo Lucio.
Lahel asintió con la cabeza, aún pensativo y  disgustado; aunque la había pasado muy bien.
Se cambió en los baños, y ahora que conocía el camino, pasando por elinvernadero a un costado de la casa, y saliendo a la parte frontal. André comode costumbre lo esperaba. Estaba muy cansado por aquel día y prefirió ocuparsede estos pensamientos después.
Lucio estaba ahí, Suzu no.
“Otro detalle-dijo al muchacho que ya se hallaba dentro del auto-decile a tufamilia que te conseguiste un trabajo de medio tiempo, de un afiche que visteen el periódico y que fuiste a la entrevista y te eligieron. Eso va a justificaralgunas cosas del futuro. Y vamos a arreglar unas clases de esgrima, yo teaviso”
El joven aún mas confundido exclamó:
“¿Qué tipo de trabajo?”
“No se tal vez tutor de algún idioma extranjero o alguna cosa por el estilo, ciao”-respondió el hombre, sonriendo.Cerró la puerta, tocó el techo del auto y André aceleró.
En el camino iba luchando contra el sueño del que era presa por el día tan ‘largo’que había pasado, que aunque no era mucho, le había agotado.
El mismo proceso de siempre, se bajó un poco lejos de su casa y caminó hastaella. La luz del sol ya declinaba.
Era extremadamente feliz de regresar a su hogar; el cariño de su madre, lacompañía de sus hermanos, todo era perfecto, otra vez.
Una cena tranquila llena de comentarios alegres, incluso con su padre presente.
Luego fue la hora de su descanso diario, pues ya no podía aguantar másdespierto.

Fue a su cuarto, miró por la ventana en lanegrura, tratando de ver a alguien, y sin ver a nadie, se acostó para descansar,sin pensar más en nada del día.
El día que siguió era sábado. Comenzó igual al anterior, se sentía feliz de verque la sensación de éxtasis ante la vida no le había pasado, lo estabadisfrutando de verdad. Había olvidado el tema de una guardaespaldas por elmomento.
Su padre ya no estaba porque ese día tendría que ir a trabajar, por ello se fuedesde muy temprano.
Desayunó, se baño, vistió su típica ropa formal y ayudó un poco en su casa.Luego jugaba con sus hermanos videojuegos.
Para el almuerzo, fueron a la casa de sus abuelos maternos, una casa pequeña,pintada de color crema, donde su tía y primo estarían también. Estaba ubicadano muy lejos de la casa del joven, pero igualmente fueron en auto, su madre erala que manejaba. Normalmente iban los domingos en la tarde, pero ese díatambién quisieron ir.
Entrado a ella pasaron por un pasillo que daba a la puerta principal, y alentrar, la sala estaba ordenada, y la mesa del comedor, con un mantel rojo ylos platos ya sobre ella.
Su abuela, una mujer mayor con su vestido azul preferido le saludaba conefusividad recibiéndoles en la entrada, y su abuelo, igualmente mayor y deusanza semi-elegante, estaba sentado a la cabecera de la mesa.
Mientras lo saludaba, apareció su tía saliendo de la cocina a la que daba elcomedor, con un platón de arroz. Era una mujer de edad mediana, de cabellonegro rizado, un poco morena como todos en la familia; tenía unos ojos grises yera un poco pecosa. Saludó como era usual en ella: con una sonrisa y ya.
Al sentarse todos, alguien faltaba, su primo, que su tía llamó alzando la voz.
“¡Alexander!”-gritaba su tía, y pronto un joven bastante alto de cabello negroy corto, con los mismo ojos grises de su madre, pero más moreno, aparecía en elcomedor, y sentándose solo saludó diciendo un “hola” un poco seco, como era sucostumbre.
Mientras comían, un comentario de su madre surgió dentro de otros muchos temasque eran tratados en ese instante.
“Ayer iba manejando camino al trabajo y un hombre en un carro se puso a la pary me gritaba cosas como ‘inútil’, ‘animal’ y así por varios minutos, sin ningunarazón.”
Su tía intervino de forma sarcástica: “Por eso es que muere la gente en lascalles, por andar buscando pleito, algunos solo se bajan y le pegan un disparoal que los está jodiendo y ya”
Su madre continuó: “Bueno la cuestión es que al final le hice una ‘mala seña’ yya el señor se adelantó un poco y siguió como si nada; me gustaría tener unrevolver para por lo menos asustarlo un poco” Su madre reía un poco.
La familia reía un poco. La abuela quejándose con la madre por decir ‘tonterías’,y el abuelo riendo. Sus hermanos y primo, todos reían un poco de ello.
Su madre comenzó a bromear con sacar y megáfono y decirle cosas al tipo tambiénpero Lahel ya no prestó más atención, comenzó a sumirse en sus pensamientos.
Pensaba si sería justificado hacer algo así con tal de hacer justicia. La Mafiaestaría justificada entonces, al menos la infame Mafia Bianca. Reía internamente, pensando en que la vida parecíaconfirmarle que había hecho algo bueno al aceptar la propuesta de Lucio, peropensaba también en el peligro que podrían pasar sus familiares con tal empresa.
La tarde transcurrió con conversaciones, los menores veían televisión, hastaque al cabo de algunas horas, cuando ya anochecía, la madre del joven decidióque era hora de irse de vuelta a casa.
Se despidieron de todos y montándose en el auto se fueron su hogar.
Al llegar, estacionaron en el garaje ubicado a un lado de la casa, y semetieron por la parte trasera de la misma.
Lahel ayudó a su madre a hacer la comida, sirvieron y comieron.
Al rato, luego de haber visto algún programa en la televisión con Jehiel, sefue a dormir…


La luz de la mañana le despertó; un ruido fuerte y extraño se escuchaba, comoel de un helicóptero y el de personas caminando por el techo de la casa. Seincorporó pues aun se encontraba medio dormido; al caer en la cuenta deaquellos ruidos, se levantó de un salto y al mirar por la ventana de su cuartovio que era gente armada y en trajes negros, como de asalto. Alguien entró ensu cuarto, era André.
“¡Señor Lahel una Familia enemiga ha enviado gente para matarlo, por favorvenga conmigo, yo lo escoltaré hasta que esté a salvo!”
El muchacho tomó su espada y corrió fuera del cuarto con André. Unas personasentraron por las ventanas de la sala del segundo piso, y cuando André sedisponía a protegerlo el joven salió corriendo hacia ellos para atacarlos. Lecortó un brazo a uno y apuñaló en el pecho al otro; no sintió ningúnremordimiento, la adrenalina le llenaba incluso sus pensamientos, de hechodisfrutó un poco el poder hacerlo.
Al encontrarse tan expuesto en la ventanas, otro de los hombres que caminabanpor el techo hasta la ventana de su cuarto le apuntó en el pecho y disparó.
Lahel solo alcanzó a oír el sonido y de repente estaba en el suelo. Se registróel cuerpo, pero no tenía nada, André lo había cubierto y recibido el disparopor él, pero para ello había empujado al muchacho y caído al suelo. Seincorporó, mientras unos hombres vestidos de traje entero negro, subiendo lasescaleras, comenzaron a disparar contra los hombres enemigos, parecían sergente de Lucio. Acercándose a André que yacía en el suelo, vio su herida en elpecho.
“Señor Lahel -dijo André con dificultad- le dije que viniera conmigo y yo loescoltaría, no debió haberse expuesto.”
El joven se sentía muy mal, solo podía ver la herida sangrante en el pecho deAndré. Se sentía culpable.
Al joven se le salieron lágrimas y André cerró los ojos y dejó de respirar.Lahel bajó la cabeza y dijo: “Perdón André… me voy a vengar por esto” ylevantándose dijo:
“¡Mátenlos a todos!”
Un hombre se coló por la ventana de la sala y Lahel, volviéndose a él comenzó aembestirlo con la espada, hasta quedar el mismo cubierto de sangre. Habíaperdido la cabeza en su dolor, por no haber escuchado a André.
Los disparos se podían oír por todas partes, y el joven, aun con lágrimas enlos ojos sonreía, a pesar de estar rodeado de cadáveres.

(CONTINUARÁ jajaja)

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