Parte 15: Será que siempre hay una segunda oportunidad?

Al entrar a la casa, sus hermanos lesaludaron y se fueron cada uno a sus cuartos a desempacar, lo mismo hicieronsus padres, pero el joven les siguió, con el ánimo de un alma en pena pero laactitud fingida de alguien que no ha conocido el dolor.

Pronto llegaron sus hermanos también, todoscontaban experiencias alegres, anécdotas: la salida del sol, su puesta, lacomida, el mar, la gente, el servicio, etc., etc., etc. El sonreía fingiendointerés, solo esperaba el momento adecuado para decir lo de la nueva casa. Yaeran alrededor de las nueve, y todos estaban realmente cansados,  aún así sus hermanos se fueron a vertelevisión. Hizo como una seña a su madre, mientras su padre estaba concentradoen otra cosa. Ella no entendió, entonces hizo como señas en forma de “casa”, sumadre sorprendida le respondió asintiendo con la cabeza.

“Hay algo de lo que tenemos quehablar”-dijo su madre dirigiéndose a su padre.

“¿Si?, ¿qué pasó?” Parecía que esta fraseno le agradó mucho, pero miraba a la madre con cierta curiosidad.

“¿Te acordás de Lucio?”

“Si… por supuesto”

“Pues antes de irnos al viaje, fuimos Lahely yo a su casa…-estas palabras tan sinceras y explícitas no agradaron al joven,para entonces la atención de su padre era total- y resulta que contrató a Lahelpara que diera unas clases de idiomas; apenas supo que éramos sus padres, quisohacernos un regalo”

“Ajá, y ¿qué regalo es ese? ¿Y por qué yono me enteré de nada?”-su padre parecía molesto.

“Ese día tenías que trabajar, además Lucioquería que te lo comentara a ver qué pasaba, el regalo que nos quiso hacer fueuna casa nueva, regalada, sin nada que darle a cambio”

“Di por mi perfecto, pero no hay nada defondo ¿Verdad?”

“No, de hecho quería que viéramos las casajuntos…”

“…Mañana” interrumpió el muchacho.

“¿Mañana? ¿No es muy rápido?”-decía supadre.

“De hecho hablé con don Lucio en estos días-aLahel no le era fácil mentir con este tema-  y quería, que si aceptamos nos mudemos de unavez, ya nos había dicho que la casa nueva está totalmente amueblada, solohabría que pasar cosas personales o si quieren pasar algo más, el va a alquilarun camión para llevarse lo que haga falta.”

Su madre estaba tan sorprendida como ahoralo estaba su padre.

“De hecho tengo unas fotos por si lasquerés ver” dijo su madre al padre. La mujer sacó las fotos de un cajón de suropero, al lado de su cama. El hombre las miró con recelo.

“No se… habría que pensarlo… parece unbonito lugar pero… ¿Qué es lo que se propone Lucio con esto?”

“Nuestro regalo de bodas”- respondió sumadre.

“Hagamos una cosa-siguió el muchacho-quetal si hablamos con los menores, luego la vamos a ver y decidimos”

“Me parece sensato-dijo su madre- ¡Jehiel,Ismael, vengan!”

Sus hermanos bajaron con un poco depesadumbre, no les gustaba que los molestaran ahora que estaban ‘descansando’.

Una vez que estuvieron en el cuarto, sumadre lanzó la pregunta:

“Si nos fuéramos a vivir a otro lado ¿lesgustaría?” Lahel ya había dado una ‘respuesta’. Su padre guardaba silencio,parecía que su duda se inclinaba al sí.

Jehiel respondió primero: “Pues, no sé,creo que habría que ver el lugar primero, pero a mí no me importaría.” Suhermano menor dijo que él pensaba lo mismo.

“Vean, mañana después del almuerzo vamos allugar y veremos” agregó su padre. Hasta ahí llegó la conversación. Su madreluego explicó la situación a sus hermanos que estaban un poco confundidos poraquella pregunta.

Con esta posibilidad que sugería su padre,el muchacho quedó al menos un poco satisfecho. Tenía ganas de que el mundo lecayera encima, pero al menos había logrado algo bien; ahora, cansado, se iba asu cuarto, se cambiaba la ropa y en el silencio, se retiraba a dormir. Antes,había mandado un mensaje a André contándole la situación.

Al día siguiente, todo parecía como si nadade lo reciente hubiese pasado, sus hermanos y el encargándose de la limpieza,junto con su madre y su padre lavando el auto.

Al cabo de unas horas, almorzaron y un ratodespués, André apareció.

Lahel le abrió y le dejó entrar. Se sentócon él en la sala. Al momento vinieron sus padres. Su madre no estaba para nadasorprendida de tal visita, contrario a su padre, que no sabía el propósito dela venida del tal hombre. André se presentó:

“Buenas, soy André Vianeau, representantede don Lucio. El quería estar aquí, pero por cuestiones de trabajo, no pudo;entonces me mandó encargarme de indicarles el camino hasta la casa que leshabía ofrecido”-sonreía como siempre.

El padre del muchacho era el quedesconfiaba de todo el asunto, su madre en cambio pensaba en lo bonito quesería ver la casa en persona. El joven tuvo una extraña sensación al oír estaspalabras y saber que no eran del todo ciertas, al menos no ‘la verdad’.

“Si bueno-comentó su padre- déjenosalistarnos un poco y saldremos con usted en el auto”

“Muy bien, iré a mi auto y les esperaré.”-Lahel acompañó a André mientras salía, y este le guiñó un ojo, en señal de queel plan salía bien hasta ahora. Su madre llamó a los menores para alistarse.Unos minutos después, ya estando todos, se subieron al auto, lo sacaron delgaraje y su padre le hizo una señal a André para que guiara el camino. Estearrancó y los otros le siguieron en su respectivo auto. Al cabo de algunasvueltas, cruces, etc., llegaron muy cerca de la mansión de Lucio. André seestacionó frente a un portón negro enorme, en medio de paredes de cemento de lamisma altura. Se bajó del auto, y el muchacho y su familia hicieron lo mismo.Al acercarse a André, este dijo:

“Está será su nueva casa si lo quieren, donLucio ya ha hecho el papeleo del traslado, solo se necesitaría la firma deambos- decía dirigiéndose al padre y la madre de Lahel- pero según su deseo,veremos la casa primero.”

Hizo una seña a un guardia que nadie habíanotado, en una casetilla al lado del gran portón, este les abrió dejando veruna preciosa casa de enorme tamaño, prácticamente, una mansión; ubicada en el ladoizquierdo del lugar.

Era de tres pisos, igual que en las fotos,construida de ladrillos y cemento, conservaba el color de los ladrillos, teníaventanales, un palco, enredaderas…

Al lado derecho estaba un garaje con unauto nuevo de color vino y espacio para otro auto. Cada espacio con sus puertaseléctricas.

En el medio, un camino daba hacia el garajey en el fondo, una zona verde enorme en el que se podía divisar una glorieta, yun espacio para cultivar.

Todos estaban atónitos, aunque Lahel notanto, ya que había visto esta clase de lujos.

“¿Qué les parece?-dijo André- ¿quisieranentrar a la casa?”

Hizo un gesto para que avanzaran hacia elinterior. Lahel abrió la puerta principal, como siempre de madera labrada. Loprimero era un recibidor sencillo, las paredes eran todas de blanco, uncandelabro en el techo… Notaba el parecido con la mansión de Lucio. Al fondo seveía una especie de sala-comedor. Al caminar hacia allí, a la izquierda habíauna espacio ligeramente elevado donde había sillones, y un pasillo daba a unbaño y a un estudio, a la derecha había un ventanal que daba a la terraza desdeel que se divisaba la glorieta; y la entrada a la cocina. Una escalera queforma de caracol y un ascensor a su lado permitían llegar al segundo y tercerpisos. En el segundo había tres cuartos medianos y uno grande, más un baño y enel tercero un cuarto grande, una sala de televisión; un baño y una oficina,además de la salida a un balcón. Cada cuarto de los pequeños tenía unescritorio, cama y ropero, de los más grandes, solo el del tercer piso teníaescritorio, pero por lo demás eran iguales a los de menor tamaño. Andrémostraba todo el contenido de cada lugar, haciendo una especie de ‘tour’ portodas partes. Cada lugar tenía sus propios detalles. Una vez que hubieron vistotodo, hizo la pregunta: “Ahora, ¿piensan quedarse con la casa?”

Todos los miembros de la familia se mirabanlas caras sin poder decir nada. Luego las miradas se desviaron de los jóvenes asus padres. Su madre asintió y sonrió. Su padre al sentir la presión de sus hijosde que dijera que sí, le hizo musitar:

“Es que no se, parece demasiado, no sé quépensar, además… este…”-La madre entonces tomó el papel y lo firmó:

“Ahora solo falta tu firma”-dijo al padre.Este, con desgano, firmó, ante la alegría de Jehiel e Ismael que sonreían conefusividad; y el alivio de Lahel, ahora todo estaba listo.

Acordaron entonces que se irían pasando porpartes, así que André les pidió que comenzaran a empacar apenas regresaran,para mandar un camión lo antes posible.

“¿Puedo venir en la noche a quedarme aquí?”–preguntó Lahel con malicia.

Sus hermanos preguntaron lo mismo. La carade sus padres no revelaba mucha aprobación, pero en el fondo ellos también queríanhacer lo mismo, aunque les parecía muy pronto,  su antigua casa representaba muchas cosas paraambos. Ambos asintieron, afirmando que ellos también se quedarían, porque aldía siguiente los menores tendrían que ir a la escuela.

Así, regresaron a la casa, empacaron todolo que pudieron: ropa, libros, alguna que otra cosa.

André había mencionado que en la nochemandaría un camión.

Al caer la noche, llegó el camión, montaronlas cosas y la familia entera le siguió en auto.

Otra vez en la nueva casa, descargaron suscosas y cada quien las fue acomodando en el lugar donde quería quedarse. Lahelescogió el cuarto en el tercer piso, siempre gustó de vivir como en su ‘propiopiso’. Sus hermanos tomaron los cuartos medianos y sus padres el grande, delsegundo piso. André llegó para cerciorarse que todo estuviera en orden, y lamadre del joven le pidió que se quedara a cenar, a lo que aceptó gustoso, conel padre no muy complacido.

Mientras los demás estaban ocupados, Lahelle pidió a André conversar. Ambos se fueron al estudio del primer piso. Tenía,además de un escritorio, tres sillones. Se sentaron.

“¿De qué quería hablar, señor Lahel?”

Iba a preguntar por Lucio, pero pensó: ‘¡Quénecio! Si no me ha dicho nada, es que nada se sabe de él’ así que comenzó consu preocupación original:

“Ahora que todo está listo aquí, ¿qué es loque va a pasar?”

“Pues nada, ahora usted siga su vida, seguiráel entrenamiento con Suzu- cosa que le disgustó al oírlo- y ahora podemosprotegerlo a usted y a su familia mejor”

“Si, pero no sé cómo voy a hacer sin donLucio”

El hombre contestó sonriendo: “Sencillo,para eso estamos los ‘12’, para ayudarle. Aún no se puede nombrar como el nuevo‘Don’, pero es el Sucesor Oficial”

“Si, pero… -decía esto mientras desviaba lamirada hacia un lado- no creo que pueda algo con este cargo, y tan pronto, yocreo que don Lucio se equivocó de persona, además he estado pensando en queesto no es lo que quiero hacer.”

André pareció ponerse un poco serio: “Nodiga eso, al menos usted tiene la oportunidad de hacer algo con todo esto desdeahora, yo tuve que sufrir mucho para poder tener esta oportunidad”

“Si, pero vos sos… más…” André leinterrumpió:

“Le voy a contar algo, sólo guárdelo ensecreto ¿Ok?- el joven asintió, le había captado la atención- Hace mucho tiempoyo quería ayudar al mundo y hacer muchas cosas buenas, desde joven estuvemetido con grupos religiosos y hasta sacerdote iba a ser, pero en cada cosa queme metía, siempre algo salía mal y no lograba nada. Pasaban los años y mi fe sefue haciendo más pequeña cada vez. No sabía cómo ayudar a la gente, si nada mesalía. Una noche caminaba por una ciudad en mi país natal y un tipo me seguíansin saberlo. Se me adelantó, amenazándome con una navaja. Yo le pedía que medejara en paz, pero no quería y cada vez se ponía más irritado. En un momentose me abalanzó queriéndome apuñalar, pero por alguna razón le agarré la manocon la que sostenía el cuchillo y en medio del forcejeo, por accidente, fui yoquien lo apuñaló con su propia arma. El tipo cayó al piso por el dolor, pero yofurioso y alterado, salí corriendo, mientras lo dejaba desangrarse. –Lahelestaba un poco sorprendido por esto-  Aldía siguiente vi en el diario que el ladrón había muerto. Me sentíacontrariado, pero más alegre que cualquier cosa. Gracias a mí, había unaescoria menos en el mundo. Esto se agravó una noche cuando tomé una pistola demi padre, que de casualidad trabajaba de noche. Fui a un barrio marginalvestido completamente de negro, buscando algún asalto. De casualidad también via una mujer que era asaltada. No dudé en disparar y luego huí no sin antesllevarme su pistola. Era la emoción de de ‘salvar a alguien’. Tanto al primertipo como a este no le encontraron culpable y esto me llevó a repetir mi‘hazaña’ varias veces más , sin que lograran dar con rastros del asesino,quizás no les importaba pues eran ladrones, vendedores de droga… Una vez detantas, fallé el disparo y le di a un muchacho al que amenazaba un drogadicto.El asaltante huyó pero yo no pude dejar ahí a ese joven, así que corrí a unteléfono y llamé una ambulancia quedándome a su lado para hacer presión en laherida que le había hecho en el costado.- la mirada de André se tornó ausente. ¿Quéirónico no? La cosa que me permitió ‘cambiar’ el mundo, también me lodesgració. No murió, pero cuando llamé a una ambulancia y confesé, la policíame ligó a todos los asesinatos, y me metieron a la cárcel. No fue hasta que caía lo más bajo que entendí que todo estaba mal, solo debí haber esperado unamejor ocasión para hacer algo bueno de verdad. En la cárcel, aunque me fue mal,me daban privilegios por buena conducta y cada día rezaba pidiendo perdón porlo que hice. Un día, don Lucio que aún no era ‘Don’; entró a la cárcel deencubierto para descubrir una red de narcotraficantes en la penitenciaría dondeyo estaba y poco a poco nos fuimos haciendo amigos, llegamos incluso a protegernoslas espaldas el uno al otro porque yo le comencé a ayudar en su investigaciónsin saberlo. Así, él supo el porqué de mi reclusión. A los seis meses, donLucio salió, según sus planes y me dijo que si quería salir; si estabadispuesto a trabajar con él por algo bueno y no tomar el poder por la fuerza,sino luchar como se debía, contra lo malo del mundo- el hombre suspiró y setocó la barbilla- Le dije que sí, en broma, pero ese mismo día me sacó de lacárcel y me convertí en el sétimo de sus ‘12’. Cuando don Lucio se hizo ‘Don’,con la muerte de su padre, me convertí en su mano derecha. Al fin había podidoencontrar la forma de ayudar a la gente, y desde entonces he tratado de cadadía corregir mis errores…”

Lahel estaba atónito, incluso tenía la bocaabierta de la impresión que le causaba tal historia. Hubo un momento desilencio, el muchacho no salía de su asombro. Ante esto, André continuó:

“Por eso, aproveche esta oportunidad, porque a usted se le ha regalado poder para hacer cosas muy buenas, poder quequise tomar a la fuerza y a mi manera, y por el que tuve que pagar, hasta quese me dio una segunda oportunidad. No renuncie a este regalo”

“O, o, ok…-respondió el joven- graciasAndré, me siento un poco mejor” Era en parte mentira, porque aún estaba como en‘shock’ por tal historia, además no veía mucha diferencia en lo que hizo André alo que hacía ahora con Lucio, pero alguna diferencia habría de haber. O almenos eso suponía…

Lo que si era seguro era que él queríahacer algo por este mundo que tanto había odiado y ahora, tal como André decía,tenía los medios para lograr casi lo que quisiera.

Al momento, su madre llamó a todos a comer,por un intercomunicador de la cocina, que todos los cuartos tenían. André y eljoven se levantaron y fueron a la sala.

Algún optimismo tenía ahora el muchacho, quizás.

 

(CONTINUARÁ Very Happy)

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