Annie Android: Automated Affection – Mecánica del amor

La aventura gráfica es un género con multitud de particularidades. ¿Cómo medir, por ejemplo, su dificultad? No serás el primero, ni el último, en sentirte frustrado al ver que alguien resuelve con facilidad un puzle que a ti te llevó semanas. La dinámica jugable aventurera, salvo casos extremos, siempre resulta muy ambigua.

Esto lleva consigo otro problema, ¿cómo valorar justamente su duración? Annie Android, sin ir más lejos, puede etiquetarse de aventura minimalista y extremadamente breve. ¿Significa eso que carece de valor? En absoluto; como tantas otras veces en este blog, el que suscribe se encuentra ante un dilema: ¿merece la pena reseñar y criticar una experiencia jugable que puede durar diez minutos? Obviamente, así lo creo.

Annie Android es, pues, una aventura gráfica de corte retro sin más pretensiones que narrar una historia simpática. Pero en el fondo, esconde más de lo que aparenta. Algunos dirán que su argumento tiene tintes simbólicos, y otros se limitarán a identificarlo como un romance ínfimo. De cualquier forma, está bien construida  -con las suficientes dosis de humor, por cierto, como para no resultar pesada-.

Nuestra labor consiste en guiar a Annie, una androide atípica en un mundo de robots taciturnos. Todas las máquinas se limitan a actuar como dictan las leyes, sin atisbo de creatividad o iniciativa. La pobre Annie se siente frustrada, atrapada en un lugar en el que su imaginación muere antes de cristalizar.

Un día, recibe una noticia alarmante: el gobierno –conocido como RoboHQ- ha decidido asignarle una pareja a la fuerza. La pobre Annie, enamorada perdidamente de su Robot-cartero, tendrá que ingeniárselas para librarse de semejante imposición. Y si por el camino consigue encontrar un modo de despertar las conciencias de sus semejantes robóticos, mejor aún.

Como ya he comentado, es fácil dejarse llevar por las analogías y encontrar semejanzas con la vida real. Como siempre digo, que cada cuál haga lo que le plazca. Por lo que a mí respecta, encuentro que ciertas líneas de diálogo brillan con luz propia, banalizando mordazmente las complicaciones de los sinsabores emocionales.

El tono general de la aventura, a pesar de todo lo dicho, es relativamente ligero. Prácticamente todas las escenas y situaciones tienen pinceladas de humor. El propio mundo de Annie, con sus tonos uniformes y reducidas dimensiones, parece contagiado de la parálisis creativa reinante.

Tanto escenarios como personajes están diseñados con esmero -píxel art en buena forma, que dirán algunos-. Sin embargo, un tono dorado inunda cada rincón de la pantalla. La práctica totalidad del universo de Automated Affection está coloreado de esta forma, lo que contrasta con la calidad del dibujo. Sea o no deliberado, el efecto es resultón.

En más de una ocasión, un desarrollador opta por reducir alguna faceta del diseño general en favor de un mejor acabado; no siempre funciona, pero en este caso consigue su objetivo. Por otra parte, no me extrañaría que despertase ciertas antipatías. (Ya se sabe, a nadie le importan los gráficos hasta que… bueno, hasta que le importan).

El resto de elementos técnicos también están a un buen nivel; las pocas melodías y sonidos concuerdan con la ambientación, con la única excepción de la horrible canción de la pantalla de inicio (una de las pistas de audio más insufribles que he tenido el placer de escuchar en mi andadura por el mundillo indi).

En términos jugables, sigue los cánones de la aventura gráfica clásica: puzles lógicos que exigen imaginación. Dada la longitud de la aventura, los desafíos son escasos; eso no implica que sea fácil. Concretamente, uno de los puzles tiene cierta mala leche que no será del agrado de todo el mundo. Entre el gremio de aventureros incombustibles, se dice que no hay nada más rastrero que recurrir a puzles de semántica. Y no seré yo quien le quite la razón a tan venerable colectivo.

Así que, salvando la excentricidad del diseño y su escasa –escasísima– duración, nos encontramos ante una aventura gráfica que hará las delicias del jugón noventero. Aunque solo sea por escuchar una historia entretenida, Automated Affection merece un poco de vuestra atención. Quizá con más horas de juego y un universo más amplio, podría haber llegado a consagrarse como un título indispensable.

Pero lo mejor será que no me hagáis demasiado caso. La buena de Annie se merece una oportunidad con su amado Robot-cartero; una oportunidad para cambiarle de modo que la acepte tal y como es.

Qué bonito es el amor.