Feliz aniversario [Relato triganador del concurso XXI de relatos de gamefilia]

-¡Otra vez tarde! ¡¿Pero cómo puede llegar justo hoy con tanto retraso?!
– 
Yolanda no se lo podía creer. Su novio parecía tener un don para estropear las ocasiones especiales, ya fuera llegando tarde o mirándole el culo a la camarera el día que la invitaba a cenar, pero lo de hoy… treinta y cinco minutos de retraso el día que cumplían un año juntos sin ni siquiera haberla llamado… no se lo iba a perdonar.
-Idiota… de nada sirve que te quiera si cada día me demuestras un poco más que te importo una mierda…
Fue justo entonces, mientras estaba sentada en el portal de su edificio sumida en sus pensamientos, cuando comenzó a oír el sonido de varias motos bajando la calle a toda velocidad.
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-Y encima ahora vendrán los canis del barrio a intentar que les acompañe… hum, qué ruido más fuerte. ¿Cuantas deben ser? A esa velocidad como atropellen a alguien lo van a matar… menos mal que a estas horas la gente está echando la siesta, nadie llevaría a su hijo al parque a estas ho… ¿¡Ese es mi novio!?
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En el instante en que vio a su pareja comandando a los otros quince motoristas que le acompañaban, la mente de Yoli  se llenó de pensamientos: “¿¡Qué coño hace ahí subido si no tiene carnet de conducir!?”, “¿De donde ha sacado esa moto? ¡Si es una harley!”, “¿Que son todas esas cosas que lleva colgando?”  y sobre todo “Yo esperando y él de juerga con los colegas. Lo mato”. Un segundo después, escuchó una detonación y una bala pasó rozando su cabellera rubia.
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-¡Yoli, sube a la moto, vienen a por ti! – gritó su compañero sentimental, quien se había adelantado al resto de motoristas tras frenar ante ella y les disparaba con una semiautomática del calibre 38. Desafortunadamente, sus planes se estropearon al contemplar a su chica salir escaleras arriba de nuevo a su edificio. – Joder Yoli, no podías ser una chica obediente, no, tenías que salir por patas ante un par de aficionados. En fin, si quieres follar, antes has de trabajar – canturreó  mientras aceleraba con la derecha y cambiaba la magnum de la zurda por una uzi que llevaba colgando de la cintura.
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Yoli había visto las suficientes películas para saber una cosa: cuando alguien gritaba “sube, vienen a por ti” es sinónimo de una persecución llena de peligros cuyo final no puede ser otro que la muerte del motorista. Con este razonamiento en mente subió corriendo los seis pisos que la separaban de su casa (“Los ascensores son trampas mortales, cortan la luz contigo dentro y estás encerrada” se dijo) sin darse cuenta de que se le había quedado el bolso en el escalón en que estaba esperando por su enamorado… dentro del cual estaban las llaves. Así, en lugar de respirar tranquila cuando recordó que ese fin de semana estaría sola en casa (“Maratón sexual, ya eran horas de tener un poquito de intimidad” le había dicho su chico ante la noticia) se puso pálida al ver que estaba de puerta a fuera y que su única defensa era su descoordinado novio incapaz de bailar sin seis chupitos de tequila encima.
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Fue entonces cuando escuchó al ascensor ascendiendo hacia ella.
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No era el duelo más justo de la historia pero le daba igual. Ellos eran más, pero él tenía muchísima más experiencia que todos ellos juntos, llevaba un auténtico polvorín colgando de su cintura y de alguna ventana sonaba una canción pegadiza que le motivaba a seguir disparando.
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El problema fue que no se dio cuenta del hombre que se bajó de la moto y fue directo a perseguir a su presa.
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Muerta de miedo, Yolanda García comenzó a timbrar desesperadamente a su vecina con el anhelo de que ésta le prestase refugio, pero la cuarentona que vivía frente a ella o no estaba en casa o no considerase que hubiese algo más importante que ver la última exclusiva de Sálvame. Así pues, corrió escaleras abajo mientras la lucecita del ascensor dejaba de iluminar el 4 y pasaba a encender el 5.
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“Party rock is in the house tonight, everybody just have a good time, and we gonna make you lose your mind, everybody just have a good time” – canturreaba nuestro protagonista mientras mataba al último de los allí presentes ante el asombro de varios vecinos, quienes habían visto interrumpidas sus siestas con el ruido de las armas. – ¡Disculpen las molestias, estamos rodando una película, en seguida llega el resto del equipo de producción! –Gritó hacia los asustados residentes mientras contemplaba con horror como había quince motos y catorce cadáveres.
Dejó de pensar en su lacerante mejilla (una bala le había rozado la cara) y en su suerte por no tener ninguna otra herida y salió corriendo hacia el edificio dejando su moto en medio de la calle sin importarle que pudiera llegar la policía de un momento a otro.
[Fin canción]
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Mientras bajaba, se dio cuenta de que la vecinita gótica se había dejado la radio puesta con una de esas horribles canciones satánicas que tanto le gustaban. “Genial, por si no estaba ya bastante asustada ahora tengo acompañamiento musical” pensó con sorna.
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Tras aceptar que nadie le abriría la puerta en el quinto, descendió al cuarto piso donde notó que alguien subía por las escaleras. Con la esperanza de que fuese un vecino, llamó su atención con un saludo cuya respuesta fue una frase que le heló la sangre, debido tanto a la macabra canción que todavía sonaba (“La muy puta subió el volumen cuando llamé a la puerta”) y por el acento de Europa del Este que poseía el misterioso hombre.
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-No es nada personal. Simplemente la vida es complicada. He matado gente, traficado gente… incluso he vendido gente. Creía que aquí todo sería diferente, pero me equivoqué. Lo siento pequeña, pero esto se ha acabado.
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Antes de que pudiera terminar su monólogo, Yoli ya se había batido en retirada de nuevo a los pisos superiores (fuera quien fuera el del ascensor tardaría más en matarla que ese desconocido) pero eso no fue problema para el serbio, el cual comenzó a ascender con calma tras la chica, pues sabía que no tenía a donde huir dado que haría lo que fuera por matarla (no todos los días le ofrecen a uno treinta y cinco mil dólares por matar a una cría de 23 años y un plus de diez mil si elimina también a su novio).
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El quinto piso. Ahí fue donde todo se complicó y por primera vez en su vida Yoli vio como alguien era asesinado.
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Mientras huía de su perseguidor escuchó a alguien amartillar un arma en las escaleras superiores. Asustada como nunca (“Si salgo de esta juro que mato a la criaja fanática de Manson”) comenzó a presionar una y otra vez el botón del ascensor con todo su empeño, mas algo lo tenía retenido en el piso superior. Convencida de que ese era su fin, trató de mantener la compostura y, recordando una de sus canciones favoritas, morir con la cabeza bien alta. Fue entonces cuando Niko (así se llamaba el serbio) llegó al piso y dirigió la pistola hacia ella.
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-Lo siento pequeña. Eres mona, además de que estoy seguro de que con ese culito que tienes podrías haber dado uno o dos braguetazos en tu vida, pero ahora mismo es tu vida o la mía. Sayonara.
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Y sonó un disparo. Pero no sintió dolor. Lentamente, con temor a ver un agujero en su pecho, abrió los ojos y se quedó muda de la sorpresa. El serbio acababa de perder una mano (o eso creía a juzgar por la masa sanguinolienta que era el extremo de su brazo derecho) y se estaba enfrentando cuerpo a cuerpo contra su novio. Lo que más le asombraba no era eso, sino que el chico que jamás había aceptado una pelea, que nunca había hecho deporte y que era incapaz de mantener el tipo en las clases de gimnasia del instituto estaba machacando a un hombre que le sacaba una cabeza como si estuviera peleando contra un niño.
– 
-Te crees muy valiente contra alguien más débil que tú, ¿Eh, Bellic? Sabía que tenía que haberte matado aquella noche, pero no es mi estilo destrozar viejas glorias del mundo del crimen.
-¿Vieja gloria? Tú no eres nada. De no ser por que me falta una mano ya estarías muerto.
-Lo que tú digas. Quizás cuando tenías treinta años te creería, pero hoy en día tus cincuenta te pesan demasiado. Además, ¿cómo se te ocurrió reclutar a críos de veinte años para venir a matarme, eh?
-No sabíamos quien era nuestra víctima.
-Y una polla. Salva os dio todos los datos sobre ambos, está muy disgustado con nuestra vida y quiere joderme como sea.
-Algo le habrás hecho.
-Sí, lo mismo que te voy a hacer a ti.
– 
Y antes de que pudiera contestarle, la garganta del anciano se vio surcada por una cuchillada mortal. Lo único que dijo en un primer momento ante la asombrada mirada de su pareja fue un “Perdona el estropicio. Siempre procuro no cortar la yugular, que lo deja todo perdido, pero es el método más rápido de terminar con ellos”.
[Fin canción]
**
-No voy a ir a ninguna parte.
Cari, no hay tiempo que perder. Tenemos que marcharnos lo antes posible, o sino…
-Ni cari ni ostias. Yo me quedo aquí hasta que llegue la policía.
¿No te das cuenta de que es justo eso lo que quiero evitar?
-¡No, tú eres el que no se da cuenta! ¡Llegaste en una moto que no es tuya…
…sí que era mía…
-…cuando no tienes carnet de conducir…
-...en realidad sí que tengo carnet…
–…con un cargamento de armas que parecías Rambo…
-...una magnum, una uzi, dos granadas, un par de cargadores extra y una daga, tampoco es para tanto…
-…y has matado a todo el mundo delante de mi casa como si fuera tu puto hobby! Por no hablar de tu talento con las cerraduras, que jamás me habías comentado que eras capaz de entrar en mi casa sin llave cuando te saliese de los cojones.
Por favor, no hables así, me recuerdas a la Esteban.
-Oh, cállate.
Además, si tengo que convencerte de que este lugar no es seguro prefiero hacerlo tras una puerta de seguridad…
-Que tardaste 8 segundos en abrir con una orquilla…
-...antes que en un pasillo al lado de un cadáver – concluyó sin hacer caso a los comentarios de su pareja.
-A ver, don “Como tengo todas mis armas y las de las personas a las que he matado voy de sobrado por la vida”, ¿Qué me tienes que decir?
Intentaré ser breve, pues como está a punto de llegar la policía tendré que usar “eso” sí o sí, pero tampoco tengo intención de tirarme aquí todo el día…
-No sé de qué me hablas, así que explícate.
Soy un espía.
-Ajá.
-No pareces muy sorprendida.
A menos que me digas que eres un alien hoy me creeré cualquier cosa que me cuentes. Pero si fuese así, ¿Por qué siempre te has comportado como un inútil?
-Bueno, es más fácil hacer amigos diciendo “Me gusta el fútbol” que con un “Puedo romperte el brazo por tres sitios diferentes”. Como iba diciendo, soy un espía del gobierno. Mis misiones van desde el simple “escucha y cuenta al jefe” hasta infiltraciones y asesinatos clandestinos. Podría extenderme un poco contándote como me metí en eso, pero no creo que sea importante.
– 
“Digamos que existe cierta mafia operando en esta ciudad. Una muy poderosa e influyente, la cual atosiga a los mandamases de Liberty City. Éstos, artos de las extorsiones y los chantajes, me encargaron matar a los cabecillas de esa mafia, llamada “familia Pegorino”. Y lo hice. No dejé títere con cabeza.”
– 
“Lo que no sabíamos es que había un topo entre nosotros. Nos vendió. Una vez descubrieron nuestras identidades, los supervivientes decidieron tendernos una emboscada y… te mataron.”
– 
-¿Qué? No, esto no… estás loco. En cuanto llegue la policía…
Déjame terminar. Te mataron tras torturarte, dejándolo todo preparado para que fuese yo quien encontrara el cadáver y me pasara el resto de mi vida con tu muerte a mis espaldas… y así habría sido de no ser por esto – dijo mientras sacaba de su funda la daga azulada de antes.
-¿Qué es…
¿Recuerdas la película que te llevé a ver hace algunos meses? La del príncipe que viajaba en el tiempo con una daga… pues bien, el film está basado en una leyenda persa. Tras tu muerte, busqué por todo el mundo la maldita daga. Me llevó años de esfuerzo y torturas para conseguir información… hasta que un día la encontré. Es gracias a todos estos años de entrenamientos que salí de esa “pequeña escaramuza” de antes con solo este pequeño rasguño – añadió con orgullo.
-¿Realmente pretendes que me crea eso?
No. Te lo mostraré en breves. Usaré el poder de la daga. Si me das la mano mientras la utilizo deberías recordar tú también lo que ha pasado.
-Espera. Digamos que me creo tu historia. ¿Para qué volver atrás en el tiempo hasta ahora y no hasta el momento en que os traicionaron?
Por que la daga tiene un límite de retroceso. Es más, solamente logré retroceder hasta hace tres horas, las cuales invertí en armarme con todo lo que tenía en casa para venir seguro de que podría salvarte. Si hubiera tardado más en conseguir la daga y llegado un día tarde, yo… no sé lo que habría hecho – dijo con una sombra de dolor en el rostro.
-Cari… yo… es que no puedo creerte, lo siento. Es demasiado surrealista todo esto. Además…
Yoli, mira el reloj y dime que horas es.
-Las 17:32.
Bien. Haré una cosa y después debes prometerme que harás todo lo que yo te diga a fin de salvarte. ¿De acuerdo?
-Yo…
Prométemelo.
-Está bien.
Vale. Dame la mano. Eso sí, las primeras veces marea un poco.
-¿A qué te refie – pero no le dio tiempo a terminar la frase.
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-…ieres? Blurgt…
Tranquila, respira, si quiere vomitar hazlo, pero procura recuperarte rápido, no hemos retrocedido mucho tiempo.
-Estoy bien, estoy bien… ghasp… caft… arg… –tras varias arcadas, intentó abrir los ojos y se encontró agachada en el cuarto piso. Ante ella estaba el cadáver del serbio – ¿Qué demonios ha sido eso?
Mira tu reloj.
-Son… las… 17:13. Un momento, realmente hemos…
Sí. Ahora acompáñame. No tengo todo el día.
-¿Adonde vamos?
Al garaje.
-¿A qué?
A por el BMV de tu vecino. Seguro que consigo ponerlo en marcha.
-¡¿Piensas robar un coche?!
Hombre, no sé a tí, pero a la policía le preocuparán mucho más los muertos que hay por toda la calle que un coche robado.
-¿Y qué hay de tu moto?
No son cómodas para viajes largos, además de que sé que te da miedo montarte en ellas.
-Estás loco, ¿sabías?
-Sí, pero aún así me quieres. Andando.
**
Mama, just killed a man, put a gun against his head, pulled my trigger, now he’s dead, mamma, life had just begun, but now I’ve gone and thrown it all away…
-Joder, ni que te sintieras identificado… ¿Quieres bajar el volumen?
¿Bajar el volumen? ¡Pero si es preciosa! Joder, para una vez que echan una canción decente en los 40 y ¿Voy a tener que cambiar de emisora?
-¿Canción decente? ¿Desde cuando te gusta Queen? Además, oírte cantar debería estar penado por ley… Dios mío, qué mal lo haces.
No lo digas demasiado alto, tía gafe.
-¿Qué pasa?
Que ahí tienes a tus leyes en camino – dijo refiriéndose al coche patrulla que les indicaba que aparcaran el vehículo–. Joder, ahora que íbamos a entrar en la autopista…
-¿Qué vas a hacer?
Improvisar. En el peor de los casos… siempre podré cambiar mi elección – comentó mientras señalaba la daga de su cintura.
**
El agente Carl estaba arto de su trabajo. “Otro día la misma mierda” era su frase favorita. No tenía ni idea lo pronto que iba a añorar esa misma mierda que hasta hacía poco odiaba.
– 
-Buenos días. ¿Saben ustedes dos, parejita, que ese coche se parece mucho a cierto vehículo substraído esta tarde de cierto garaje?
Es un gran coche, normal que los rateros lo quieran – le contestó el conductor.
“Tú hazte el tonto conmigo, niño de papá, y te enseñaré quien manda con una preciosa noche en el calabozo” – pensó el policía.
-¿Podría enseñarme su carnet de conducir y los papeles del coche?
Sí, los tengo aquí mismo – contestó con seguridad, pero Carl se dio cuenta de que se había puesto pálido, como si tuviese nauseas.
-¿Oye, estás bien?
Yoli, el otro policía es un topo. Va a matarnos a los tres y colgarnos el muerto. Dirá que matamos a su compañero y él a nosotros.
-¿¡Qué!? ¿Como lo sabes?
Acabo de vivirlo.
-¿De qué estáis hablando?
Mira coleguita…
-Carl.
Como sea. Ese poli de ahí está más corrupto que un cacho de moho y nos va a meter entre ceja y ceja un balazo a cada uno de nosotros, así que puedes subirte al coche y vivir o quedarte a hacer el paripé y acabar como una mancha en el asfalto.
-¿Oye, tú no te habrás tomado nada últimamente, no? – dijo mientras se agachaba lentamente para recoger su mechero, el cual había caído mientras hablaban.
– 
Durante años le habían dicho que fumar le mataría. Pues bien, al final fue eso mismo lo que le salvó. Al agacharse a por su encendedor esquivó por milímetros la bala disparada por su compañero. Los siguientes segundos fueron muy confusos para él y nunca logró recordarlos con total claridad.
– 
Escuchó un motor acelerando. Vio a su compañero maldiciendo y apuntandole a él y al joven. Notó como algo le agarraba del brazo y le introducía en el coche por la ventanilla del conductor. Sintió la salida a toda velocidad del vehículo y luego todo se puso oscuro.
[Fin canción]
**
-¿Ahora te va la música retro?
Digamos que me gusta la música de calidad.
-Borde.
Yo también te quiero.
-Yo a ti no. 
– 
Poco a poco comenzó a darse cuenta de lo que le rodeaba. Música de fondo. La luz casi había desaparecido, por lo cual debían de haber pasado horas desde el rifirrafe en la entrada de la autopista, aunque por los tonos rojizos que miraba por la ventanilla suponía que estaban en una zona de la misma en la cual había pendientes escarpadas a ambos lados. No estaba atado, pero sí situado en el asiento de atrás como si se hubiese quedado dormido. Tras unos primeros movimientos espasmódicos logró acercar la mano a su cintura y, tras palpar un poco, el frío tacto de su arma le reconfortó.
– 
-Se está despertando.
Bien. Nos será útil más adelante. Por cierto, te recomiendo no jugar con la pistola, no llevo un buen día y no dudaré un instante en matarte.
-Qué diantres…
Yoli, ponle en situación.
-¿Y qué le digo?
Es igual. Colega…
-No me llames colega…
Vale, Carl. Me creas o no, trabajo para el gobierno. Control de mafias, las cuales harían lo que fuera para matarnos a mi chica y a mí y yo lo que fuera para evitarlo. A, y tu compañero está más untado que la Nutela, pues ha estado a punto de matarte por a saber cuantos dólares. Por ende (y por que me das pena) te salvé el culo.
-¿Y a donde me llevas? Por que esto es un secuestro, por si no te has dado cuenta.
Sí, lo sé. Pero no te preocupes. En cuanto entramos en la autopista hice que tu compañero volcara y lo atropellé un par de veces en cuanto salió del coche. Espero que no fueseis muy amigos, por que ha quedado irreconocible.
-¡¿Qué?!
Disculpa mi falta de tacto, pero estoy algo estresado.
-¿Qué pretendes hacer conmigo?
Tranquilo, no tengo nada contra ti. En cuanto salgamos de la autopista te dejaré bajar y mi novia y yo seguiremos nuestro camino.
-¿A donde os dirigís?
A San  Fierro. Dicen que allí se puede labrar uno un porvenir sin necesidad de matar gente. Ya estoy arto de mi trabajo.
-¿Cómo sé que dices la verdad?
¿Te vale que no te he metido un tiro en la sien y que sigues teniendo tu pistola en el cinturón?
-No.
Entonces no puedo hacer nada. Enseguida llegaremos al puente que conecta San Fierro con la autopista con Liberty City, en donde serás li – de repente se calló y frenó bruscamente.
-¿¡Cari qué te pasa!?
Es su última ofensiva… lo poco que queda de los Pegorino está atrincherado en el puente y han puesto minas de presión en el centro. En cuanto entremos con el coche lo volarán en pedazos.
-¿Cómo puedes saber eso? – preguntó Carl, aunque su pregunta no fue tenida en cuenta por ninguno de los dos.
-¿Qué vamos a hacer?
No lo sé, pero por lo que parece se ha terminado la energía de la daga. No más retrocesos. Hagamos lo que hagamos tenemos una única oportunidad. Oye Carl, ¿Hay por aquí cerca algún desvío?
-¿Ahora me haces caso?
¿¡Quieres responder de una puta vez!?
-Que yo sepa no. Desde aquí solo hay dos caminos: adelante y atrás. Oye, ¿No crees que es un poco peligroso parar un coche de golpe en plena autopista?
Tranquilo, no hay nadie. Han cortado la autopista en los dos sentidos para atraparnos como sea.
-Entonces… ¿Qué haremos? – preguntó la dama.
Tú… dormir –contestó su pareja mientras, ante la perpleja mirada de ella, le pinzaba la arteria que va hacia el cerebro.
-¿Qué has hecho? ¡La has matado!
Tranquilo, no pienso matar a mi novia. Solamente le he provocado un desmayo temporal. La esconderé en alguna cueva de los alrededores y luego iré solo hasta la mafia. Mataré a todos los posibles y luego… luego no sé. Supongo que se despertará y se acordará de todos mis muertos por haberla abandonado. Siento haberte metido en esto, viejo. Lo mejor será que te bajes del coche y vayas andando hasta un lugar seguro. No te haré nada. Puedes irte.
-No sé si me dices la verdad, pero tengo la corazonada de que solo no sobreviviré. Voy contigo.
¿Estás seguro?
-Sí. Además, en la policía no gano lo suficiente – contestó, tratando que no se notase la verdadera razón: estaba seguro que, si el chico decía la verdad y mataban a toda la familia Pegorino, sería ascendido a jefe de policía en cuestión de semanas.
Carl… eres un buen tipo. Ayúdame con ella. La esconderemos y después iremos a por todas.
-¿Crees que te lo perdonará?
Jamás. Pero al menos seguirá con vida, que es más de lo que probablemente nos espera a ambos.
[Fin canción]
**
Ante ellos se alzaba el puente y todo parecía tal cual el joven se lo había descrito. Ni un solo coche en su longitud excepto al final, donde dos camiones cortaban la salida. Además, si uno afinaba la vista podía contemplar a varias personas en las vigas superiores.
– 
Justo cuando el agente Carl comenzó a pensar que todo eso era una mala idea, su joven compañero dijo lo último que se esperaba oír:
– 
Mierda de radio, así no hay quien se motive. Menos mal que llevo encima una de mis canciones favoritas – a la vez que introducía un CD en la radio.
-¿Vamos a un tiroteo y solo te preocupes de la música?
Qué le quieres, yo bajo presión no trabajo bien. Calla, que va a empezar todo. Una vez te avise, saltamos del coche (ya cojo yo el maletín con las armas que teníamos) y nos cargamos a los francotiradores. ¿Listo?
– 
Antes de poder responder comenzó a sonar la música.
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En el campo de tiro siempre le había dicho que tenía talento, pero hasta ese día Carl no se dio cuenta de la razón que tenían. No supo si era por la emoción del momento o por la adrenalina en sus venas, pero allá donde apuntó logró poner la bala, liquidando rápidamente a todos los hombres de las alturas.
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-¡Carl, quédate aquí! ¡Voy a por los de los laterales!
-¿Qué?
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El policía no se había dado cuenta de los seis hombres que corrían pistolas en mano hacia ellos desde las escaleras de emergencia del puente. Entonces, antes de que pudiera hacer nada, vio a su joven aliado saltar por encima de la mediana del puente y, pistola y daga en mano, finiquitar uno tras otro a los atacantes que quedaban. El cuchillo, que hasta entonces le había parecido normal y corriente, comenzó a iluminarse de un tono azulado conforme su filo se teñía de rojo.
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-Guau, eso ha sido impresionante – contestó mientras se le acercaba de nuevo su aliado. La respuesta fue un murmullo inaudible “Vaya, así que la daga absorbe el tiempo que le quedaba de vida al asesinado y así se recarga… interesante”.
“Tienes que enseñarme a hacer eso”, quiso añadir Carl, pero un tiro en el estómago dejó las palabras en su garganta.
-Arghsd…
¡Carl!
-¡GUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! – gritó el autor del disparo, lo cual escapaba de cualquier pesadilla que jamás hubiera tenido ninguno de los dos. La criatura parecía un buzo gigante, mas en lugar de brazo derecho poseía un taladro y, en su mano izquierda, sostenía una escopeta de dos cañones.
¿Un “Daddy”? ¿De donde lo han sacado? ¡Destruimos a todos en Somalia hace tres meses! Creía que ya no quedaban… la familia debió hacerse con los planos y ponerlo aquí como último recurso en caso de que sobreviviese. Joder, con esto sí que no contaba. ¿Por qué coño no vi eso en mi viaje anterior?
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Mientras farfullaba eso, intentaba esquivar las embestidas de la criatura, cuya velocidad escapaba de toda lógica una vez uno contemplaba aquel enorme armazón que usaba de coraza.
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Mierda, los disparos no le hacen efecto… si no puedo matarlo a la vieja usanza… solo puedo hacer una cosa…
– 
Desesperado, corrió a lo largo del puente intentando activar las minas explosivas a fin de llevarse consigo a su rival, pero una vez llegó al lugar donde todo debía explotar no sucedió nada.
– 
Joder, no eran minas de presión, era C4. Tengo que encontrar el interruptor que lo…
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Pero no pudo terminar la frase. La abominación se había acercado a él mientras huía y le había dado alcance, poniendo fin a su vida con un golpe poderosísimo, el cual logró devolver su cadáver junto al moribundo Carl.
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La daga voló también esa distancia y calló justo en las manos del policía, quien, creyendo que se trataría de una pistola oculta, apretó con todas sus fuerzas el botón del cuchillo apuntando hacia el gigante de acero.
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Pese al mareo, comenzó a comprender cómo el joven siempre sabía lo que sucedería. ¡Viajaba en el tiempo con la daga! Así pues, saltó hacia el la izquierda justo a tiempo, logrando librarse del perdigonazo fatal.
– 
-Chaval, esa cosa… ¡Mátala! – gritó lanzándole la daga.
¿Cómo la tenías tú? Bah, da igual… ya me preocuparé luego, parece que tenemos problemas mayores. Es un…
-¡Me da igual lo que sea, tú mátalo!
Eso es más fácil decirlo que hacerlo.
-¿Eso es qeu sabes cómo cargártelo?
No, así que esquiva los balazos mientras invento un plan.
-Los explosivos son C4, necesitamos el controlador.
¿Como lo…?
-¡Rápido!
– 
La criatura no dudaba tanto como sus enemigos, lo cual se traducía en que acababa de recargar su escopeta y estaba lista para matar de nuevo.
– 
Muy bien, estamos jodidos, así que es hora de improvisar. Carl, si ves a Yoli de vuelta dile que la quiero. Ah, y no le cuentes que matando podría recargar la daga. Prefiero que se olvide de mí y que sea feliz con otro hombre. Me niego a abocarla a una vida de asesinatos para cargar este artefacto del demonio lo suficiente como para retroceder hasta un final mejor.
-¿Qué vas a…
¡Vamos aborto de nécora, ven a por mí! – aulló el joven mientras disparaba al buzo con su arma. La criatura, tomándolo como el enemigo más peligroso, comenzó a correr hasta él, sin darse cuenta que su pequeño rival se había acercado mucho al borde del puente.
– 
El impacto fue impresionante. La barandilla cedió como si se tratara de mantequilla y ambos cayeron al vacío. Aunque nadie lo vio, el asesino y la bestia siguieron luchando mientras caían, estando ambos heridos de muerte para cuando se sumergieron en el agua.





Bueno, y esto es todo. Ni os imagináis el dolor de huevos que me ha supuesto subir algo tan largo a gamefilia, todo eran problemas con el editor. Ahora viene el momento de los recuerdos.
La edición número XXI iba sobre emplear un universo de videojuegos como base. Como muchos os daríais cuenta, esto está lleno de guiños:
La ciudad: Liberty city, el lugar donde esto se sitúa, es el emplazamiento de los GTA III, IV y Chinatown.
La daga del tiempo: de la saga Prince of persia.
La familia Pegorino, Niko Bellic y Carl son cameos de personajes de la saga GTA.
El Big daddy. Estuve a puntísimo de desechar la idea del Daddy en el último momento y darle un final diferente en desarrollo pero con las mismas consecuencias finales. Para los que no lo sepáis, proviene de uno de mis juegos fetiche de esta generación, Bioshock.
Sobre el tema de que solo tenga curvisas el chico… es por comodidad a la hora de leer conversaciones, pues el editor de gamefilia petaba si ponía los guiones en todas las convers y así por lo menos se distingue un poco mejor el cambio de diálogo.