X Men orígenes: Lobezno – La película del fin de semana

Nunca me han gustado los comics. De pequeño, todo lo que se alejaba del humor de Mortadelo y Filemón, me resultaba terriblemente aburrido. Más tarde, con unos cuantos años a la espalda, traté de adentrarme en un mundo, que hasta el momento, desconocía por pura ignorancia.

A pesar de mis esfuerzos, nada de lo que probé me atrajo lo más mínimo; de entre toda la vorágine de “tebeos” que pasaron por mis manos, sólo consiguieron llamarme la atención los mangas -y muy probablemente porque se trata de una narrativa muy cercana a la de los videojuegos-. El dibujo americano me pareció aburrido y tópico. Los superhéroes occidentales, sobre todo, me resultan insufribles. Mi fascinación por Batman se limita a la película de Burton.

Así pues, a pesar de que reconozco el mérito técnico y artístico de estas obras de ficción, no les presto la más mínima atención. Por eso accedí a regañadientes a ver los orígenes de Lobezno. Como digo siempre, dos tetas tiran más que dos carretas… y ya os adelanto que no hubo premio después de la peli. Lo único que me he llevado de esta mediocre producción dirigida por Gavin Hood es un calentón en todos sus sentidos posibles.

Pero… ¿qué es eso que se ve en la pantalla? ¿¡Es una bola de pelo grasienta!? ¿¡O una marujona sin depilar con las uñas demasiado largas!? ¡No, nada de eso!… ¡es un superhéroe dominguero que se afeita los pelos del pecho, pero se deja unas patillas que ya quisieran los imitadores de Elvis! ¡Es… Lobezno!

¡Roooaaarrrr! ¡Qué enfadado estoy con er mundoooo!

Antes de que Nolan desatara la histeria colectiva con su sobrevaloradísima visión de Batman, la panda de mutantes de Bryan Singer era el baluarte cinéfalo comiquero por excelencia. No eran pocos los lugares en los que se defendía el buen hacer del director, su acertadísima perspectiva a la hora de adaptar las aventuras de lo que aquí conocíamos como la Patrulla X. Yo nunca les vi la gracia. Me parecen películas entretenidas, pero con un guión paupérrimo. Teniendo en cuenta lo que el director “cantaor” puede llegar a hacer, están muy por debajo de la media.

Lo bueno es que Gavin Hood ha tratado de dotar a esta precuela del espíritu dinámico de sus predecesoras. Lo malo es que ha fracasado estrepistosamente.

X Men Orígenes: Lobezno es un torpe intento por construir una película de acción y superhéroes divertida. Su principal problema es que al igual que le ocurría a las dos creaciones de Singer, no hay por dónde coger el guión. Si por lo menos el espectáculo visual fuese lo bastante impactante como para tapar esta carencia, el resultado no habría sido tan lamentable. Por el contrario, uno sale del cine con la impresión de que todo el presupuesto del flim podría haberse utilizado para erigirle una estatua a Miyamoto. Hasta un babeante troll “equisboxer” estaría de acuerdo conmigo.

¡Estoy de acuerdo con Zerael!

Lo mejor de la película, sin duda, es la escena a modo de prólogo que nos pone en situación. Un joven Logan y su hermano Víctor, huyen de su casa despavoridos tras comprender que ambos albergan poderes sobrehumanos. El pequeño Lobezno se ha cargado a su padre por error, clavándole unas ridículas garras de hueso que le surgen de los nudillos al estallar en un ataque de furia. Conscientes de que ni su propia familia podrá aceptarles, unen sus fuerzas para sobrevivir.

Y entonces es cuando vienen los créditos… una sucesión de fantasmadas que echa por tierra cualquier esperanza depositada en el flim. 

A los hermanos no se les ocurre otra forma mejor para sobrevivir que alistarse en el ejército y participar en todas las guerras habidas y por haber. Resulta que no sólo tienen la facultad increíble de alargar artificialmente partes de su cuerpo (menudos mutantes guarretes estarían hechos entonces), sino que tienen una especie de alteración simpática que les regenera inmediatamente cualquier herida que sufran. Ah, y además les deja en estado de perpetua juventud (y yo me pregunto… ¿por qué la mutación se quedó precisamente en ese instante de su vida? ¿No podría haberles dejado a los dos en estado de perpetua niñez? Al menos así las humedades de mi compañera de butaca dejarían algo de espacio a mi persona).

La foto del perfil en el Facebook de Víctor

Después de eso, el tal Víctor descubre que es malo de cojones. Y como todas las personas malas de cojones, tuerce la boca y sonríe cual Kefka orgulloso de sus fechorías. Logan, que tampoco es un santurrón, pero tiene algo así como un código ético hiper desarrollado, decide que él se va a vivir la vida del americano medio. Esta vida consiste en talar árboles y tener pesadillas porque ha participado en todas las guerras posibles. Como nosotros sabemos que no tenía más remedio, pues nos apiadamos de él. Afortunadamente, ahí está su novia para consolarle. ¡Qué remedio! ¡Como no consolar a un novio que puede alargar a lo bestia algunas partes de su cuerpo!

A partir de aquí, la película tiene un giro argumental espectacular: Víctor mata a la novia de Logan, y éste decide vengarse. Por el camino se encontrará con todo tipo de personajes prescindibles y bochornosos -con algunas escenas de juzgado de guardia-, y unas cuantas sorpresitas en forma de revelaciones que ya quisiera para sí el bueno de Kojima. Todo esto orquestado por un malo maloso ridículo que gracias a dios tiene muy pocos minutos de metraje. Si pensabais que Víctor era el cabroncete que cortaba el bacalao, estabais muy equivocados.

La novia de Lobezno, uno de esos papeles que pasará a la historia del cine

Pero será mejor que me deje de sutilezas: el argumento de “Lobezno” es pésimo. Tanto como lo son las escenas de acción que abundan en sus casi 110 minutos de duración. Tenía la esperanza de que por lo menos fuese un espectáculo entretenido, pero ni por esas. Cuando no es una fantasmada forzada -como hacer desaparecer por arte de magia una escalera metálica a base de hostias con las garras-, es una sucesión de golpes absurda. La poca épica del enfrentamiento entre los dos hermanos es increíble; escenarios tópicos y mal utilizados, total falta de equilibrio y coherencia interna, frases lapidarias sin gracia ni imaginación… la puerilidad de la propuesta argumental parece contagiarse también a esta aspecto de la película.

No todo es malo, sin embargo. Hay que reconocer que Hugh Jackman hace un buen trabajo encarnando a Lobezno. Si no fuera por lo exagerado de su caracterización, me atrevería a decir que es una actuación notable. Con Liev Schreiber -el actor que da vida a Víctor, el hermano de Logan-, ocurre tres cuartos de lo mismo. El problema sigue siendo la nefasta presentación y desarrollo que los personajes tienen en el grueso del guión, y por ende, en toda la película. Además, el resto de secundarios no está a la altura. Sobre todo el oficial Stryker, el cerebro tras la trama de engaños que envuelve al protagonista.

¡Devuélveme mi cortauñaaaaaaas!

En última instancia, lo único que ofrece esta ensalada de fantasmadas y garras de “adamantium” (anda que no les habría costado traducirlo por adamantita), es una hora y cuarenta minutos de diversión irregular. Son tantos los momentos pobres, que resulta muy difícil quedarse con sus pocos aciertos. No negaré que me he pasado tres pueblos con esta crítica, que hay bodrios mucho peores en cartelera, pero eso no quita que el intento de Hood de dotar de trasfondo al más carismático del grupo de mutantes sea decepcionante. Estoy seguro de que los amantes de esta franquicia estarán de acuerdo conmigo al situarla por debajo de las películas de Singer.

Si tienes oportunidad de elegir -yo no la tuve-, gástate el dinero en otra película. Y si todavía encuentras algún cine que proyecte la impresionante “Déjame entrar”, ya estás tardando en ir a verla. Los arañazos de Lobezno no son más que los tímidos ademanes de un gato enfermo.