Lyle in Cube Sector – El planeta que Samus nunca visitó

 

 

El mundo de los géneros y las etiquetas es complejo. Tanto, que muchas veces parece prescindible. El caso de los metroidvanias, también conocidos más sucintamente como aventuras, es especialmente problemático.

Podrían considerarse como una evolución de los plataformas, salpicados aquí y allá con retos en forma de exploración o enfrentamientos frenéticos. Pero bajo mi punto de vista, lo que más los define es la extensión y (aparente) libertad de sus escenarios. Llamadme tonto, pero esa sensación inconfundible de saber que tarde o temprano tendremos el poder (llamadlo poder, llamadlo doble salto, ¿qué más da?) para alcanzar esa zona que se nos escapa, es decisiva.

Lyle in Cube Sector es exactamente eso. Un metroidvania hecho y derecho que hará las delicias de los amantes de la jugabilidad de las aventuras de Samus. Eso sí, con un envoltorio peculiar y unas cuantas ideas que se salen por la tangente.

¡Bienvenidos al Sector de los Cubos!

Si hay algo que consigue transmitir el juego desde el primer instante que lo ejecutamos, es imaginación. Imaginación a raudales. Como ocurriera con los primeros viajes interestelares de la cazarrecompensas de nintendo, nuestro periplo por el mundo de Lyle estará cargado de lugares inhóspitos y misteriosos –aunque eso sí, con algo más de comicidad de lo habitual–.

Por eso me resulta tan extraño que la puesta en escena sea tan pobre. Uno de los pocos aspectos negativos que se le pueden achacar es la ausencia –casi completa– de argumento.

Encarnamos, como ya os imagináis, a un tal Lyle. Un día como otro cualquiera, una figura encapuchada se acerca subrepticiamente a su hogar, y mientras está desprevenido, le roba a su mascota –un gato–. A partir de ese preciso momento, tomaremos el control del protagonista para rescatar a nuestro minino de las garras del ladrón. Ni más, ni menos.

Con la excepción del final, esa será toda la historia que veremos. No es que esperara algo demasiado elaborado, pero un poco de diálogo o unas cuantas escenas desenfadadas sobre los motivos de nuestro enemigo para robarnos a nuestro animalillo le habrían venido de perlas.

O ya puestos, alguna justificación en clave de humor sobre el mundo de Lyle. Porque, ¿a quién se le ocurre tener una casa en medio de un lugar tan peligroso como “Cube Sector”?

Homenajeando –o plagiando, según gustos–, a la disposición de escenarios de Metroid, Lyle nos sitúa en un gigantesco mapa que responde al nombre de “Cube Sector”; este entramado de cuevas es peligroso y bastante enrevesado, con reminiscencias constantes del juego en el que se basa.

Aunque todo el mapeado recibe el mismo nombre, lo cierto es que está dividido en varias zonas de flora y fauna diametralmente opuestas. Para poder explorarlo por completo y en consecuencia alcanzar nuestro objetivo, será necesario que nos hagamos con los consabidos poderes. Pero… ¿cuáles son exactamente los poderes de un héroe tan chiquitajo y pusilánime como Lyle? Pues, ¡los cubos!

“Cube Sector” está plagado de unos extraños bloques de diferentes colores que nuestro protagonista podrá manejar en cuanto encuentre las habilidades pertinentes. Aunque el número total de estas habilidades es bastante escaso, sus posibilidades son enormes, y le dan una personalidad única a la jugabilidad.

Así pues, para poder enfrentarnos a los muchos bichejos salvajes autóctonos, tendremos que lanzarles alguno de estos bloques; para llevar a cabo el archiconocido doble salto (un día de estos tengo que dedicarle un ensayo filosófico-metafísico a esta capacidad), Lyle lanzará hacia abajo un bloque que le dará impulso… y así con el resto de potenciadores que nos concedan habilidades.

Aunque llegado determinado momento los bloques del escenario pierden algo de importancia, al principio son vitales para no sucumbir ante los peligros que pululan por los niveles.

El resto del concepto jugable calca la dinámica de otros grandes del género: recovecos ocultos a primera vista, sorpresas en forma de puzles, mejoras del total de puntos de vida, jefes con patrones complicados pero previsibles… puede que todo esto os suene demasiado, pero creedme, “Lyle in Cube Sector” lo lleva a cabo con maestría.

Y es que como decía al principio, el mundo de Lyle desprende imaginación por todos sus poros. El estilo píxel de su autor, sin ser particularmente brillante, tiene una personalidad muy definida. Tanto el tono como los colores que dan vida al sector de marras nos transportarán a una dimensión genuina, independiente.

Precisamente es esta forma de hacer las cosas “a su manera” lo que distancia a Lyle de sus muchos competidores. Lo digo hasta la saciedad, lo sé, pero no me queda más remedio que repetirlo: el universo de este juego no se parece a nada que hayáis visto antes. Al menos, visualmente.

El resto del apartado técnico sigue la misma filosofía. Aunque los temas no los ha compuesto el autor del juego, casan a la perfección con la ambientación –así como los sonidos, extraídos directamente de algunos juegos de NES–. Aunque el aspecto general es el de un juego ochobitero, todo está tan refinado que el efecto final es sorprendente. Para entenderlo, lo mejor es que lo probéis o le veáis en movimiento.

Hacía mucho tiempo que no me divertía de verdad con un metroidvania. Sin duda, es uno de los géneros más visitados por los desarrolladores independientes, por lo que la fama que ha acumulado a lo largo de sus tres años de vida es particularmente meritoria.

“Lyle in Cube Sector” es un clásico independiente por derecho propio, un plataformas-aventura que no puedes dejar escapar si te gusta perderte en mundos exóticos… y si nada de esto te convence… ¿qué tal una causa noble y épica como es salvar a un gatito?

 

Valoración final: 8’5