Millennium actress, la película del fin de semana

 

 

El otro día me hice con dos películas de animación que llevaban un tiempo en mi punto de mira: La tumba de las luciérnagas y Millennium actress. Ambas tienen una crítica excelente, y mis almas gemelas de filmaffinity -y algún que otro compañero de facultad- las ponen por las nubes.

Puede que muchos se me tiren a la yugular, pero a los veinte minutos de poner el drama bélico de Isao Takahata, tuve que quitarlo. No porque sea malo, ni mucho menos, sino porque la dureza de su historia contrasta brutalmente con el optimismo enfermizo de su protagonista, y eso, dios sabe por qué razón, me revolvió las tripas. El día que tenga estómago y ganas, lo intentaré de nuevo. De momento centrémonos en la que fue su sustituta inmediata, Millennium actress.

Satoshi Kon, el director, tiene en su haber varios títulos de excelente reputación como Perfect Blue, la serie Paranoia agent y la más reciente -e igualmente recomendable- Paprika. Con este currículo era francamente improbable que me defraudara… y en efecto, Millennium actress está a la altura del resto de su filmografía. A medio camino entre el derroche imaginativo de “la detective de los sueños”, y el burdo realismo paranoico de Perfect Blue, la “actriz milenaria” es una historia íntima cargada de fantasía y buen hacer narrativo. Un excepcional guión, que de haber sido filmado por alguien competente con personajes de carne y hueso -cosa harto difícil, dicho sea de paso-, seguro que se habría llevado unas cuantas toneladas de reconocimiento en forma de premios. El lado oscuro de la popularización de la “animación pixar”; un formato inteligente que corre el riesgo de imponerse sin consideraciones ni miramientos. Una verdadera lástima.

Lo reconozco, no estoy muy puesto en cine de animación, y aunque poco a poco voy tratando de hacerme una idea de cuáles son sus máximos exponentes, siempre encuentro alguna otra película que me llame más. Así que me acerco a ellas con la intención de juzgarlas por lo que son, sin prejuicios que valgan -como pudo pasarme, probablemente, con El viento de amnesia-. ¿Que así corro el riesgo de sobrevalorarlas? Quién sabe… ¿qué más da? Pero vayamos al ajo.

Millennium actress es la historia de la abultada y exitosa carrera de Chiyoko Fujiwara, una actriz japonesa reverenciada por el público que se retiró súbitamente del escenario internacional hace treinta años. Genya Tachibana, admirador incondicional de la estrella, es un profesional del mundillo dedicado a la elaboración de documentales que consigue una entrevista exclusiva para hilvanar, a modo de homenaje, el recorrido profesional de Chiyoko. Junto a su ayudante, pone rumbo hacia el apartado hogar de la ahora jubilada actriz; allí se encontrarán con una Chiyoko algo cansada, pero más que dispuesta a revivir su pasado. No en vano, nunca ha dejado de dormitar en el limbo que sus recuerdos le proporcionaban.

Puede que no sea un punto de partida prometedor, pero la gracia de esta película se encuentra, más que en su contenido, en su continente. Todo resulta bastante anodino y falto de interés al principio, pero a partir del momento en el que la actriz se deja llevar por la historia que relata a sus entrevistadores, la película da un giro radical. ¿Por qué? Pues porque opta por un camino bastante peculiar para mostrarnos los recuerdos de Chiyoko.

Sin demasiadas ceremonias, el relato pega saltos temporales instantáneos -que ya quisiera cierto mamotreto dimensionaloide-, y que súbitamente transformarán a la historia en una mezcla irreconocible de realidad y ficción. La historia de la Chiyoko real se hace indistinguible de la ficticia, y los personajes que interpretó, así como las historias que vivió en sus carnes, se harán los únicos vehículos visibles de su pueril deseo. Porque toda la vida de la actriz, hasta muy entrada la madurez, está determinada por un único anhelo: encontrarse de nuevo con un amor platónico, al que salvó de las garras de la represión radical conservadora. Su única guía y recuerdo será una pequeña llave que el desconocido le dejó como recuerdo de su fortuito encontronazo. Y así, todas las decisiones de Chiyoko acabarán apuntado, irremediablemente, hacia este amor inconcluso -de hecho, ni siquiera consumado-.

Tengo que reconocer que al principio su estilo me resultaba desconcertante, casi ridículo. No me terminaba de creer que en el relato se entremezclaran, por ejemplo, las vivencias de la actriz con cameos azarosos de su entrevistador. Así, sin comerlo ni beberlo, el tal Genya Tachibana se “mete” directamente en la narración junto a su incombustible cámara. El desvarío alcanza tal nivel de caos que incluso llega a protagonizar ciertas escenas de la vida ficticia de la estrella. Pero mi desconcierto no duró demasiado; por alguna razón, me contagié por completo de su propuesta. En ningún momento llega a ser pesada o genuinamente ridícula: cada cierto tiempo, la cruda realidad hace acto de presencia, ya sea en la forma de desmayos por la emoción por parte de la narradora, o porque los entresijos de su vida íntima se hacen vitales para dotar de sentido a la historia.

Con la excepción de algunas escenas forzadas, sobre todo las más almibaradas, y de su previsible y excesivamente tontorrón final, creo que Millennium actress es una historia sobresaliente. El carisma de su protagonista, cuya obsesión por un sueño irrealizable la arrastró a una vida de reclusión, es innegable. Su tenacidad y pervivencia constante en la fantasía puede inspirar algo de pena, pero por otra parte tiene un matiz de optimismo bastante más digerible que el de la película que dejé de ver antes de ésta. Y el mensaje final, abstrayéndolo de sus imágenes -ya digo que el último tramo me parece el más flojo-, es tan sencillo como evocador. Un claro ejemplo de que no hace falta recurrir a los tópicos trascendentaloides para incitar una sana reflexión.

Si os gusta el cine de animación japonés, y no habíais oído hablar de ella, os la recomiendo encarecidamente. Y si os parece que el cine de animación es prescindible…bueno, en ese caso os diría que la vierais para cambiar de opinión. Millennium actress es una historia de amor original, y de esas, hay tan pocas como matrimonios que no se merezcan mutuamente.