The Manipulator – Abe’s Odyssey versión independiente

Hay multitud de juegos que tratan de mezclar un enfoque contemporáneo con los mecanismos jugables de antaño. El caso de las aventuras gráficas quizá sea el más significativo, puesto que introduce argumentos muy elaborados que los jugones “primigenios” nunca habrían intuido para el mundillo. En el fondo, la tan vilipendiada sencillez jugable de hoy en día no es más que uno de los muchos caminos del refinamiento videojueguil. Pero, ¿y si las cosas hubieran sido de otro modo? Imaginad por un momento que los sprites, pixels y demás parafernalia arcaica nunca hubiera mutado en los elaborados polígonos de “Killzone 2”. El salto a las 3d se perdió en una hecatombe nuclear, que, sin embargo, sí permitió el desarrollo de argumentos y trasfondos de calidad. En ese mundo “The Manipulator” sería un “gueim of de year” absoluto. En el nuestro, una pequeña joya independiente que pasará desapercibida.

Pero quizá me he excedido un poco; The Manipulator no tiene un argumento tan elaborado como el de IJI, pero sí un trasfondo y una ambientación soberbias. Y lo consigue con tan pocos recursos que resulta un tanto desconcertante.

Alguien se ha infiltrado en la base…

…alguien que se hace llamar “El manipulador”. Nosotros encarnamos a ese alguien, y nuestra tarea será alcanzar el punto más profundo y resguardado de un misterioso complejo. Nuestra única arma será la capacidad de manipular a cualquier ser vivo, porque por lo demás somos un ser humano frágil y bastante torpe (increíble pero cierto: El Manipulador no sabe hacer un doble salto; lo prometo, no volveré a hacer este chiste).

El planteamiento argumental, así como la casi totalidad de su desarrollo, depende de una escena recurrente en la que el jefe del cotarro que estamos “espiando” se dirige a sus lacayos. Vale, no es ninguna filigrana cinemática, pero a mí me ha encantado. Como el resto del juego, desprende un ambientillo de ciencia ficción de la buena. Más tarde, y dependiendo de nuestras decisiones -porque el jueguecillo, aquí donde lo veis, tiene tres finales distintos– sabremos más sobre nuestra naturaleza y motivaciones. En cualquier caso, no es un juego con mucho texto.

Como tantos otros “indis” de inspiración retro, su puesta en escena es notable, pero su guión es parco. En un juego como Spelunky, esto apenas tiene importancia, pero en el caso de "The Manipulator" es sangrante. Si sus creadores hubieran dedicado una pequeña parte de su esfuerzo a construir un trasfondo más extenso, o una serie de diálogos que diesen forma a la genial idea de su propuesta, estaríamos frente a otro de los destacados en mi bloque lateral de Top 6. Pero no, no es el caso. Y es que como decía al principio, "The Manipulator" es un juego anclado, sino hundido, en la década de los 80. Pero bueno, lo poco que hay se disfruta bastante; las distintas variaciones de los comunicados de la “cara grande” -¿de qué hablo? ¡Bajad el juego y lo comprenderéis!- y los tres posibles finales dan de sí. Eso si tenéis la paciencia suficiente para ver más de uno… pero ya hablaré de eso más adelante.

En apariencia, The Manipulator es un plataformas al uso, con un diseño pixelado a medio camino entre la excelencia futurista y la dejadez retro más ramplona. ¿Qué se puede pensar si no de un diseño tan vacío? Tanto escenarios como personajes tienen sprites preestablecidos sin apenas más variación que el color de las líneas que los forman. Puede que ese efecto tan molón que hace temblar a los gráficos y que dota de cierto misticismo a la ambientación sea muy llamativo, pero se me antoja insuficiente. De nuevo, un juego con tanto potencial podría haber refinado con mucho más tino esta orientación pixelada de su diseño.

Como dije en la entrada de “The White Butterfly”, hay cientos de juegos que optan por reducirlo todo a la mínima expresión gráfica, y por lo que a mi respecta, se necesita algo más que esa idea para ofrecer un diseño atractivo. No me entendáis mal, “The Manipulator” tiene un aspecto original y efectista, pero por otra parte, todo lo que tiene de genuino se pierde en la marea de juegos que han decidido ir por la vía del “fondo negro y objetos simples”.

En cualquier caso, los amantes de la sencillez y los gráficos “atari” tendrán que limpiarse la baba. El juego es, a falta de una descripción mejor, un retrato pulido y brillante de lo que hoy por hoy serían los juegos si se diese la situación hipotética de la que hablaba al principio.

Entonces, ¿qué hay de la jugabilidad? ¿También trata de ser simplista? Pues sí y no. A un lado, tenemos la originalidad de su planteamiento (que en realidad no es única; el concepto jugable de la manipulación se ha explorado en grandes juegos como Abe’s Odyssey), y el refinamiento de algunas de sus mecánicas, pero a la larga, uno se queda con la sensación de que toda la idea podría haberse explotado mucho más (y mejor).

Nuestro objetivo en cada nivel es muy simple: alcanzar la puerta de salida. El complejo en el que tenemos que infiltrarnos está compuesto por cinco sectores, con cuatro subsectores cada uno. La complejidad de los escenarios va en aumento, pero su dificultad es increíblemente dispar. En líneas generales, es un juego sencillo. Los impedimentos principales que encontraremos son, como cabía esperar, todo tipo de guardias armados con un reducido abanico de cachivaches. También harán acto de presencia las inevitables hileras de pinchos, unas molestas torretas y varios contenedores con material explosivo en su interior. Sin embargo, a partir del segundo nivel, los desafíos vendrán en forma de pequeños puzles que nos obligarán a sacar el máximo partido de nuestra habilidad manipuladora.

Cada uno de los guardias, según su especialidad, podrá llevar a cabo diferentes tareas que nos permitirán atravesar áreas aparentemente insalvables. Menos los más sencillos, que se contentan con una “vulgar” pistola, suelen ir montados en extrañas máquinas que van desde un irrisorio saltador (saltapic para los amigos) a un micro-helicóptero bombardero. Todos ellos, sin excepción, pueden ser manipulados. Pero… ¡tened cuidado! Una magia poderosa les permite diferenciarse entre ellos; todos los enemigos sabrán diferenciar cuándo uno de los suyos está siendo manipulado y cuándo no. ¿Un fallo? Yo más bien lo veo como una licencia jugable necesaria. Vamos, que el juego no te lo explica, pero a uno se le pueden ocurrir mil motivos distintos por los que esto ocurre.

La naturaleza de los puzles es diversa, y si obviamos la arbitrariedad de uno de ellos, se podría decir que tienen su gracia. Algunas puertas no se abrirán automáticamente, y nos exigirán algún tipo de requisito; es ahí donde reside el núcleo de su apuesta jugable. Por ejemplo, la primera terminal de seguridad que nos cruzamos nos pedirá una contraseña para seguir avanzando. ¿Cómo conseguirla? Vamos, haced cábalas.

Pero no puedo dejar de lado la jugabilidad sin comentar su mayor acierto: la “moralidad” de nuestras acciones. Hay dos formas de jugar a “The Manipulator”; siendo un auténtico “hijo de perrilla”, o tratando de ser un alma caritativa que no abuse de sus poderes. Siempre tendremos la posibilidad de evitar carnicerías, y la partida puede completarse sin derramar ni una pixelada gota de sangre. Todos los guardias armados llevan encima dos tipos de munición: mortal o tranquilizante; además, las manipulaciones pueden terminar con la muerte del huésped o con un simple "¿qué demonios me ha ocurrido?". Por supuesto, completar el juego sin matar a nadie es complicado, mucho más que dando rienda suelta a nuestros instintos primarios. Pero creedme, de esta forma, el final, así como el desarrollo “cinemático”, toman un aspecto más interesante. Por supuesto, es cosa de gustos, y dudo mucho que nadie tenga la paciencia -que yo sí he tenido, dicho sea de paso- de completarlo más de una vez.

¿Por qué? Muy sencillo, “The Manipulator” no tiene sistema de guardado. Ni siquiera passwords. Como los juegos de antes, hay que pasárselo de una sentada. Supongo que la intención de los autores era ser fiel al espíritu retro, pero tal decisión no encaja con las exigencias “morales” disponibles. El juego es demasiado largo y lineal como para ser disfrutado en sucesivas partidas. Vale, el final “bueno” es más ocurrente que el sencillo, pero no merece la pena. Bastan unos pocos errores de cálculo, y toda la partida se irá al garete, y no porque haya un número limitado de vidas -son infinitas-, sino porque en el momento en el cual matamos a alguien ya no hay vuelta atrás; aunque reiniciemos el nivel, su muerte se añadirá a nuestra lista negra particular. Hay algunos juegos a los que la rejugabilidad le sienta como anillo al dedo. “The Manipulator” no es uno de ellos.

Es una verdadera lástima que un juego con tanto potencial como éste se haya quedado en un mero intento. Sí, muy evocador y bonito (y esto último es muy discutible), pero con características prescindibles fruto de malas decisiones creativas.

En definitiva, se trata de una experiencia divertida la primera vez que la llevamos a cabo (he aquí el secreto de todo fracaso sentimental), que te encandilará fácilmente por su sencillez jugable y opresiva ambientación, pero que olvidarás en el momento en el que la completes.

Valoración final: 7

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¿EPIC FAIL?